Bagdad pide que la ONU envíe una
nueva misión imparcial y reitera sus amenazas a EE.UU.
Tomás Alcoverro
En uniforme militar, el ministro iraquí de Exteriores,
Mohamed Said El Sahaf, ha reiterado ante el puñado de corresponsales
de prensa extranjeros autorizados a entrar en su país la firme posición
de su Gobierno en este forcejeo con la ONU, especialmente con la administración
de Estados Unidos.
Después de lamentar que el viceprimer ministro Tarek Aziz no hubiese
podido informar directamente al Consejo de Seguridad, dijo que continuarían
manteniendo los contactos con la primera organización internacional
y pidió el envío de una nueva misión imparcial de los
representantes de los cinco miembros permanentes de este organismo para
verificar si Irak había cumplido o no con la resolución que
estipulaba el desmantelamiento y destrucción de las armas químicas,
biológicas o nucleares.
"El centro del problema --declaró con énfasis-- no es
la destrucción de este armamento, sino la vigencia de las sanciones
contra Irak." Enumeró todas las resoluciones que Irak había
cumplido, como el reconocimiento de la soberanía y el trazado fronterizo
de Kuwait, el desmantelamiento de las armas de destrucción masiva,
la aceptación de pagar las compensaciones de guerra, la presencia
de observadores militares en sus líneas divisorias internacionales
y el consentimiento para que se lleven a cabo las misiones de control y
supervisión de la Unscom.
El ministro iraquí dijo que el presidente Saddam, expresando la desesperación
de su pueblo, no ha hecho más que defender sus derechos. "La
crisis no ha sido provocada por Irak, tal como dicen los dirigentes de Washington
para desinformar deliberadamente a la opinión pública mundial,
sino por Estados Unidos". Mohamed Said El Sahaf volvió a acusar
a la
Administración estadounidense de querer prolongar indefinidamente
el embargo de petróleo y el bloqueo internacional impuesto en 1990.
El ministro, que insistió en la determinación
iraquí de derribar el avión espía norteamericano U-2
si volvía a sobrevolar la república, dijo que, pese a que
la ONU había aceptado hace tiempo su propuesta de sustituirlo por
uno de fabricación rusa o francesa, nunca lo había hecho.
Fue rotundo al declarar que expulsarían a los inspectores norteamericanos
de la Unscom, la decisión adoptada por el presidente Saddam Hussein
hace dos semanas al acusarlos de trabajar por cuenta de EE.UU. para no levantar
las implacables sanciones al prolongar su misión de control de desarme.
Ante la actitud del Consejo de Seguridad,
Bagdad trata de provocar una "conmoción" --palabra clave
del ministro-- en la opinión pública mundial a fin de exponer
su dramático caso.
La Vanguardia de Barcelona, 12 de noviembre de 1997 |