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Expectativas irracionales

Oscar García Mendoza

Estas palabras, usadas por el presidente del Banco de Reserva Federal, Alan Greespan, son muy gráficas para explicar el comportamiento de los mercados. Hay en los seres humanos deseos de obtener cosas casi imposibles. Las loterías, las rifas, las pirámides. Emprendemos muchas actividades en las que sabemos que hay poquísimas, si no ninguna posibilidad de obtener un beneficio y a pesar de ello centramos ilusiones, esfuerzos y dinero.

En nuestro país vivimos desde hace casi dos décadas crisis que sólo se han visto interrumpidas por las periódicas alzas del precio del petróleo. El déficit fiscal no ha sido cubierto por ningún plan sagaz. Lo poco que ha bajado la inflación no ha sido consecuencia del dominio del circulante monetario. El crecimiento del primer semestre no ha sido causado por un incremento de la productividad y de la inversión. Lo ocurrido ha sido única y exclusiva consecuencia del petróleo.

La apertura petrolera es un plan gerencial admirable que tendrá enormes y beneficiosas consecuencias para Venezuela. Pero no es suficiente. Si confiamos todas nuestras esperanzas en la apertura, dentro de muy poco veremos un panorama indeseable: ingresos por muchos miles de millones de dólares para un Estado colapsado, incapaz de redistribuir esa riqueza, un aparato industrial no competitivo, una inmensa parte de la población desempleada y en situación de pobreza crítica. ¿Cómo se podrá explicar esto?

Después de tantos años de oportunidades perdidas lo natural es desear y creer que el cambio llegó y que de ahora en adelante todo será crecimiento y prosperidad. Esa es una expectativa irracional. Decir que se han hecho cosas es verdad, pero han sido muy pocas y muchas veces impulsadas por circunstancias que nada tienen que ver con los resultados.

Seguimos viviendo en un Estado socialista y paternalista. La mayoría de los medios de producción siguen estando en manos del Estado y no hay ninguna estrategia que permita pensar que vendrá un cambio importante. Caminamos al ritmo del petróleo. Para poder pensar en expectativas racionales debemos realizar cambios de enorme importancia y dificultad: las privatizaciones, la reducción del tamaño del Estado, la seguridad jurídica, la creación de empleo, entre muchas, son tareas enormes y nada fáciles que deben ser emprendidas cuanto antes para poder generar expectativas racionales.

Una buena parte de la población se da cuenta de esto. Así lo demuestran las encuestas. Dejarse llevar por la irracionalidad será vivir en una burbuja de prosperidad para algunos y sólo por algún tiempo. Es mucho lo que debe ser cambiado.


El Universal digital, 5 de octubre de 1997

(*)Correspondencia: Apartado Postal 1929. Caracas 1010-A. Venezuela. Oscar García Mendoza

E-mail: 73070, 2133@compuserve.com



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