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Ciencia y Tecnología

Anal’tica mensual

La Autoridad

 

Dr. Gonzalo Himiob*

En sus estudios sobre el alma humana, Carlos Gustavo Jung, nos dice que hay dos actitudes con las cuales nos aproximamos al conocimiento y a la vida: la introversión y la extroversión. Con ello establece la base de su tipología. Nos dice entonces que hay personas a quienes guía un interés por el objeto, es decir, individuos cuya inclinación natural es su relación con el mundo externo, a estos los llamó Extrovertidos. Hay, en contraposición, otras personas cuya motivación es la exploración del mundo subjetivo, es decir, la exploración de las vivencias del mundo interior, a estos los llamó Introvertidos. Nos aclara el autor de que la existencia de una actitud predominante, en un sentido u otro, no significa que ambas tendencias no coexistan en todos los individuos, así en los introvertidos existe una actitud extrovertida subyacente que puede tomar el control en momentos, y viceversa.

Que tiene esto que ver con el título del presente ensayo: La Autoridad? Voy a tratar de poner en orden una serie de ideas sueltas y enmarcarlas en mi deformación profesional de analista Junguiano. Con ello estoy dando píe al diagnóstico tipológico, ya que como, predominantemente, introvertido, hago mis especulaciones desde adentro, es decir, desde mi subjetividad, con la torpeza de aquel para quien el mundo objetal es amenazante y desconocido. Sin embargo mi porción extrovertida me hace escribir en la esperanza de que alguien me léa, y pueda encontrar eco a mis ideas.

El diccionario de la Real Academia Española define Autoridad en la siguiente forma:

     

    Autoridad: (del Latín Autorítas ) f. Carácter o representación de una persona por su empleo, mérito o nacimiento.// 2. Potestad, facultad.// 3. Potestad que en cada pueblo ha establecido su constitución para que lo rija y gobierne, ya dictando leyes, ya haciéndolas obsevar, ya administrando justicia.// 4. Poder que tiene una persona sobre otra que le está subordinada.// 5. Persona revestida de algún poder, mando o magistratura.// 6. Crédito y fé que, por su mérito y fama, se dá a una persona o cosa en determinada materia.// 7. Ostentación, fausto, aparato.// 8. Texto, expresión o conjunto de expresiones de un libro o escrito, que se citan o alegan en apoyo de lo que se dice.

     

En el párrafo citado encontramos una gran variedad de definiciones. Ellas incluyen un increible polifacetismo que implica el mando o, si mejor se quiere, el polimorfismo del poder.

El poder se puede ejercer hacia afuera, es decir se ejerce un control sobre el objeto, es esta autoridad a la que estamos habituados. Ella la ejercen quienes gobiernan, bien sea en las altas esferas del estado o en las pequeñeces de la vida cotidiana, el la familia, en el trabajo, en la amistad, en el amor.

Las formas mediante las cuales a una persona se le otorga jerarquía son variadas, ellas van desde la autoridad de aquel o aquella, a quien, por tradición, le corresponde su ejercicio, por ejemplo, los reyes, los padres de familia, los mayores, etc.

Otra manera de ganar primacia es la de la razón, del conocimiento, del intelecto. Esta autoridad es practicada por los especialistas, los asesores, los expertos, a quienes se les atribuye un saber siuperior, y a quienes se debe oir para conocer su opinión y seguir sus consejos.

La tercera forma de poder es el ejercido por carisma, son aquellos individuos cuya personalidad emana una especie de magnetismo, alrededor de quienes se conglomeran las masas para escuchar su inspirada palabra. Este poder lo ejercen los grandes líderes, los profetas, los inspirados, los caudillos, etc.

Cada una de estas formas del ejercicio del mando van a ser, en sí mismas, puras, es decir no son ni buenas ni malas o por expresarlo más certeramente, tiene en sí la potencialidad de ser constructivas o destructivas. Es en la forma en la cual se ejercen que ellas van a constelizar su luz o su sombra.

Un líder tradicional se puede convertir en un tirano ó en un pusilánime. En la historia sobran los ejemplos en los cuales reyes, emperadores, padres de familia, a quienes el poder le correspondía por la herencia o por la tradición, que no supieron ejercerlo convirtiéndose en déspotas o entregando el mando por flojera o cobardía. En la otra cara de la moneda, la monarquía tradicional, como son los casos de España e Inglaterra, han permitido el ejercicio de una continuidad de gobierno, que facilita la terminación de planes a largo y mediano plazo, dificultando el "topo a todo" y la inmediatez que experimentamos en las democracias Latino-Americanas. La posibilidad de un cuerpo de gobierno que permanezca estable, mientras las estructuras formales y los actores cambian, podría ser una forma de ejercicio tradicional del poder con visión de servicio y continuidad. Ello podría, sin embargo, constelizar lo obscuro, y quienes ejercen el gobierno pueden aferrarse a las formas y métodos antiguos para el ejercicio del mismo. Sabemos que una de las características más notables de la decrepitud es la necesidad de atarse a las tradiciones y resistirse a cualquier idea nueva.

