| Bases
para un Modelo de Crecimiento, Empleo y Bienestar Gabinete
de la Oposición
UNIÓN CÍVICA DEMOCRATICA
Claudio
Sánchez
INTRODUCCIÓN
El
Gabinete de la Oposición sienta en este
documento las bases de una política económica
destinada al crecimiento con equidad.
El texto recoge definiciones, ideas y
proyectos de distintos órganos de la Unión
Cívica Democrática.
Sobre la base de este documento, la democracia
iniciará discusiones en busca de un consenso que
dé amplio sustento social a una política capaz
de desarrollar la capacidad productiva del país
y, al mismo tiempo, proveer a una organización
social más justa.
Internamente, el documento será sometido a
una discusión pormenorizada con el fin de
expandir y perfeccionar cada propuesta,
incorporar otras iniciativas, interralacionar el
proyecto económico con proyectos de otras áreas
y avanzar en el diseño de instrumentos para la
oportuna ejecución de las políticas planteadas.
En esa tarea participará activamente el
propio Gabinete de la Oposición. Sus distintos
ministerios y secretarías cada uno
contribuyendo a la propuesta económica desde el
punto de vista de su áreatrabajarán junto
con el Jefe de Gabinete y el Ministerio de
Economía de la Oposición. La Secretaría de
Industria y Comercio Exterior ya ha diseñado y
someterá a consideración un documento en el
cual desarrolla la Estrategia Industrial
Exportadora. La Secretaría de Planeamiento
incorporará, a lo largo de este año, distintos
proyectos de políticas públicas, y definirá
prioridades nacionales.
Simultáneamente se promoverá la discusión
en: una Convención Nacional, en la cual están
representados todos los estados y el Distrito
Federal; el Comité Nacional, integrado por
delegados de cada uno de los estados y el
Distrito Federal, Juventud y Trabajadores
Demócratas; las distintas comisiones técnicas
del Comité Nacional; el Comité Federal,
integrado por las autoridades de la UCD en los
veinte estado y dependencias del país; la
Comisión de Acción Política; el Instituto de
Relaciones Internacionales.
Se consultará también a todos quienes
ejercen responsabilidades de gobierno o
legislativas en representación de la democracia:
Bloque de diputados nacionales de la UCD.
Bloque de senadores nacionales de la UCD.
Gobiernos estatales de la UCD y de alianzas
formadas por la UCD.
Foro de Intendentes y Concejales
Democráticos.
- Bloques de legisladores estatales de la
UCD en todas los estados donde la
democracia tiene representación
legislativa.
Asimismo, se recabará la opinión de:
Fundaciones y centros de estudio
democráticos.
Equipos profesionales democráticos.
Al mismo tiempo que se realice este ejercicio
interno de ampliación, complementación e
instrumentación, se iniciarán las
conversaciones con otros partidos políticos,
sectores empresarios y gremiales, organizaciones
no gubernamentales, la Iglesia y otras
organizaciones religiosas, universidades,
consejos profesionales, economistas y expertos en
distintas especialidades.
El objetivo será identificar:
1. Coincidencias, a fin de formar un mínimo
común denominador, profundizar propuestas, sacar
de la discusión todos los aspectos en los cuales
exista consenso y poner en marcha iniciativas
comunes.
2. Disidencias, a fin de removerlas y, si esto
no es posible, acotarlas.
El resultado debe ser un proyecto de amplia
base social, que oriente a la economía nacional
hacia un desarrollo equitativo, otorgando al
país la previsibilidad y credibilidad de largo
plazo que imperiosamente necesita.
Credibilidad de largo plazo
Para desarrollar su economía, crear empleo y
lograr mejores condiciones de vida, Venezuela
necesita:
un fuerte aumento del ahorro
interno
+
inversiones productivas,
continuadas
y a gran escala.
El ahorro y la inversión productiva dependen
de la credibilidad de la economía en el largo
plazo.
El inversionista toma riesgos controlados.
Invierte sólo en aquellos lugares donde es
razonable esperar condiciones favorables en el
tiempo que va: desde: el momento de invertir
hasta: el momento de recuperar el capital y
obtener la ganancia.
En el caso de las inversiones financieras, ese
tiempo puede ser muy breve: un año, unos pocos
meses, días. Todo lo que necesita el
inversionista financiero es seguridad sobre la
estabilidad de las reglas de juego durante ese
año, esos meses o esos días.
En el caso de las inversiones productivas, el
tiempo es muy largo. Una inversión productiva se
recupera en años. Para establecer hoy una
industria en Venezuela, hay que tener confianza
en que, hacia el 2001, ó el 2006, Venezuela
proveerá un buen soporte a esa industria.
Por eso, los requisitos de quien realiza una
inversión productiva son distintos de los que
tiene un inversionista financiero. A éste, sólo
le importa que las condiciones actuales se
mantengan un tiempo más: el poco que él
necesita para retirarse de este mercado si fuera
necesario.
La inversión productiva, en cambio,
necesita que se le garantice:
1. Seguridad jurídica.
El inversionista industrial necesita el
respaldo de leyes sancionadas en debida forma,
sin vicio legal alguno. No le sirve la
discrecionalidad del gobernante ocasional, porque
la sabe reversible. Requiere un soporte legal
duradero. Idealmente, aspirará a que su
inversión esté respaldada por leyes surgidas de
un consenso social; no por decretos o leyes
impuestas por una mayoría exigua y
circunstancial, ya que los decretos y las leyes
así sancionadas quedan bajo riesgo de
modificación o abrogación apenas cambie la
relación de fuerzas política.
Ese inversionista aspira, por otro lado, a una
administración pública exenta de corrupción.
Las administraciones corruptas no ofrecen
garantía de estabilidad y congruencia.
Asimismo, ese inversionista pretenderá una
justicia independiente; no una justicia
subordinada al gobierno de cada momento,
errática y desconfiable.
2. Estabilidad permanente.
Quien invierte en una industria, la cual
comenzará a producir dentro de un tiempo y
devolverá la inversión mucho más tarde, no se
conforma con saber que "hoy" tenemos
estabilidad, o que la habrá "mientras"
se aplique determinado plan, o "hasta
tanto" no cambien las circunstancias
políticas. Ese inversionista necesita saber que
cualquiera sea el gobierno, y cualquiera su
política económica Venezuela defenderá
activamente el valor de su moneda.
Esa garantía sólo la tendrá si, además de
un compromiso de todas las fuerzas políticas con
la disciplina fiscal, existen instituciones que
garanticen la independencia del poder emisor
respecto de los gobiernos de turno.
3. Cohesión social.
Un ambiente social inestable es poco propicio
para la inversión. El desempleo masivo, las
desigualdades irritantes, los ingresos
insuficientes, provocan tensiones sociales.
Pobreza e injusticia convierten a cualquier
sociedad en una caldera y crean incertidumbre
sobre su futura estabilidad política y social.
El progreso social y la equidad, que son
imperativos morales, también son requisitos del
éxito económico en el largo plazo.
4. Capital humano.
Con la irrupción en el mercado mundial de un
país como China (casi 1.200 millones de
habitantes y un ingreso per capita inferior a los
500 dólares anuales) es imposible, para un país
como Venezuela, plantearse una estrategia de
desarrollo económico centrada en la mano de obra
barata.
Aun un país como la India (900 millones de
habitantes, 750 dólares per capita) encuentra
dificultades para organizar su participación en
el mercado mundial sobre la base de productos
mano de obra intensivos.
