Panorama pre-electoral
Introducción
Hasta ahora, y los partidos políticos deben agradecerlo, la sociedad
civil les ha considerado como interlocutores válidos entre ellos
y la sociedad política. Son ellos el vínculo, los que representan
las necesidades y aspiraciones del pueblo en general y los que traducen
esos elementos en realidad. Pero, sinceramente, ¿es esto la realidad
del presente? . Si estudiamos las encuestas, observamos que la mayoría
no está de acuerdo con esta versión en cuanto a que el poder
legítimo es aquel obtenido a través de los vasos comunicantes
de los partidos. Por el contrario, hay muchos que consideran que ciertamente
los partidos políticos se ven distantes y acaso hasta indiferentes;
su agenda carece de contenido para las grandes necesidades de este país.
Claro está algo, lo menos posible, tienen que hacer para mantenerse
en el poder. Este comportamiento les ha dado resultado por más de
30 años. Pero, aquellos que no se han dado cuenta de la transformación
que sucede dentro de la sociedad venezolana perderán irremediablemente
su futura cuota de poder..
Recientemente, el dirigente de AD, Alfaro Ucero, quien parece estar conciente
de la situación anteriormente descrita, ha realizado un llamado a
los dirigentes políticos de manera de presentar un programa nuevo,
de consenso, al electorado que suplante un poco la perspectiva puntofijista
que ha prevalecido , con variaciones, en el tiempo.
La situación se ha hecho tan grave que la sociedad, particularmente
la juventud, en su mayoría desilusionada y apática en cuanto
al fenómeno político, tiende a dirigir su atención
en búsqueda de alternativas democráticas no basadas en los
escenarios de poder tradicionales, fundamentalmente basados en el poder
de los partidos políticos. No hay nada que perder, nada puede ser
peor que lo que resulta de un deterioro que viene desde hace más
de 30 años. La percepción de la mayoría es la siguiente:
No existe una verdadera democracia, no hay un poder judicial, no hay seguridad
jurídica y mucho menos seguridad personal, Se toman decisiones de
alcance nacional sin tomar en cuenta a las necesidades de la mayoría,
todo es resultado de componendas políticas para mantenerse en el
poder.. Poder y Gobierno no son la misma cosa, Se puede tener infinito poder
aún sin estar en el gobierno y si no que lo digan los partidos políticos,
particularmente el de AD.
La población . en nuestra opinión, está lista para
apoyar un cambio radical en las relaciones de poder. ¿Qué
posibilidades hay de que esto se lleve a cabo?, ¿Cuáles serían
las premisas que deberán acordar los actores como fundamentales para
la construcción de un nuevo programa?, ¿Hasta qué punto
los partidos políticos, sindicatos y factores de poder en general
estarían dispuestos a sacrificarse, y de cuya respuesta dependerá
no solo el contenido sino el alcance del proyecto?
El modelo instaurado a raíz de los años 60 muestra señales
de agotamiento. En efecto, el sistema político venezolano presenta
evidentes muestras de deterioro. La crisis económica, entre otros,
factores exacerba los elementos de caducidad del sistema.
Fue un modelo democrático, iniciado con la presidencia de Romulo
Betancourt y luego consolidado en las siguientes administraciones, particularmente
Leoni y Caldera. La primera administración de Carlos Andrés
Pérez en los años 70 se vio agobiada por una estupenda riqueza
proveniente de una crisis petrolera en la que este país no tuvo injerencia.
El inmenso ingreso de divisas, que nada tenía que ver con la producción
nacional, desfiguró el modelo económico y político
que se llevaba a cabo y la incapacidad para administrar esta riqueza provocó
las primeras grietas - para el momento invisibles, disfrazadas por el manto
de riqueza- que serían profundizadas con la administración
de Luis Herrera.
A pesar de todos los errores de estas administraciones y los de las siguientes,
y a pesar del cada vez mayor endeudamiento externo, el modelo funcionó.
Despojar de su cargo a Carlos Andrés Pérez en su segunda administración
podría interpretarse como elemento clave de la fortaleza del modelo
pues el sistema democrático (a pesar de todos los defectos que el
término presenta en este país) prevaleció.
Sin embargo, los elementos que permanecieron hasta ese período
latentes en el sistema se hicieron manifiestos.
Cuando persiste una creciente desvinculación entre las aspiraciones
sociales y económicas de los ciudadanos y cuando estas aspiraciones
del ciudadano se alejan cada vez más, y cada vez más se percibe
al sistema como un ente generador de obligaciones sin contraparte, entonces
el sistema se hace inestable y el ciudadano tiende a responsabilizar a los
partidos políticos.
