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Sociedad Civil

Analítica mensual

Retos y Perspectivas

Mireya Vargas*

Venezuela es un país de enormes contrastes. Por un lado una fuerte economía petrolera en crecimiento a causa de la apertura a capitales internacionales, con una larga tradición democrática de casi cuarenta años, y, por otra, la más profunda desigualdad social que sume a más de la mitad de la población en una dramática situación de pobreza e inequidad.

La riqueza generada por la economía no se traduce en bienestar para los casi 24 millones de habitantes del país, lo que se observa en la deteriorada situación de los indicadores económicos y sociales, que nos muestran cifras tales como 103.5% de inflación, un desempleo cercano al 14%, combinado con un sector informal creciente que alcanza al 48% de la población económicamente activa, acompañado por cifras importantes de bajos niveles educativos, graves problemas de salud, vivienda y servicios sociales ineficientes.

El creciente viraje planteado por el presidente Caldera en la Agenda Venezuela incluye algunos programas sociales que no llegan a conformarse como política social del Estado, y sólo han sido eficientes en generar algo de compensación ante el impacto de ajuste.

Esta situación difícil que data del 89 -año del primer ajuste-, ha sido también una oportunidad para el nacimiento y crecimiento de las organizaciones de desarrollo social (ODS) en Venezuela, país donde el tamaño del Estado, propietario del petróleo (generador del 85% del ingreso nacional), había distribuido bienestar, mermando la necesidad y capacidad de la sociedad civil de organizarse.

La década de los noventa ha significado también enormes contrastes, pues aunque se ha incrementado el deterioro de la calidad de vida de la mayor parte de la población, también ha florecido un tejido social rico, voluntario, más profesional y diverso, que aprende rápidamente de otras experiencias latinoamericanas y que ha nacido en la descentralización, la escasez y con el resto de la autosostenibilidad.

Nuevas Tendencias y cambios en la sociedad civil venezolana

Venezuela ha estado signada en los últimos años por acentuados cambios en el sistema político, económico y social, lo que ha marcado definitivamente el rumbo de la sociedad civil.

El país ha vivido un marcado proceso de descentralización político-administrativa que ha puesto sobre el tapete el desarrollo local y los liderazgos regionales en procesos de desarrollo. En este escenario, la sociedad civil local se ha multiplicado numéricamente y han proliferado iniciativas asociadas al municipio o a la entidad federal, donde el espacio público es un espacio compartido por actores diversos -empresas y gobiernos locales, ODS, agencias de cooperación- quienes corresponsablemente definen la orientación del desarrollo local y su operacionalización a largo plazo.

En estos nuevos escenarios el sector empresarial comienza a jugar un nuevo liderazgo frente al desgastado liderazgo del gobierno, introduciendo novedosos conceptos de inversión social, dividendos sociales, responsabilidad social y empresariado social. Aunque numéricamente reducida, la participación del empresariado grande, pequeño y mediano, sobre todo nacional, cobra cada vez mayor importancia en cuanto a la transferencia tecnológica, estilo gerencial y modelaje en la producción de resultados, así como en la inversión de importantes recursos que tímidamente comienza a realizar.

Los años 90 han presenciado un crecimiento inusitado de las ODS dentro de la sociedad civil, que a lo interno muestra una mayor orientación al trabajo asociativo en redes temáticas o coordinadoras. Aunque débil en su tejido organizativo y en su experiencia, la sociedad civil venezolana -joven, atomizada y emergente-, es una sociedad civil abierta al diálogo y al aprendizaje globalizado.