La estrategia venezolana debe partir de
actividades de tecnología intermedia. Esas
actividades requierenademás de
investigación y facilidades científicas y
técnicas trabajadores calificados,
fácilmente adaptables a innovaciones y
condiciones de producción cambiantes.
Eso, a la vez, obliga a dar un gran impulso a
la educación pública, formal e informal. La
inversión en capital humano es la más
importante que pueda hacer nuestra economía.
5. Oportunidades.
Toda inversión se decide en función de:
La relación costo/beneficio. El retorno debe
ser suficiente, y darse al ritmo necesario para
que la inversión sea recuperada en un tiempo
razonable y provea una utilidad mínima
suficiente. En ese caso, la relación
costo/beneficio es positiva. Una relación
positiva es condición necesaria para atraer
inversiones.
El costo de oportunidad. La relación
costo/beneficio positiva es necesaria pero puede
no ser suficiente.
La situación se da cuando al inversionista
tiene alternativas que le ofrecen un
recuperación más rápido o una utilidad
superior. En ese caso, si el inversionista
hiciera la inversión menos favorable, dejaría
de percibir el beneficio mayor, ofrecido por la
inversión más favorable; pagaría, así, un
costo de oportunidad.
En la búsqueda de inversión, cada economía
compite con otras. La más exitosa es la que
mejor resiste el análisis del costo de
oportunidad.
La Venezuela actual compite consigo misma:
dado el alto "riesgo país"
derivado de la incertidumbre de largo
y existiendo una política económica que depende
dramáticamente del influjo de capitales, el
rendimiento de la inversión financiera es mucho
mayor que el de la inversión productiva.
Para promover la inversión productiva, el
Estado debe adoptar medidas que disminuyan el
"riesgo país", al mismo tiempo que:
reducir costos y crear las condiciones que
aseguren beneficios iguales o superiores a los
sostenibles mediante inversiones alternativas. El
mercado interno, por sí sólo, ofrece limitadas
posibilidades de un beneficio suficiente para
atraer grandes inversiones industriales. Es
necesario, por lo tanto, considerar el mercado
mundial, y crear o reforzar en distintos
rubros condiciones que conviertan a
Venezuela en un emplazamiento apto para producir
bienes exportables.
Eso requiere fijar prioridades y adoptar
políticas activas perdurables.
El "modelo" aplicado por el gobierno
consiste en mantener una estabilidad provisoria
(dependiente de un plan o un ministro
determinados) y atraer capital financiero
(inversiones de corto plazo).
Lo que estamos proponiendo es un giro de
180 grados.
La estrategia que hoy presentamos tiende a
asegurar la estabilidad permanente y la
inversión productiva.
Lo que acabamos de enumerar son las
condiciones necesarias para aplicar esa
estrategia, la cual depende de la confianza de
los inversionista a largo plazo.
Hoy día no se cumple ninguno de esos
requisitos:
En vez de promover la seguridad jurídica, el
gobierno crea inseguridad. En nombre de una
supuesta "eficacia", afecta la
legalidad. Ignora frecuentemente la división de
poderes. Legisla por decreto. Fuerza la sanción
de leyes sin consenso entre los propios
legisladores oficialistas. Interfiere en el Poder
Judicial. Esto preocupa especialmente al
inversionista industrial, cuyo riesgo no se
limita a unas pocas semanas.
En vez de proveer a la estabilidad permanente,
promoviendo un sistema legal e instituciones que
aseguren para el futuro una moneda sana (gobierne
quien gobierne), el oficialismo se muestra
autocomplaciente, pasivo ylo más
peligrosoocupado en crear temor a todo
cambio. El propio gobierno sugiere,
continuamente, que su política es la
"única" que puede asegurar
estabilidad, y el Ministro de Economía es
exhibido como el "garante" de esa
estabilidad. El mensaje es desalentador para
cualquier inversionista a largo plazo: es el
gobierno venezolano quien le está diciendo que,
en Venezuela, la estabilidad depende de un plan
de coyuntura o de la permanencia de una persona.
Esto es falso y causa un serio daño a nuestras
perspectivas económicas.
En vez de proveer a la cohesión social, el
gobierno ha favorecido la concentración
económicacausando tanto desequilibrios
regionales como disparidades sociales
irritantes y ha provocado un desempleo
histórico. Ni la privatización ni la apertura
comercial fueron acompañadas por medidas capaces
de contrarrestar su previsible efecto sobre el
empleo. El gobierno creyó que, hasta cierto
punto, el desempleo ayudaría a reducir el costo
salarial y asegurar flexibilidad laboral. Esto,
unido a una política que ha hecho desertar al
Estado de funciones sociales primarias, crea
pobreza y marginalidad, abriendo dudas sobre la
estabilidad social.
En vez de realizar una fuerte inversión en
capital humano, el gobierno se ha desentendido de
la escuela pública, no ha otorgado suficiente
prioridad presupuestaria a la educación y ha
impedido el desarrolloademás de destruir
partes del sistema de investigación
científica.
En vez de mejorar substancialmente la
relación costo/beneficio y propender a que el
costo de oportunidad favorezca la inversión de
largo plazo, el gobierno está preocupado por
obtener créditos para cubrir baches fiscales
resultado de su incapacidad para llevar
adelante una real reforma del Estado y
justificar su pasividad. No reduce los costos
impositivos, no promueve una reforma financiera
que baje el costo del dinero, no impide la
formación de precios monopólicos que encarecen
bienes y servicios varios. La privatización ha
producido bajas en algunos rubros, como energía
eléctrica y puertos, pero fuertes subas en otros
servicios. El costo que ha merecido la mayor
atención del gobierno es el laboral, que puede
reducirse eliminando impuestos al trabajo no
beneficiosos para el trabajador; pero que, aun
así, no podría ser el eje de la política de
reducción de costos en una economía cuyas
potenciales ventajas competitivas están en los
sectores de tecnología intermedia, no en los
"mano de obra intensivos."
Nuestra propuesta supone fuertes cambios en la
orientación de la economía. Aspiramos a lograr
un amplio consenso social, que impela al gobierno
a producir esos cambios.
Las bases que hoy presentamos serán
presentadas a las distintas fuerzas políticas,
organizaciones empresarias, instituciones y
entidades civiles y gremiales, así como a los
medios de comunicación.
La UCD llama a poner la atención colectiva en
el largo plazo, y a crear confianza duradera.
Para esto, es indispensable que las fuerzas
políticas con capacidad potencial de gobernar a
partir de 1998junto con los sectores
políticos, económicos y sociales de cuyo apoyo
dependerá cualquier futuro gobierno
busquen coincidencias mínimas y ofrezcan, así,
seguridad a la inversión productiva.
El inversionista industrial que invierta en
Venezuela bajo el actual gobierno, sabe que no
recuperará su capital sino bajo el próximo
gobierno. Esto es así porque a este gobierno le
quedan sólo 45 meses: un plazo exiguo para la
amortización de la clase de inversiones que el
país necesita.
La democratización está dispuesta a iniciar,
ya mismo, en Venezuela y el extranjero, esfuerzos
para atraer capital productivo.
Lo hará exponiendo sus planes y
comprometiéndose a promover (y asegurar una vez
en el gobierno) la seguridad jurídica, la
estabilidad permanente, la cohesión social, el
capital humano y las oportunidades para irrumpir
exitosamente, desde Venezuela, en el mercado
mundial.
Moneda sana
El objetivo de la política económica debe
ser el crecimiento sostenido no
inflacionario.
