Meditación sobre los escombros

Textos y fotos Hannia Gomez

…l’argile rouge a bu la blanche espèce (XV) 1

En 1954, cuando Gio Ponti hizo la Casa Planchart, dibujó una famosa pareja de planos: la planta baja y la planta alta de la villa. Estos planos están sembrados de ojos cuyas pupilas apuntan agudamente en una sola dirección; siempre me asaltan en medio de cada nueva visita al palacio sensorial que es esta casa. De ellos salen, con flechas vectoras, los previsibles caminos de la mirada; los mismos que inevitablemente toma siempre la mía y la de todo visitante. Ponti nos lleva fuerte de la mano. Hay que dejarse.

Como en una red encantada que un mago experto minara en la tierra, su ojo omnipresente dispuso con tiralíneas las vistas: de la puerta principal por el muro de la escalera al patio y de allí hasta el comedor; del vestíbulo al pasillo hasta el salón principal, repleto de luz; y aún más lejos, ya en el salón, torciendo a la derecha a través de la puerta de vidrio hacia la lejanía del paisaje. La magia es experta… la arquitectura se explica sola.

Toda la casa está cruzada de estos hechizos lineales. Con solo recorrerla, uno podría evocar su entera arquitectura, llena de pequeños y grandes eventos espaciales y estéticos, mucho tiempo después. Es una escritura auxiliar de la memoria. Si alguna vez la Casa Planchart desapareciera y me tocara reconstruir su recuerdo, cerraría esos perennemente abiertos ojos pontianos que miran solos dentro de mí, para que su arquitectura volviera a vivir… Tal es la fuerza del encantamiento.

Tánta fe tengo en ello, que creí que me ayudaría a revivir toda arquitectura. Así, el 12 de Enero de 1997, de pie sobre los escombros frescos de la Quinta 21 en la Calle 4 de Campo Alegre, intenté reproducir el hechizo al revés. Es decir: reconstruir la elegante villa moderna que Gustavo Wallis diseñara a comienzos de los años treinta a partir tan solo del recuerdo… porque ya nada queda de ella.

El desastre es completo. Sus planos se han perdido. Nadie se tomó nunca el trabajo de levantarla: ningún profesor de historia de la arquitectura, y por ende, ningún estudiante; no hay testigos que puedan hablar: hace demasiado tiempo, o todos han muerto. No hay texto que la describa, salvo, quizás tres tristes líneas en El Diario de Caracas 1 que se llevó el viento. Tampoco hay deudos que la lloren: sus herederos vendieron y el arquitecto que recibió el terreno sólo se preocupa de su propia arquitectura. ¡Qué le vamos a hacer! ¿A quién le importa hoy constatar los efectos nefastos de una ordenanza de zonificación? La memoria en este país es débil y fugitiva. Por ello los errores se repiten, y la historia, sencillamente, no existe.

Esta bella - más adorable de todas después de Las Guaycas y Caoma - casa moderna, por la que yo hubiera dado un reino, espejo de una época donde la arquitectura existía y la ciudad también, ahora es sólo un amasijo retorcido de arcilla salpicado de vigas "I" de hierro que proveyó la Truscon Steel o quizás la Johns Mansville, empresas que representaba Wallis para erigir las primeras estructuras metálicas en Venezuela. Ahora, en pie sobre ella, sola sobre los escombros, cinco años después de haber denunciado la debacle urbana y arquitectónica que acabaría con Campo Alegre,2 buscaba a tientas en el polvo por los "ojos" de Wallis…

Trato de recordar: Aquí estaba la entrada, con su dintel de curvas tan a lo Robert Mallet-Stevens, pero, ¿Estaba alineada por el pasillo central con el patio de la cocina… o no exactamente? Bueno, por aquí quedaba el gran salón rectangular y majestuoso, pero, Dios mío: El eje que venía perpendicular desde la escalera (anclada sensualmente a su cilindro blanco) y pasaba por aquí y por el pórtico de dos columnas, ¿Era el principal de la composición? y, entonces, ¿La casa enmarcarba el paisaje de la montaña? ¿Y qué decir de ese conjunto de la segunda entrada lateral?… A ver, ¿Cómo era…? Retórica, de ampulosa fachada, pero sin embargo con tan pequeña y suspicaz puerta… ¿Haz de ejes…premonitorios de Piedra Azul?3 La composición parecía exaltar un terreno de esquina, ¿O era otra cosa lo que expresaba el cuidado que el arquitecto puso en las formas que confluían en el ángulo de la casa? Ese constructivismo planar, pero cuboso, ese gusto por el claroscuro, pero blanquísimo, ese ascetismo, tan burgués… ¿Me recordaba a Wright, me recordaba a Schindler, me recordaba a Wittgenstein o me recordaba a la Escuela de Paris? ¿Era neoplástica, era cubista, era holandesa, era vienesa, era alemana, era francesa… o era, sencillamente, de Campo Alegre?

Habría que haberla recorrido mas de una vez… No hay magia que valga sin espectadores. Casa de antepechos, casa de bordes, casa de ángulos, llena de acertijos, perdida en mi propia amnesia, maldita amnesia: ya nunca sabré porqué me gustaba tánto.

NOTAS:

  1. Paul Valéry, El cementerio marino, XV. El Libro de Bolsillo, Alianza Editorial, Madrid, 1981, p.54.
  2. Hannia Gómez, Wrightiana: "En Campo Alegre, subiendo por la calle donde estaba La Atalaya de Mujica, está otra casa de Gustavo Wallis que se construyó en la década de los treinta. Observémosla con detenimiento. Desnuda, de paredes blancas, columnas cilíndricas, techos planos, marquesinas en voladizo, ventanas sin ornamento: impecable, como demandaba el más depurado Estilo Internacional. Aquí, la ausencia de la piedra azul nos permite tener más clara la vista: la abstracción de la composición reina tranquila en el proyecto. Wright no está por ninguna parte; más está Schindler con sus casas americanas, la abstracción planar del Neoplasticismo holandés o Robert Mallet-Stevens con sus armoniosas composiciones cubistas. La casa está muy bien lograda: Wallis dominaba el lenguaje." Arquitectura, El Diario de Caracas, 28 de Agosto, 1994.
  3. Hannia Gómez, Campo Marzio. Arquitectura, El Nacional, Enero de 1993.
  4. H. Gómez, Wrightiana.




Meditacion sobre los escombros ( El Nacional 19/1/98 )