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La mitología contemporánea

Leroy Garrett Bracho

La temprana muerte de la Princesa de Gales produjo para el mundo una nueva deidad que venerar en el olimpo de aquellos famosos, cuya temprana partida o aquellas características por las cuales cosecharon la fama en vida los han elevado a la veneración general y cotidiana. Ejemplos abundan: Marylin, James Dean, Elvis, los hermanos Kennedy e inclusive nuestras versiones de Gardel y Felipe Pirela son ejemplos que continentalmente tenemos a mano.

Sin duda la santidad es un esquema mental, espiritual y cultural donde la sociedad busca perpetuar en las características personales de personajes que tuvieron celebridad en su tránsito por la vida, y los hace dentro del reconocimiento general únicos, insustituibles e inmortales. La incógnita que rodea al hombre en todos los tiempos sobre la muerte y su conjunto de suposiciones, mitos y magia contribuyen igualmente a la creación de estos iconos sociales perpetuados en el tiempo.

Por eso la creación de deidades no era atributo propio de las sociedades antiguas o primitivas: luego de la larga perpetuación en el poder por Augusto, su muerte hizo que el Senado romano lo elevase a la categoría de dios, y fue tarea de su sucesor Tiberio darle prioridad a los templos alegóricos del emperador fallecido dentro de las tareas de obras públicas hechas por la ciudad imperial en todas sus posesiones. No muy diferente ocurrió luego de la muerte de Lenin en la caída Unión Soviética, cuyo cadáver perpetuado para su culto, necesariamente tuvo que ser inhumado para fortalecer el experimento democrático de Yeltsin.

Los avances tecnológicos, la novel informática, y las actuales facilidades de información que hacen del mundo la aldea profetizada por McLuhan, más que darle objetividad a la sociedad ante estos fenómenos cuasirreligiosos presentes alrededor de muchos famosos, por el contrario alimentan este tipo de inclinaciones.

La manifestación universal de dolor por Diana, las toneladas de flores esparcidas por Londres, y el colapso de Internet por la demanda de mensajes de duelo así lo afirman.


El Universal digital, 4 de cotubre de 1997


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