La disciplina fiscal es indispensable a fin de
asegurar la estabilidad.
En el largo plazo, la disciplina fiscal no
puede depender de la permanencia de recursos
transitorios. Hace falta un sistema legal e
instituciones que aseguren esa disciplina, con
políticas varias y gobiernos de diferente signo.
La clave consiste en impedir el financiamiento
monetario del déficit fiscal. El gobierno no
debe tener la posibilidad de cubrir necesidades
fiscales con emisión. La administración y los
entes públicos no deben tener la facilidad de
recurrir al Banco Central para financiarse, ni
gozar de acceso privilegiado a los mercados
financieros. Esas restricciones aseguran la
disciplina.
Los instrumentos para imponer tales
restricciones son varios y su aplicabilidad
cambia según las circunstancias. A partir de
1991, Venezuela no alcanzó una relativa
disciplina fiscal a través de un mecanismo
transitorio: una "caja de conversión",
que implica inmovilizar las reservas del país
para dar respaldo al peso porque éste, por sí
solo, no genera confianza.
Ese mecanismo transitorio deberá ser
reemplazado oportunamente por mecanismos
definitivos. Una posibilidad es la creación de
una autoridad monetaria autónoma, que regule la
circulación monetaria y la dotación de crédito
con el fin de preservar el valor de la moneda.
En todo caso, lo importante es lograr consenso
social sobre el objetivo. La discusión sobre los
instrumentos debe encararse de manera
pragmática. La rigidez y el dogmatismo, que
llevan a sacralizar un instrumento, suelen tender
trampas de las cuales es difícil salir.
Teniendo en cuenta la necesidad de crear
confianza a largo plazo, es necesario que las
distintas fuerzas políticas procuren acuerdos
mínimos que garanticen cualquiera fuere el
gobierno y cualesquiera los instrumentos la
preservación de una moneda sana sea el objetivo
común y permanente.
Dentro de los límites demarcados por una
seria y adecuada política monetaria, que haya
recuperado su carácter nacional, hay margen para
políticas activas.
Todas las propuestas contenidas en este
documento tienen como presupuesto la disciplina
fiscal.
Es falso que para mantener esa disciplina y
defender el valor de la moneda, el Estado deba
renunciar a su deber de promover el desarrollo y
el bienestar general. Al contrario, no hay
equilibrio sostenible, en el largo plazo, sin
crecimiento económico y cobertura social.
Nuestras propuestas implican:
Maximizar la competitividad del productor, el
industrial y el comerciante sin retroceder en la
marcha hacia un comercio libre.
Maximizar ingresos sin comprometer la
estabilidad monetaria.
Maximizar la asistencia al desocupado sin
desestimular la reconversión laboral ni la
búsqueda activa de empleo.
Competitividad internacional
Un país es competitivo cuando produce, con
igual o mayor calidad que otros, a igual o menor
costo que otros, bienes (o servicios) que el
mercado mundial demanda.
Los países poco competitivos, se van
marginando del comercio mundial. Se vuelven cada
vez menos viables.
¿Cómo lograr la competitividad
suficiente?
"La única receta que yo puedo aconsejar
es: liderazgo gubernamental y una vigorosa
actividad del sector privado.
El desarrollo espontáneo no existe. El
mercado lo favorece, pero hace falta un plan:
"el sistema del libre mercado no es la
panacea: se necesita organización y conducción
para tener éxito".
Es eso lo que demostró el Asia: Lo que
hicieron en Japón, desde el gobierno, fue poner
objetivos a la actividad privada, co-artífice
del milagro japonés. Durante cierto tiempo, el
gobierno examinó en qué áreas económicas
tenían potencialidad y capacidad para competir
en el mercado mundial. Cual decidieron hace ya
varios años, promover el comercio exterior y
fortalecer el desarrollo científico y
tecnológico.
Con la misma fórmula, se expandieron otras
economías orientales. En la década del 80,
Corea creció a razón de 10,1% anual: la mayor
tasa de crecimiento en el mundo. Tailandia (7,6),
Taiwan (7,3), Hong Kong (7), Singapur (7),
estuvieron, todas, entre las diez economías que
más crecieron durante esos diez años.
Los métodos simplistas no sirven.
Un método simple para la manipulación de la
tasa de cambio. Obviamos el análisis de este
método porque, en las condiciones de la
economía venezolana actual (convaleciente de
años de inflación crónica, con la memoria
inflacionaria intacta y un alto grado de
dolarización), el Estado no dispone, ni podrá
disponer en el futuro previsible, de la
herramienta cambiaría. No obstante, conviene
señalar que, así fuera posible fijar una tasa
de cambio ideal, ella, por sí sola, no
aseguraría competitividad.
Tampoco la aseguraría, por sí mismo, el bajo
costo laboral. Es más: en determinadas
condiciones, los bajos salarios ni siquiera son
indispensables: cuando los otros costos son
bajos, buenos sueldos no impiden (y hasta
favorecen) la competitividad. Alemania, Suiza y
Suecia, tienen los salarios más altos del mundo
y son competitivas. África tiene los salaras
más bajos y no es competitiva.
Es cierto que un país no desarrollado, sin
tecnología de puntera y sin ventajas
competitivas en sectores de alto valor agregado,
tiene una baja productividad comparada y en el
corto plazo, tiene pocos instrumentos para
mejorar su competitividad. La disminución del
costo laboral puede aparecer entonces como una
solución. Sobre todo, si ese costo laboral es
abultado por cargas e impuestos que pesan sobre
la nómina salarial y no benefician el bolsillo
de los trabajadores.
El error es creer que una reducción del costo
laboral exime de los grandes esfuerzos, públicos
y privados, que se requiere para aumentar la
combatitividad.
Ya hemos dicho que, con la irrupción de China
(1.200 millones de habitantes) y otras populosas
naciones del Asia, el mercado mundial de
productos "mano de obra intensivos" no
ofrece mucho espacio. Venezuela, un país de 24
millones, que parte de un umbral mucho más alto,
porque tiene standard de vida y salarios
tradicionalmente superiores tiene poca
oportunidad de competir allí donde la ventaja es
del país con mano de obra abundante y
extremadamente barata.
Una economía como la nuestra debe buscar sus
nuevas ventajas competitivas en los productos de
tecnología intermedia. En ellos, la incidencia
de la mano de obra en el costo final es menor y,
en muchos rubros, los salarios no son el elemento
crítico.
¿De qué depende, entonces, la
competitividad? De una serie de factores, que no
se agotan en el valor de la moneda y los costos
internos:
"Boom" exportador
Los miembros del mundo desarrollado comercian
entre sí. Las exportaciones de los países
industriales van en su mayor parte (75%) a otros
países industriales.
Más que los países, quienes exportan (e
importan) son grandes empresas. Un millar de
multinacionales domina el mercado mundial. En
algunos rubros, un puñado de ellas acapara casi
todo. Se trate de equipos para la construcción o
para telecomunicaciones, la mitad del mercado
internacional está en manos de cuatro gigantes.
Lo mismo ocurre con las grandes computadoras, los
chips, el níquel o los rulemanes. Cuatro
corporaciones acaparan más de 50% de las ventas
mundiales.
Los gobiernos del "primer mundo" se
encargan de mantener lejos a los competidores. El
proteccionismo ostensible se practica cada vez
menos: hoy los aranceles están mal vistos. En
cambio, se recurre a patentes, licencias,
especificaciones técnicas, certificados,
cláusulas de reciprocidad y otros subterfugios.
