bienvenidos a analítica semanal, por favor active sus imágenes y configuere su pantalla a 800 x 600 pixeles
Visite nuestro archivo   Escriben Nuestros Lectores Entre a Banco Mercantil


lo mejor de la semana

lo mejor de la prensa nacional

Con saliva de loro

Manuel Caballero

Mi madre solía bromear ante nuestras reconciliaciones, cuando luego de una batalla campal, se establecía la paz entre los hermanos: decía que los pedazos que se recomponían, estaban pegados 'con saliva de loro'. Como se sabe, los loros no tienen saliva, al menos visible, y eso indicaba que al primer callo pisado inadvertidamente, volvería la guerra de los almohadazos, mordiscos y patadas.

Nada de extraño tiene que recurra a un recuerdo autobiográfico cuando el tema de mi nota de hoy sea la situación del Movimiento al Socialismo, MAS, partido del cual fui alejándome sin aspavientos desde 1983, pero cuyo destino no ha dejado nunca de preocuparme. Antes de seguir adelante, creo necesario explicar varias cosas. En primer lugar eso de 'sin aspavientos'. Lo hice en esa forma porque desde siempre he detestado esos independientes profesionales que buscan medrar con esa condición, jurando que no hacen política cuando están haciéndola, y de la peor. Siempre he sostenido _y, como diría Vallejo, 'no me corro'_ que la sistemática apelación a los independientes por parte de algunos politicastros no es otra cosa que el llamado a la 'solución militar' por ser los militares los únicos profesionalmente independientes.

Y hasta un libro

Mi alejamiento de un partido a cuya fundación había contribuido con algunos artículos, una revista de la cual llegué a ser codirector, Cambio y hasta un libro, El desarrollo desigual del socialismo, se produjo cuando me di cuenta, y así lo dije en la última de sus asambleas nacionales a la que asistí, el MAS había comenzado a mirarse sólo el ombligo, y cuando uno está en esa incómoda posición, lo que muestra al país no es precisamente la cara, como se había jactado de hacerlo el MAS en sus inicios. Aunque asumí y asumo esa posición como algo absolutamente personal e intransferible, no es ocioso recordar que por esa misma época y presumo que por parejas razones, el MAS perdió la militancia o la simpatía de un Jacobo Borges, un José Ignacio Cabrujas, un Eleazar Díaz Rangel y un Pedro León Zapata.

Finalmente, lo de mi preocupación actual. Ella proviene del hecho de que sigo creyendo en la necesidad, en lo imprescindible de la existencia de partidos políticos en una sociedad democrática. Quien se pronuncia contra su existencia, atado a la cola de una figura de la farándula o de un militar felón, cae quieras que no en el pantano de la anti-política, lo cual quiere decir la antidemocracia. Y es lógico que si creo en la vigencia de los partidos, e incluso en la eventual recuperación de los hoy existentes, con esa idea cubra en primer lugar a la organización cuyo parto asistí con tantos otros.

Un ornitorrinco político

Con la misma claridad, y sin pretender en absoluto a la imparcialidad, debo decir que, casi inmediatamente después de un Copei que renunció a su condición de partido y de cristiano para quedarse en (la página) social de los coleccionadores de sonrisas, cosméticos y lugares comunes, el MAS, para no quedarse atrás, está dando hoy un espectáculo vergonzoso con una alianza entre las fuerzas que podía rescatar al partido para la mejor acepción y concepción de la política y lo peor de la politiquería que se alzó (fraudulenta o legalmente, ese no es el caso) con una precaria mayoría en los comicios internos.

Lo que hoy se ha producido en el MAS es el mismo tipo de alianza sin principios cuyo ejemplo viene de afuera, de esa 'Triple Alianza' puramente burocrática y repartepuestos, a la cual he calificado desde que se conoció, como 'un ornitorrinco político': un curioso animal que tiene de ave, mamífero y anfibio, sin llegar a ser pájaro, res o pescado.

En el MAS, esta unidad contra natura está pegada, por supuesto, con 'saliva de loro' y no resistirá al primer embate. Pero con una diferencia si la división se hubiese producido ahora: que quienes cuestionan a los que han hecho de la política un lodazal de trapisondas, no tendrán autoridad moral para denunciarlos después.

No se puede ser 'casi virgen'

Porque así como una mujer no puede ser 'casi virgen', tampoco un partido puede ser moral o inmoral a medias. En tales condiciones, el esfuerzo hecho por Víctor Hugo de Paola y sus seguidores ha sido inútil, lo han botado por la ventana, sacrificando principios en aras de una mentirosa unidad, que a la corta o a la larga sólo favorece a la parte éticamente cuestionada del antiguo Movimiento al Socialismo.

¿Cómo ha podido llegarse en el MAS a esta situación? No me encuentro entre quienes acostumbran lloriquear sobre las glorias del pasado. Lo que está sucediendo en la actualidad no nació ayer tarde. El MAS ha adolecido siempre de una complaciente concepción de la democracia interna y de una no menos falsa idea de la unidad partidaria.

Esto último estuvo en el inicio, con el error garrafal del lanzamiento de una candidatura como la de José Vicente Rangel, concebida (pero eso se negaba rotundamente) no como una proposición nueva y diferente sino como una forma de evitarse problemas internos, como una forma de evitar un enfrentamiento entre Pompeyo y Teodoro. Aquí, el error fundamental fue de Petkoff, por haber aceptado, en aras de la unidad del partido, un veto pasivo (transformado al final en activo) que se prolongó durante diez años. Antes que enfrentar la realidad, se prefirió adoptar la calumniada actitud del avestruz, la misma actitud que De Paola asume ahora.

Se negó a ser un partido federal

La errada asunción y concepción de la democracia interna condujo a la situación actual de desagregación del movimiento. Se trata de la legalización de las tendencias, con lo cual el MAS renunciaba a ser un partido federal (lo que tal vez hubiese salvado su organización) para transformarse en una federación de partidos. La legalización de las tendencias es la negación de la democracia interna; porque ella significa que no se acepta la voluntad de la mayoría sino en el caso de que esa mayoría sea la nuestra.

Esta experiencia no vale sólo para el MAS y para los partidos políticos, sino que es una regla de oro del debate democrático. Si ella deja de existir, deja de existir la democracia, o en el mejor de los casos, está condenada a una existencia como la del MAS actual, pegados sus quebradizos huesos con saliva de loro.


El Universal digital, 5 de octubre de 1997


entre en la bitblioteca      espacio disponible

 




 

volver al inicio o volver al tope