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El canje los bonos, ¿cómo agotar la confianza?

Luis Marcano

En 1990, cuando se hizo el refinanciamiento de la deuda venezolana, se establecieron condiciones especiales que le permitieron al país hacerle frente a sus obligaciones con los acreedores.

Para el momento del refinanciamiento, las tasas de interés externas se consideraban elevadas históricamente y eran 40% superiores a las actuales, lo que estimuló a los países deudores a tratar de conseguir mejores condiciones en el servicio de intereses.

Es así como la mayor parte del refinanciamiento latinoamericano se hace a través de los bonos Brady tipo Par, que tenían como característica una tasa de interés fija alrededor de 30% de descuento frente a las tasas de mercado, aunque en realidad el descuento de la tasa de interés fue mucho mayor.

Las condiciones de los bonos Brady de 1990 difícilmente tendrán competencia en algún nuevo título para los países deudores, a menos que la tasa de interés de mercado disminuya lo suficiente. La rebaja de la tasa de interés en el caso de los bonos Par, y la rebaja en el principal para el caso de los bonos de descuento, tenían como contrapartida la creación de colaterales por el principal y una parte de los intereses, pero aun así las condiciones bajo las cuales se constituyeron los colaterales o garantías implicaban mejoras en la situación de los deudores.

Venezuela tuvo la oportunidad de garantizar su deuda con un depósito cuyo valor nominal estaba muy por debajo del valor de la deuda y que generaría tales intereses que permitirían hacerlo rendir hasta alcanzar el valor de la deuda en el año 2023, año de vencimiento de los Brady.

Después de poco más de siete años del refinanciamiento de la deuda latinoamericana, la mayoría de los países ha adquirido un nuevo perfil crediticio internacional. En estos momentos la tasa de interés a la cual Latinoamérica puede acudir al mercado es alta en comparación con la pactada en el refinanciamiento de 1990, pero la carga de servicio de parte de esa deuda ha comenzado a aumentar debido a que mucha de ella ha empezado a amortizar el principal que en el caso de Venezuela es el año 1997.

Cuando en septiembre pasado Venezuela anunció el canje de bonos Brady por globales, todos esperábamos que las condiciones para el país hubiesen mejorado mediante una reducción en el servicio de la deuda, ya sea de intereses o de amortización. Pero eso no sucedió.

Los nuevos bonos globales se emitieron a una tasa de interés 37% mayor que la de los Brady, lo que aumenta el servicio de intereses en cerca de 80 millones de dólares por año y lo peor de todo es que el argumento del Gobierno es que la ganancia que obtuvimos fue la liberación del colateral de 1,317 millardos de dólares.

Primero, la liberación del colateral no puede ser considerada un ingreso, ya que ese es un activo de la República que generaba un rendimiento de alrededor de 7%, en el caso del principal, y de 5,5%, en el caso de los 14 meses de intereses garantizados.

Segundo, si en realidad Venezuela forzosamente hubiese necesitado el dinero de los colaterales, el acudir al mercado para tomar prestado a una tasa de 9,25% es preferible a dejar de ganar 7%, así que en realidad la ganancia de liberar el colateral es el diferencial de intereses de pagar una nueva deuda y la obtenida en el depósito.

Por último, para ser considerado como un beneficio, el dinero liberado por el colateral debía ser invertido en una actividad que generara un rendimiento mayor a 7% o pagar una deuda cuyo servicio fuese mayor a ese 7% y aquí el colateral liberado fue usado para honrar una obligación con el Banco Central de Venezuela.

Es como decir que el jefe de familia retiró el dinero de la cuenta de ahorros del banco para pagarle a su esposa una deuda cuyo servicio es menor que los intereses generados en esa cuenta, y además de eso, para que pudiera liberarle el depósito de la cuenta de ahorros. Ahora el jefe de la familia tiene que pagar 80 millones de dólares más durante los próximos 23 años y otros 370 millones por los 7 años siguientes al banco. Tal parece que la esposa está mejor financieramente, pero, cómo quedó la familia?

En declaraciones de sectores gubernamentales se ha escuchado que la operación aumentó la confianza en el país, lo que podría entenderse como una mejora en el perfil crediticio del país. La confianza o credibilidad de un país en los mercados internacionales depende exclusivamente de la percepción de su capacidad de pago, lo que depende a su vez de muchos factores, entre los que se encuentran crecimiento económico, estabilidad y perspectivas futuras.


El Nacional On Line, 10 de noviembre de 1997

 

 

 

 

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