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Ciencia y Tecnología

Anal’tica mensual

Una nueva alianza científica: La biodiversidad y la biotecnología

Rafael Rangel Aldao*

Se estima que existen entre unos doce a quince millones de especies vivientes en el planeta Tierra, de las cuales apenas se han descrito un diez por ciento, es decir, de 1,2 a 1,5 millones de especies de animales, plantas, y microbios, terrestres o acuáticos, que forman lo que se ha llamado la BioDiversidad(1). De todo ese universo viviente e ignoto, por lo menos tres cuartas partes están, precisamente, en la región tropical. O sea, aquí, en Venezuela, Brasil, Ecuador, Colombia, Perú, y en latitudes similares de Asia y África.

Esa BioDiversidad significa, entre otras cosas, recursos naturales renovables que contienen sustancias no descubiertas y que potencialmente representan grandes soluciones para la alimentación y la salud de no solamente nuestra región, sino del mundo entero. De plantas que se dan en América Latina han salido los medicamentos más poderosos para el paludismo que jamás se hayan conocido (la quinina y sus derivados), o los caracteres genéticos que hacen más rendidores a los cultivos de maíz, o que le confieren a la papa la resistencia al hongo causante de la tragedia irlandesa del siglo pasado. Del veneno de un tipo de serpiente amazónica se extrajo un compuesto químico que le permitió a una multinacional farmacéutica el desarrollo de un medicamento contra la hipertensión arterial, reportándole a esa empresa más de un millardo de dólares en ventas el año pasado. En los lechos coralinos de nuestras costas se hallan cientos de miles de especies biológicas aguardando ser descubiertas y caracterizadas para ofrecernos su cornucopia de nuevos antibióticos, drogas contra el cáncer, y sustancias que podrían mejorar sustancialmente la calidad de vida de nuestros habitantes, y producir incontables riquezas para la región.

La BioDiversidad, sin embargo, involucra una gran paradoja para el desarrollo de los países tropicales que la detentan, pues por una parte envuelve ese enorme tesoro tan necesitado por toda la humanidad pero por la otra, su propia explotación puede acabar irremediablemente esta riqueza ecológica. Es más, la BioDiversidad global está seriamente amenazada en virtud de las necesidades de una población que crece continuamente (100 millones por año) y la destruye. Se estima que cada diez años se pierden entre el 4 y el 12% de todas las especies vivientes del planeta debido a la llamada erosión ecológica, y se citan casos alarmantes como el del estado de Rondonia, en Brasil, que perdió el 20% de sus bosques en apenas cinco años. Siguen en la lista Guyana y Surinam quienes "negocian" sus bosques ante firmas extranjeras. Para tener un ejemplo del contraste entre la biodiversidad de los países tropicales y los templados baste mencionar como ejemplo la población de mariposas, que ha sido estimada, en 7.500 especies para Sudamérica y 3.600 para Africa, mientras que toda Norte América posee apenas 750 especies. Un bosque tropical, por su parte, puede tener hasta 240 especies de árboles por hectárea, mientras que en los estados de Nueva Inglaterra, en Estados Unidos, no hay mas de veinte y hay zonas de esa región con solo tres especies arbóreas. No en vano, pues, se realizó la hoy famosa Convención de Río de Janeiro, en 1992, que culminó con el Tratado de Biodiversidad que firmaron más de un centenar de países.

¿Cómo, entonces, puede estudiarse y valorarse ese caudal viviente para realizar su potencial sin amenazar su extinción, ni la sobrevivencia misma de los necesitados habitantes de la región tropical?. El esfuerzo es naturalmente mayúsculo, tan grande que ningún país por más poderoso que sea está en capacidad de realizarlo por solo, ni tampoco se puede preservar la biodiversidad a través de la vía legislativa si no existen los sofisticadísimos medios científico-tecnológicos para hacer cumplir tan novedosas leyes. Obviamente que la respuesta es la colaboración mundial entre los que poseen la mayor parte de esa biodiversidad, y los que dominan la ciencia capaz de realizarla en bienes para la humanidad. Todo esto lo vimos en la Fundación IDEA de la Universidad Simón Bolívar, en un simposio realizado del 7 al 10 de enero, donde más de cincuenta investigadores internacionales, dictaron cátedra ante unos 200 venezolanos que atendieron el llamado a una conferencia sobre la biodiversidad y la biotecnología.

