Un primer escándalo de financiación
salpica al Gobierno Blair
Rafael Ramos
El primer escándalo de conflicto de intereses en
que se ve envuelta la Administración Blair ha tenido el más
inesperado de los orígenes en la decisión del Gobierno de,
contrariamente a sus promesas electorales, seguir permitiendo la publicidad
del tabaco en las carreras de coches de fórmula 1.
El Partido Laborista recibió hace unos meses, antes de las elecciones
de mayo, una donación que se rumorea en torno al millón de
libras esterlinas (unos doscientos cincuenta millones de pesetas) de Bernie
Ecclestone, el gran dueño y señor de la fórmula 1,
que controla totalmente ese deporte al poseer los derechos exclusivos de
televisión y cobrar a las escuderías hasta por el permiso
de utilizar los circuitos.
Después de haber abogado insistentemente por la total prohibición
de los anuncios de tabaco como elemento central de su política sanitaria,
el primer ministro Tony Blair decidió de repente hacer una excepción
con la fórmula 1, después de una reunión la semana
pasada con Ecclestone y Max Mosley, presidente de la Federación Internacional
de Automovilismo, ambos simpatizantes del Partido Laborista y contribuyentes
a su campaña.
Según el Gobierno, la decisión no estuvo influenciada en absoluto
por la generosidad de ambos mecenas, sino porque consiguieron persuadir
al primer ministro Blair de la dependencia que la fórmula 1 tiene
de la publicidad del tabaco.
La oposición "tory" aprovechó la apariencia de un
conflicto de intereses para atacar al Gobierno, obligándole a dar
explicaciones y a pedir la opinión de sir Patrick Neill, presidente
de la comisión encargada de supervisar el comportamiento ético
de los políticos, quien, después de estudiar el tema, ha decidido
que no hubo nada incorrecto ni en la aceptación de la
donación ni en la decisión de eximir a la F-1 de la prohibición
de los anuncios de tabaco, pero recomendó a la Administración
Blair devolver el dinero (cosa que ha hecho) porque "en el mundo de
la política las apariencias son tan importantes como la realidad".
La Vanguardia de Barcelona, 12 de noviembre de 1997
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