En estos escenarios se observan nuevas tendencias dentro de la sociedad civil:

  • una tendencia creciente a la profesionalización de su gestión social y de su capacidad institucional para consolidarse como tejido social;
  • un acelerado crecmiento del sector ciudadano organizado, altamente participativo, que busca asumir el liderazgo para producir sus propias respuestas de pobreza;
  • un crecimiento inusitado del sector voluntario, desde empresas (voluntariado corporativo) y desde la ciudadanía no organizada, que buscan aportar recursos humanos, técnicos o financieros a la población vulnerable o en pobreza;
  • una apertura al trabajo en alianzas con actores no tradicionales -el gobierno, las empresas, otras ODS-, con una orientación al desarrollo local;
  • una búsqueda incesante de acceso a la información y actualización tecnológica, para captar oportunidades y recursos, conocimientos y tecnologías sociales, asociaciones, en fin, todo aquello que le permita una actualización permanente;
  • una orientación a la autosostenibilidad -Venezuela por su connotación petrolera ha sido objeto de muy poca ayuda externa-, combinando variados mecanismos para captar recursos de variada índole o generar recursos propios vía iniciativas productivas, manejos financieros innovadores, asociaciones estratégicas, etc.;
  • un interés creciente por ganar espacios públicos, incidir en política social y en los marcos regulatorios que merman los procesos de participación democrática y las prácticas ciudadanas.

Tamaño y Características de las ODS

Podemos señalar las siguientes:

  • Geográficamente tienen una mayor concentración hacia el norte del país (donde se concentra el 80% de la población), con énfasis en la zona centro occidental. La zona oriental es una zona que muestra un crecimiento vertiginoso del número de grupos y organizaciones de la sociedad civil, siendo numéricamente mayor a los grupos de base o comunitarios que están surgiendo en zonas rurales o semi-urbanas.
  • La mayor proporción de las ODS dentro de la sociedad civil se dedican al área de la educación como principal actividad (21% de las inventariadas), con énfasis en población infantil y juvenil, seguidas de las que se dedican al tema de salud, economía popular (microempresas, cooperativas), vivienda y hábitat, desarrollo rural, derechos humanos, género, cultura y ambiente. En todos los casos se privilegia el componente formativo para la participación y la organización comunitaria, así como un énfasis en desarrollo local.
  • Las poblaciones atendidas a través de las diversas actividades son fundamentalmente niños, jóvenes y mujeres, población urbana (más del 85% de la población venezolana vive en centros poblados urbanos o semi-urbanos) y grupos minoritarios, a saber, población indígena.

Nuevas Tendencias y Retos

Nuevos retos se imponen a la sociedad civil venezolana, y dentro de ella a las ODS. Ellos tienen que ver con las siguientes áreas:

  • Crecimiento y desarrollo institucional: ello implica un crecimiento cuantitativo y cualitativo del sector con tendencia a una mayor solidez institucional.
  • Mayor impacto y profesionalización de su gestión social: significa profundizar el mejoramiento del recurso humano y la capacidad técnica instalada para producir resultados en calidad de vida entre la población de escasos recursos.
  • Alianzas estratégicas y asociacionismo: mayor y mejores alianzas inter e intrasectorial.
  • Orientación a la autosostenibilidad y ampliación de la base de recursos: implica innovación en las fuentes y mecanismos de acceso, orientándose a la producción de los propios recursos vía servicios o actividades productivas.
  • Regionalización y crecimiento virtual: significa la incorporación a iniciativas regionales y alcanzar un nivel importante de tecnología en comunicación virtual para incorporarse a estas iniciativas.
  • Visibilidad e impacto en definición de políticas públicas: supone el reto de mostrar resultados, solidez como sector y relevancia a efectos de la definición de políticas públicas, incidiendo claramente en agendas de diversos actores.
  • Legislación y participación democrática: impone la lucha por espacios legales que garanticen la participación organizada y favorezca la canalización de recursos o la negociación de iguales.
  • Autorregulación: tiene que ver con mostrar resultados, con el control por el manejo transparente de los recursos, por la veeduría de las asociaciones dentro de la sociedad civil.

Estos, entre muchos otros retos, muestran tendencias a una mayor presencia y protagonismo de la sociedad civil, en un mundo altamente interactivo y complementario.

*(Directora General de SOCSAL)

 

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