Fronteras vivas. Damas de fin de siglo
La revista Foreign Policy dedica en su último número
buena parte de su espacio a dos artículos de fondo sobre el tema
de la mujer. Con el juego de palabras ``Women in power'' y ``Women in poverty'',
la destacada publicación intenta atraer la atención del lector
sobre un tema inmensamente trajinado, como lo es el del rol que la mujer
está jugando en este fin de siglo después de haberse descorrido
las barreras que mantuvieron un género tan numeroso como la mitad
de la humanidad, al margen de su dinámica evolutiva. Los dos aportes
literarios sobre un tópico tan actual y tan controvertido en el seno
de una publicación tan prestigiosa resultan sin embargo apenas un
abrebocas a la situación de la verdadera condición femenina
en estos tiempos de cambio.
El primero de ellos al reconocer que la mujer en esta etapa
del devenir histórico ha alcanzado posiciones más destacadas
que nunca, particularmente en la vida política, atribuye parte de
esta evolución a que el propio acontecer mundial ha tendido a darle
relevancia a temas que por su naturaleza fueron siempre temas femeninos,
la salud, la educación y la pobreza. La autora llega a reconocer
que como consecuencia del interés menor que las colectividades muestran
en el tema de seguridad nacional a raíz del fin de la Guerra Fría,
los asuntos sociales suplantan -como materias sexy- a los temas de la defensa
y ello, en definitiva, abre las vías para nuevas formas de liderazgo.
En fin, esta argumentación parecía recordarme las situaciones
familiares de la infancia en las que hasta los colores -azul y rosado- tenían
género y en las que las muñecas eran para las hembras y los
tanques para los varones.
El otro artículo de la revista intenta convencer
al público de que la indigencia del planeta se concentra bastante
más en la mujer que en el hombre y desarrolla la tesis de que los
países industrializados tendrían mucho que ganar si dedicaran
su esfuerzo a enfrentar este fenómeno de feminización de la
pobreza. A través de un razonamiento estadístico de sofisticado
rebuscamiento, la autora de esta segunda parodia vincula a la miseria con
condiciones que en su parecer -y pareciera que los números tenderían
a darle la razón- afectan particularmente a las féminas de
los países menos favorecidos. De nuevo aquí me encontré
con la sempiterna división enlatada del planeta entre países
desarrollados y países no desarrollados, en la que además
ahora parece descollar una nueva categoría de seres humanos: mujeres
y para más pobres, para la cual se clama misericordiosa atención.
Poca relevancia tiene, es cierto, en Venezuela el tema
del feminismo. Así mismo, feminismo. Aunque cueste escribirlo y aunque
el término suene ``demodé'' y hasta algo vergonzoso para ser
mencionado por la pluma de una profesiomal, para colmo con faldas. Pero
siento que el desenfoque que se sigue dando al tema de la participación
femenina, particularmente en países del Primer Mundo, parten de la
equivocada premisa de que cincuenta años son suficientes para transformar
miles años de posiciones actitudinales aprendidas por hombres y mujeres
referentes a sus propias responsabilidades frente a los hechos de la vida.
Es completamente cierto que todos los integrantes del género
humano deberíamos encontrarnos ubicados en un total plan de igualdad,
tanto frente a nuestros derechos como a nuestros deberes. Pero la realidad
de la evolución de los hombres, es que fuimos enseñados todos
desde tiempo inmemoriales, y fuimos heredando a lo largo de los siglos,
a comportarnos en atención a una visión dicotomizada de los
quehaceres diarios que terminó por dividir nuestras ocupaciones,
en funcion de la fortaleza física de uno y de la capacidad de procreación
de la otra. Sin que ello se constituyera en un propósito, los roles
se definieron y se incrustaron en el alma de cada sexo y la Historia transcurrió.
Apenas cerca de la mitad del presente siglo, el mundo entero
comenzó a presenciar los movimientos que con gran apasionamiento
reclamaban para las féminas papeles que hasta entonces sólo
eran privilegio varonil. Pero curiosamente, Venezuela no fue nunca un enclave
propicio para esa gesta emancipadora. En parte quizá porque la brega
diaria no dejaba tiempo libre para disquisiciones estériles, nuestra
mujer criolla ocupó el lugar de los hombres que se iban a guerra
o de los que labraban el campo y así se hizo del lugar que le negaban
a la mujer en otros territorios. El caso es que para ubicarnos en el terreno
de los números, el índice de mujeres que trabaja en Venezuela
es el más elevado del Continente y llevamos además el galardón
de ser el país del Hemisferio que exhibe en su Historia el mayor
número de cargos ministeriales femeninos.
La herencia de actitudes y los condicionamientos culturales
conservan un peso significativo en la disputa por la importancia de los
géneros. Pero en este país hemos demostrado que si la realidad
reclama otra cosa, la situación se corrige con algo de combatividad.
Ello quizá sea herencia del generoso entorno de los trópicos,
pero en todo caso sería un tema excepcional para ser bien analizado
por las dos sofisticadas estudiosas del tema femenino.
beatrizdemajo@compuserve.com
El Nacional On-line, 30 de Septiembre
de 1997.
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