Clinton no es amigo nuestro
MIAMI (AIPE).- El presidente Clinton viaja este mes por
primera vez a América del Sur, visita que debemos evaluar según
nuestros intereses, sin dejarnos cegar por la acostumbrada combinación
de zanahoria y garrote del Departamento de Estado.
En 1996, Estados Unidos exportó a América
Latina y al Caribe $51.800 millones, el doble que a la Comunidad Europea.
Uno pensaría que un cliente de tal magnitud se trata con respeto
y amistad, pero no siempre es así.
Apenas se marcharon a casa los 33 presidentes participantes
en la Cumbre de Miami de 1994, la promesa del presidente Clinton de avanzar
hacia un mercado hemisférico fue engavetada y pronto el Departamento
de Estado nos mostró que sus prioridades eran otras.
La primera prioridad de Washington es trasladar a América
Latina los muertos y la corrupción de su guerra contra las drogas,
la cual a 30 años de su inicio es una derrota peor que la de Vietnam,
por lo que los políticos americanos requieren un chivo expiatorio
a como dé lugar. El actual alcalde de Washington estuvo preso por
drogadicto y en 1995 1.476.000 personas fueron arrestadas en Estados Unidos
por violaciones a las leyes contra las drogas, pero la "descertificada"
es Colombia y los amenazados somos todos los demás.
Según el portavoz del Departamento de Estado, Nicholas
Burns, si América Latina no es efectiva "en combatir a los narcotraficantes,
ello tiene un impacto negativo para nosotros, en los jóvenes pobres
de nuestras ciudades". Es decir, que no puedan los padres, maestros
y policías controlar a la juventud estadounidense es -según
el Departamento de Estado- responsabilidad de América Latina.
El problema para América Latina es que no es posible
lograr crecimiento económico sin seguridad jurídica y respeto
por la propiedad privada. Y la guerra contra las drogas crea el mismo crimen
organizado que surgió en Chicago durante la Ley Seca, con la tremenda
desventaja que nuestras instituciones son mucho más frágiles.
La responsabilidad de nuestros gobiernos es con nuestra gente y si la única
superpotencia militar está siendo derrotada por tratar de ignorar
olímpicamente el fundamental principio económico que toda
demanda crea su propia oferta, sería quijotesco acceder a correr
con los muertos y con las violaciones a los derechos civiles implícitas
en esa guerra santa.
Pero la diplomacia estadounidense también se enfila
hacia otros campos igualmente inaceptables. En abril del año pasado,
el Departamento de Estado anunció que en lo sucesivo el medio ambiente
tendría la misma importancia que los temas económicos y de
seguridad en su política exterior. La administración Clinton
considera que la preservación de las selvas y la regulación
de los llamados gases invernadero son responsabilidad del Departamento de
Estado, el Pentágono y la CIA.
La implicación es que cualquier decisión
de convertir un bosque en tierra agrícola debe ser tomada en Washington
por burócratas estadounidenses o de las organizaciones multilaterales.
Eso equivale a decidir cuál país puede autoalimentarse y cuál
no, siendo además una burda invasión política a los
derechos de propiedad de los latinoamericanos.
En cuanto a la política energética, al llegar
Clinton a Caracas, el presidente Caldera tendría que decirle muy
claramente que Venezuela consideraría poco amistoso si Estados Unidos
decide respaldar en Kyoto -durante la Cumbre de diciembre- cualquier tratado
que pretenda limitar el consumo petrolero mundial, basado en una teoría
de recalentamiento de la Tierra que no tiene fundamento científico
y que resultaría en un cataclismo para el futuro desarrollo económico
venezolano.
En lo que sí coinciden nuestros intereses con los
de Estados Unidos es en mayor respeto a la propiedad intelectual, sin lo
cual no habría mucho más que inversiones mineras en la región.
Esto es de especial importancia debido a que el futuro crecimiento de la
economía mundial no está en petróleo ni cobre ni oro
sino en el producto de las mentes, algo que los gobiernos no podrán
"nacionalizar" pero que es fácil robar si no hay seguridad
jurídica.
Por último está la nueva y alarmante actitud
proteccionista de Estados Unidos, que a pesar de ser la economía
más grande y próspera del mundo es la que más acusaciones
de dumping ha formulado ante la Organización Mundial del Comercio.
Ahora pretenden enlodar futuras negociaciones comerciales con el resto del
hemisferio al incluir cláusulas laborales y sobre el medio ambiente
que de haber sido aplicadas a Estados Unidos, durante su período
de desarrollo, hubieran destruido sus ventajas competitivas. La razón
de ser del intercambio comercial son los muy diferentes recursos y condiciones
de las diferentes naciones, que evidentemente no se eliminan con dictámenes
políticos desde Washington.
(*) Periodista venezolano, director de la agencia de prensa
AIPE. Ball.AIPE@worldnet.att.net |