Los yacimientos petrolíferos submarinos
cambian el estilo de vida
Las elecciones generales del 15 de septiembre, en Noruega,
rompen el mito de la supremacía socialdemócrata en los países
nórdicos. Aunque los resultados obtenidos por los partidos de centro-derecha
(democristianos, conservadores y liberales) más el sorprendente ascenso
de la derecha populista, no suponen un cambio radical, sin embargo marcan
un cambio de marea que se explica por los ingresos procedentes de los yacimientos
de gas y petróleo bajo el Mar del Norte y el Mar de Noruega.
Noruega era -"el más bello secreto de Europa"
como justamente ha sido llamada- parece no tener un peso importante no sólo
porque no pertenece a la Unión Europa, aunque sí al EEE o
Espacio Económico Europeo (firmado el primer día de 1994 por
la Unión con tres de los miembros de la Asociación de Libre
Comercio: Noruega, Islandia y Liechtenstein), pero cada vez es más
importante su valor económico y energético.
Aunque con una superficie mayor que la de Italia y cercana
a la de España (387.000 km2), bien es verdad que muy estirada a lo
largo de 1.800 km -como del Estrecho de Gibraltar al Canal de la Mancha-
y desperdigada en miles de islas, su población es como la de Madrid
(casi 4.500.000), pero el gas y el petróleo que se extraen bajo sus
mares están aumentando por momentos su peso específico en
el conjunto europeo.
Esta situación explica en parte el ascenso de las
fuerzas de centro-derecha dirigidas por el carismático democristiano
Kjell Magne Bondevik, "el Kennedy noruego", los conservadores
y los centristas contra las izquierda, que van desde el laborismo socialdemócrata
a la Alianza Electoral Roja (sic) que es una especie de "izquierda
unida" nórdica.
Los laboristas consiguieron casi el 37% de los votos en
las anteriores generales y, quizá porque conocía su descenso
en las previsiones, el primer ministro Thorbjorn Jagland (que debe presentar
oficialmente su dimisión al rey Harald el 13 de octubre) se jugó
el puesto y lo perdió repitiendo durante la campaña que dimitiría
si no igualaba, al menos, aquella cifra.
Pero el indudable éxito del democristiano Bondevik
y sus aliados, queda matizado por una tercera fuerza en discordia, la del
populista y derechista (ultraderechista según la mayoría de
la prensa) Partido del Progreso, dirigido por Carl Ivar Hagen, que ha obtenido
el mayor ascenso con el 15,3% de votos.
Segundo exportador mundial de petróleo
Aparte de las cuestiones raciales -el problema de la minoría
étnica lapona y el de los inmigrantes extranjeros- el motor del éxito
del partido del Progreso está en el descontento de un electorado
que no comprende a dónde van los muchos millones de dólares
que Noruega está ganando con la exportación del petróleo
y el gas,mientras las pensiones son escasas y la sanidad y la educación
públicas se han quedado atrasadas en sus prestaciones.
Y ésto ocurre en un país donde los laboristas
han sido los dueños del poder muchos años, sobre todo con
la popular Gro Harlem Brundtland, antecesora del desafortunado Jagland,
y con una creciente industria de prospección, explotación,
refinado y exportación petrolera en manos de la empresa nacional
"Statoil" ¿Y para ésto queremos a los laboristas
en el gobierno?, deben de haberse preguntado sus votantes, que le dejaban
en un 27% en los sondeos del verano.
Serían estas meras cuestiones internas de Noruega,
de interés secundario, si no estuviéramos hablando de la segunda
potencia mundial exportadora de petróleo y gas, después de
Arabia Saudí, cuyas reservas petroleras probadas y estimadas en la
plataforma continental de su dominio pasan de 12.500 millones de metros
cúbicos, con una producción total de petróleo, gas
y líquidos derivados de petróleo que pasó de 2.000
millones de mc3 en 1996.
En efecto, la historia del descubrimiento de los yacimientos
submarinos bajo el Mar del Norte y el Mar de Noruega es una de las grandes
aventuras de nuestro tiempo, que comenzó hace casi 40 años,
lejos del país de los fiordos, cuando afloró gas junto a la
ciudad holandesa de Groningen.
Este descubrimiento hizo revisar completamente las ideas
de los geólogos sobre los lechos marinos al norte de Europa y, en
otoño de 1962, la petrolera holandesa "Phillips" solicitaba
el permiso necesario para comenzar las prospecciones frente a las costas
de Noruega, que resultaron positivas.
El gobierno de Oslo proclamaba, el 31 de mayo del año
siguiente, su soberanía, no ya sobre las 3, 10 o 40 millas de aguas
costeras, sino sobre toda la plataforma continental que le corresponde en
el Mar del Norte, en el de Noruega incluyendo la isla de Jan Mayen, cerca
ya de Groenlandia, y en el Mar de Barents, junto a las islas Svalbard, noruegas
desde 1920.