En Estados Unidos, las industrias textil,
siderúrgica y automotriz gozaban en 1987 de una
protección extra-arancelaria que según
calculó el Banco Mundial equivalía a un
arancel de 25%. La situación no ha cambiado
mucho desde entonces.
¿Cómo irrumpir en ese mercado imperfecto?
¿Qué puede hacer un país en desarrollo, como
Venezuela, para colarse por las brechas que
puedan dejar los dueños del mercado mundial?
Esta es una estrategia:
- Entrar, con bienes y servicios de alto
valor agregado, en países emergentes.
Cuando se habla de impeler exportaciones
con alto valor agregado, se piensa en
estrategias para entrar en mercados
prestigiosos que se hallan, en gran
parte, bloqueados. Se subestima, por lo
general, a mercados menos prestigiosos,
pero más abiertos, que tienen capacidad
de pago y necesidades en aumento. La
industria venezolana, con la ayuda de una
adecuada diplomacia comercial, puede
tomar importantes porciones de mercado en
los países emergentes.
- Estimular la especialización en
actividades mundialmente fragmentadas. En
las actividades más concentradas, donde
unos pocos gigantes dominan el mercado
internacional, es casi imposible
desarrollar ventajas competitivas. Poco
importa que un país tenga las materias
primas necesarias, abundante mano de obra
y aun un fuerte mercado interno que le
sirva de base. Los gigantes gozan las
economías de escala, financian nuevas
tecnologías, pagan costosas
investigaciones, obtienen patentes que
conceden derechos monopólicos, gastan
millones en publicidad... y suelen ser
sutilmente protegidos por sus gobiernos.
En cambio, hay mercados donde la oferta
es amplia, el ingreso no está bloqueado
y la posibilidad de crecer es grande. Los
estímulos gubernamentales fiscal,
crediticio, técnico deben orientar
a nuestras industrias de exportación
hacia especialidades que permitan ganar
terreno, rápidamente, en mercados
fragmentados.
- Sub-especializar a industrias ya
instaladas que puedan incorporarse a
redes de comercio recíproco. Hay
industrias donde, pese a la
concentración mundial, podemos encontrar
resquicios. "Si el comercio mundial
fuera (plenamente) especializado, Estados
Unidos debería exportar semiconductores,
Japón televisores y Europa
máquinas-herramienta. Eso es lo que
supone la teoría tradicional del
comercio, según la cual los países se
especializan según sus ventajas
comparativas. Dos países no deberían,
según esa teoría, exportarse
recíprocamente las mismas cosas. Sin
embargo, lo hacen. Las exportaciones
recíprocas, entre las once naciones más
industrializadas, creció de 46% en 1964
a 60% en 1985. En algunos rubros, las
cifras fueron aun más altas: 70% del
comercio mundial de rulemanes se realiza
entre países que fabrican
rulemanes"
Para aprovechar todas esas oportunidades, hace
falta políticas activas. Se debe evitar la
desregulación unilateral (que crea desventajas),
estimular el desarrollo de nuevas industrias,
proveer incentivos a la exportación y negociar
acuerdos bilaterales o multilaterales que
permitan administrar adecuadamente el comercio
externo. 4 - Desarrollar nuevas ventajas
competitivas. Venezuela no podría multiplicar
sus exportaciones si no ofreciera otra cosa que
materias primas y manufacturas "mano de obra
intensivas". Eso tiene un techo muy bajo.
Acero, aluminio, papel y petroquímica han
contribuido a expandir nuestras exportaciones,
pero tampoco eso basta.
Es necesario desarrollar nuevas ventajas
competitivas.
Lo primero que debemos hacer, aunando
esfuerzos públicos y privados, es una
investigación sobre tendencias del mercado
internacional.
Esa investigación sería parte de un programa
tendiente a acumular y someter a actualización
permanenteinformación sobre el mercado
mundial, necesaria a fin de tomar decisiones,
tanto en el sector público como en el sector
privado.
Se trata de construir un banco de datos,
actualizable día a día, que provea información
sobre:
Nuevos bienes transables. Detección oportuna
de la incorporación de nuevos productos al
mercado internacional
Nuevos servicios transables.
Nuevos desarrollos. Detalles sobre su probable
impacto sobre bienes y servicios ya presentes en
el mercado internacional.
Demandas insatisfechas. Necesidades de
importación no cubiertas por la actual oferta
internacional.
Proyecciones de demanda mundial.
Proyecciones de oferta mundial.
Estadísticas. Todo el movimiento de bienes y
servicios en el mercado internacional: por rubro,
por producto, por países exportadores, por
países importadores.
Proteccionismo. Barreras arancelarias y no
arancelarias, país por país. Cupos. Cuotas.
Subsidios.
Acuerdos bilaterales. Acuerdos multilaterales.
Precios. FOB, CIF (diversos orígenes y
destinos). Detalle, producto por producto,
servicio por servicio.
Consolidando esa información, hoy dispersa,
se orientarán los esfuerzos que el sector
público pueda hacer para estimular las
actividades con mayor potencial.
En términos generales, puede convenirse que
los sectores más promisorios, en el corto y
mediano plazo, son aquellos que:
- Parten del aprovechamiento de una ventaja
natural.
- Pueden desarrollarse a partir de
capacidades instaladas y factores
existentes.
- Dan origen a un árbol de numerosos
productos distintos, transables en
mercados diferentes.
- La agroindustria reúne esas
características. Disponemos de
una ventaja natural para la
producción de materias primas
agropecuarias. El país tiene
cultura agropecuaria y capacidad
industrial. El procesamiento de
materias primas alimenticias da
origen a una amplísima gama de
productos, lo cual permite actuar
en el mercado mundial con
flexibilidad y capacidad de
adaptación a las condiciones
cambiantes.
Sectores de la
química, y algunas ramas del
árbol petroquímico, podrían
reunir, también, esas
características. Disponemos de
abundantes reservas de gas, cuyos
componentes ricos (etano,
propano, butano y gasolina) son
materia prima petroquímica.
La minería y la
industrialización de productos
mineros es otra de las áreas con
mayor potencial para la creación
de nuevas ventajas competitivas.
Venezuela puede, asimismo,
ofrecer servicios en diversas
áreas, incluyendo informática.
- Promover con criterio económico. El
desarrollo industrial puede ser
indiscriminado u orientado a un fin de
política económica general. Los
resultados no son iguales.
No da lo mismo una industria que otra. Los
efectos económicos de cada actividad son
distintos.
Como el objeto de toda política económica es
crear las condiciones para que se produzcan los
efectos más favorables, se requiere una
política económica que estimule, en el sector
privado, la expansión de las actividades con
mayor aptitud para acelerar el desarrollo
industrial y promover el comercio exterior.
A la hora de conceder exenciones, distribuir
crédito público u otorgar beneficios, hay que
seguir un orden de prioridades. Predeterminado.
Objetivo. Transparente.
La suspensión de toda actividad promotora
puede justificarse en períodos de confusión,
transición o profunda crisis fiscal. No podría
defenderse como modelo.
El Estado siempre promueve actividades
privadas: por acción o por omisión. Si no
asiste a las industrias del futuro, asiste
aunque no se lo proponga a las
industrias del pasado.
Cuando el Estado protege a un sector
declinante, actúa como respirador artificial.
Cuando asiste a una industria todavía débil,
pero con futuro en el mercado mundial, actúa
como incubadora.
