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Del 07 al 14 de Octubre de 1997

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Clinton no es amigo nuestro

Carlos Ball(*)

MIAMI (AIPE).- El presidente Clinton viaja este mes por primera vez a América del Sur, visita que debemos evaluar según nuestros intereses, sin dejarnos cegar por la acostumbrada combinación de zanahoria y garrote del Departamento de Estado.

En 1996, Estados Unidos exportó a América Latina y al Caribe $51.800 millones, el doble que a la Comunidad Europea. Uno pensaría que un cliente de tal magnitud se trata con respeto y amistad, pero no siempre es así.

Apenas se marcharon a casa los 33 presidentes participantes en la Cumbre de Miami de 1994, la promesa del presidente Clinton de avanzar hacia un mercado hemisférico fue engavetada y pronto el Departamento de Estado nos mostró que sus prioridades eran otras.

La primera prioridad de Washington es trasladar a América Latina los muertos y la corrupción de su guerra contra las drogas, la cual a 30 años de su inicio es una derrota peor que la de Vietnam, por lo que los políticos americanos requieren un chivo expiatorio a como dé lugar. El actual alcalde de Washington estuvo preso por drogadicto y en 1995 1.476.000 personas fueron arrestadas en Estados Unidos por violaciones a las leyes contra las drogas, pero la "descertificada" es Colombia y los amenazados somos todos los demás.

Según el portavoz del Departamento de Estado, Nicholas Burns, si América Latina no es efectiva "en combatir a los narcotraficantes, ello tiene un impacto negativo para nosotros, en los jóvenes pobres de nuestras ciudades". Es decir, que no puedan los padres, maestros y policías controlar a la juventud estadounidense es -según el Departamento de Estado- responsabilidad de América Latina.

El problema para América Latina es que no es posible lograr crecimiento económico sin seguridad jurídica y respeto por la propiedad privada. Y la guerra contra las drogas crea el mismo crimen organizado que surgió en Chicago durante la Ley Seca, con la tremenda desventaja que nuestras instituciones son mucho más frágiles. La responsabilidad de nuestros gobiernos es con nuestra gente y si la única superpotencia militar está siendo derrotada por tratar de ignorar olímpicamente el fundamental principio económico que toda demanda crea su propia oferta, sería quijotesco acceder a correr con los muertos y con las violaciones a los derechos civiles implícitas en esa guerra santa.

Pero la diplomacia estadounidense también se enfila hacia otros campos igualmente inaceptables. En abril del año pasado, el Departamento de Estado anunció que en lo sucesivo el medio ambiente tendría la misma importancia que los temas económicos y de seguridad en su política exterior. La administración Clinton considera que la preservación de las selvas y la regulación de los llamados gases invernadero son responsabilidad del Departamento de Estado, el Pentágono y la CIA.

La implicación es que cualquier decisión de convertir un bosque en tierra agrícola debe ser tomada en Washington por burócratas estadounidenses o de las organizaciones multilaterales. Eso equivale a decidir cuál país puede autoalimentarse y cuál no, siendo además una burda invasión política a los derechos de propiedad de los latinoamericanos.

En cuanto a la política energética, al llegar Clinton a Caracas, el presidente Caldera tendría que decirle muy claramente que Venezuela consideraría poco amistoso si Estados Unidos decide respaldar en Kyoto -durante la Cumbre de diciembre- cualquier tratado que pretenda limitar el consumo petrolero mundial, basado en una teoría de recalentamiento de la Tierra que no tiene fundamento científico y que resultaría en un cataclismo para el futuro desarrollo económico venezolano.

En lo que sí coinciden nuestros intereses con los de Estados Unidos es en mayor respeto a la propiedad intelectual, sin lo cual no habría mucho más que inversiones mineras en la región. Esto es de especial importancia debido a que el futuro crecimiento de la economía mundial no está en petróleo ni cobre ni oro sino en el producto de las mentes, algo que los gobiernos no podrán "nacionalizar" pero que es fácil robar si no hay seguridad jurídica.

Por último está la nueva y alarmante actitud proteccionista de Estados Unidos, que a pesar de ser la economía más grande y próspera del mundo es la que más acusaciones de dumping ha formulado ante la Organización Mundial del Comercio. Ahora pretenden enlodar futuras negociaciones comerciales con el resto del hemisferio al incluir cláusulas laborales y sobre el medio ambiente que de haber sido aplicadas a Estados Unidos, durante su período de desarrollo, hubieran destruido sus ventajas competitivas. La razón de ser del intercambio comercial son los muy diferentes recursos y condiciones de las diferentes naciones, que evidentemente no se eliminan con dictámenes políticos desde Washington.

(*) Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE. Ball.AIPE@worldnet.att.net



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