La resaca social
Italo del Valle Alliegro
De todos los males que pululan en el mundo entero en
este momento, la falta la sinceridad es lo más peligrosoque existe
'Frode'
El ambiente actual del país, donde se respira un
aire de extraña prosperidad pivoteada por la
denominada apertura petrolera, ha estado marcado en los últimos días
por una interminable
discusión acerca de la seguridad social y en general sobre el sistema
de protección al trabajador.
En medio de esta discusión, hemos observado a los
protagonistas decir y no escuchar, repartir culpas y responsabilidades a
diestra y siniestra. Este panorama que ha sido constante en nuestro país
en los últimos cuarenta años, pareciera una evidencia clara
de las resistencias de nuestra sociedad civil a los cambios y al progreso.
Mientras por un lado los miembros de la Comisión
Tripartita, publican su interés común en
atender la urgencia del problema social derivado de la prolongada y severa
crisis de los últimos años, por el otro se detienen a discutir
sobre las culpabilidades de determinado sector en una suerte de intento
por ganar tiempo o más bien por ganarle al tiempo en el que se deben
cancelar los enormes pasivos que tanto el sector público como el
privado tienen con los trabajadores. Tal situación es además
una evidencia de las resistencias intrínsecas de nuestra sociedad
al cambio, es una absurda y anticuada forma de entender los problemas del
desarrollo y el progreso.
Casi toda la elaboración teórica de las Ciencias
Económicas y Sociales en la actualidad, tiene
como denominador común, muy independientemente incluso de las diferencias
en las tendenciasdel pensamiento económico, social y filosófico
inclusive, que la prosperidad social más parecida a lo deseable,
es parte esencial de una estrategia de desarrollo y aun en los países
desarrollados, es componente básico de la estabilidad y garantía
de crecimiento constante de las economías.
Ese tiempo que se pierde discutiendo lo que aparentemente
es un acuerdo, es un tiempo que gana la desnutrición, la deserción
escolar, el crecimiento de la marginalidad y todo el resto de las
consecuencias de esta prolongada sequía de humanidad producto de
la crisis. Es muy probable,
que quienes ostentan hoy el protagonismo de tales discusiones no presencien
en un futuro muy
cercano, los efectos de resaca de cada minuto que se pierde en discusiones,
porque cada minuto
perdido es uno ganado por el pesimismo acerca del futuro de nuestro país
en esta materia.
El hambre es cuestión de minutos, cuyos efectos
se perpetúan toda la vida. Si me pidieran una
descripción del venezolano de los próximos años, me
atrevería a imaginarme a una persona de
menor capacidad física que el actual y más grave aún,
de menos posibilidades ante la vida y el
trabajo y bastante más grave, muy poco competitivo en lo que se supone
serán mercados y
sociedades globalizadas. Sobre esta resaca y sus consecuencias queremos
advertir y continuar
reflexionando en nuestras próximas entregas.
El Universal Digital,11 de noviembre de 1997
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