En este archipiélago boreal, Noruega -único
país miembro de la OTAN que tiene frontera común con Rusia,
en las tierras del Cabo Norte, escenario de duras tensiones durante la guerra
fría- se enfrentaba a las ambiciones de Moscú, presente en
las concesiones mineras de las Svalbard, que aparentaba ignorar la soberanía
noruega y, en consecuencia, a implantar la suya por vías de hecho.
Cuando el plan estratégico de una probable Tercera
Guerra Mundial preveía una colosal batalla aeronaval por el dominio
del Mar de Noruega -entre los convoyes de refuerzos enviados desde Estados
Unidos a Europa y las flotas de barcos y aviones soviéticos enviados
a interceptarlos desde sus bases en Murmansk y la península de Kola-
las prospecciones continuaban bajo la sombra del miedo.
Hoy las cosas han cambiado desde el desmantelamiento de
la URSS, pero Noruega -que oficiosamente gusta definirse como "pacífica,
pero no pacifista"- no baja la guardia, sobre todo desde que los nuevos
yacimientos aumentan la potencial riqueza de estos mares donde, hasta ahora,
la mayor prosperidad venía del bacalao, que se pesca en enormes cantidades,
sobre todo en las islas Lofoten.
En el Mar del Norte las tensiones no eran bélicas,
sino diplomáticas para trazar los límites de las áreas
de explotación submarina entre Noruega, Gran Bretaña, Dinamarca
y Alemania. Noruega, dueña del área mayor, comenzó
la explotación, en 1971, en el magnífico yacimiento "Ekofisk"
-compuesto de una treintena de bolsas de muy distinto tamaño- cuyo
petróleo se distribuye por el sistema "Norpipe" de oleoductos
submarinos a Noruega, Gran Bretaña (Teeside) y Alemania (Emden).
Otros yacimientos fueron detectados en sucesivos años:
el de Frigg, en 1971; el gigantesco de Statfjord (a caballo entre las áreas
noruega y británica), que comenzó en 1979 su producción,
a cargo de la compañía nacional "Statoil", fundada
en 1972 con un directorio en el puerto de Stavanger, convertido en la capital
del petróleo.
Esta nueva riqueza no sólo cambió el estilo
de vida de las ciudades costeras, antes tranquilas y apacibles, sino que
creó nuevas industrias, entre ellas la de fabricación de plataformas
petrolíferas, verdaderas ciudades artificiales sobre la mar.
Alternativa al gas argelino y al del mar Caspio
Junto a los depósitos gigantes en cemento armado,
donde se almacena el crudo, en espera de su refinamiento y distribución,
las islas artificiales que flotan sobre enormes depósitos vacíos
y sumergidos entre dos aguas, son la realización más espectacular
de estos grandes yacimientos oceánicos, que se extienden sobre miles
de kilómetros cuadrados bajo las frías aguas, que surcaron
los vikingos.
En una de las fábricas más importantes -la
de la empresa "Aker", en la isla de Stord, entre Bergen y Stakanger-
unas maquetas comparan los tamaños de sus islas flotantes con la
torre Eiffel de París cuyos 300 m. son superados por los 400 m. de
su último proyecto, si bien la mayor parte de la estructura queda
bajo las olas.
La explotación del petróleo y el gas se realiza
allí, sin embargo, con un exquisito respeto a la naturaleza, tanto
en la mar como en la tierra. Los bellísimos fiordos y los millares
de islas e islotes costeros -casi todos con su casa, embarcadero y bandera
nacionalizada- continúan intactos, y hay que ir a buscar a los monstruos
del petróleo (muchos de ellos bautizados con nombres de la mitología
escandinava) a sus guaridas oceánicas.
Uno de los últimos descubrimientos, el del gran
yacimiento llamado "Troll", a pocas millas al Oeste de Bergen,
se ha convertido en el más importante productor de gas de Europa,
con reservas que equivalen al 1% del total mundial. Sin embargo parece haber
sido superado por otro, descubierto hace poco y bautizado con el nombre
de un famoso barco vikingo, el "Ormen Lange", cuyas reservas,
todavía no confirmadas, serían aún mayores que las
del "Troll".
Todo ello supone una verdadera revolución en la
prospectiva energética de Europa, en buena parte dependiente de yacimientos,
unos alejados, como los del Mar Caspio, y otros potencialmente conflictivos,
como los del Sáhara argelino, de los que depende España.
Los del Sáhara están a merced de una involución
fundamentalista de consecuencias imprevisibles. Los del Caspio están
muy lejos y su transporte será controlado por Rusia, que ya se apresta
a construir un nuevo óleo-gasoducto salvando el obstáculo
de Chechenia. Las ventajas del petróleo y el gas de Noruega parecen
evidentes ante el próximo siglo. *
El Mundo, Octubre de 1997.
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