La autoridad racional también puede ser ejercida desde la sombra o desde la luz. Cuando un experto se aferra a sus teorías y las coloca por encima de cualquier reflexión atado por su razonamiento abstracto, puede convertirse en un tirano cibernético. En una de sus obras nos habla Jung de la peligroso que puede ser un "intelecto sin corazón y lo caótico de un corazón sin razón." El ejercicio del experto es desde la secundariedad del asesor. El experto debe conocer su lugar para aconsejar, promover y planificar la acción del ejecutor. La mitología nos habla de Prometeo, el titán que le dió el fuego al hombre, convirtiéndose así en el inspirador de la conciencia y de la ciencia. Pero Prometeo es, en su esencia, un traidor, no puede dejar de traicionar, es por ello que Zeus lo encadena a una roca con "Fuerza y Violencia," nos dice el mito que esos titanes del alma deben ser contenidos para evitar que destruyan lo que, con tanto esfuerzo, fué construido. Esta temática de la contención de las fuerzas de desmesura se repite en todas las mitologías, desde la épica de Gigamesh, que es el primer documento escrito de humanidad hasta nuestros días, cuando las personas y las democracias claman por el reordenamiento y el imperio de la ley que garanticen la paz, la seguridad, el trabajo y el pan. La tiranía reflexiva con frecuencia se ha hecho necesaria en el desarrollo de los seres humanos y de los pueblos, un padre que proveé seguridad, imponiendo límites racionales, puede esperar que sus hijos puedan, en el tiempo, ejercer su libertad.

Nos queda ahora hablar de la autoridad carismática, ella está fundamentada en la personalidad de quién la tiene. El carisma es un misterio, es una suerte de magnetismo irradiante que se dá en algunas personas, es un don. Conocemos líderes que poseen esta cualidad en su personalidad y que agrupan a su alrededor a grandes masas, las guían hacia su destino y canalizan fuerzas que en ocasiones han sido atribuidas a razones divinas, por ejemplo: Moises, guiando al pueblo Judio; Alejandro Magno, conquistando el mundo conocido de la antiguedad; Bolívar, liberando naciones: Ghandi, obteniendo la libertad de la India,etc., estos en polo positivo del espectro. En su contraparte: Atila, asolando el mundo occidental; Hitler, invadiendo Europa, desolándola y dejando tras sí un enorme rio de dolor, resentimiento y sangre; líderes religiosos que sumergen a sus seguidores en la estupidez fanática y los conduce al suicidio colectivo; Boves, que bañó en sangre el campo venezolano, el egocentrismo culto de Guzmán Blanco; los líderes políticos que, atentos solo a sus ideas y conveniencias, utilizan su don para interrumpir los procesos naturales de los pueblos, permitiendo que florezcan a su sombra los oportunistas y los indecentes; los Gurús y los charlatanes pertenecen también a este grupo.

El espacio dá para poco más, en una próxima comunicación escribiré sobre la autoridad interior, aquella que surge del gobierno y conocimiento que hacemos de nuestra mismidad.

Deseo terminar diciendo que el ejercicio de la autoridad requiere de las tres condiciones de carisma, conocimiento y tradición, con frecuencia ellas pueden parecer opuestas y es posible que en una sola persona no coincidan. Me parece que, sin ser un experto en la materia, a las puertas de la post-modernidad el individuo al servicio de la sociedad sin dejar de ser un sujeto pensante, debe ser capaz de comprometerse en el ejercicio del poder compartido. El equipo que ejerce el gobierno debe tener la fuerza que lo avala como el más capaz, el conocimiento necesario para la adecuada práctica de la administración y el magnetismo necesario que genere un compromiso de fé en quienes lo apoyan. Es decir, carisma, conocimiento e historia, así como capacidad para ejercer el poder sin miedo, deben coincidir en quienes estén al mando en cualquiera de los campos en donde la autoridad debe ser ejercida, la familia, el gobierno, la empresa.


*Tef: (02) 986 5757

Fax: (02) 987 9290

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