Un vasto mundo de dos lenguas
Acaba de reunirse en la isla de Margarita, en Venezuela,
la VII Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de gobierno. Estuvieron
allí, por dos días, los jefes de Estado y de gobierno del
conjunto de los países que integran la familia de los pueblos iberoamericanos,
que representa, sin duda, uno de los más vastos grupos internacionales
con entera homogeneidad histórica y cultural.
El caso de los países anglófonos no es exactamente
igual al de éstos. Muchos de los pueblos angloparlantes son bilingües
y utilizan el inglés como lengua de comunicación, sin prescindir
de sus idiomas propios. Este solo hecho introduce una serie de características
que es necesario tener en cuenta para discutir la situación de la
América Latina en el mundo de hoy.
Tiene como lengua materna el español un conjunto
de pueblos que se extienden a todos los continentes. Esta situación
crea un hecho cultural de la mayor importancia, con inmensas consecuencias
para el presente y para el futuro.
Según las proyecciones de las estadísticas,
el español llega hoy, por natural expansión y crecimiento
demográfico, a ser, por el número de las personas que lo tiene
como lengua materna, la lengua más universal, después del
inglés. Bastaría pensar en la suerte del español como
segunda lengua de los Estados Unidos. La inmigración constante, legal
e ilegal, del Sur hacia el Norte, ha creado grandes zonas de bilingüismo
en Estados Unidos, que habrán de tener, sin duda, muy importantes
consecuencias políticas y culturales para el futuro.
Sin duda, por múltiples razones muy conocidas de
predominio económico y político, el inglés ha alcanzado
ya la condición de primera lengua de comunicación del mundo,
pero desde el punto de vista de la identidad cultural el español
está llamado a desempeñar un papel fundamental.
En España el castellano convive con varios lenguajes
regionales. En cambio, en la América Latina no hay sino dos lenguas
de comunicación: el español y el portugués.
Se calcula que hoy tienen como lengua materna, entre España
y los países latinoamericanos, un conjunto no menor a las 300 millones
de personas, que es, además, uno de los que más rápidamente
están creciendo en volumen en el continente americano. Este tema
debería entrar a formar parte de las cuestiones que se estudian en
los foros internacionales del mundo iberoamericano.
Existe, desde luego, la muy valiosa labor que, desde el
siglo XVIII, viene realizando la Real Academia Española pero, sin
duda, es visible la falta de una política del idioma en todos esos
países.
En el siglo pasado, lingüistas hispanoamericanos,
particularmente Andrés Bello, se preocuparon gravemente de la posible
fragmentación del español, en un proceso de aislamiento y
de particularismo, que repitiera el destino del latín en el mundo
antiguo. Hoy esa preocupación no la mantiene nadie porque, con los
modernos medios de comunicación de masas, con la radio, la televisión
y la prensa escrita, se ha logrado mantener la unidad del lenguaje entre
los diversos países.
Ciertamente, habría que hacer mucho más y
sería necesario no solamente convertir a la enseñanza del
lenguaje en la materia más importante de la escuela, sino crear una
conciencia de la condición del lenguaje como hecho cultural fundamental.
Esto requeriría, desde luego, un cambio muy grande
en la concepción más generalizada de lo que significa el lenguaje.
La vieja preocupación de quiénes hablan mejor el español
y quiénes lo hablan de manera más corrompida carece de sentido
en el mundo de hoy. Los creadores y los forjadores de la lengua no han sido
nunca los gramáticos sino los pueblos y los escritores.
Esta debería ser una cuestión fundamental
en las reuniones internacionales de los países hispanoparlantes,
no para implantar patrones o modelos de buen hablar sino para preservar
el valor del lenguaje como instrumento de comunicación.
Tal vez no exista un asunto de mayor importancia para el
futuro cultural del mundo hispanoamericano que el de acordar una política
de la conservación y de la protección del lenguaje. Ante todo
existe el hecho de la comunidad lingüística entre España
y la América española y se trataría tan sólo
de encontrar los medios para crear conciencia en torno al inmenso valor
de este hecho cultural fundamental.
El Nacional On Line, 16 de noviembre de 1997 |