Clinton en Caracas
Vino el Papa dos veces. Han venido unos cuantos premio
Nóbel, entre los cuales me acuerdo sólo de los economistas
-Merton Miller, Douglass North y Gary Becker. Casi vino Michael Jackson,
pero se echó para atrás, para tristeza de nuestros hijos (y
alivio nuestro). Por aquí han posado todos los presidentes latinoamericanos,
así como ministros estrellas (Buchi y Cavallo). George Bush estuvo
hace poco tiempo, como ciudadano privado y presidente jubilado. Stephen
Covey predicó aquí. Los escritores han abundado: García
Márquez, Vargas Llosa, Isabel Allende. Nos gustan las personalidades.
La llegada del presidente Clinton, programada para el simbólico Día
de la Raza, podría ser algo memorable, o podría sumarse a
la lista larga de visitas de Estado que nadie recuerda muy bien. Cuál
será?
Un factor que influye mucho en la importancia de una visita
es la expectativa que se haya creado. José Ignacio Cabrujas exploró
este fenómeno cuando escribió ``El día que me quieras''.
La obra recuerda la visita de Carlos Gardel y la emoción que causó
entre la gente, cuya imaginación fue estimulada con la anticipación
de la presencia del cantante. Tan profundo fue el efecto de la visita que
todavía queda una memoria colectiva del momento, conservada en esta
bella obra, así como en la obra de Marisol colocada en la estación
de Caño Amarillo.
Las expectativas responden a la actitud hacia el visitante,
es decir, si se considera amigable o no. La visita del vicepresidente Nixon
a Caracas quedó marcada por la violencia y el rechazo hacia aquella
figura representativa del intervencionismo de la época. La estada
de Nixon fue tan terrible como mágica fue la presencia de Gardel.
Es fácil desdeñar la vacía diplomacia de estas ocasiones:
los saludos a personas olvidables, las fotos obligatorias, las firmas de
convenios, las ofrendas a próceres vagamente reconocidos por los
invitados y el ritmo que permite maximizar el número de personas
que pueden decir que conocieron al Presidente de Estados Unidos a la vez
que se intenta respetar su descanso y privacía. Pero Gardel y Nixon
deberían decirnos algo: lo que transcurre en las visitas afecta la
memoria colectiva de manera duradera. En esta época postmoderna,
postsoviética, posttercermundista, las relaciones con Estados Unidos
revisten una importancia enorme.
El presidente Clinto está emprendiendo una iniciativa
clave a los intereses de América Latina: plantear una comunidad americana
que va mucho más allá de la relación bilateral con
México. Venezuela siempre ha jugado a la novia esquiva, flirteando
con los competidores para mantener a Estados Unidos un poco distanciado,
temerosa de la posibilidad de quedar aplastada por el carácter fuerte
de su pretendiente. USA, por su parte, nunca ha tenido mucha paciencia y
se dedica a países cuyos intereses intrínsecos y estratégicos
no tienen quizás una coincidencia con los suyos tan natural como
los de Venezuela. Quiérase o no, la geopolítica coloca a Venezuela
del lado de Estados Unidos. Pero Clinton necesita que los poderes políticos
de su país, los sindicatos, los empresarios, los consumidores, se
convenzan de que América Latina es un socio necesario, conveniente,
confiable, pujante y alineado con los valores de la democracia y la libertad.
Van a estar atentos a las sutilezas del tour sureño de Clinton; van
a sacar conclusiones.
En Venezuela, el tono y las circunstancias de esta corta
visita determinarán la reacción pública, porque la
población aquí también lee los mensajes de los líderes.
Lo que se ha visto hasta ahora es un tanto confuso: se negocia un tratado
de protección de inversiones, pero Venezuela se resiste a comprometerse
en garantizar la propiedad intelectual a pesar de que tendrá que
hacerlo dentro de dos años de todos modos, según las reglas
de la OMC. Quiénes son los empresarios que se oponen a adecuarse
a las normas internacionales de respeto a la propiedad de los demás?
estarán más preparados en dos años para adaptarse,
o buscan sólo correr la arruga? La visita de Clinton podría
tener efectos de largo plazo y los dos países deberían hacer
todo lo posible para que esos efectos sean positivos.
Por mi parte, doy la bienvenida a mi viejo amigo y compañero
de estudios con la esperanza de que mi país de origen y mi país
adoptivo estrechen sus lazos y profundicen su amistad natural.
El Nacional On-line, 2 de Octubre
de 1997.
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