Los partidos políticos
Se habla mucho de los partidos políticos. Por un
lado, de su pérdida de aceptación, de su rechazo, de su condenación
por la mayoría de la población, especialmente de las nuevas
generaciones. Por el otro, la necesidad de su vigencia como pilares fundamentales
del sistema democrático.
¿Qué ha sucedido? ¿Por qué
después de tener una acogida generalizada, de entusiasmar a juventudes,
de captar la militancia de multitudes, han retrocedido a la situación
disminuida de hoy en día?
En primer lugar habría que considerar que su auge
inicial, su impulso natal, fue como reacción a largos períodos
de dictaduras. Las hermosas promesas de libertad y derechos, y la esperanza
de alcanzar bienestar y mejores niveles de vida, significaron un atractivo
señuelo para conquistar apoyos y adherencias. Esto aconteció
a partir de 1936, alcanzando su clímax entre 1945-1948 y luego con
posterioridad al 23 de enero de 1958.
De allí en adelante se 'normalizó' la presencia
de los partidos, formaron parte de la cotidianidad, dieron oportunidad de
observar sus fallas y deficiencias, perdieron la ventaja de la novedad.
Además, se pusieron en evidencia al prometer más
de lo que podían cumplir, al tratar de llevar a la práctica
esquemas producto de sueños y buenos deseos en lo económico
y social, basados en lo que pretendían que el ser humano fuera y
no en lo que realmente es. Fracasaron como administradores de la cosa pública
y como constructores de un país moderno, eficientepotenciado por
un pueblo competente y responsable. Dejaron de ser un vehículo de
comunicación entre la gente y los organismos que deben servirla,
incapaces de plantear necesidades y expectativas sentidas, y menos de lograr
solucionar prioridades. Se convirtieron en insensiblesmaquinarias electorales,
carnetizaron empleos, decisiones y tramitaciones, asaltaron el dinero detodos
con la excusa del financiamiento de las organizaciones. Se han beneficiado
indebidamentedel clientelismo burocrático, de la manipulación
del otorgamiento de contratos de obras y adquisición de bienes y
servicios, préstamos subsidiados y comisiones financieras. Todofavorecido
y protegido por el dominio e intervención de la economía,
entronizando el capitalismode Estado.
También, llevados de una vocación absolutista
han penetrado e interferido las más diversas
manifestaciones del quehacer social tales como: sindicatos, universidades,
colegios, gremios, asociaciones de vecinos y hasta 'clubs' privados.
Por lo tanto, como actualmente existe inconformidad con
la situación, con sus realidades, y las personas se sienten engañadas
y defraudadas con muchas promesas electores incumplidas,
inculpan y descalifican a los omnipresentes partidos, frenos asfixiantes
de la iniciativa y acción
ciudadanas. Pareciera que el descrédito y deterioro que sufren, se
lo tienen merecido.
Por otra parte, queremos vivir en democracia y necesitamos
de los partidos. En consecuencia, hay que modernizarlos para que cumplan
eficazmente sus fines. La principal responsabilidad al respecto le corresponde
a sus dirigentes, y en menor grado a los activistas y militantes. El rescate
debe comenzar por la moral, el apego a un proceder ético, atenido
a principios, en conocimiento de la urgencia de dar ejemplo en este sentido
a una comunidad que se está desintegrando por el abuso, la carencia
de honradez, la arbitrariedad, la falta de acatamiento a las normas elementales
de convivencia y de buen proceder, donde el delito se ha adueñado
de vidas y propiedades.
También deben privilegiar los intereses nacionales sobre los de la
organización, restableciendo la útil labor de ser auténticos
vehículos de unión entre gobernantes y gobernados. Hacia dentro
deben abrir más la participación dándole permeabilidad
a las estructuras de dirección, permitiendo que la base sea protagonista
de primera línea. Hacia afuera, orientar y educar, convertirse en
promotores de una economía exitosa, capaz de soportar el bienestar
de la población, presentar proposiciones concretas y lograr su aplicación,
comenzando por una lucha implacable contra la inflación y el adecentamiento
y eficacia de la administración pública.
Se requiere dedicación a dignificar la actuación
política. Sería refrescante ver 'botar a patadas', como dijo
Rómulo, a todos aquellos que incumplen las leyes, requisitos, compromisos
y obligaciones. Escuchen a la gente, establezcan sus objetivos y miras,
del mediano plazo en adelante. No sacrifiquen el futuro por lo inmediato
del proceso electoral del 98. Es hora de sembrar mediante cambios que les
aseguren convertirse en instrumentos útiles y respetados, y no en
verdugos de quienes deben ser los verdaderos beneficiarios de los sistemas
políticos, económicos y sociales.
El Universal Digital, 11 de noviembre de 1997
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