En un caso, no hace más que prolongar la
agonía. En el otro, facilita el desarrollo.
Hasta ahora, el Estado venezolano no sólo
eligió mal a los beneficiarios de sus planes de
promoción. Tiró dinero por la ventana.
Promovió sin exigir.
Para impulsar las industrias del futuro, hay
que fijar antes las reglas de juego adecuadas.
El impulso debe ser transitorio, y esto debe
quedar claro desde el vamos. Los beneficios deben
estar sujetos al cumplimiento de metas
verificables. Hay que "pagarlos" en
productividad y exportaciones. Si una industria
no alcanza las metas de productividad y
exportación que se le fijen, perderá
beneficios. Para conservarlos, deberá alcanzar
las metas o sobrepasarlas.
Como veremos más adelante, el sistema
requiere la profesionalización, jerarquización
del Estado, así como procedimientos que
garanticen la pureza de los procedimientos. Sin
este requisito, cualquier sistema de promoción
se convertiría en una fuente de
discrecionalidad, corrupción y distorsiones
económicas.
En materia de estímulo a las inversiones
extranjeras, también se requiere un criterio
selectivo.
Una cosa es el capital que viene a crear una
industria nueva (o a repotenciar una existente,
introduciendo capital de trabajo, tecnología y
capacidad gerencial) y otra cosa el que se limita
a adquirir la propiedad de una industria
instalada. Una cosa es el capital que viene a
generar exportaciones y otra cosa el que viene a
generar importaciones. Una cosa es el capital que
viene acompañado de "know how" o
conexiones comerciales internacionales y otra
cosa el que viene solo. Hay que facilitar y
premiar (a través de la política fiscal) las
inversiones externas que se orienten al
desarrollo de las industrias del futuro y nos
permitan acceder a niveles industriales y
tecnológicos superiores.
Eso es lo que han hecho los países del Asia
únicos casos de desarrollo económico
acelerado en las últimas décadas y lo que
hacen aun los países más desarrollados.
Los Estados Unidos, Europa y Japón impulsan,
desde el Estado, industrias nuevas con gran
capacidad de expansión.
Por supuesto, las naciones industriales
promueven actividades ubicadas en la frontera
tecnológica, que no son las que nosotros
estaríamos en condiciones de estimular. Un ente
oficial norteamericano (Advanced Research
Projects Agency), promueve la mecanotrónica, que
desarrollará máquinas microscópicas, de hasta
una 100 millonésima de milímetro cuadrado. El
legendario MITI el Ministerio de Industria
y Comercio Exterior de Japón, que planeó y
dirigió el desarrollo de ese país está
empeñado perfeccionar un Sistema de Fabricación
Inteligente. Con él, las computadoras no sólo
ejecutarán órdenes sino que tomarán
decisiones. Entre los proyectos del MITI, figura
una central eléctrica 100 x 100 automática.
Mientras, en Venezuela hay una renuencia a
planear, no ya sobre las fronteras tecnológicas:
tampoco en el campo de la tecnología intermedia,
donde tenemos grandes posibilidades. La ciencia y
la técnica siguen pareciendo lujos. Se supone
que la industria crecerá sola.
En una economía global, un país no puede
subsistir si no es capaz de competir (en algunos
rubros, al menos) con las naciones más
avanzadas. No podrá hacerlo, por un tiempo, en
sectores que demandan tecnología de punta.
Tendrá que especializarse, durante una primera
etapa, en productos de tecnología intermedia.
Pero no puede autoexcluirse de la competencia en
mercados difíciles porque, en gran medida, el
desarrollo de su propia competitividad surgirá
de su exposición a tales mercados.
Con nuestra producción tradicional, no
haremos un gran impacto en el comercio mundial.
Los principales productores de alimentos son,
hoy, los países industriales. En poco tiempo
más, esos mismos países tendrán por
biotecnología nuevos cereales nuevos y
clones de bovinos. Las economías pastoriles se
quedarán cada vez más atrás. No se
recuperarán así agreguen, a sus exportaciones,
una que otra manufactura tradicional.
No hay, por lo tanto, estrategia de desarrollo
eficaz si no se concentra esfuerzos en la
promoción de las industrias del futuro.
Interno y externo
La dicotomía mercado interno/mercado mundial
es tan falsa como la dicotomía campo/industria.
No hay posibilidad de desarrollar el mercado
interno sin integrarse a la economía mundial.
No hay posibilidad de integrarse a la
economía mundial desentendiéndose del mercado
interno.
La experiencia asiática muestra la
interacción del mercado interno con el comercio
exterior.
En el caso de Venezuela, la primera necesidad
es ampliar su mercado interno.
Para eso, la integración regional es la
clave.
Mercosur no puede quedarse en la eliminación
concertada de aranceles. Debe servir para crear
un espacio económico sin fronteras económicas
interiores. La unión nos permitirá ganar
escala. El PBI sumado de Venezuela, Argentina,
Brasil, Paraguay y Uruguay será apenas un
décimo del PBI de la Comunidad Europea pero es
superior al de Bélgica, Dinamarca, Grecia,
Irlanda, Luxemburgo y Portugal, todos juntos. Una
unión efectiva, por otra parte, dará origen a
un mercado de casi 200 millones de personas: más
habitantes que Italia, Gran Bretaña y Francia
juntas. Inversiones que hoy no podemos atraer, se
sentirán atraídas por ese mercado ampliado.
Cambiar de dimensión es cambiar de
posibilidades.
El mercado común debe dar lugar a la
formación de una comunidad económica, no
limitada a los países que hoy están
comprometidos a integrar Mercosur.
Comunidad Económica Sudamericana
Con la incorporación de Chile (y
eventualmente Perú, Ecuador y Colombia) al
embrión Mercosur, podrá darse origen a una
Comunidad Económica Sudamericana.
Para que haya una verdadera comunidad
económica, es necesario:
armonizar las leyes de los distintos países
miembros,
uniformar el régimen impositivo,
coordinar políticas cambiarias y monetarias.
Por otra parte, hay que crear una autoridad
comunitaria que impulse y supervise la unión.
Una Comisión Ejecutiva y un Parlamento
sudamericano son recomendables.
Una unión construida de ese modo se
traducirá en un verdadero mercado común.
El consecuente cambio de escala económica
servirá, entre otras cosas, para desarrollar la
microelectrónica, la informática, la
ingeniería de materiales, la biotecnología.
Estas actividades ofrecen pocas posibilidades
en el ámbito restringido de los mercados
nacionales. Si queremos que cada uno de nuestros
países tenga todas esas industrias, ninguno va a
tenerlas.
La comunidad económica permitirá que,
instalada en uno de los países miembros, una
industria disponga del mercado de todos y,
contando con esa base, pueda proyectarse al
mercado mundial.
Esto nos permitirá acceder a niveles de
desarrollo industrial que hoy nos están vedados.
Integración sectorial
Hoy día, integrar todo el continente sería
imposible. La asimetría es extraordinaria. No
sólo el PBI de los Estados Unidos es casi 30
veces superior al de Venezuela: la organización,
la tecnología, los recursos financieros y el
poder político de los Estados Unidos la
nación que lidera el mundo no admiten
comparación. Unir dos economías tan dispares es
impracticable. Ni Mercosur serviría para
aproximarnos al equilibrio.
En cambio, es posible avanzar en la
integración continental por sectores. Eliminar,
por ejemplo, aranceles y otras barreras que hoy
afectan al intercambio de alimentos.
