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Lo me jor  de la Prensa Nacional

Globalización y modernización

D.F. Maza Zavala

Los dos términos del título dominan las actitudes, las políticas y las ideas de gran parte de la humanidad. Son interdependientes: Lo moderno es la globalización; lo global es lo moderno. La idea de la globalización ha inspirado los movimientos económicos, políticos y culturales a través de los últimos 500 años, precisamente el tiempo transcurrido desde el arribo de la expedición colombina a nuestro continente. También la tendencia a la modernidad se ha manifestado en este tiempo histórico. Sin embargo, las dos tendencias no envuelven el mismo contenido: Lo moderno es transitorio, perecedero, sujeto a la relativa brevedad de la euforia; la búsqueda de laglobalidad ha sido una constante: El encuentro de la humanidad en el espacio y el tiempo.

Las modas son generadas por el deseo del cambio, de la variedad, de lo novedoso, y, por su propia índole, son sustituidas una vez agotados sus atractivos. La modernidad se identifica con el progreso y éste es dinámico: Nuevos paradigmasocupan el lugar de los que pesan de moda: Ideales, utopías, estilos de vida, formas de organización social, personajes y protagonistas. Lo que permanece es la lucha de los pueblos por superar las restricciones institucionales, culturales, económicas, geográficas.

No hay una sola concepción de la globalización, por cierto. Mejor dicho, hay una concepción abstracta, esencial, ideal; y una imposición de la realidad, de la praxis, de lo concreto. La realidad global -o globalizante- de este tiempo es la transnacionalización de los intereses, de los poderes, de los patrones de comportamiento, de las llamadas fuerzas del mercado, de la información y la tecnología, como fuentes de dominación, entre otros
procesos. De una tendencia a la subordinación de las naciones, de los estados nacionales, de las particularidades de los pueblos, en aras de lo que pudiera calificarse como la uniformación de los seres humanos, sujetos cautivados en la compleja red del intercambio no equivalente.

En lo económico es la totalización del mercado, la circulación supuestamente libre y fluida de bienes, servicios, capitales, personas, instrumentos de negocios, símbolos y expresiones de riqueza, formas de necesidades, medios y modos de recreación, imágenes publicitarias, configuraciones de la vida. En lo cultural es la exaltación del ser unidimensional, con pensamiento único, actitudes indiferenciadas, gustos similares, información condicionada, aprendizaje modelístico, ignorancia o desprecio por el pasado, convicción de que la marcha de la historia transcurre por una sola ruta a un terminal inmodificable.

La globalización trascendente, la utópica, la que se sustenta de los principios cardinales de la justicia, de la libertad, de la equidad, de la solidaridad, del derecho al desarrollo de la personalidad individual y social, de la igualdad real de oportunidades, está como sumergida por la evidencia de los hechos. Es una paradoja la de que la supuesta soberanía de lo individual se realice como negación de lo particular, de lo personal, de la libertad
efectiva de escogencia ante la avalancha de los modelos únicos que trasmiten con inexorable eficacia los medios de comunicación.

Un ejemplo actual de los riesgos de la globalización dominante -a diferencia de la trascendente- es la crisis financiera que aún sacude al mundo. Las cadenas o canales de transmisión o difusión del fenómeno -no importa en qué lugar se haya originado circunstancialmente: Hong Kong, en este caso- han funcionado sin pérdida de tiempo y la conmoción ha sacudido tanto a las grandes bolsas de valores como a las modestas, como la
venezolana. No hay imnunidad contra esta turbulencia global. Alrededor de dos billones de dólares representados en papeles o registros y transferencias electrónicos pueden movilizarse a través del mundo cada 24 horas. No hay fronteras, ni prevenciones. Es un ``casino global'' como alguien lo llamó. La economía simbólica, especulativa, de derivados financieros de segunda, tercera o mayores instancias forman montañas de ficción que se yerguen sobre
la economía real, de producción, inversión, empleo, consumo. La globalización es más rápida, más intensa, más especulativa en los mercados financieros que en los mercados reales de bienes.

Existe la posibilidad de que arrastre a sus propios creadores y propulsores: Las megacorporaciones, los conglomerados de intereses, las grandes organizaciones bancarias. Y este fenómeno puede quebrantar, a corto o a mediano plazo, a las economías aparentemente sólidas como la de Estados Unidos. Se sienten las huellas en la economía japonesa, en
las de los dragones asiáticos y en la Unión Europea. La globalización ha hecho frágiles, vulnerables, las economías nacionales, más poderosas; y más aún, desde luego, a las débiles, ``abiertas'', economías latinoamericanas. Es una paradoja también que esas corrientes financieras, volátiles, se impongan a los mercados nacionales, cuando éstos, en su propia circunscripción, significan alrededor del 90% de la actividad económica total del mundo. En Venezuela el mercado interno representa un 80% de la actividad económica del país.


El Nacional On-Line, 12 de noviembre de 1997

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