|
¿Por qué pagar
impuestos?
Pedro J. Palacios Rhode *
Cuando las personas deciden reunirse en sociedad su
objetivo principal es establecer una organización (denominada Estado
o Gobierno) que se encargue de asegurar y satisfacer una serie de necesidades
comunes, tales como el mantenimiento del orden, de la seguridad pública
y la prestación de determinados servicios básicos entre otras,
lo cual se efectúa mediante la creación de ciertas normas
de cumplimiento obligatorio para las personas que lo conforman (estos son,
los ciudadanos); asimismo, el Estado se encarga de la organización
y control de los órganos que velan por el correcto cumplimiento de
estas normas (tales como los entes jurisdiccionales para la resolución
de conflictos y los entes policiales para el control y salvaguarda de los
derechos de los individuos). Por lo tanto, se puede decir que el Estado
es un empleado de sus ciudadanos sólo que, por las actividades que
debe cumplir, se encuentra dotado de cierto poder coercitivo sobre sus patronos.
Para el cumplimiento de sus obligaciones, los ciudadanos deben dotar
al Estado de los recursos necesarios para el cumplimiento de sus obligaciones.
Estos fondos se proveen básicamente por dos vías: por el uso
de los recursos de que es dotado el Estado (tales como los ingresos petroleros)
y de las cantidades que por concepto de tributos le entreguen sus súbditos.
Estas exacciones, a su vez, han sido establecidas por el Estado por vía
legislativa en representación de los mismos ciudadanos a quienes
se les imponen, y los cuales en caso de encontrarse en desacuerdo no lo
deben manifestar mediante la negativa del pago de los mismos, sino mediante
su voto al momento de la reelección de estos representantes.
Una excusa muy común del ciudadano para negarse al pago de los
impuestos es que el Estado no presta los servicios que se espera recibir
a cambio del pago de los mismos, sin percatarse de que esta actitud puede
generar un círculo vicioso, ya que la falta de los fondos requeridos
para este fin imposibilitaría la prestación de los servicios,
por lo que se perpetuaría el problema. Por supuesto, existen otras
razones por las cuales los recursos no se destinan o no resultan suficientes
para la prestación de los servicios; entre estas se encuentra la
corrupción, la mala administración o el despilfarro; pero
igual que en el supuesto anterior, su castigo no debe ser la negativa al
pago de los tributos (lo cual se equipararía a la desobediencia civil)
sino la pena debe ser, más bien, la misma que se le impondría
a un mal administrador en el campo privado: su despido, lo cual se efectuaría
por vía electoral. Equiparando esta misma situación nuevamente
al campo privado, un administrador que no ha resultado del agrado de su
patrono resulta despedido y no pudiendo éste abstenerse del pago
de su sueldo y de la liquidación que le corresponda.
¿Cómo puede una persona exigirle a otra el cumplimiento
de sus obligaciones si ésta no cumple las suyas? ¿Cómo
puedo yo exigirle al Estado que me preste servicios si no lo doto de los
recursos que requiere para ello? Resulta estéril discutir que la
situación actual es ocasionada por la mala administración
anterior, lo cual sólo nos conduce a perpetuar el círculo
vicioso a que hiciéramos referencia anteriormente.
Si vemos esta situación desde un punto de vista estrictamente
particular (y hasta egoísta), a todo comerciante le debe interesar
cumplir cabalmente con sus obligaciones tributarias, ya que su incumplimiento
-además de las sanciones pecuniarias que establecen las leyes de
la materia- le puede afectar en sus operaciones futuras, ya que carecería
de "existencia tributaria", término que nuestra Administración
Tributaria intenta poner de moda. Como muestra podemos mencionar que las
declaraciones de Impuesto Sobre la Renta son exigidas por la mayoría
de las instituciones financieras para el otorgamiento de créditos;
asimismo, son requeridas para solicitar permisos de diversa índole,
como en el caso de las actividades de importación. Todo comerciante
sabe que desde el punto de vista financiero, el mantener sus relaciones
tributarias en forma correcta puede beneficiar a una empresa, por ser un
indicio de una situación financiera depurada y de una contabilidad
seria y verás.
Para finalizar, se debe destacar que la falta de cumplimiento de una
obligación impositiva puede conllevarle consecuencias negativas al
contribuyente en otras áreas, ya que la Administración Tributaria
ejerce un control tributario "cruzado"; por ejemplo, al cancelar
el arancel de importación para una mercancía, el contribuyente
podría ser incluido en registros que se pueden destinar para el control
del Impuesto Sobre la Renta o del Impuesto al Consumo Suntuario y Ventas
al Mayor (este es, el IVA) y al comprobar una infracción, podría
generar la imposición de sanciones y multas al contribuyente.
Los contribuyentes deben acostumbrarse a que el cumplimiento de sus obligaciones
tributarias, además de una obligación, es un mecanismo de
defensa y hasta una útil herramienta, cuando se realiza correctamente.
*Abogado Especialista en
Derecho Tributario
E-mail: pslaw@telcel.net.ve |