La vía rápida
Pedro Solbes
E n una semana dominada por las declaraciones
del gobernador del Banco de España sobre la rebaja de los tipos,
la publicación de nuevos datos económicos, unos buenos y otros
no tanto, y los altibajos de la bolsa, unos esperables y otros "inducidos",
ha pasado inadvertida la noticia de importancia primordial, y me refiero
a la no aceptación, por parte del Congreso americano, de la autorización
al presidente para negociar acuerdos comerciales, el denominado "fast-track"
o vía rápida mediante el que el legislativo faculta al ejecutivo
a negociar acuerdos comerciales renunciando a su capacidad de modificar
su contenido en el momento de su ratificación.
El revés para el presidente Clinton ha sido importante, equiparable
al sufrido con la reforma del sistema de salud, y puede afectar su apuesta
por la liberalización comercial. La incidencia inmediata es la no
ampliación de la zona de libre comercio americana a Chile e, indirectamente,
la renuncia a su ambicioso proyecto de una zona de libre cambio para América.
Las implicaciones a medio y largo plazo serán de mayor alcance. Resulta
especialmente inquietante que la derrota haya sido propiciada desde las
propias filas demócratas y que se haya utilizado el argumento de
que los acuerdos comerciales generan mayor desempleo y presionan a la baja
los salarios, olvidando que el buen momento económico de Estados
Unidos, que ha permitido alcanzar una situación de prácticamente
pleno empleo sin tensiones inflacionistas, se debe, en gran medida, a la
mayor apertura del mercado americano.
¿Estamos ante un cambio de tendencia o ante un accidente de recorrido
que se superará en los próximos meses? Se ha llegado a afirmar
que la preocupación del Congreso son los pactos en el ámbito
del continente, que si se hubiera limitado a las negociaciones multilaterales
en en ámbito de la OMC se hubiera aprobado.
La salida no está clara. De momento, la aceptación de la vía
rápida queda pospuesta. Hay defensores de volver a presentar el proyecto
en otoño, antes de las elecciones para un nuevo Congreso. Otros consideran
que, difícilmente, la actual Administración podrá replantearlo,
por lo que habrá que esperar a las próximas presidenciales.
Aunque existen precedentes de negociaciones multilaterales sin aceptación
previa de esta autorización por parte del Congreso, su negativa afectará
a todo el entramado de negociaciones en curso en el marco de la OMC. ¿Podrán
avanzar sin la garantía de que el Congreso no modifique lo pactado?
Incluso ya se ha comentado el alivio de algunos países por no tener
que iniciar las conversaciones en el sector agrícola. Los riesgos
de marcha atrás son evidentes, en especial en un momento en que los
acontecimientos del Sudeste Asiático pueden modificar algunas de
las previsiones en el ámbito comercial mundial.
La Vanguardia de Barcelona, 16 de noviembre de 1997 |