Lo más impresionante, fue descubrir que la llamada "cornucopia natural" no actúa sola en la curación de enfermedades sino a través de acciones múltiples, sinérgicas, de muchos componentes con propiedades terapéuticas que se encuentran en los extractos o jugos de las plantas, o en los microorganismos. Esto es exactamente lo contrario a la industria farmacéutica moderna con sus drogas reduccionistas, singulares, con efectos curativos específicos. Nos hemos acostumbrado a las llamadas drogas "milagrosas" para un sinnúmero de enfermedades que van desde el cáncer pasan por las crónicas como la artritis y la diabetes, hasta llegar a las infecciosas como el SIDA, y la hepatitis. Pero la naturaleza no actúa así y quizás sea por ello que solo el 20% de la población sea la que usa o "disfruta" de las medicinas farmacéuticas. El pobre acude a las "yerbas", pero detrás de estas hay todo un universo curativo que ahora se quiere explotar sistemáticamente.

Para que veamos como se hace este esfuerzo mayúsculo y global de las empresas de biotecnología de los Estados Unidos y las grandes multinacionales farmacéuticas, analicemos el caso de una pequeña compañía como Diversa, y luego el de un gigante como American Cyanamid. La primera, hace exploraciones mundiales mediante convenios internacionales, clasifica el material y luego, en lugar de buscar productos naturales que actúen sobre algo, extrae todo el ADN de suelos, lodos, plantas, microbios que crecen a 100º C, o lo que sea que hayan recogido, para transformarlo en clones que expresen su información genética en bacterias u otros microbios. De esos bioreactores hacen "evolución dirigida" es decir, que cultivan las bacterias transformadas genéticamente en condiciones tales que favorezcan la aparición del gen más apto a sus fines comerciales que son los usos industriales de enzimas resistentes al calor. Total, que la evolución de miles de años les proporciona a Diversa un repertorio de moléculas naturales (enzimas) para producir prácticamente cualquier tipo de detergentes, nuevos alimentos, fármacos, y pare usted de contar.

American Cyanamid, por su parte, usa también una estrategia muy interesante, y en la exposición científica se mostraron fotos de exploradores a bordo de una curiara en pleno río Orinoco, sí, aquí mismito en Venezuela. Esta vez, buscando arbustos, ramas, hojas, flores, hongos, para llevarlos a un instituto de biotecnología en... ¡Ucrania!, país con mano de obra calificada y barata donde ya poseen una supercolección de miles de plantas debidamente clasificadas provenientes del mundo entero. Los de Cyanamid luego usan sus modernísimos robots para hacer ensayos biológicos con los productos extraídos de la preciosa colección "ucraniana". No esta mal, ¿no?.

Todo esto podría hacer pensar al lector que somos sujetos pasivos de una nueva explotación, pero no es exactamente así. Los nuevos exploradores han establecido contratos de beneficio mutuo en los países donde intervienen, solo que la poca infraestructura de conocimiento de estos últimos los limita seriamente en el provecho que puedan sacar de tales asociaciones. Es por ello que en el caso de Venezuela, por ejemplo, hacen falta más conferencias y reuniones como la del IDEA, y más apoyo del Estado –como ahora lo hizo Conicit- para establecer una infraestructura de vinculación y captación tecnológica que nos permita ser verdaderos socios en la explotación sostenible de una inmensa riqueza que nos pertenece y que aún ni siquiera hemos visto.

1 Se entiende como BioDiversidad todas las variaciones hereditarias en los distintos niveles de organización biológica, desde los caracteres genéticos de una especie hasta todas las especies juntas de los ecosistemas que integran al mundo (E. Wilson, Biodiversity II, Joseph Henry Press, 1994). También se habla de Diversidad Genética, que es "la manifestación de la variabilidad genética que caracteriza a los individuos que pertenecen a una misma especie, tanto si esta existe como un grupo único con interfecundación, como bajo la forma de un cierto número de poblaciones, cepas, líneas, razas o subespecies." (A. Sasson, La Alimentación del Hombre del Mañana, UNESCO, 1993).


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