Empleo o tierra
Hernan Echavarría Olozaga
Desgraciadamente estamos en un régimen de empresa
privada y de mercado, en el cual queda difícil, si no imposible,
hacer una reforma social voluntaria.
Hasta ahora, la clase dirigente colombiana ha ignorado
la guerra agraria que se libra en el campo. Mejor digamos que se libraba,
porque la que hoy se libra no es agraria, sino marxista-leninista. Fue agraria
durante cincuenta años, desde que llegó Olaya Herrera al poder,
hasta 1982, año en el que se celebró el VII Congreso de las
Farc y estas, con gran fanfarria, anunciaron que de allí en adelante
se llamarían Farc-EP (Ejército Popular) y cambiaría
de ser guerrilla agraria por una guerra prolongada marxista-leninista, para
tomarse el poder. La mayoría de los colombianos ignoramos la importancia
de esa fecha, en la cual se decretó la más cruenta y salvaje
guerra por el poder que jamás se ha visto, la cual se ha librado
en el campo, sin que nosotros los citadinos nos diéramos por enterados.
Ahora, quince años después, el gerente de
Fedegán propone que, voluntariamente, los terratenientes den parte
de sus tierras a los que no la tienen, si ello es necesario para conseguir
la paz, siempre que los banqueros, industriales, etc. den otro tanto. Una
especie de reforma social, no solamente agraria, de carácter voluntario.
Desgraciadamente, estamos en un régimen de empresa
privada y de mercado en el cual queda difícil, si no imposible, hacer
una reforma social voluntaria. Por lo demás, el señor Visbal
tiene razón: una guerrilla en el campo, que exige tierra, no se puede
acabar sin hacer concesiones a este reclamo, por lo demás justo.
Colombia es un país de más de un millón de kilómetros
cuadrados de tierra, con mayor extensión que España y Francia
juntas. ¿Cómo es que tiene parte de su población sin
tierra y, a la vez, sin empleo de que vivir? Es una vergüenza que los
dos partidos más importantes, el liberal y el conservador, hayan
estado hablando de la reforma agraria por cincuenta años, sin resolverse
a hacerla. ¿Están esperando que otros, desesperados, la hagan
a la fuerza?
En Colombia, la reforma agraria se puede hacer sin violencia
y sin expropiar a nadie, como debe hacerse todo en un sistema de libre empresa
y de mercado. Todo lo que hay que hacer es asegurarse de que la tierra pague
impuestos razonables. Que el sistema impositivo no permita que el poseedor
de la tierra la retenga, sin mayor producción, en busca de utilidad
por valorización. Todo lo que se requiere es cobrar impuestos catastrales
debidos y sobre el valor real del terreno. En cambio, se podría eximir
a la tierra de todo pago sobre la renta.
En síntesis, impedir, mediante el impuesto catastral,
que la tierra se siga usando como alcancía. Porque, cuando eso sucede,
como está sucediendo en Colombia, las clases pudientes pueden enriquecerse
fácilmente, sin trabajar, con la valorización de la tierra.
El sistema de empresa privada es de por sí algo injusto y solo se
justifica cuando los empresarios obtienen utilidad debido a que están
produciendo. Y es cuando producen cuando los empresarios le prestan un servicio
a la comunidad. En realidad, un empresario que no produce bienes o servicios
útiles para la sociedad es un parásito.
El Tiempo de Bogotá, 15 de noviembre de 1997
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