Globalización y modernización
Los dos términos del título dominan las actitudes,
las políticas y las ideas de gran parte de la humanidad. Son interdependientes:
Lo moderno es la globalización; lo global es lo moderno. La idea
de la globalización ha inspirado los movimientos económicos,
políticos y culturales a través de los últimos 500
años, precisamente el tiempo transcurrido desde el arribo de la expedición
colombina a nuestro continente. También la tendencia a la modernidad
se ha manifestado en este tiempo histórico. Sin embargo, las dos
tendencias no envuelven el mismo contenido: Lo moderno es transitorio, perecedero,
sujeto a la relativa brevedad de la euforia; la búsqueda de laglobalidad
ha sido una constante: El encuentro de la humanidad en el espacio y el tiempo.
Las modas son generadas por el deseo del cambio, de la
variedad, de lo novedoso, y, por su propia índole, son sustituidas
una vez agotados sus atractivos. La modernidad se identifica con el progreso
y éste es dinámico: Nuevos paradigmasocupan el lugar de los
que pesan de moda: Ideales, utopías, estilos de vida, formas de organización
social, personajes y protagonistas. Lo que permanece es la lucha de los
pueblos por superar las restricciones institucionales, culturales, económicas,
geográficas.
No hay una sola concepción de la globalización,
por cierto. Mejor dicho, hay una concepción abstracta, esencial,
ideal; y una imposición de la realidad, de la praxis, de lo concreto.
La realidad global -o globalizante- de este tiempo es la transnacionalización
de los intereses, de los poderes, de los patrones de comportamiento, de
las llamadas fuerzas del mercado, de la información y la tecnología,
como fuentes de dominación, entre otros
procesos. De una tendencia a la subordinación de las naciones, de
los estados nacionales, de las particularidades de los pueblos, en aras
de lo que pudiera calificarse como la uniformación de los seres humanos,
sujetos cautivados en la compleja red del intercambio no equivalente.
En lo económico es la totalización del mercado,
la circulación supuestamente libre y fluida de bienes, servicios,
capitales, personas, instrumentos de negocios, símbolos y expresiones
de riqueza, formas de necesidades, medios y modos de recreación,
imágenes publicitarias, configuraciones de la vida. En lo cultural
es la exaltación del ser unidimensional, con pensamiento único,
actitudes indiferenciadas, gustos similares, información condicionada,
aprendizaje modelístico, ignorancia o desprecio por el pasado, convicción
de que la marcha de la historia transcurre por una sola ruta a un terminal
inmodificable.
La globalización trascendente, la utópica,
la que se sustenta de los principios cardinales de la justicia, de la libertad,
de la equidad, de la solidaridad, del derecho al desarrollo de la personalidad
individual y social, de la igualdad real de oportunidades, está como
sumergida por la evidencia de los hechos. Es una paradoja la de que la supuesta
soberanía de lo individual se realice como negación de lo
particular, de lo personal, de la libertad
efectiva de escogencia ante la avalancha de los modelos únicos que
trasmiten con inexorable eficacia los medios de comunicación.
Un ejemplo actual de los riesgos de la globalización
dominante -a diferencia de la trascendente- es la crisis financiera que
aún sacude al mundo. Las cadenas o canales de transmisión
o difusión del fenómeno -no importa en qué lugar se
haya originado circunstancialmente: Hong Kong, en este caso- han funcionado
sin pérdida de tiempo y la conmoción ha sacudido tanto a las
grandes bolsas de valores como a las modestas, como la
venezolana. No hay imnunidad contra esta turbulencia global. Alrededor de
dos billones de dólares representados en papeles o registros y transferencias
electrónicos pueden movilizarse a través del mundo cada 24
horas. No hay fronteras, ni prevenciones. Es un ``casino global'' como alguien
lo llamó. La economía simbólica, especulativa, de derivados
financieros de segunda, tercera o mayores instancias forman montañas
de ficción que se yerguen sobre
la economía real, de producción, inversión, empleo,
consumo. La globalización es más rápida, más
intensa, más especulativa en los mercados financieros que en los
mercados reales de bienes.
Existe la posibilidad de que arrastre a sus propios creadores
y propulsores: Las megacorporaciones, los conglomerados de intereses, las
grandes organizaciones bancarias. Y este fenómeno puede quebrantar,
a corto o a mediano plazo, a las economías aparentemente sólidas
como la de Estados Unidos. Se sienten las huellas en la economía
japonesa, en
las de los dragones asiáticos y en la Unión Europea. La globalización
ha hecho frágiles, vulnerables, las economías nacionales,
más poderosas; y más aún, desde luego, a las débiles,
``abiertas'', economías latinoamericanas. Es una paradoja también
que esas corrientes financieras, volátiles, se impongan a los mercados
nacionales, cuando éstos, en su propia circunscripción, significan
alrededor del 90% de la actividad económica total del mundo. En Venezuela
el mercado interno representa un 80% de la actividad económica del
país.
El Nacional On-Line, 12 de noviembre de 1997 |