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Fronteras vivas. Damas de fin de siglo

Beatriz de Majo

La revista Foreign Policy dedica en su último número buena parte de su espacio a dos artículos de fondo sobre el tema de la mujer. Con el juego de palabras ``Women in power'' y ``Women in poverty'', la destacada publicación intenta atraer la atención del lector sobre un tema inmensamente trajinado, como lo es el del rol que la mujer está jugando en este fin de siglo después de haberse descorrido las barreras que mantuvieron un género tan numeroso como la mitad de la humanidad, al margen de su dinámica evolutiva. Los dos aportes literarios sobre un tópico tan actual y tan controvertido en el seno de una publicación tan prestigiosa resultan sin embargo apenas un abrebocas a la situación de la verdadera condición femenina en estos tiempos de cambio.

El primero de ellos al reconocer que la mujer en esta etapa del devenir histórico ha alcanzado posiciones más destacadas que nunca, particularmente en la vida política, atribuye parte de esta evolución a que el propio acontecer mundial ha tendido a darle relevancia a temas que por su naturaleza fueron siempre temas femeninos, la salud, la educación y la pobreza. La autora llega a reconocer que como consecuencia del interés menor que las colectividades muestran en el tema de seguridad nacional a raíz del fin de la Guerra Fría, los asuntos sociales suplantan -como materias sexy- a los temas de la defensa y ello, en definitiva, abre las vías para nuevas formas de liderazgo. En fin, esta argumentación parecía recordarme las situaciones familiares de la infancia en las que hasta los colores -azul y rosado- tenían género y en las que las muñecas eran para las hembras y los tanques para los varones.

El otro artículo de la revista intenta convencer al público de que la indigencia del planeta se concentra bastante más en la mujer que en el hombre y desarrolla la tesis de que los países industrializados tendrían mucho que ganar si dedicaran su esfuerzo a enfrentar este fenómeno de feminización de la pobreza. A través de un razonamiento estadístico de sofisticado rebuscamiento, la autora de esta segunda parodia vincula a la miseria con condiciones que en su parecer -y pareciera que los números tenderían a darle la razón- afectan particularmente a las féminas de los países menos favorecidos. De nuevo aquí me encontré con la sempiterna división enlatada del planeta entre países desarrollados y países no desarrollados, en la que además ahora parece descollar una nueva categoría de seres humanos: mujeres y para más pobres, para la cual se clama misericordiosa atención.

Poca relevancia tiene, es cierto, en Venezuela el tema del feminismo. Así mismo, feminismo. Aunque cueste escribirlo y aunque el término suene ``demodé'' y hasta algo vergonzoso para ser mencionado por la pluma de una profesiomal, para colmo con faldas. Pero siento que el desenfoque que se sigue dando al tema de la participación femenina, particularmente en países del Primer Mundo, parten de la equivocada premisa de que cincuenta años son suficientes para transformar miles años de posiciones actitudinales aprendidas por hombres y mujeres referentes a sus propias responsabilidades frente a los hechos de la vida.

Es completamente cierto que todos los integrantes del género humano deberíamos encontrarnos ubicados en un total plan de igualdad, tanto frente a nuestros derechos como a nuestros deberes. Pero la realidad de la evolución de los hombres, es que fuimos enseñados todos desde tiempo inmemoriales, y fuimos heredando a lo largo de los siglos, a comportarnos en atención a una visión dicotomizada de los quehaceres diarios que terminó por dividir nuestras ocupaciones, en funcion de la fortaleza física de uno y de la capacidad de procreación de la otra. Sin que ello se constituyera en un propósito, los roles se definieron y se incrustaron en el alma de cada sexo y la Historia transcurrió.

Apenas cerca de la mitad del presente siglo, el mundo entero comenzó a presenciar los movimientos que con gran apasionamiento reclamaban para las féminas papeles que hasta entonces sólo eran privilegio varonil. Pero curiosamente, Venezuela no fue nunca un enclave propicio para esa gesta emancipadora. En parte quizá porque la brega diaria no dejaba tiempo libre para disquisiciones estériles, nuestra mujer criolla ocupó el lugar de los hombres que se iban a guerra o de los que labraban el campo y así se hizo del lugar que le negaban a la mujer en otros territorios. El caso es que para ubicarnos en el terreno de los números, el índice de mujeres que trabaja en Venezuela es el más elevado del Continente y llevamos además el galardón de ser el país del Hemisferio que exhibe en su Historia el mayor número de cargos ministeriales femeninos.

La herencia de actitudes y los condicionamientos culturales conservan un peso significativo en la disputa por la importancia de los géneros. Pero en este país hemos demostrado que si la realidad reclama otra cosa, la situación se corrige con algo de combatividad. Ello quizá sea herencia del generoso entorno de los trópicos, pero en todo caso sería un tema excepcional para ser bien analizado por las dos sofisticadas estudiosas del tema femenino.

beatrizdemajo@compuserve.com


El Nacional On-line, 30 de Septiembre de 1997.


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