Dios nos libre
de un gobernante honesto
Roberto
Hernández Montoya(*)
Nazarín es un cura
tan santo que refugia a una pelandusca que acaba de tener un lance de muerte
con otra igual que ella. Para no dejar la huella de su pachulí delator,
la ramerilla pega fuego a la pensión donde vive Nazarín. Este
sale a mendigar por los campos. Es solo un ejemplo de las calamidades que
produce el encarnizamiento ético. Lo cuenta la novela de Benito Pérez
Galdós en http://www.analitica.com/bitblio/galdos/nazarin1.htm.
Eso de ser honesto es función de los valores que
uno profese. Según sus respectivas visiones del mundo, Stalin, Hitler
y los ayatolas de Irán son gente impecable. El detalle está
en que no a todo el mundo conviene ética tan ajustada.
Estos son los fundamentalistas activos, los encarnizados,
los puros. Pero los pasivos y apacibles no causan menos infortunios. Isaías
Medina, para evitar más sangre el día del golpe, dio paso
al resentimiento social adeco, por igual comprensible y perverso. Rómulo
Gallegos, para evitar muertes el día del otro golpe, nos dio diez
años de dictadura y de ridiculez. Salvador Allende, para no violar
la constitución apresando a tiempo a cuatro momios conspiradores,
dio a Chile a Pinochet y su banda de neoliberales. Honestos eran João
Goulart, José María Vargas, la Patria Boba. Buenos para padres
de familia, honrados tenderos, sabios médicos.
¿Te imaginas a Don Quijote mandando? ¿A la
madre Teresa en Miraflores? Lo primero que haría si era santa como
dicen sería repartir las reservas del Banco Central en las plazas,
con la consiguiente hambrazón, peor que la actual y de la que no
nos recuperaríamos sino luego de varias décadas de tesón
y de por lo menos tres guerras civiles. Todo por hacer el bien sin mirar
a quien.
No me gustan los pillos, los pimentones, los picapasitos
porque nos han lanzado a esta contrariedad de la historia. Tanta que no
sabemos a quién poner a mandarnos. Han arruinado a Jauja y nos han
envilecido longitudinalmente. Esa no es, pues, la alternativa.
No quiero honestos, pero tampoco mediocres. Un mediocre
no solo llega al poder para resolverse, tener pensión de vejez millonaria
y que sus descendientes casen con persona rica. No solo eso, digo, porque
tal puede hacer cualquier gobernante aun teniendo las miras más altas.
Eso hasta se entiende. El problema está en la desidia histórica,
importarle un tinoquito de a bolívar que varias generaciones se hundan
con tal de él "salir de abajo" e incluso el que no roba
pero solo quiere preservar las instituciones. Es no tener perspectiva, unos
porque en su moral doméstica se preocupan de que los pobres coman
caliente este mediodía y después que ladren, otros porque
si no me lo robo yo se lo roba otro. Y al cuerno la educación de
tres generaciones; al degredo el desarrollo científico y tecnológico;
la agricultura a la ruina; la seguridad social que se la lleve el diablo.
Ojalá que el que gane en el 98 no sea honesto. Ni
mediocre.
El
Nacional domingo 5 de octubre de 1997, p. A-5
(*)rhernand@analitica.com
La BitBlioteca: http://www.analitica.com
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