La representatividad, elemento indispensable del sistema democrático,
se va ausentando. El ciudadano no se siente representado por la dirigencia
política que voluntariamente eligió y comienza su búsqueda
hacia otros que lo representen , preferiblemente fuera del sistema de partidos.
Esto muestra el agotamiento del modelo tradicional.
Un nuevo proyecto por lo tanto, ha de partir de una transformación
de los partidos políticos, de sus relaciones internas y externas
y de su visión sobre la estructura social del país en general
a riesgo de perder totalmente su legitimidad.
Las figuras que aparecen hoy con mayor opción - si creemos en
los resultados de las encuestas - son las de Salas Roemer quien se ha lanzado
a pesar de la opinión del Partido Copei, con cuyo apoyo siempre había
contado, y la posible candidatura de Irene Sáez. . ¿Por qué?,
básicamente por dos razones: en primer lugar, su gestión administrativa
ha sido altamente positiva, fenómeno pocas veces visto en los últimos
30 años. En segundo lugar, ambos tienen en común el factor
de no representar los intereses de algún partido político
en particular. Se perciben como candidaturas frescas, nuevas, sin el lastre
de corrupción que desafortunadamente ha caracterizado al sistema
político venezolano, y aún si no consideramos al elemento
de corrupción, los partidos tradicionales se perciben como a "bueyes
cansados", vacíos de ideas y mucho menos de energía para
llevar a cabo los cambios necesarios, partiendo incluso de una transformación
dentro de ellos mismos..
Estos candidatos reales o posibles comienzan a ser duramente criticados,
particularmente la Srta Sáez es criticada por su inexperiencia, por
su belleza, por su falta de talento en oratoria, hasta por su frecuente
alusión al apoyo que invoca orando a Dios y a la Virgen, lo cual
es ridículo. Yo más bien le recomendaría a Irene Sáez
que incluyese en sus oraciones además de Dios, a la Virgen de El
Carmen y otros santos poderosos como San Judas Tadeo por ejemplo, porque
para solucionar los problemas del país necesitamos de toda la ayuda
que podamos obtener.
En todo caso, hasta ahora lo que SI hemos obtenido de nuestros dirigentes
políticos es una hábil oratoria ( la mayoría son "picos
de plata"), todos hablan de política y economía, con
una propiedad indiscutible, y todos, pero TODOS, han fracasado... Hablando
y haciendo discursos estupendos han arruinado al país, lo han desmoralizado,
han acabado con la educación, la salud y han producido un estado
de pobreza crítica nunca vistas. Desafortunadamente esta es la realidad
y ha venido sucediendo desde el primer gobierno del Presidente Caldera.
De modo que, aunque la candidata no ha decidido oficialmente ser candidata
ya la lucha se ha iniciado para eliminarla de la plataforma electoral, todo
lo cual es natural y si se quiere, hasta normal en las campañas electorales,
puesto que la batalla electoral consiste básicamente en eso. Sin
embargo, ambas figuras "no partidistas" continúan su ascenso,
el apoyo del electorado se mantiene debido precisamente a eso, no son el
reflejo de las candidaturas tradicionales y también porque han hecho
un buen trabajo en sus municipios y gobernaciones.
El sistema político venezolano para el siglo XXI
Recomendaciones para los dirigentes políticos en un futuro a corto
plazo
El sistema político venezolano, incluyendo a todos los factores
de poder: sindicatos, organizaciones gremiales, empresariado, además
de los 3 poderes tradicionales del Estado han de reflexionar sobre cuál
debe ser el rol del Estado. Si acaso es posible lograr un consenso en
cuanto a la transformación del significado de este concepto hoy día,
el acuerdo será más fácil de lograr.
El orden mundial ha cambiado rotundamente en todos sus campos. Lo mismo
ha sucedido con la realidad económica, científica y tecnológica.
La revolución de las telecomunicaciones influyen en la irradiación
de todas las transformaciones que suceden en el planeta a todo nivel. Es
indudable que el país no puede quedar aislado, indiferente a estos
cambios. De allí que un programa que cuente con el acuerdo nacional
necesariamente debe contar con una visión de futuro.
Existe por lo tanto la obligación de llevar a cabo una transformación
de la idea del Estado moderno. En la medida en que las élites acuerden
sobre cual es el rol del Estado en el siglo XXI, podría producirse
un proyecto conforme a la realidad actual.
