Una nueva alianza científica:
La biodiversidad y la biotecnología
Se estima que existen entre
unos doce a quince millones de especies vivientes en el planeta Tierra,
de las cuales apenas se han descrito un diez por ciento, es decir, de 1,2
a 1,5 millones de especies de animales, plantas, y microbios, terrestres
o acuáticos, que forman lo que se ha llamado la BioDiversidad(1). De todo
ese universo viviente e ignoto, por lo menos tres cuartas partes están,
precisamente, en la región tropical. O sea, aquí, en Venezuela,
Brasil, Ecuador, Colombia, Perú, y en latitudes similares de Asia
y África.
Esa BioDiversidad significa, entre otras cosas, recursos naturales renovables
que contienen sustancias no descubiertas y que potencialmente representan
grandes soluciones para la alimentación y la salud de no solamente
nuestra región, sino del mundo entero. De plantas que se dan en América
Latina han salido los medicamentos más poderosos para el paludismo
que jamás se hayan conocido (la quinina y sus derivados), o los caracteres
genéticos que hacen más rendidores a los cultivos de maíz,
o que le confieren a la papa la resistencia al hongo causante de la tragedia
irlandesa del siglo pasado. Del veneno de un tipo de serpiente amazónica
se extrajo un compuesto químico que le permitió a una multinacional
farmacéutica el desarrollo de un medicamento contra la hipertensión
arterial, reportándole a esa empresa más de un millardo de
dólares en ventas el año pasado. En los lechos coralinos de
nuestras costas se hallan cientos de miles de especies biológicas
aguardando ser descubiertas y caracterizadas para ofrecernos su cornucopia
de nuevos antibióticos, drogas contra el cáncer, y sustancias
que podrían mejorar sustancialmente la calidad de vida de nuestros
habitantes, y producir incontables riquezas para la región.
La BioDiversidad, sin embargo, involucra una gran paradoja para el desarrollo
de los países tropicales que la detentan, pues por una parte envuelve
ese enorme tesoro tan necesitado por toda la humanidad pero por la otra,
su propia explotación puede acabar irremediablemente esta riqueza
ecológica. Es más, la BioDiversidad global está seriamente
amenazada en virtud de las necesidades de una población que crece
continuamente (100 millones por año) y la destruye. Se estima que
cada diez años se pierden entre el 4 y el 12% de todas las especies
vivientes del planeta debido a la llamada erosión ecológica,
y se citan casos alarmantes como el del estado de Rondonia, en Brasil, que
perdió el 20% de sus bosques en apenas cinco años. Siguen
en la lista Guyana y Surinam quienes "negocian" sus bosques ante
firmas extranjeras. Para tener un ejemplo del contraste entre la biodiversidad
de los países tropicales y los templados baste mencionar como ejemplo
la población de mariposas, que ha sido estimada, en 7.500 especies
para Sudamérica y 3.600 para Africa, mientras que toda Norte América
posee apenas 750 especies. Un bosque tropical, por su parte, puede tener
hasta 240 especies de árboles por hectárea, mientras que en
los estados de Nueva Inglaterra, en Estados Unidos, no hay mas de veinte
y hay zonas de esa región con solo tres especies arbóreas.
No en vano, pues, se realizó la hoy famosa Convención de Río
de Janeiro, en 1992, que culminó con el Tratado de Biodiversidad
que firmaron más de un centenar de países.
¿Cómo, entonces, puede estudiarse y valorarse ese caudal
viviente para realizar su potencial sin amenazar su extinción, ni
la sobrevivencia misma de los necesitados habitantes de la región
tropical?. El esfuerzo es naturalmente mayúsculo, tan grande que
ningún país por más poderoso que sea está en
capacidad de realizarlo por solo, ni tampoco se puede preservar la biodiversidad
a través de la vía legislativa si no existen los sofisticadísimos
medios científico-tecnológicos para hacer cumplir tan novedosas
leyes. Obviamente que la respuesta es la colaboración mundial entre
los que poseen la mayor parte de esa biodiversidad, y los que dominan la
ciencia capaz de realizarla en bienes para la humanidad. Todo esto lo vimos
en la Fundación IDEA de la Universidad Simón Bolívar,
en un simposio realizado del 7 al 10 de enero, donde más de cincuenta
investigadores internacionales, dictaron cátedra ante unos 200 venezolanos
que atendieron el llamado a una conferencia sobre la biodiversidad y la
biotecnología.
