La condición humana
Tobías Lasser
Una de las más complejas manifestaciones del ser
humano, es su comportamiento dentro del grupo en el que se desplaza. Es
aquí donde él despliega aquellas actividades que lo elevan
hacia la excelencia o lo hacen descender hacia lo que es excecrable en la
naturaleza humana. Por eso se impone la tarea ineludible de investigar los
móviles que impulsan al individuo para alcanzar las metas que se
ha propuesto para satisfacer sus anhelos de superación o los deseos
oscuros de infringir las leyes morales y de la convivencia, así como
esa aspiración profunda de poseer algo que le dé significado
a su existencia. Es decir el individuo lucha por su identidad, a fin de
distinguirse o destacarse entre los demás miembros de la comunidad.
Además compite con buenas o malas armas para lograr su posición
social, política o económica que le proporcione un nicho apropiado
en la jerarquía del grupo, ya que la aspiración suprema del
individuo es influenciar o dirigir un conglomerado social o simplemente
figurar dentro de ese conglomerado como una cifra importante, para lo cual
se vale de su inteligencia o de sus talentos reales o ficticios, pues en
este intento no lo detiene falsear los hechos para presentarse como un protagonista
que puede influenciar a los que mandan, para lograr que se le tome en cuenta.
Descifrar la parte oculta que encierran las motivaciones
humanas, es la clave para establecer relaciones armoniosas, no conflictivas,
pues a menudo transciende la conciencia psicológica para introducirse
en la conciencia moral, iluminando ese complejo de factores que señalan
el curso de la convivencia o lo empujan a ese entorno sombrío donde
no es fácil discernir lo que se debe hacer para la tranquilidad espiritual.
Cómo penetrar o escudriñar los pliegues de
la conciencia antes de que se urda una felonía o una transgresión
de los mandamientos morales a fin de evitar sus consecuencias nefastas.
Para develar los misterios de la conducta humana, la Psicología ha
propuesto ciertas fórmulas, que a pesar de la juventud de esta ciencia
como tal (unos ochenta años) han dado resultados notables. Buscando
significados o abriéndose caminos en terrenos salvajes, el hombre
pugna entre una serie de tanteos o vacilaciones para tomar las decisiones
que marcarán indeleblemente su vida. Cuando se hunden en acciones
culpables, sienten que han perdido algo que los abruma, pues estaban sordos
a la voz de la conciencia, única entidad que los puede aliviar de
los estados neuróticos que los acosan. Propalar rumores malsanos
con el objeto de infamar, es cosa corriente entre aquellos que buscan figurar
en el escenario social, político o económico, y por aquellos
que carecen de capacidad para competir en la vida. Muchos se alegran cuando
un amigo sufre un pequeño tropiezo, pues en lo recondito de sus almas,
fermenta la mezquindad. Investigaciones psicológicas han revelado,
que aquellos que tildan falsamente de homosexual a alguien, es un homosexual
en potencia y de esa manera quiere librarse de lo que perturba su subconciente.
De ahí las razones para pensar en lo retorcida que
es la mente de los que padecen desequilibrios psicopáticos y que
exhiben estimas en los repliegues de sus conciencias para exponerlos a la
luz del día, cuando sienten el menosprecio que los rodea.
Cómo explicarse la conspiración para asesinar
al gran Julio César, o a Lincoln, el más grande los americanos
del norte, o al Gran Mariscal de Ayacucho, ejecutado por sicarios manejados
por los autores intelectuales del horrendo crimen o las deslealtades de
Taillerand a quien Napoleón colmó de honores y grandes favores.
Todo esto sucede en menor o mayor grado, en todas las actividades
en que el hombre se destaca, pues muchos están afectados por un sentido
moral turbio o distorsionado.
El Universal Digital, 15 de noviembre de 1997
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