¿Angustia económica o angustia
social?
Por concluir, en menos de sesenta días, el año
1997 se observa que los problemas sociales, dentro del ámbito nacional,
se agudizan de tal manera que se constata incluso por el observador menos
avisado que existe una neurosis colectiva traducida en una conducta de angustia
por
inquirir, por conocer, si esta situación tan crítica, que
actualmente vivimos los venezolanos, se puede resolver favorablemente para
los grandes sectores de población, incluyendo, naturalmente, a la
tan preterida clase media. Esa angustia social es el resultado de la preocupación
responsable de una sociedad consigo misma frente a cada uno de sus integrantes,
ante la cerrazón de horizontes, ante el deterioro, cada vez más
visible, moral. Es una responsabilidad frente a la historia, ante el futuro,
ante la generación de relevo. Es una responsabilidad generacional
de padre
a hijo. ¿Qué le vamos a entregar a la generación de
relevo? ¿Detritus...? ¡Qué horor! ¿Estaremos
a tiempo? Esa angustia colectiva, en este momento, no tiene respuesta. Ante
tal circunstancia,
muchos venezolanos preocupados por el acontecer aconteció lo que
suponíamos consideran, con
preocupación, que se han acentuado la desconfianza y el descontento
popular. Que Venezuela se
ha estancado, no obstante haber dispuesto la presente administración
de los presupuestos más
altos. Entienden que Venezuela luce detenida y con grandes reivindicaciones
populares
insatisfechas. Todo esto es aún más alienante ante el proceso
inflacionario y su efecto negativo de
la distribución regresiva del ingreso que ha pasado en algunos estratos
área metropolitana y otras
grandes ciudades del umbral de la pobreza crítica al umbral de la
miseria. Y como consecuencia
de esta degradación, el deterioro de la calidad de la vida tanto
en el aspecto físico como el
psíquico y moral. Cabe anotar que dentro de este proceso, síndrome
de angustia social que vive el
venezolano, el aspecto económico es uno de los factores que incide
con mayor fuerza en dicho
cuadro. Es por esta razón por la cual podemos denominarlo economía
de la angustia, ¿cuáles son
las causas? una creciente y continuada inflación, que día
a día se hace más gravosa, más onerosa,
más pesada, en fin, verdaderamente insostenible. Ese fenómeno
perverso y cruel ha quebrantado
las estructuras sociales incrementando peligrosamente, por causa del empobrecimiento
de grandes
sectores de población de clase media, la marginalidad; otro factor
dentro del síndrome de la
economía de la angustia es la dislocación de los precios por
razón de los desajustes entre el
salario real y el poder adquisitivo de los bienes y servicios básicos,
sin que exista ninguna
alternativa inmediata de producción interna que pueda equilibrar
esta situación. Se acentúa esta
angustia económica al constatar que por un lado se dice que se está
empleando una política fiscal
y monetaria para frenar la inflación y por otro se están implementando
políticas para expandir la
economía y así atacar la recesión. El arte de la economía
no ha sido perfeccionado hasta tal punto
que sea posible seguir políticas diametralmente opuestas al mismo
tiempo.
Tenemos pues razón de estar angustiados ya que el
panorama, dolorosamente trazado, constituye
más que un perfil del presente, una manifestación de su indigencia,
y contribuye no sólo a la
exposición de la ausencia del sentido en nuestro tiempo sino a hacer
patentes sus causas, y, con
ellas, las condiciones por vía de la denuncia de la posibilidad de
superación. Y lo más dramático
es que tales evidencias de descomposición económica y social
contrastan con las condiciones
objetivas y las posiblidades del país. Por ello esta situación
es motivo de honda preocupación en
todos los ámbitos de la comunidad venezolana. Todos tenemos confianza
y fe en la bondad del
sistema democrático y por tal circunstancia ante el escepticismo
y desconcierto que domina a
vastos sectores de población se hace necesario el reclamo oportuno
y justo. Es ineludible salvar el
presente. Tal vez sea lo único que poseemos y esto haga que la condición
humana sea frágil y
precaria, entre la angustia económica y la angustia social.
El Universal Digital, 10 de noviembre de 1997 |