Con saliva de loro
Mi madre solía bromear ante nuestras reconciliaciones,
cuando luego de una batalla campal, se establecía la paz entre los
hermanos: decía que los pedazos que se recomponían, estaban
pegados 'con saliva de loro'. Como se sabe, los loros no tienen saliva,
al menos visible, y eso indicaba que al primer callo pisado inadvertidamente,
volvería la guerra de los almohadazos, mordiscos y patadas.
Nada de extraño tiene que recurra a un recuerdo
autobiográfico cuando el tema de mi nota de hoy sea la situación
del Movimiento al Socialismo, MAS, partido del cual fui alejándome
sin aspavientos desde 1983, pero cuyo destino no ha dejado nunca de preocuparme.
Antes de seguir adelante, creo necesario explicar varias cosas. En primer
lugar eso de 'sin aspavientos'. Lo hice en esa forma porque desde siempre
he detestado esos independientes profesionales que buscan medrar con esa
condición, jurando que no hacen política cuando están
haciéndola, y de la peor. Siempre he sostenido _y, como diría
Vallejo, 'no me corro'_ que la sistemática apelación a los
independientes por parte de algunos politicastros no es otra cosa que el
llamado a la 'solución militar' por ser los militares los únicos
profesionalmente independientes.
Y hasta un libro
Mi alejamiento de un partido a cuya fundación había
contribuido con algunos artículos, una revista de la cual llegué
a ser codirector, Cambio y hasta un libro, El desarrollo desigual del socialismo,
se produjo cuando me di cuenta, y así lo dije en la última
de sus asambleas nacionales a la que asistí, el MAS había
comenzado a mirarse sólo el ombligo, y cuando uno está en
esa incómoda posición, lo que muestra al país no es
precisamente la cara, como se había jactado de hacerlo el MAS en
sus inicios. Aunque asumí y asumo esa posición como algo absolutamente
personal e intransferible, no es ocioso recordar que por esa misma época
y presumo que por parejas razones, el MAS perdió la militancia o
la simpatía de un Jacobo Borges, un José Ignacio Cabrujas,
un Eleazar Díaz Rangel y un Pedro León Zapata.
Finalmente, lo de mi preocupación actual. Ella proviene
del hecho de que sigo creyendo en la necesidad, en lo imprescindible de
la existencia de partidos políticos en una sociedad democrática.
Quien se pronuncia contra su existencia, atado a la cola de una figura de
la farándula o de un militar felón, cae quieras que no en
el pantano de la anti-política, lo cual quiere decir la antidemocracia.
Y es lógico que si creo en la vigencia de los partidos, e incluso
en la eventual recuperación de los hoy existentes, con esa idea cubra
en primer lugar a la organización cuyo parto asistí con tantos
otros.
Un ornitorrinco político
Con la misma claridad, y sin pretender en absoluto a la
imparcialidad, debo decir que, casi inmediatamente después de un
Copei que renunció a su condición de partido y de cristiano
para quedarse en (la página) social de los coleccionadores de sonrisas,
cosméticos y lugares comunes, el MAS, para no quedarse atrás,
está dando hoy un espectáculo vergonzoso con una alianza entre
las fuerzas que podía rescatar al partido para la mejor acepción
y concepción de la política y lo peor de la politiquería
que se alzó (fraudulenta o legalmente, ese no es el caso) con una
precaria mayoría en los comicios internos.
Lo que hoy se ha producido en el MAS es el mismo tipo de
alianza sin principios cuyo ejemplo viene de afuera, de esa 'Triple Alianza'
puramente burocrática y repartepuestos, a la cual he calificado desde
que se conoció, como 'un ornitorrinco político': un curioso
animal que tiene de ave, mamífero y anfibio, sin llegar a ser pájaro,
res o pescado.
En el MAS, esta unidad contra natura está pegada,
por supuesto, con 'saliva de loro' y no resistirá al primer embate.
Pero con una diferencia si la división se hubiese producido ahora:
que quienes cuestionan a los que han hecho de la política un lodazal
de trapisondas, no tendrán autoridad moral para denunciarlos después.
No se puede ser 'casi virgen'
Porque así como una mujer no puede ser 'casi virgen',
tampoco un partido puede ser moral o inmoral a medias. En tales condiciones,
el esfuerzo hecho por Víctor Hugo de Paola y sus seguidores ha sido
inútil, lo han botado por la ventana, sacrificando principios en
aras de una mentirosa unidad, que a la corta o a la larga sólo favorece
a la parte éticamente cuestionada del antiguo Movimiento al Socialismo.
¿Cómo ha podido llegarse en el MAS a esta
situación? No me encuentro entre quienes acostumbran lloriquear sobre
las glorias del pasado. Lo que está sucediendo en la actualidad no
nació ayer tarde. El MAS ha adolecido siempre de una complaciente
concepción de la democracia interna y de una no menos falsa idea
de la unidad partidaria.
Esto último estuvo en el inicio, con el error garrafal
del lanzamiento de una candidatura como la de José Vicente Rangel,
concebida (pero eso se negaba rotundamente) no como una proposición
nueva y diferente sino como una forma de evitarse problemas internos, como
una forma de evitar un enfrentamiento entre Pompeyo y Teodoro. Aquí,
el error fundamental fue de Petkoff, por haber aceptado, en aras de la unidad
del partido, un veto pasivo (transformado al final en activo) que se prolongó
durante diez años. Antes que enfrentar la realidad, se prefirió
adoptar la calumniada actitud del avestruz, la misma actitud que De Paola
asume ahora.
Se negó a ser un partido federal
La errada asunción y concepción de la democracia
interna condujo a la situación actual de desagregación del
movimiento. Se trata de la legalización de las tendencias, con lo
cual el MAS renunciaba a ser un partido federal (lo que tal vez hubiese
salvado su organización) para transformarse en una federación
de partidos. La legalización de las tendencias es la negación
de la democracia interna; porque ella significa que no se acepta la voluntad
de la mayoría sino en el caso de que esa mayoría sea la nuestra.
Esta experiencia no vale sólo para el MAS y para
los partidos políticos, sino que es una regla de oro del debate democrático.
Si ella deja de existir, deja de existir la democracia, o en el mejor de
los casos, está condenada a una existencia como la del MAS actual,
pegados sus quebradizos huesos con saliva de loro.
El Universal digital, 5 de octubre
de 1997
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