Sabrosa campaña
Nunca he compartido la opinión
de quienes se quejan de las campañas electorales no ideológicas,
pidiendo a los candidatos o a los partidos políticos la definición
nítida de doctrinas opuestas entre las cuales los ciudadanos deban
decidir. Nunca ha deseado que los adecos fueran muy diferentes de los copeyanos,
ni los conservadores de los laboristas, ni los demócratas muy alejados
de los republicanos. Quería que la representante del Zulia ganara
el concurso Miss Venezuela, pero puedo vivir con Miss Táchira, cuyas
virtudes no se distinguen mucho de sus contrincantes. Ningún magallanero
lo admitiría, pero la verdad es que el placer del fanático
es más intenso en la medida en que su equipo gane por un pelín
contra un competidor digno. Los ganadores en todas estas contiendas representan
al país entero, por lo que deberían ser casi tan aceptables
para para los perdedores como para sus adherentes. ¿Qué tiene
de sabrosa la campaña que se inicia?.
La campaña electoral que se avecina (la
gente diría que empezó ya desde hace algún tiempo,
pero los políticos dicen que no se considerarán las candidaturas
sino el año que viene, ja, ja) luce divertida precisamente porque
parece que hay poco en juego. Aunque los precandidatos proyectan imágenes
bien variadas (no se requiere mucho esfuerzo, por ejemplo, para distinguir
una foto de Irene de una de Alfaro, y los dos hacen un contraste marcado
con Claudio), en lo esencial, nadie podría decir que estaremos enfrentando
opciones claramente diferenciadas, una vez eliminadas las especificidades
superficiales. Gane quien gane, vamos a ver una política económica
y social más o menos ortodoxa, cuyas particularidades de ejecución
serán determinadas por la coyuntura y no por diferencias predecibles
entre los líderes. Es más fácil disfrutar una campaña
cuando perder no parece tan grave.
Hay otras razones para anticipar la campaña
con ganas. Normalmente, por ejemplo, nadie hace mucho a las elecciones venezolanas
en el exterior. Por alguna razón, ese hecho le molesta al venezolano
común, quien, considera que sus comicios son tan dignos de mención
en la prensa mundial como los de Francia o México. Con Irene Sáez
como candidata, sin embargo, Occidente entero va a compartir nuestro goce.
La curiosidad sobre una Miss Universo como candidata presidencial va a ser
amplia; los periodistas llegarán en masa y algunos hasta podrán
entrevistar a los demás candidatos. Se puede pensar que algunos presidentes
en el exterior estarán chequeando sus agendas de visitas, por si
acaso. Las cumbres serían menos aburridas y la causa de la integración
estaría en ascenso.
Irene no es al única fuente de placeres
ciudadanos en la campaña, sin embargo. Hay muchas personalidades
fascinantes en la contienda, desde Teodoro hasta Salas. Además, los
candidatos (con la excepción de Chávez, que no tiene posibilidad
de ganar) no despiertan odios fuertes. Esto hace esperar que haya un bajo
nivel de estridencia. Irene ha despertado en ciertos comentaristas una reacción
fuerte pero ninguna se caracteriza por inadversión personal: lo peor
que se ha dicho es que no se sabe qué piensa ella de una serie de
cosas. Pero la verdad es que tampoco sabemos qué piensan los demás
sobre la mayor parte de las cuestiones que nos preocupan: la guerrilla en
la frontera, el gasto público, la reforma de la seguridad social,
etc. Todos nos prometen programas, por lo que los intelectuales tendrán
oficio al servicio de sus favoritos.
La campaña no va ser una gozadera completa,
por supuesto. El país tiene problemas reales -pobreza, corrupción,
ineficiencia, ignorancia, desidia- que hay que resaltar y discutir, ojalá
en debates de altura. Alguno machistas empedernidos podrán sufrir
con la idea de una mujer candidata, pero su dolor será ampliamente
superado por el placer de quienes ven en el fenómeno un rasgo de
modernidad y apertura. (Hablando de apertura, se me olvido mencionar la
relevancia de este partido para mi contabilidad de agrado/desagrado de la
campaña, creo que no cambia el balance por que su única opción
es dar su apoyo a algún candidato con fuerza independiente).
Después de tantos años de sufrir
un ambiente político cargado de odios y rencores, de planteamientos
extremos, de una situación nacional e internacional en franco descenso,
Venezuela confronta un cuadro halagador. Sólo las fuerzas minúsculas
opuestas a la armonía pueden amenazar el escenario, pero la condena
universal es un seguro colectivo contra todo riesgo. Con una actitud correcta,
podemos disfrutar nuestras diferencias en la seguridad de que el país
puede estar enrrumbándose bien
El Nacional, Jueves 18 de Septiembre, Pag: A-4
"Opinión"
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