Reflexiones: el próximo Gobierno
Es como si todas las políticas, Bellas Durmientes,
hubieran despertado a la vez. Los partidos políticos que parecían
estar profundamente dormidos (o dedicados a sutiles o menos sutiles peleas
internas), tratarán de atraer a los posibles futuros votantes. Partidos
sin candidatos atractivos y candidatos sin partidos. Esta era la situación
de hace pocas semanas. Los partidos despertaron y ya han empezado a discutirse
en público sus luchas internas, por lo menos, las de los principales.
Para muchos no está claro si es más importante presentarse
con un atractivo programa de gobierno o con un atractivo candidato. Los
resentimientos personales tienen ahora mayor vigencia que antes. Hoy parece
que la personalidad tiene mayor importancia que en los procesos electorales
pasados. Es como si a los partidos se les hubieran acabado las ideologías.
Si observamos las discusiones nos damos cuenta que la prioridad es en la
búsqueda de figuras políticas y armar los programas de los
gobiernos queda para después.
Realmente no hay las ideologías partidistas claras
para identificar a un partido. Cuando existía el bipartidismo se
esperaba que la escogencia del candidato por el partido significaba que
él se identificaba con el partido por ser un miembro prominente.
Parece que ahora ya no existirán tantas diferencias
entre los partidos. Lo que identifica a un partido son las diferencias de
las personalidades de los que hablan en nombre de la agrupación.
Aparentan que son voceros autonombrados, y urge aclarar quién habla
por quién. Realmente, durante el próximo año tienen
que presentarse como agrupaciones políticas coherentes. El caos político
desgraciadamente restó la importancia a la profunda transformación
y modernización que algunos llaman Agenda Venezuela. Esta tiene que
continuar. Los políticos serios saben que la modernización
y reorganización del Estado es simplemente la tarea y meta principal.
La personalidad del próximo Presidente es más importante para
que permita esta nueva Venezuela y no gobierne él sino los ministros,
de los que se requerirá que sean conocedores de los problemas, tecnócratas
y gerentes profesionales y el Presidente más se parecerá a
un brillante director de orquesta que a un gran líder.
El reto será el progreso y desarrollo constante,
no paliativos temporales. La Agenda Venezuela establecida durante los últimos
años del gobierno actual tiene estas características. El nuevo
gobierno no podrá desechar todo, como era la costumbre. El Presidente
tendrá el reto de lograr el apoyo del Congreso, probablemente más
fraccionado de lo que realmente desearíamos y necesitamos.
A pesar de las críticas al actual gobierno, éste
dejará en marcha programas de vital importancia, por ejemplo en el
campo de la educación, privatizaciones en los servicios públicos
que funcionarán mejor en manos privadas y la apertura económica.
Peleas politiqueras solamente ocasionarían dar marcha atrás.
No es más importante quién logre algo, sino el logro mismo.
Venezuela se está empezando a recuperar y este proceso no se debe
abandonar ni retrasar.
Ojalá los partidos políticos al escoger sus
candidatos tengan presente que el reto es el país, no el bienestar
de un partido político específico. La verdadera democracia
no significa una lucha por el poder sino, muchas veces, la colaboración
para lograr una meta común.
La figura del Presidente siempre será importante
sea quién sea, independientemente de cuantas veces aparece en la
televisión o hace declaraciones. En el mundo moderno el líder
debe usar su liderazgo solamente cuando es indispensable para la nación.
Ya hemos dicho al principio de esta opinión que el Presidente es
un director de orquesta, no el autor de la partitura y menos aún
uno de los músicos ejecutantes. Son ellos y el compositor quienes
nos conquistan. Y es la calidad del director la que nos hace aplaudir.
Yo estoy convencido que buena parte de muestra población,
especialmente la nueva generación, es más madura de lo que
los políticos creen. El sufrido pueblo lo ha demostrado durante estos
años en que el gobierno ha cambiado su rumbo más que cualquier
otro en la historia de nuestra democracia.
El Nacional On-line, 1 de Octubre
de 1997.
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