¿Quién nos salva de la burocracia?
Desde hace algún tiempo me asalta la idea de que
los medios de comunicación (MC) _sobre todo la radio y la TV son
en buena parte responsables de que sobreviva la frondosa, inútil
y costosísima burocracia que corroe la administración pública
en Venezuela y voy a tratar de explicar por qué.
Se me dirá que son los siempre vituperados partidos
los culpables de entronizar al clientelismo político en las nóminas
oficiales que pagamos ahora casi a partes iguales papá-petróleo
y los contribuyentes y, en efecto, así ha sido. Las organizaciones
políticas incorporaron su larga lista de militantes a la administración
pública y esa práctica, a juzgar por los informes de la Contraloría
General de la República, sigue viva y coleando en alcaldías
y gobernaciones, cuyas nómimas crecen con compañeritos, verdes,
ex camaradas y demás fauna burocrática, al son del color del
gobernador de turno. En la actualidad se calcula que entre la administración
central y la descentralizada la carga burocrática está cercana
_si no sobrepasa ya_ los dos millones de funcionarios. Quizá la cifra
sea conservadora si se piensa en las nóminas negras ¿o blancas?
que, como en el Seguro Social, estaría por encima de las cuarenta
mil personas. Como el paciente lector seguramente sepa, tales nóminas
están constituidas por trabajadores que no trabajan, que figuran
en listas paralelas _lejos de la mirada escrutadora de algún pobre
jefe iluso que llega con el sueño de disminuir el tamaño del
Estado_ y que cobran religiosamente los quince y los treinta con el dinero
que usted paga como contribuyente. No he utilizado el término de
'trabajadores fantasmas' para referirme a la sangría del IVSS porque
en realidad estos devoradores del presupuesto público existen y pudimos
ver sus caras vociferantes y regordetas en la TV _¡y qué decir
de su barriguita prominente!_ entonando el himno nacional a la par que gritaban
improperios contra el ministro de Sanidad y la Tripartita porque 'intentan
acabar con la salud pública'. Una lectura desapasionada del asunto
nos pondría en claro que lo que la Tripartita propone _y los ciudadanos
debemos apoyar_ es la eliminación de tantos vagos de la nómina
del IVSS, que chupan las cotizaciones de los trabajadores mientras éstos
no reciben atención médica porque los ambulatorios y hospitales
del Seguro están quebrados. Listas de funcionarios que no trabajan
hay por toneladas en el sector público. La respuesta que se nos da
cuando protestamos ante tales estafas es la de que no pueden evitarse mientras
el pago se efectúe a través de cheques y no personalmente
en las taquillas de la institución. Un gobernador decidió
implantar este sistema con el pago de sus policías y ¡más
del 70% de la nómina de seguridad del Ejecutivo Regional no se presentó
a cobrar!
A estas alturas usted debe estar preguntando por qué
diablos tendrían alguna culpa los MC en el reforzamiento de la burocracia.
La primera respuesta apunta hacia la tendencia de la TV a dramatizar y espectacularizar
las noticias y la segunda a la convicción que tienen los sindicalistas
y sus huestes de haraganes, de que si sus paros y marchas no aparecen en
la TV, ni paros, ni marchas, ni sindicalistas existen. Hace dos años
un reportero de Unión Radio 1090 que se encontraba por casualidad
en Maiquetía pudo darse cuenta de que los trabajadores de Avensa
habían decidido hacer un paro. A través de su celular llamó
a la emisora y comenzó su entrevista con el cabecilla de la corta
revuelta. Al preguntarle hasta cuándo iba a durar el paro que se
iniciaba en esos momentos, el jefe del desaguisado respondió: 'Hasta
que declaremos ante las cámaras de la TV que están por llegar
al aeropuerto'.
Desde ese día ronda por mi cabeza la convicción
de que, al igual que ocurre con la ola de suicidios, que se extiende en
la medida en que los medios informemos exageradamente sobre ella, así
proliferan los paros y se legitiman los dirigentes de Fedeunep, y similares,
mientras reporteros y MC sigamos privilegiando sus actividades en nuestros
informativos. A partir de hoy, observe, amigo lector, la preferencia que
los noticieros de TV tienen por las fuentes sindicales conflictivas. ¿A
qué se debe? ¿A una solidaridad de clase del reportero mal
pagado o a la tradicional pereza de no pocos periodistas que, en vez de
indagar en fuentes múltiples, se dejan seducir y halagar por los
siempre ociosos dirigentes sindicales del sector público, que cobran
completo sin trabajar y para quienes aparecen en los MC es cuestión
de vida o muerte? ¿No resulta sorprendente que en la cobertura de
la reciente marcha del IVSS no hubiera noticiero alguno que se tomara la
molestia de hacer una investigación en torno a la nómina de
esa mastodonte y sobre cuántos de los vociferantes trabajan en realidad?
Si nos molestáramos en medir el tiempo de transmisión de las
noticias de huelguistas y de sindicalistas (amén del dramatismo de
las escenas transmitidas) concluiríamos en que reciben tiempo y tratamiento
privilegiados, a diferencia de los otorgados a la parte contraria en este
caso el gobierno y los ciudadanos.
¿Podemos albergar alguna esperanza de que comience
a disminuir la burocracia, si cada vez que un organismo público (como
el Ministerio del Trabajo, por ejemplo), anuncia la tan ansiada reestructuración,
que implica necesariamente la reducción de su abultada nómina,
aparece en TV el bien trajeado jefe de Fede-Unep anunciando un paro nacional
de empleados públicos y al reportero que lo cubre haciendo una apología
de 'los pobres padres de familia que se quedarían sin trabajo'? ¿Qué
autoridad tienen los responsables de los MC para criticar al sector público
si cuando tímidamente éste intenta reducir su tamaño,
los medios dramatizan las quejas de los burócratas y convierten en
héroes de la jornada a los dirigentes sindicales que medran a costa
del erario público? No estamos proponiendo que se silencien las informaciones
de las protestas laborales ¡Dios nos libre! pero sí que no
se dramaticen (como tampoco deben dramatizar los argumentos de los malandros
y sus familiares, que terminan por convencernos de que son unos angelitos).
La radio y la TV, sabiendo que a través de su poder
mediático hacen socialmente visibles a quienes se niegan al cambio,
deben balancear su información y divulgar también las explicaciones
de quienes se oponen a la prédica que eterniza la vagancia en el
sector público. ¡Basta entonces de conferir notoriedad a quienes
frenan una modernidad al servicio de la verdadera justicia social!
El Universal digital, 5 de octubre
de 1997
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