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Octubre / 1 9 9 7 / N° 20

De la esperanza a la decepción

Ysrrael Alberto Camero Guevara(*)

volver al ruedo políticoLa despolitización actual es hija de una grave decepción frente a las potencialidades de la política, luego de grandes sueños y esperanzas los venezolanos nos encontramos cansados de tanto creer. La democracia necesita de la política, pero los venezolanos renegamos de ésta última, e incluso renegamos de la democracia, sin darnos cuenta que muchos de nosotros ya no podríamos vivir sin ella. ¿Qué pasó con esos sueños y esperanzas? ¿Existen vías para volver a creer?

La democracia es algo más que una forma de gobierno, es un modelo de sociedad donde la dignidad de cada ser humano es válida, en la cual son más importantes las partes que el Todo, donde el poder no es del Uno, sino de los Muchos, donde la mayoría debe tomar las decisiones, respetando los intereses de las minorías. Un espacio en el cual la violencia ha sido expulsada como criterio de decisión, espacio donde la palabra, el parlamento, la tolerancia, el pluralismo, el disenso y la movilización encuentran su lugar. La sociedad incluyente, que no soporta la exclusión, y que no ha de soportarla.

La democracia es el lugar natural de la política bien entendida: toma de decisiones consensuales, por métodos no violentos, confrontación de intereses. La democracia se construye todos los días, la construimos los ciudadanos, la destruyen los déspotas ... y los súbditos. ¿De dónde viene la decepción?

Cuando en diciembre de 1935 el dictador Juan Vicente Gómez muere, Venezuela despierta a un conjunto de nuevas experiencias; el país agrícola, caudillista del siglo XIX ha desaparecido, y surge una Venezuela modificada en su esencia por el petróleo. Ya en 1928 esta nueva Venezuela expresó una voz distinta, una nueva esperanza parece revelarse, los jóvenes de la universidad se lanzan en la Semana del Estudiante, ya no contra Gómez, sino contra el gomecismo, contra esa imagen decimonónica del caudillo mayor.

Las ideas socialistas habían llegado a nuestro país. Una importante reforma a nuestro proyecto nacional se gesta el 14 de febrero de 1936. El pueblo liderizado por los estudiantes hace un gran descubrimiento, tiene derechos, y en su nombre protestan por las calles de Caracas. Comienza con López Contreras una época de transición democrática a la andina, las masas urbanas, obreras, y campesinas aparecen en la política venezolana.

Esta es la época de la gestación definitiva de los partidos políticos modernos, los venezolanos redescubren la política después de un largo silencio. El Partido Comunista funcionaba en la clandestinidad. De la Organización Venezolana y de la Agrupación Revolucionaria de Izquierda vemos nacer a un partido policlasista, que va a pasar a convertirse en una ideología nacional, Acción Democrática, el cual toma el poder violentamente en 1945. El 18 de Octubre se convierte en Revolución por decreto, la represa fue rota y las masas inundan el poder.

A partir de este momento Venezuela crece rápidamente, las masas han entrado definitivamente en la política, el país ha respirado el nuevo aire de la Democracia de masas, con sus mítines y su ímpetu, con sus sueños y esperanzas, también con sus sectarismos y conflictos. A partir de este momento muchos venezolanos colocan sus esperanzas en la política, hay una gran creación de expectativas y de sueños.

Los partidos crean a la sociedad y la absorben...

Los partidos políticos crecen, las masas llenan el Nuevo Circo, la concepción del Estado docente, Estado empresario, Estado desarrollista, Estado industrial, se convierte en parte de la abstracción inmensa que es la ‘identidad nacional’.

Esta concepción del Estado fue positiva, a la vez que negativa para Venezuela. Por una parte, el desarrollo realmente llegó a observarse, la educación mejoró cualitativa y cuantitativamente, la industria petrolera creció, por la otra la sociedad quedó en gran parte infantil, no se le dio espacio para crecer, se le educaba, pero no se le otorgaba el poder efectivo. Esta concepción trajo las características positivas y las negativas de nuestra democracia, y de nuestra sociedad. Lo bueno y lo malo que hace la diferencia entre lo que quisimos ser y lo que somos.

Las estructuras funcionales de los partidos crean y politizan una sociedad a su medida. Los partidos políticos se hacen dueños a su vez del Estado. Cada decisión debe pasar por el partido, la reforma de la sociedad se hace a través del partido, el partido y el Estado se ha convertido en el gran proyecto, en el gran todo que nos salvará.

De las utopías a la salvación petrolera...

Todo parecía funcionar bien, un alto grado de politización de la sociedad así parece confirmarlo, ‘hay democracia pa’rato’, parece ser la consigna. La izquierda tras su utopía, ‘podemos transformar a la sociedad y crear un hombre nuevo’, movilización de los sueños y las esperanzas tras la política.

El petróleo garantiza los recursos para cimentar la gobernabilidad, las iniciativas corren por parte del Estado, y de los partidos. Las vanguardias de los partidos crean sus estructuras, se adueñan de la sociedad, ellos al parecer, son su encarnación, ‘tomemos cada seccional, cada sindicato, cada universidad’. La democracia debe funcionar ¿o no?

El dilema de las estructuras...

La concepción leninista de los partidos políticos: trabajo por células, lineamientos verticales, los hacen tremendamente funcionales, de esta manera ellos impulsan a la democracia, ellos parecen encarnar a la democracia, pero, y aquí comienzan los problemas, los partidos, inconscientemente, al encargarse del monopolio de la movilización de la sociedad contribuyen a su inmovilización, ‘hay que esperar el lineamiento’ se escucha en cada seccional, en cada sindicato, en cada universidad.

Los partidos democratizan, pero no creen en la democracia interna, oda a la disciplina partidista es la moda. Mientras las estructuras celulares se separan de la sociedad, y sienten que pueden funcionar sin esta última. Los venezolanos ya no se sienten ciudadanos, no son dueños de su destino, la decepción está a las puertas.

Los peligros de una democracia decepcionada...

Los partidos crecieron, sus estructuras funcionaron. Sus estructuras no parecen necesitar a la sociedad, más que para buscar los votos, toda iniciativa viene de arriba...No solo el Estado, sino el CEN, el Buró Sindical, la disciplina mató a la movilización.

Frente a este dilema ¿Qué hace nuestro amigo venezolano?: "las utopías no convencen, y después de la caída del muro, lo que quedaba de muchos sueños terminó por caer. Los partidos no creen necesitarme, y lo que es peor, yo tampoco creo que me necesiten. Toda política parece ser lo mismo, porque la política se convierte para mí en algo ajeno, otros toman las decisiones, otros tienen las iniciativas". La democracia se perdió mientras la buscábamos, el venezolano ya no se siente ciudadano sino súbdito, los sueños son difíciles de digerir sin salud, sin educación, sin un sistema judicial que merezca este nombre. La política iba a salvarnos, nos fue secuestrada y nunca se nos acostumbró a buscarla, simplemente esperábamos a que nos llegara.

Creo en la política, si queremos ser verdaderamente democráticos tenemos que rescatarla. El gran peligro de la decepción es que luego de tanto soñar, de tanto luchar, caigamos suavemente en nuevos despotismos. Para lograr una democracia como la que tenemos derecho a soñar necesitamos más democracia, más y mejor política. La democracia es dinámica, hay que moverse.



(*)Estudiante de Historia de la Universidad Central de Venezuela
Estudiante de Comunicación Social de la Universidad Católica "Andrés Bello"

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