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¿Quién nos salva de la burocracia?

Marta Colomina

Desde hace algún tiempo me asalta la idea de que los medios de comunicación (MC) _sobre todo la radio y la TV son en buena parte responsables de que sobreviva la frondosa, inútil y costosísima burocracia que corroe la administración pública en Venezuela y voy a tratar de explicar por qué.

Se me dirá que son los siempre vituperados partidos los culpables de entronizar al clientelismo político en las nóminas oficiales que pagamos ahora casi a partes iguales papá-petróleo y los contribuyentes y, en efecto, así ha sido. Las organizaciones políticas incorporaron su larga lista de militantes a la administración pública y esa práctica, a juzgar por los informes de la Contraloría General de la República, sigue viva y coleando en alcaldías y gobernaciones, cuyas nómimas crecen con compañeritos, verdes, ex camaradas y demás fauna burocrática, al son del color del gobernador de turno. En la actualidad se calcula que entre la administración central y la descentralizada la carga burocrática está cercana _si no sobrepasa ya_ los dos millones de funcionarios. Quizá la cifra sea conservadora si se piensa en las nóminas negras ¿o blancas? que, como en el Seguro Social, estaría por encima de las cuarenta mil personas. Como el paciente lector seguramente sepa, tales nóminas están constituidas por trabajadores que no trabajan, que figuran en listas paralelas _lejos de la mirada escrutadora de algún pobre jefe iluso que llega con el sueño de disminuir el tamaño del Estado_ y que cobran religiosamente los quince y los treinta con el dinero que usted paga como contribuyente. No he utilizado el término de 'trabajadores fantasmas' para referirme a la sangría del IVSS porque en realidad estos devoradores del presupuesto público existen y pudimos ver sus caras vociferantes y regordetas en la TV _¡y qué decir de su barriguita prominente!_ entonando el himno nacional a la par que gritaban improperios contra el ministro de Sanidad y la Tripartita porque 'intentan acabar con la salud pública'. Una lectura desapasionada del asunto nos pondría en claro que lo que la Tripartita propone _y los ciudadanos debemos apoyar_ es la eliminación de tantos vagos de la nómina del IVSS, que chupan las cotizaciones de los trabajadores mientras éstos no reciben atención médica porque los ambulatorios y hospitales del Seguro están quebrados. Listas de funcionarios que no trabajan hay por toneladas en el sector público. La respuesta que se nos da cuando protestamos ante tales estafas es la de que no pueden evitarse mientras el pago se efectúe a través de cheques y no personalmente en las taquillas de la institución. Un gobernador decidió implantar este sistema con el pago de sus policías y ¡más del 70% de la nómina de seguridad del Ejecutivo Regional no se presentó a cobrar!

A estas alturas usted debe estar preguntando por qué diablos tendrían alguna culpa los MC en el reforzamiento de la burocracia. La primera respuesta apunta hacia la tendencia de la TV a dramatizar y espectacularizar las noticias y la segunda a la convicción que tienen los sindicalistas y sus huestes de haraganes, de que si sus paros y marchas no aparecen en la TV, ni paros, ni marchas, ni sindicalistas existen. Hace dos años un reportero de Unión Radio 1090 que se encontraba por casualidad en Maiquetía pudo darse cuenta de que los trabajadores de Avensa habían decidido hacer un paro. A través de su celular llamó a la emisora y comenzó su entrevista con el cabecilla de la corta revuelta. Al preguntarle hasta cuándo iba a durar el paro que se iniciaba en esos momentos, el jefe del desaguisado respondió: 'Hasta que declaremos ante las cámaras de la TV que están por llegar al aeropuerto'.

Desde ese día ronda por mi cabeza la convicción de que, al igual que ocurre con la ola de suicidios, que se extiende en la medida en que los medios informemos exageradamente sobre ella, así proliferan los paros y se legitiman los dirigentes de Fedeunep, y similares, mientras reporteros y MC sigamos privilegiando sus actividades en nuestros informativos. A partir de hoy, observe, amigo lector, la preferencia que los noticieros de TV tienen por las fuentes sindicales conflictivas. ¿A qué se debe? ¿A una solidaridad de clase del reportero mal pagado o a la tradicional pereza de no pocos periodistas que, en vez de indagar en fuentes múltiples, se dejan seducir y halagar por los siempre ociosos dirigentes sindicales del sector público, que cobran completo sin trabajar y para quienes aparecen en los MC es cuestión de vida o muerte? ¿No resulta sorprendente que en la cobertura de la reciente marcha del IVSS no hubiera noticiero alguno que se tomara la molestia de hacer una investigación en torno a la nómina de esa mastodonte y sobre cuántos de los vociferantes trabajan en realidad? Si nos molestáramos en medir el tiempo de transmisión de las noticias de huelguistas y de sindicalistas (amén del dramatismo de las escenas transmitidas) concluiríamos en que reciben tiempo y tratamiento privilegiados, a diferencia de los otorgados a la parte contraria en este caso el gobierno y los ciudadanos.

¿Podemos albergar alguna esperanza de que comience a disminuir la burocracia, si cada vez que un organismo público (como el Ministerio del Trabajo, por ejemplo), anuncia la tan ansiada reestructuración, que implica necesariamente la reducción de su abultada nómina, aparece en TV el bien trajeado jefe de Fede-Unep anunciando un paro nacional de empleados públicos y al reportero que lo cubre haciendo una apología de 'los pobres padres de familia que se quedarían sin trabajo'? ¿Qué autoridad tienen los responsables de los MC para criticar al sector público si cuando tímidamente éste intenta reducir su tamaño, los medios dramatizan las quejas de los burócratas y convierten en héroes de la jornada a los dirigentes sindicales que medran a costa del erario público? No estamos proponiendo que se silencien las informaciones de las protestas laborales ¡Dios nos libre! pero sí que no se dramaticen (como tampoco deben dramatizar los argumentos de los malandros y sus familiares, que terminan por convencernos de que son unos angelitos).

La radio y la TV, sabiendo que a través de su poder mediático hacen socialmente visibles a quienes se niegan al cambio, deben balancear su información y divulgar también las explicaciones de quienes se oponen a la prédica que eterniza la vagancia en el sector público. ¡Basta entonces de conferir notoriedad a quienes frenan una modernidad al servicio de la verdadera justicia social!


El Universal digital, 5 de octubre de 1997


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