Tradicionalmente un Estado es viable si cuenta en primer lugar, con poder
para imponer las leyes y ejercer un monopolio de la coerción; ha
de contar además con una población y un territorio sobre el
cual se ejerce una soberanía. En vista de los nuevos actores que
influyen en el sistema político y el orden internacional - como son
las migraciones ilegales, el narcotráfico, la guerrilla y el terrorismo,
la depredación del ambiente, la carrera por la dominación
del espacio submarino y extra celeste, la revolución de las telecomunicaciones,
entre otros - , se hace necesaria una reformulación del concepto
para luego transformar las instituciones de modo que se adecúen al
cambio y a los retos del próximo siglo.
Estas reflexiones valen hoy para Venezuela y para todas las naciones
del planeta. El mundo de hoy reflexiona sobre cual será el orden
político predominante el próximo siglo, sobre cuales serán
las relaciones de poder y sobre cómo influirán las nuevas
fuerzas que se generan debido a la revolución de las comunicaciones
y las posibilidades que surgen de la aplicación de nuevos instrumentos
producto de alta tecnología. De las respuestas que se obtengan surge
el contenido del nuevo concepto de Estado.
Caso de Venezuela
Es probable que al considerar una nueva plataforma política, las
élites del país ignoren la necesidad de transformación
estructural tanto organizativa como la de su sistema de relaciones, particularmente
de aquellas entre Estado y Sociedad, aunque fuese porque no sean aún
concientes de que la actitud de gatopardo que ha sido siempre la
filosofía que los ha inspirado, se ha agotado. Sin embargo, la posibilidad
de que personas ajenas a los partidos políticos, producto de la propia
realidad que el sistema venezolano ha generado desde 1973 puedan, dentro
de un año, arrebatarles el poder de manera legítima, es entre
otros factores , uno de gran relevancia que obligue a los partidos y dirigencias
a tomar en serio un nuevo acuerdo de pensamiento y acción política.
Por ejemplo, ¿acordarían las élites que hay que
repensar la idea de Estado?; ¿que la soberanía es un concepto
dinámico hoy día, que los instrumentos de poder tradicionales
se ven impotentes ante muchos de los conflictos que surgen de los relativamente
nuevos actores?; ¿que las políticas económicas deberían
partir de la premisa que hoy vivimos una nueva realidad donde las fuerzas
del mercado prevalecen ayudadas por toda la nueva tecnología que
permite movilizar capitales en segundos?.
Un nuevo rol del Estado en Venezuela, en nuestra opinión, no es
un Estado policía, no es un Estado empresario, tampoco es un Estado
paternalista, es por el contrario, un Estado rector, con visión de
futuro para el desarrollo de una sociedad cónsona con la realidad
de un nuevo siglo. Es un Estado producto de una transformación del
significado de los conceptos y de los factores que le dan consistencia:
territorio, soberanía , poder, relaciones con el sistema político,
económico y social. Es un Estado que estimula a la industria y la
producción, que se adapta y aprovecha las ventajas de una economía
abierta y que proteja a través de las leyes las desventajas que la
economía de este tipo conlleva. Asimismo, este nuevo rol de un estado
venezolano del siglo XXI implica una transformación real de las bases
filosóficas que apoyaron los pensamientos cepalistas de los años
60 que de poco han servido y que hoy resultan definitivamente un modelo
agotado. Es un Estado capaz de fortalecer las instituciones cuya función
estimule el bienestar de la sociedad y asimismo eliminar aquellas que obstaculizan
la cabal concreción de sus nuevos objetivos. Es por lo tanto producto
de un acuerdo en cuanto a que es imposible continuar una acción política
que irradia bienestar sólo para las élites, sean estos políticos,
laborales , o económicos.
Pero, los políticos , sindicalistas, banqueros, industriales,
educadores, comerciantes entre otros, no se pondrán voluntariamente
la soga al cuello. Un programa que parta de premisas como las expuestas
implicaría necesariamente un redimensionamiento y una completa ruptura
con la tradicionales relaciones de poder dentro del sistema político.
De manera que solo un milagro lo permitiría.
Probablemente, aparte de la ceguera tradicional, una razón de
ello es el factor corrupción, elemento difícil de definir
de modo que abarque todas sus ramificaciones, pero - en el país-
siempre latente y muchas veces presente en el sistema de relaciones de todo
tipo. Esta variable necesitaría de una profunda reflexión
por parte de los forjadores del acuerdo de un nuevo proyecto nacional. Por
ejemplo, ¿será posible imbuir en la sociedad y sus clases
dirigentes un repudio hacia la corrupción???.. ¿Cómo
hacer esto?, Cómo se puede lograr que aquellos que incurran en ella
sean sancionados y no premiados?.