Las diferencias enormes cuando se
considera a las distintas economías en su
conjunto se vuelven manejables cuando se
considera, aisladamente, una actividad.
La integración sectorial permitirá avanzar,
progresiva y equitativamente, hacia una
integración más amplia.
Socios del mundo
Hay un error que debemos evitar: creer que el
primer mundo está dividiéndose en tres espacios
autárquicos: NAFTA, la Unión Europea y Asia.
Ese error lleva a creer que un país como
Venezuela debe optar por vincularse a uno de esos
tres espacios, en detrimento de su relación con
los otros dos.
Ninguno de esos tres espacios es concebido
como una fortaleza. Al contrario, uno de los
objetivos de la integración de diversas
economías es adquirir mayor competitividad en el
mercado mundial.
Los espacios, por lo demás, están
interpenetrados. Firmas japonesas representan un
porcentaje creciente de la producción, el
comercio interior y el comercio exterior de la
Unión Europea.
Ni Estados Unidos, ni Europa ni Japón
reclaman relaciones exclusivas o
"fidelidad" comercial. Tampoco valoran
(ni premiarán) la decisión unilateral de un
país que opte por privilegiar la relación con
uno de ellos.
Venezuela, como tal y, en caso de conformarse
Mercosur, en nombre de este mercado
sudamericanodebe buscar socios comerciales
en todo el mundo:
-
- 1. LA NUEVA EUROPA. La Unión
Europea ya ha borrado las
fronteras internas. Hoy da lo
mismo que una empresa esté en
Sevilla, Atenas, Dusseldorf o
Glasgow: tiene un solo mercado,
leyes comunitarias y una
autoridad supranacional, sita en
Bruselas.
Aquellos que siempre reparan en las
dificultades, más que en las posibilidades,
pronosticaban que este momento nunca llegaría.
Ahora, creen que la crisis del Sistema Monetario
Europeo paralizará a la Comunidad.
Es inevitable que un proyecto tan ambicioso
como la unidad europea atraviese dificultades,
sufra retrocesos y tenga períodos de
estancamiento o de marcha en zigzag.
Lo importante es lo que ya Europa ya logró, y
qué condiciones crea ese logro para el resto del
mundo; en particular, para nosotros mismos.
La Unión Europea ha menguado pero mantiene
al igual que Estados Unidos subsidios
agrícolas que afecta a nuestros intereses.
Sin perjuicio de nuestras negociaciones como
parte del grupo y en la Organización Mundial de
Comercio, debemos en las relaciones con
Bruselas y, también, en las relaciones
bilaterales con los gobiernos de los 12 países
comunitarios procurar la solución del
problema.
Esa solución resultará tanto más fácil y
provechosa cuanto más claro tengamos que el
objetivo no es, simplemente, remover una barrera
opuesta a nuestras exportaciones tradicionales:
se trata de establecer bases equitativas de
intercambio y convertirnos en socios de la nueva
Europa.
El fin debe ser multiplicar el comercio con
Europa, abrir nuevos mercados, acceder a
tecnologías, integrar joint-ventures y atraer
inversiones.
-
- 2. ASIA. Junto con Estados Unidos
y la nueva Europa, Japón
dominará por mucho tiempo el
comercio mundial.
Esta potencia de primer orden depende del
petróleo y los alimentos importados.
Sudamérica es fuente de petróleo y
alimentos. Es, además, un mercado importante.
Japón, a su vez, es exportador de capital y
tecnología. La complementación interesa tanto a
Japón como a Sudamérica.
Las nuevas economías industriales del Asia
(los cuatro "tigres": Corea, Taiwan,
Hong Kong y Singapur, así como las naciones de
ASEAN: Malasia, Indonesia, Filipinas, Tailandia y
Brunei, además del mismo Singapur) están
caminando, también ellas, a la formación de un
mercado común.
Japón es el referente natural en el Asia,
pero como nos ocurre a nosotros con Estados
Unidos la disparidad entre la economía
japonesa y las otras economías del área es muy
grande.
En muchas actividades habrá integración con
Japón. En otras, los países asiáticos deberán
buscar socios comerciales fuera del área.
El intercambio sudasiático-sudamericano
ofrece múltiples posibilidades.
-
- 3. SISTEMA BI-OCEANICO. La
formación de una Comunidad
Sudamericana pueden dar lugar a
un sistema bi-oceánico.
Chile que hoy se prepara para una
integración regional ganará un vínculo
Atlántico con la nueva Europa, a la vez que
afianzará su posición en el Mercosur. Nosotros
ganaremos un vínculo con el Pacífico.
La costa oeste de los Estados Unidos, Japón,
China, las nuevas economías industriales del
Asia, Australia y Nueva Zelanda serán actores
principales del comercio mundial.
Diplomacia comercial
El mercado interno no podría sustentar, por
sí solo, el crecimiento que buscamos.
Tampoco bastará con un incremento paulatino
de nuestro comercio exterior.
Debemos multiplicar las exportaciones.
Irrumpir en el mercado mundial.
Eso exige armonizar normas con otros países,
superar conflictos, entrar en negociaciones
bilaterales, participar en negociaciones
multilaterales.
Abrirse para exportar más.
Hay quienes hablan de apertura pero todo lo
que propugnan es eliminar aranceles, desproteger
a nuestra industria, no negociar nada y sentarse
a esperar que nos inunden.
La apertura unilateral y abrupta tiene efectos
contraproducentes: perjudica al agro y a la
industria, crea déficit comercial, genera deuda,
termina en recesión y, por último, obliga a
cerrar nuevamente para hacer frente a la crisis.
Es cierto que la libertad para fijar paridad,
otorgar exenciones impositivas a las industrias
que se quiere promover, proteger a los sectores
incipientes y premiar las exportaciones, se ve
restringida por razones internas e
internacionales.
Muchos de esos mecanismos son incompatibles
con el proceso de liberalización del mercado
mundial, a la cual está comprometida la OMC.
Sin embargo, todos los países exportadores
utilizan los mecanismos postulados, en algunos
casos hasta extremos como los alcanzados por la
Unión Europea y los Estados Unidos, que
subsidian su producción agropecuaria para
protegerla de las importaciones provenientes de
países de mayor productividad y se exceden
de tal forma en el subsidio que provocan
sobreproducción y terminan exportando excedentes
subsidiados, a precios de dumping.
Esos mismos países están interesados en la
libertad de comercio, como lo estamos nosotros,
que necesitamos una apertura masiva de mercados.
Pero esos países saben (y nosotros debemos
aprender) que la liberalización es un proceso
negociado, en el que cada cual trata de negociar
desde posiciones de fuerza y nadie renuncia
unilateralmente a los recursos aptos para mejorar
su posición en el mercado mundial.
Esa negociación será prolongada, tendrá
marchas y contramarchas, y exigirá moverse con
gran habilidad.
Nosotros, que luchamos contra el
proteccionismo, efectivo y grosero, de los
poderosos, debemos poner en la mesa de
negociaciones la necesidad de que se admita
cierto grado de protección, selectiva y
transitoria, en los más débiles.
En todo caso, lo que debemos tener siempre
presente (cuando discutimos en el exterior y
cuando tomamos decisiones domésticas) es que la
prioridad, el objetivo más importante, la
condición de nuestro crecimiento y, por lo
tanto, de nuestra sobrevivencia, es la irrupción
de Venezuela en el mercado internacional como
exportador de productos industriales, con
creciente valor tecnológico agregado. Esto tiene
que convertirse en una obsesión nacional.
