Al limbo libre comercio con E.U.
La renuencia de la Cámara de Representantes dejó
al proyecto de construir una zona hemisférica de libre intercambio
en entredicho. El presidente Clinton prometió insistir pero eso no
parece posible antes de 1999.
Washington (Efe-AFP-Reuter-AP)- Tras un maratónico
esfuerzo de más 72 horas de negociaciones ininterrumpidas con el
Congreso de E.U., el presidente Bill Clinton tuvo que retirar el proyecto
de vía rápida, fast track, al no conseguir los votos que necesitaba
para su aprobación en la Cámara de Representantes, dejando
en entredicho el futuro de la prometida zona de libre comercio para la región.
A pesar de haber obtenido una alentadora victoria la semana
pasada en el Senado donde el proyecto de ley obtuvo el visto bueno, el lobby
de Clinton fracasó en su intento de conseguir los 218 votos necesarios
para ganar la mayoría de la Cámara.Irónicamente, fueron
los demócratas (su propio partido) y no los republicanos, los que
le dieron la espalda.
El fast track, que caducó en 1994 tras 30 años
de vigencia, permite al gobierno de E.U. negociar nuevos acuerdos comerciales
con otros países sin que el Congreso pueda alterarlos, aunque éste
guarda la potestad de aprobarlos o rechazarlos.
El mecanismo, base sobre la cual Clinton lanzó en
la Cumbre de las Américas de Miami (1994) el proyecto de una zona
delibre comercio para antes del 2005 (se conoce como Acuerdo de Libre Comercio
para América, ALCA ), facilita enormemente las negociaciones comerciales
sin la interferencia del Congreso.
Aunque muchos republicanos apoyan la legislación,
y las grandes empresas de Estados Unidos están cabildeando intensamente
por su aprobación, la mayoría de los demócratas se
oponen, al igual que muchas agrupaciones laborales y de defensa del medio
ambiente ya que argumentan que los acuerdos obtenidos a través de
la vía rápida harán disminuir los salarios en E.U.
al tiempo que las grandes empresas intentarán reubicar sus instalaciones
en otros países donde conseguirán mano de obra más
barata y menos controles ambientales (lo que reduce costos).
Según analistas, la oposición de los demócratas
al proyecto está cimentada en la presión a la que han sido
objeto por parte de los grandes sindicatos, que han condicionado su apoyo
en las elecciones legislativas del 98 al voto en contra del fast track.
Futuro incierto
Aunque Clinton se mostró "defraudado"
por haber tenido que tirar "provisionalmente" la toalla en la
lucha por el 'fast track', afirmó ayer que mantenía la esperanza
y esperaba haber perdido sólo una batalla, no la guerra.
Pero al ser preguntado sobre si esperaba que fuera aprobado
este mismo año, o más adelante, antes de que acabara la legislatura,
a finales de 1998, confesó: "No lo sé". Clinton
necesita el fast track para ampliar a Chile el TLC y para poder cumplir
la promesa hecha a América Latina de crear el ALCA. Si el Presidente
llega a la segunda cumbre de las Américas en Chile en abril sin la
vía rápida, América Latina tendráque repensar
su estrategia y decidir si vale la pena seguir adelante con las negociaciones,
cuya meta es lograr el libre comerciocontinental para el año 2005.
Incluso algunos piensan que este revés constituye
una gran oportunidad para que Mercosur se afiance en la región.
También lo necesita para iniciar un proyecto similar
con la región de Asia-Pacífico, y para negociar con la Organización
Mundial de Comercio (OMC) acuerdos por sectores.
Pero no será nada fácil. El 98 será
año electoral en E.U. y los sindicatos, principales oponentes al
fast track y grandes contribuyentes en las campañas demócratas,
harán sentir su peso. Expertos opinan que fue un triunfo del proteccionismo
frente al libre mercado, y que esta tendencia se impondrá en el futuro.
Sin embargo los más entendidos hablan de contienda
política. Contienda en la que el ala más liberal del partido
demócrata, muy representada en la Cámara, está calentando
motores de cara a las próximas presidenciales en la que espera prevalecer
sobre el ala moderada de Clinton, y la batalla por el fast track ha sido
solo el preludio de la lucha electoral por la presidencia
del año 2000.
El Tiempo de Bogotá, 11 de noviembre de 1997
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