Semejante atención merece reflexionar sobre actos de incompetencia
y/o inficiencia en todos los cuerpos, particularmente los administrativos.
¿cómo controlarlas si aquellos que realizan una labor de notable
incompetencia o ineficiencia, de gran costo para la sociedad, en vez de
ser removidos de sus cargos, en algunos casos por razones políticas,
simplemente son trasladados a otras posiciones, incluso de mayor responsabilidad,
donde repiten su actuación y en el mejor de los casos los nombran
embajadores o retornan a sus cargo en el poder legislativo??.
Un acuerdo entre las dirigencias tendría que considerar estos
factores , acordar cuotas de sacrificio que a la larga redundarán
en el beneficio del sistema social y en el suyo propio. Analizando el problema
sólo desde el punto de vista económico, se abaratarían
los costos probablemente a la mitad .
Otro elemento que deberá incluirse en un acuerdo nuevo del sistema
político está en lograr transformar la idea de que es necesario
controlar a todos los factores de la economía porque la empresa privada
no irradia bienestar social. Esta posición equivocada ha servido
de base al establecimiento del Estado Empresario cuyo resultado es evidente.
Un país que cuente con leyes y con capacidad de hacerlas cumplir
bajo la premisa de igualdad ante la ley, no ha de temer a la economía
privada.
En conclusión, son innumerables las transformaciones necesarias
que se desprenden de las premisas descritas anteriormente, a manera de ejemplo,
podría lograrse un acuerdo en cuanto a : a.- Política interna:
transformación total del sistema de partidos, su estructura interna
y sus relaciones con los demás actores ( lo cuales a su vez acordarán
su debidas modificaciones): sindicatos, burocracia, empresarios,comerciantes,
instituciones, organizaciones, la iglesia y la sociedad civil en general.
El tratamiento de los servicios que el Estado debe dar como son Salud
Educación , Justicia y seguridad personal ( elemento que bien han
entendido las alcaldías), merecen una revolución en todos
sus aspectos. Es aquí que afloran las verdaderas deficiencias del
sistema político venezolano. La politización extrema de sus
factores y actores incluyen a partidos, sindicatos, y demás sectores
de la vida pública y privada.
Una salud que se cobra pero que no se da; una red de autopistas y carreteras
que se pagan varias veces y que aún no se concluyen, una gran cantidad
de dinero que desaparece en un "hoyo negro" para nunca volverlo
a ver; unos educadores que no están preparados para formar, unos
programas de educación obsoletos. El ministerio de educación,
los maestros y sus sindicatos, los padres y representantes, los colegios
públicos y privados y ni hablar de las universidades deberían
considerar la máxima prioridad de su necesaria transformación
para enfrentar un nuevo siglo.
Con respecto al Orden Judicial, todo está dicho. ¿ Se atreverán
los dirigentes políticos a sacrificar su cuota para trasformar totalmente
a esta institución? Mientras exista la total desconfianza ante el
significado de una igualdad ante la ley sólo por mencionar un elemento,
no existirá ni siquiera un Estado de Derecho, consolidado, está
demás decir, hace más de un siglo en el resto del mundo occidnetal.
b.- Política externa: Es inevitable lograr un cambio a
corto plazo, que establezca una coherencia entre los intereses de la nación
y la nueva realidad mundial (coherencia con las modificaciones que implican
un nuevo concepto de soberanía, una economía globalizada y
un planeta que cada día se hace más pequeño para el
tratamiento de las políticas de seguridad - recordar la acción
de la guerrilla, el terrorismo y el narcotráfico así como
la depredación del ambiente-). El mundo se organiza en bloque para
enfrentar el fenómeno de globalización. Ninguna nación
puede quedarse aislada.
Es necesario contar con la organización y los recursos humanos
y tecnológicos adecuados para adelantar los diversos intereses del
país, sean estos económicos, petroleros, políticos,
culturales, o de seguridad.
¿Acaso será posible lograr el consenso necesario para
construir una plataforma como la descrita? De la respuesta depende el
obtener un renovado interes, particularmente por parte de la juventud venezolana
cuya mayoría muestra desconfianza y desinterés en el próximo
período electoral. Es necesario darle contenido a una agenda, si
no vacía, al menos pobre de contenido y lo que es peor, nisiquera
se toma en serio...
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