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La guaracha sinfónica
Alberto
Naranjo
Músico
No sólo lo popular está en su música.
también Tchaikovski, Saint Saens y Gershwin recibieron
el tratamiento Billo. Aquí exploran esas vinculaciones
que, al decir del arreglista del álbum Swing con son,
son la base de la genialidad del maestro.
Las contribuciones de Billo
Frómeta a la música popular de Venezuela han sido
simplemente enormes. Como conductor, se mantuvo al frente
de su orquesta entre 1940 y 1988, ocupando un
indiscutible primer lugar entre los formatos de música
bailable. Como compositor está lejos de cualquier
comparación entre sus contemporáneos, al escribir
cientos de canciones (el número exacto es impreciso), la
mayoría de ellas grandes éxitos, con una particular
preferencia temática orientada hacia Caracas. Como
arreglista fue un innovador, adoptando el formato del
jazz big band para exportar su música Billo siempre
consideró a su orquesta como su principal instrumento, y
por eso abandonó prematuramente la ejecución del
saxofón alto y el clarinete. A diferencia de muchos
músicos que siempre trataron de ajustar sus estilos
conforme a las modas de cualquier Época, Billo impuso un
concepto que se mantiene vigente aún después de su
muerte. El resultado se refleja en más de cien discos de
larga duración editados en diferentes países con
"nuevas" reediciones de vez en cuando.
No existe una explicación para
justificar su genialidad. A pesar de que comenzó a
estudiar formalmente música desde muy joven, Billo
siempre mostró preferencia por el jazz y por la música
caribeña. Sus tempranas influencias reflejan los sonidos
orquestales de Fletcher Henderson, Duke
Ellington y la Casino de la Playa,
sin descartar el romanticismo de algunos compositores
académicos. Esa amplitud de gustos no llegó a
confundirle. Quizás consciente de sus limitaciones,
prefirió, no mostrarse abiertamente en ninguna a de esas
áreas, optando por ponerlas al servicio de una propuesta
música; bailable personal y accesible públicamente. En
cierta ocasión, Billo expresó que el no sabía si
había enseñado a bailar a los venezolanos, o si era que
los venezolanos le habían enseñado a tocar música
bailable. Es obvio que su perpetuo Éxito no fue visto
con muy buenos ojos por algunos de sus colegas, que
permanentemente tildaron su música de económica y poco
intelectual, sin detenerse a pensar que Billo siempre se
esmeró en hacer feliz a un público mediante el baile y
jamás hizo música destinada a los críticos de oficio,
que aún pretendiendo saber mucho de todo, por lo general
son infértiles productores.
Mientras aparecían y desaparecían
orquestas a lo largo de cinco décadas. Birlo mantuvo su
misma fórmula bailable, simple, pero con una innegable
permanente carga subliminal de elementos. Las letras de
sus canciones con un vivo testimonio de nuestra
geografía, sus moradores y costumbres. La penetración
de su mensaje gracias a la radio, pudo llegar a sitios
vedados al testimonio escrito. o como remedio contra el
analfabetismo. A mediados de los cuarenta Billo recreó
un fragmento de la Patética o Sexta sinfonía de
Tchaikovski en "Caracas vieja", vislumbrando
una temprana nostalgia al delatar los inexorables cambios
que se operaban paulatinamente en la fisonomía de su
eterna enamorada, Caracas; un reclamo que de haber sido
tomado más en serio en su momento, posiblemente nos
hubiera evitado muchas quejas actuales. Por otra parte,
su buen humor reflejado en "El muerto de Las
Gradillas" es introducido con un fragmento del poema
sinfónico de Saint-Saens, La danza macabra, reincidiendo
en su aporte académico a favor de lo bailable, tal como
sus recurrentes adaptaciones de Matinatta (Leoncavallo),
Rhapsody in Blue (Gershwin), "Granada" (Lara) y
Concierto de Varsovia (Addinsel). Por encima de todo
esto, sus famosos mosaicos se inspiran en la suite, un
género que vincula orgánicamente varios tipos de danzas
contrastantes que hacen sentir un baile lento por otro
más rápido, hasta lograr una forma musical
independiente. En lo que respecta al jazz, Swing con son
fue el primer tema con tinte jazzístico grabado en
Venezuela. Años más tarde, "Neurasténico" se
presta para que Manolo Monterrey ejercite un scat
singing, a imagen y semejanza de Louis Armstrong.
En pleno auge del cuatricentenario,
Billo fue uno de los pocos en cantarle a Caracas,
mientras que una nueva generación de músicos locales se
trasnochaba tratando de copiar a cuanto grupo de rock o
salsa se les atravesaba por el medio. Y así como aquel
reclamo amistoso a Torrealba en el "Mensaje a Juan
Vicente", a estas alturas debemos hacer lo propio
con muchos intérpretes, que por alguna extraña e
inconfesable razón siguen tan renuentes a interpretar la
música de Billo, y que al igual que algunos de nuestros
ancestros musicales, se limitan a copiar patrones
foráneos sin ningún tipo de fundamento. Es cierto que
Billo tomó prestadas múltiples referencias para su
fórmula musical, pero como buen alquimista, logró que
no se le notaran las costuras, regalándonos su sonido
inconfundible. En lo personal, su ejemplo ha sido uno de
tantos estímulos que han servido como para que asuma mis
propios riesgos en el laberinto de la música. Mi
producción disquera swing con son Alberto Naranjo &
Latin Jazz Big Band interpreta a Billo Frómeta (Obeso
& Pacanins 1996-002) lo atestigua. Por su parte, el
público venezolano le sigue agradeciendo a Billo's su
fórmula musical a través de varias generaciones, sin
contar con las que vienen. Solamente le falta el
reconocimiento de nuestros intérpretes. Hoy por ti,
mañana por mí Hay que recordar que los creadores no
necesitamos estatus ni condecoraciones póstumas,
solamente deseamos que nuestra obra siga siendo
interpretada y desarrollada después que emprendamos el
viaje eterno adonde quiera que sea.
Disfrute de la obra de Billo´s en
Real Audio:
Las
Muchachas de Caracas
La
pelota de Carey
Despedida
de la Orquesta
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