El modelo que proponemos exige, ante todo:
definir metas de productividad y exportación, a
mediano y largo plazo, estimular el desarrollo de
nuevas ventajas competitivas y fijar la apertura
de mercados como la principal misión de la
política exterior.
Inteligencia económica
En lo inmediato, y en el contexto de una firme
contribución venezolana a la liberalización del
mercado mundial, es necesario, por un lado:
- Utilizar al máximo el margen de maniobra
que, a los fines de una legítima
política arancelaria, conceden las
normas de la OMC y los compromisos
asumidos en el marco del Mercosur.
- Sancionar medidas anti-dumping eficaces,
que impidan la importación de subsidios
ajenos.
- Prevenir y sancionar el contrabando.
Por otro lado, se debe desarrollar en el
Estado una capacidad de inteligencia económica
que permita detectar y efectuar el seguimiento de
todo subsidio, directo o indirecto, que beneficie
en origen a los productos que ingresan al mercado
venezolano.
Aclimatación del servicio exterior
En la era del jet, el discado directo, el fax,
el correo electrónico y la videoconferencia, las
relaciones políticas internacionales son
personales, de gobernante a gobernante. Las
representaciones diplomáticas son, cada vez
más, parte del sistema mundial de comercio.
Debemos darle un sesgo económico al servicio
exterior. Formar nuevos diplomáticos, con
especialización a nivel de post-grado en
comercio mundial y marketing.
Mientras, promover a los
diplomáticos-economistas, concentrar el
presupuesto del servicio exterior en los destinos
con mayor potencial de intercambio.
"Trading companies"
Las exportaciones venezolanas deben superar
muchos obstáculos. Estamos lejos de los grandes
mercados y los fletes encarecen nuestros
productos.
No trabajamos, por ahora, con grandes
volúmenes (salvo en exportaciones
tradicionales). No se nos reconoce como
proveedores calificados salvo en rubros
tradicionales, como carne y cereales, y alguna
producción industrial específica. La mayoría
de nuestros exportadores carece de agencias
propias en el extranjero. Las barreras
culturales, idiomas y hábitos comerciales
diferentes, suelen resultarnos infranqueables.
Una trading companies nacional resolvería
gran parte de esos problemas. Estado y sector
privado deben realizar esfuerzos conjuntos para
crear una o más grandes compañías
exportadoras.
Eso aumentaría el poder de negociación de
los exportadores venezolanos, facilitaría los
despachos colectivos por charter y nos
permitiría desarrollar una red comercial que
abarcara los principales mercados.
Esa red estaría integrada por oficinas in
situ, dedicadas a detectar oportunidades, hacer
investigaciones de mercado e intervenir en
negociaciones.
La compañía exportadora podría organizar,
en diversos mercados, campañas de promoción de
productos y servicios venezolanos. La experiencia
de Exportar, aunque muy limitada, indica la
necesidad de apoyar activamente a las
exportaciones.
Nuestra propuesta supone la búsqueda de
mercados externos, la difusión de normas
internacionales de calidad, la promoción de
nuestra oferta exportable y la creación de un
sistema de información adecuado y actualizado,
que custodia permanentemente los cambios
tecnológicos y las transformación de los
patrones de consumo y demanda.
ISO 9000
La calidad total es hoy un requisito, y
existen regulaciones internacionales que proveen
un control documentado de calidad, en las
distintas etapas de elaboración de un producto.
La International Standards Organization (ISO)
ha establecido un "patrón internacional de
calidad asegurada.":
Las normas ISO 9000.
En 20 secciones, esas normas fijan los
umbrales de calidad para el diseño y
fabricación de productos y servicios.
El estricto cumplimiento de esas normas, y el
sometimiento a verificaciones independientes, es
una llave que abrirá mercados. El Estado debe
inducir esa conducta en el sector privado,
especialmente en las pequeñas y medianas
empresas, mediante:
Difusión de las normas. Campaña
publicitaria. Edición anotada y comentada.
Servicio on line de información.
Creación de consultoras mixtas que provean
asesoramiento sobre:
- Definición de políticas de calidad de
la empresa.
- Organización interna requerida para la
aplicación de las normas.
- Creación de los correspondientes
registros internos.
- Entrenamiento de personal.
- Auditoría de calidad.
Agrodólares
Los Estados Unidos producen, en un año, 123
kilos de carne por habitante. Venezuela, 29.
Los Estados Unidos, Canadá, Francia,
Alemania, producen mucho más trigo que
Venezuela, otrora "granero del mundo".
Los Estados Unidos, superpotencia industrial,
son los grandes productores mundiales de
alimentos. Con 258 millones de habitantes (un
cuarto la población de China) los Estados Unidos
son: Nº 2 en cereales, Nº 2 en carne, Nº 3 en
frutas y Nº 3 en vegetales.
Japón, pese a lo reducido de su territorio y
la escasez de tierras cultivables, está entre
los 10 mayores productores mundiales de arroz y
té.
Los países industriales no sólo cultivan y
crían para sí: convierten alimentos en divisas.
La mitad de todas las exportaciones del mundo,
incluye exportaciones de manufacturas, alimentos
y servicios salen de seis países
industriales: Estados Unidos, Japón, Alemania,
Francia, Gran Bretaña e Italia.
Los países industriales tienen una alta
productividad en alimentos, en parte, por su
tecnología y organización; y en parte por
factores indeseables, como un
"eficientismo" que ha provocado
desequilibrios ecológicos e introducido riesgos
a la salud.
Entre esos factores indeseables cabe
mencionar, desde el punto de vista del comercio
mundial, los subsidios a productores. Esos
subsidios tienen un efecto distorsionante e
implican una competencia desleal para países
como Venezuela.
La Organización Mundial de Comercio aspira a
un mercado libre que abarque el mundo entero. Los
países industriales proclaman la libertad de
mercado pero, por ahora, están más interesados
en aumentar sus exportaciones que en asegurar esa
libertad.
Los subsidios agrícolas, a los cuales han
recurrido, por igual, norteamericanos y europeos,
no obedecen sólo a la necesidad política de sus
gobiernos.
Los productores rurales no aportan demasiados
votos. Son apenas 2 millones en Estados Unidos:
0,8% de la población. En Europa, suman más (11
millones; 3,2% de la población) pero, aun así,
su fuerza electoral es escasa. Los países
industriales subsidian la producción
agropecuaria... para defenderla. La consideran un
valor en sí misma.
Aun cuando objetemos el método, debemos
advertir que en los hechos los
países más avanzados demuestran lo infundado
del temor que tienen, en el mundo
subdesarrollado, quienes creen que el desarrollo
industrial implica el sacrificio del agro. En la
experiencia mundial, ese desarrollo incorpora y
potencia al agro.
La polémica campo/industria, que en Venezuela
nos ha distraído durante décadas, carece de
sentido.
Hay, sí, países agrícolas sin industria:
los países más pobres de la Tierra. En cambio,
no hay países industriales que descuiden el
agro.
Como los países industriales son, a la vez,
los únicos en condiciones de entrar a la era
post-industrial, hay algo que puede anticiparse:
no habrá economía post-industrial sin industria
y agro.
El desarrollo económico es integral.
Si los venezolanos queremos ser una potencia
agropecuaria, debemos desarrollar la industria y
los servicios.
Si queremos desarrollar la industria y los
servicios, debemos usar el poder del agro.
Si queremos anticiparnos a la era
post-industrial, debemos inyectar ciencia y
tecnología en el campo y la industria.
