A partir de uno: Regreso a clases
Harold. Pérez -el niño, porque el padre también
se llama igual- se puso su nuevo uniforme de preescolar Kit Cool (como se
lo pidieron en el colegio), sus zapatos Timberland (como se lo pidieron
en el colegio), sus medias Kalvin Klein (como se lo pidieron en el colegio)
y, cuando revisó su morral de los Power Rangers (como se lo pidieron
en el colegio), se dio cuenta de que faltaban algunas cosas que igualmente
se las habían pedido en el colegio.
-Mami, falta el marcador explorer digital de colores estéreos.
-Sí, Harold, pero no importa
-Sí importa, mami.
-El ministro dijo que si los alumnos no tenían la
lista de útiles completas no importaba. Tenían derecho a entrar
al colegio.
-Quién es el ministro, mami?
-Antonio Luis Cárdenas. Ese que no le paga a los
profesores universitarios y que el profesor Earle Herrera no deja en paz.
-Ese ministro no va a mi colegio, mami. Yo no lo conozco.
-Pro el manda, hijo. Así que móntate en el
carro que nos vamos.
-También me falta el sacapuntas de código
transversal con recolector de esperión en tres dimensiones.
-Ese aparato estaba muy caro, Harold.
-Y, los colores powers fingers disociados con aroma metálico?
-Hijo, eso no sirve para nada.
-Claro que sí sirve, mami. Dibujan el espacio temporal
en dos direcciones técnicas para demostrar el color de la estratosfera
a las tres de la tarde.
-Eso los usas únicamente a las tres de la tarde,
hijo. Cópiate de tu amiguito William Guillermo, que ése tiene
real para comprarse esa estupidez. Y móntate en el carro que vamos
a llegar tarde.
-Tampoco están las tres cajas de colores sintéticos
y yuxtapuestos.
-Esos los llevamos al colegio, Harold. No te acuerdas,
que salimos con un camión de mudanzas para el colegio donde llevamos
todo lo que nos pidieron para tu año escolar. Resmas de papel. Cajas
de colores. Cajas de marcadores. Cajas de plastilinas, Cajas de sacapuntas.
Y la madre, Estela de Pérez, vio el techo de la
casa y se dijo que por cierto no le iría nada mal una mano de pintura,
pero dejó a un lado la poesía y volvió a Harold, quien
la apuntaba con una espada de Los Caballeros del Zodíaco.
-Harold, me tiene tienes entre la espada y la pared, baja
la espada.
Afuera, el chofer del diputado Harold Pérez -el
padre, porque el hijo se llama igual, y no es diputado-, llamó desesperado:
-Señora Estela, vamos a llegar tarde. Ese niño
se está pareciendo cada día más a su padre, quien llega
siempre tarde a las sesiones del congreso.
-Tú te callas, que estamos discutiendo un problema
de futuro y tú vives en el pasado. Así que si no quieres probar
los poderes de mi espada, guarda la compostura, -dijo Harold desde allá,
desde el fondo de la quinta Como No.
Y el chofer, hablando para sí, dijo: ``Dios mío,
éste el primer día de clases de este niño, y pensar
que lo tengo que soportar todo el año''.
Después, como recordando la ofensa, volvió
a decirse así mismo: ``El que vive en el pasado es su padre, que
casi no sabe leer ni escribir y es diputado''.
Adentro, Harold puso término a la discusión.
-Así no voy al colegio, mami. Sin mis cuadernos
haig tech living now, no me muevo de aquí. Llama a papá a
Miami para que me lo traigas.
La gran noticia en el colegio fue ésa, que el niño
Harold Pérez no fue a su primer día de clases porque le faltaban
sus cuadernos.
E-mail: romal@facilnet.com
El Nacional On-line, 1 de Octubre
de 1997.
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