Lo más impresionante, fue descubrir que la llamada "cornucopia
natural" no actúa sola en la curación de enfermedades
sino a través de acciones múltiples, sinérgicas, de
muchos componentes con propiedades terapéuticas que se encuentran
en los extractos o jugos de las plantas, o en los microorganismos. Esto
es exactamente lo contrario a la industria farmacéutica moderna con
sus drogas reduccionistas, singulares, con efectos curativos específicos.
Nos hemos acostumbrado a las llamadas drogas "milagrosas" para
un sinnúmero de enfermedades que van desde el cáncer pasan
por las crónicas como la artritis y la diabetes, hasta llegar a las
infecciosas como el SIDA, y la hepatitis. Pero la naturaleza no actúa
así y quizás sea por ello que solo el 20% de la población
sea la que usa o "disfruta" de las medicinas farmacéuticas.
El pobre acude a las "yerbas", pero detrás de estas hay
todo un universo curativo que ahora se quiere explotar sistemáticamente.
Para que veamos como se hace este esfuerzo mayúsculo y global
de las empresas de biotecnología de los Estados Unidos y las grandes
multinacionales farmacéuticas, analicemos el caso de una pequeña
compañía como Diversa, y luego el de un gigante como
American Cyanamid. La primera, hace exploraciones mundiales mediante
convenios internacionales, clasifica el material y luego, en lugar de buscar
productos naturales que actúen sobre algo, extrae todo el ADN de
suelos, lodos, plantas, microbios que crecen a 100º C, o lo que sea
que hayan recogido, para transformarlo en clones que expresen su
información genética en bacterias u otros microbios. De esos
bioreactores hacen "evolución dirigida" es decir,
que cultivan las bacterias transformadas genéticamente en condiciones
tales que favorezcan la aparición del gen más apto a sus
fines comerciales que son los usos industriales de enzimas resistentes
al calor. Total, que la evolución de miles de años les proporciona
a Diversa un repertorio de moléculas naturales (enzimas) para
producir prácticamente cualquier tipo de detergentes, nuevos alimentos,
fármacos, y pare usted de contar.
American Cyanamid, por su parte, usa también una estrategia
muy interesante, y en la exposición científica se mostraron
fotos de exploradores a bordo de una curiara en pleno río Orinoco,
sí, aquí mismito en Venezuela. Esta vez, buscando arbustos,
ramas, hojas, flores, hongos, para llevarlos a un instituto de biotecnología
en... ¡Ucrania!, país con mano de obra calificada y barata
donde ya poseen una supercolección de miles de plantas debidamente
clasificadas provenientes del mundo entero. Los de Cyanamid luego
usan sus modernísimos robots para hacer ensayos biológicos
con los productos extraídos de la preciosa colección "ucraniana".
No esta mal, ¿no?.
Todo esto podría hacer pensar al lector que somos sujetos pasivos
de una nueva explotación, pero no es exactamente así. Los
nuevos exploradores han establecido contratos de beneficio mutuo en los
países donde intervienen, solo que la poca infraestructura de conocimiento
de estos últimos los limita seriamente en el provecho que puedan
sacar de tales asociaciones. Es por ello que en el caso de Venezuela, por
ejemplo, hacen falta más conferencias y reuniones como la del IDEA,
y más apoyo del Estado como ahora lo hizo Conicit- para establecer
una infraestructura de vinculación y captación tecnológica
que nos permita ser verdaderos socios en la explotación sostenible
de una inmensa riqueza que nos pertenece y que aún ni siquiera hemos
visto.
1 Se entiende como BioDiversidad todas las variaciones
hereditarias en los distintos niveles de organización biológica,
desde los caracteres genéticos de una especie hasta todas las especies
juntas de los ecosistemas que integran al mundo (E. Wilson, Biodiversity
II, Joseph Henry Press, 1994). También se habla de Diversidad
Genética, que es "la manifestación de la variabilidad
genética que caracteriza a los individuos que pertenecen a una misma
especie, tanto si esta existe como un grupo único con interfecundación,
como bajo la forma de un cierto número de poblaciones, cepas, líneas,
razas o subespecies." (A. Sasson, La Alimentación del Hombre
del Mañana, UNESCO, 1993).
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