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Octubre / 1 9 9 7 / N° 20

El grado cero del pensamiento

Roberto Hernández Montoya

volver al ruedo políticoEn estos adioses del siglo se ha puesto de moda la muerte de las ideologías. Vemos con la irónica compasión de Borges por los heresiarcas a todos aquellos que se contorsionan con ideas fijas, tutelares y absolutas. No estamos como en la Edad Media cuando había gente que sostenía que saltar en la tumba de cierto santo movilizaba como nada la fisiología del espíritu, para no hablar de la circulación sanguínea. Otros que María no era virgen y que Cristo tuvo una porción de hermanos. Por ideas así mataban o se hacían matar. Con frecuencia ambas cosas.

Cuando comenzó esta Democracia había un espectro político bastante didáctico: la izquierda era el Partido Comunista de Venezuela, la derecha Copei, la izquierda "con vaselina" (Rómulo dixit) Acción Democrática. URD quedaba como el único enigma al buen tuntún de los lances de Jóvito Villalba, su líder total. Era un comodín de la política, premonitorio del presente. Jóvito era un profeta --ahora, niños, ya saben quién es el epónimo del Parque del Oeste. De resto la gente se decidía por un partido u otro según su visión ante la historia de Venezuela, si aplaudía a los liberales o a los conservadores de la Guerra Federal, si creía en Dios o no y cómo. Tanto fue así que cuando Rómulo sumió a AD en la tradición retrógrada que tanto combatió, los jóvenes, Domingo Alberto Rangel, Jorge Dáger, Américo Martín, se fueron indignados a la guerrilla, a matar o a hacerse matar por las ideas traicionadas. Se aliaron en la montaña con Teodoro y Pompeyo. Luego vino la "democracia con energía" y con ella la entropía ideológica que ha terminado en este erial doctrinario. Candidatearse ahora es decir "ese hombre sí camina", "yo tengo la voluntad", "yo voy palante".

En realidad no se ha acabado ninguna ideología. Lo que se ha acabado es el marxismo, porque las demás están intactas. Y ni tanto, porque ahí está Fidel. No he visto al Papa disolver el Vaticano ni a los ayatolas decir que ya no creen en las cosas esas. La secta Moon es tan poderosa que la expulsan a pesar de sus inversiones básicas. Hay gente que acude a una cita con una nave espacial estacionada tras un cometa. Gente que mata por Euzkadi. No estamos en ese mundo de ciertos intelectuales admiradores de Borges que han construido una estética sobre su incompetencia absoluta hasta para escribir, pintar o componer, que se supone que es lo que saben hacer. Están como los demás: en la ideología de la desvergüenza, en la que no se oponen visiones del mundo sino acciones de facto. Así será de pobre el debate que el único que empuña una ideología es el Movimiento Bolivariano.

No sé si será mejor así, como propone Janet Kelly. Si aunque sea hubiera un candidato como lo proponía José Ignacio, que no hablara tanto y se propusiera tapar unos baches o poner a funcionar las tuberías. Tal vez ese candidato es Irene, que solo produce pasión entre quienes la adversan por bonita y por mujer y entonces dicen la tontería de que es tonta. Es una lástima que una beldad no produzca pasión entre sus admiradores. Es inconcebible que en el contexto político cerrado de Venezuela un candidato cimarrón gane las elecciones y se las respeten. Pero si no va a ser apasionante sería al menos divertido que ganara Irene.

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