Si queremos salir del estancamiento, debemos
hacer todo eso al mismo tiempo y cuanto antes.
Para hacerlo, debemos seguir un modelo
industrial exportador. Queda claro que industrial
no quiere decir opuesto al campo, y es obvio que
en la primera etapa exportador
significará, sobre todo, agro-exportador.
No basta con tener un Estado sin empresas. No
basta con mantener la inflación en un dígito
anual. No bastaría, tampoco, con eliminar el
déficit fiscal.
Se necesita, además, "una combinación
de planificación y orientación
gubernamental" con "una fuerte
actividad del sector privado".
Lo importante es que la producción venezolana
se vuelva competitiva en el mercado mundial. La
única producción que, hasta ahora, parece
realmente competitiva es la agrícola. Para
lograr (y sostener) tasas de crecimiento
similares, Venezuela necesita impulsar industria
y exportaciones.
En el corto plazo, la producción primaria y
la manufacturas de origen agropecuario seguirán
siendo la principal fuente de divisas de nuestra
economía.
El adecuado empleo de esa fuente requiere:
- Negociar, en el plano internacional,
desde posiciones de fuerza. No hacer
concesiones unilaterales. En toda
relación bilateral, y en el seno de los
organismos multilaterales, sujetar
cualquier concesión a una contrapartida.
El objetivo inmediato debe ser la
limitación de la competencia desleal
ejercida por los países industriales, la
ampliación de los mercados existentes y
la apertura de nuevos mercados.
- Aumentar la rentabilidad agropecuaria. La
reciente mejora de los términos de
intercambio ha permitido incrementar
exportaciones. Sin embargo, la
volatilidad de los precios
internacionales y no permiten asegurar
que estas condiciones se mantendrán a
mediano plazo. Por otra parte, los
beneficios transitorios del sector
exportador no aprovechan a los
productores, obligados a producir en
condiciones de rentabilidad baja o nula,
sin crédito o con crédito prohibitivo.
En estas condiciones, se hace muy
difícil la inversión en tecnología y
el aumento de competitividad. En vez de
castigar, el sistema impositivo debe
premiar la producción exportable. Esto
traerá, en definitiva, un beneficio
fiscal y monetario, vía incremento de la
producción y el empleo, expansión de la
base imponible y generación genuina de
mayores divisas. El campo debe ser
definido de la competencia desleal que
ejerce la importación subsidiada. La
defensa puede ejercerse mediante
aranceles compensatorios, compatibles con
las normas de la OMC. Poner a
disposición del sector facilidades
científicas y tecnológicas. El aumento
de recursos destinados a la ciencia y la
técnica debe tener, entre sus objetivos,
el aumento de la productividad, variedad
y calidad de la producción agropecuaria.
- Ejecutar un programa de sanidad y
calidad. Es urgente realizar esfuerzos
finales para liberar totalmente a nuestra
producción de problemas
parásito-sanitaria:
Eliminación definitiva de la cancrosis,
la mosca del Mediterráneo, y otras
plagas vegetales. Eliminación
definitiva de la fiebre aftosa. Este es
un requisito para multiplicar la
exportación de carnes.
Los avances realizados no deben llevar
a la complacencia. No podemos
conformarnos con la liberación de zonas:
debemos asegurar que Venezuela sea
declarada país libre de aftosa. Los
efectos de la epidemia de encefalitis
bovina en Gran Bretaña, así como de la
decisión de la Unión Europea de
prohibir la importación de carnes
tratadas con hormonas, reducirán la
oferta mundial de carnes, creando en
principio una oportunidad para la oferta
venezolana. Sin embargo, pueden provocar
una severa retracción de la demanda,
ante la imposibilidad del consumidor de
discriminar por origen. Venezuela debe
establecer un prestigio internacional
como productor de carnes alimentadas con
pastos naturales, sin hormonas y
sanitariamente óptimas.
Control de sanidad molinera a fin de
proteger el mercado interno y ampliar el
mercado externo de cereales.
Coordinación de esfuerzos entre
centros de investigación y órganos
administrativos.
- Transformar la ventaja comparativa en
competitiva. Esto significa entrar
plenamente en el mercado mundial de
alimentos elaborados.
La agroindustria debe incluir no sólo los
productos de la pampa húmeda sino los de las
diversas economías regionales.
Debe armonizarse, además, con la industria.
El Atlántico es tan importante como nuestros
campos. La riqueza pesquera, industrializada, nos
permitirá ganar importantes mercados. Para eso,
debemos evitar la tentación fiscal de otorgar
permisos indiscriminados de pesca.
Para desarrollar la industria pesquera, debe
estimularse la inversión y premiarse la
exportación.
Las licencias de pesca deben ajustarse a un
estricto plan de conservación y concederse a
través de licitaciones, en procesos
transparentes.
En éste como en otros aspectos (por ejemplo,
la asignación de cuotas a exportadores de carne
vacuna) el Estado otorga hoy, con un gran margen
de discrecionalidad, beneficios que no están
sometidos al necesario control.
Un Estado distinto
Un Estado paquidérmico y burocrático no
puede cumplir con las tareas que acabamos de
enumerar.
A lo largo de los años, el sector público ha
ido superponiendo funciones, reglamentaciones y
procedimientos que hacen ineficiente la gestión
pública.
Esa situación no se puede rectificar
paulatinamente mediante una sucesión de
correcciones parciales. Hay que desmontar
mecanismos burocráticos y reemplazarlos por
sistemas administrativos simples, organizados de
principio a fin.
Se trata de llevar a construir un nuevo modelo
de gestión pública.
Esa tarea no puede quedar a cargo de
funcionarios hechos a las prácticas que deben
cambiarse. Tampoco puede ser confiada a
administradores improvisados.
Es necesario contar con expertos en
organización, especializados en administración
pública, con experiencia en la tarea de
desburocratizar.
Un trabajo de consultoría no sería
suficiente. Se requiere un programa ejecutivo,
que no culmine en meras recomendaciones sino en
la implementación de las medidas necesarias.
Esto supone un inversión, para la cual se
puede recurrir al crédito de organismos
internacionales, pero que también demandará
recursos presupuestarios.
El Estado gasta, hoy día, mucho y mal. En los
últimos años, no obstante haberse desprendido
de todas las empresas deficitarias, así como de
las escuelas públicas y hospitales, su gasto ha
aumentado.
Entre otras cosas, al Estado le falta
organización, método y equipamiento. Si tuviera
gerentes públicos, procedimientos simplificados
y redes computarizadas, sería más eficiente y
ahorraría.
Si el Estado no invierte en su propia
modernización, terminará gastando más y
haciendo menos.
El programa no debe iniciarse sin una previa
definición de fines, cronograma, costo y fuentes
de financiamiento. Pero es necesario admitir,
ante todo, que no habrá regeneración
espontánea ni gratuita del sector público.
No se puede desarrollar un sector público
eficiente, por ejemplo, sin computadoras en red,
bancos de datos y software adecuado.
Lamentablemente, la informatización del sector
público ha sido motivo de transacciones
irregulares como la del Banco de la
Nación y eso opera como un disuasivo de
nuevas contrataciones.
Lo condenable es la corrupción, no la
computación.
El Estado necesita procesar, rápida y
eficazmente, una inmensa cantidad de
información. Automatizar trámites. Circular
datos entre las distintas reparticiones y
jurisdicciones mediante un sistema de
telemática.
Eso contribuirá a la desburocratización y
multiplicará la eficacia.
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