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Documentos

Analítica mensual

Bases para un Modelo de Crecimiento, Empleo y Bienestar

Gabinete de la Oposición

UNIÓN CÍVICA DEMOCRATICA

Claudio Sánchez

INTRODUCCIÓN

El Gabinete de la Oposición sienta en este documento las bases de una política económica destinada al crecimiento con equidad.

El texto recoge definiciones, ideas y proyectos de distintos órganos de la Unión Cívica Democrática.

Sobre la base de este documento, la democracia iniciará discusiones en busca de un consenso que dé amplio sustento social a una política capaz de desarrollar la capacidad productiva del país y, al mismo tiempo, proveer a una organización social más justa.

Internamente, el documento será sometido a una discusión pormenorizada con el fin de expandir y perfeccionar cada propuesta, incorporar otras iniciativas, interralacionar el proyecto económico con proyectos de otras áreas y avanzar en el diseño de instrumentos para la oportuna ejecución de las políticas planteadas.

En esa tarea participará activamente el propio Gabinete de la Oposición. Sus distintos ministerios y secretarías —cada uno contribuyendo a la propuesta económica desde el punto de vista de su área—trabajarán junto con el Jefe de Gabinete y el Ministerio de Economía de la Oposición. La Secretaría de Industria y Comercio Exterior ya ha diseñado y someterá a consideración un documento en el cual desarrolla la Estrategia Industrial Exportadora. La Secretaría de Planeamiento incorporará, a lo largo de este año, distintos proyectos de políticas públicas, y definirá prioridades nacionales.

Simultáneamente se promoverá la discusión en: una Convención Nacional, en la cual están representados todos los estados y el Distrito Federal; el Comité Nacional, integrado por delegados de cada uno de los estados y el Distrito Federal, Juventud y Trabajadores Demócratas; las distintas comisiones técnicas del Comité Nacional; el Comité Federal, integrado por las autoridades de la UCD en los veinte estado y dependencias del país; la Comisión de Acción Política; el Instituto de Relaciones Internacionales.

Se consultará también a todos quienes ejercen responsabilidades de gobierno o legislativas en representación de la democracia:

Bloque de diputados nacionales de la UCD.

Bloque de senadores nacionales de la UCD.

Gobiernos estatales de la UCD y de alianzas formadas por la UCD.

Foro de Intendentes y Concejales Democráticos.

  • Bloques de legisladores estatales de la UCD en todas los estados donde la democracia tiene representación legislativa.

     

Asimismo, se recabará la opinión de:

Fundaciones y centros de estudio democráticos.

Equipos profesionales democráticos.

Al mismo tiempo que se realice este ejercicio interno de ampliación, complementación e instrumentación, se iniciarán las conversaciones con otros partidos políticos, sectores empresarios y gremiales, organizaciones no gubernamentales, la Iglesia y otras organizaciones religiosas, universidades, consejos profesionales, economistas y expertos en distintas especialidades.

El objetivo será identificar:

1. Coincidencias, a fin de formar un mínimo común denominador, profundizar propuestas, sacar de la discusión todos los aspectos en los cuales exista consenso y poner en marcha iniciativas comunes.

2. Disidencias, a fin de removerlas y, si esto no es posible, acotarlas.

El resultado debe ser un proyecto de amplia base social, que oriente a la economía nacional hacia un desarrollo equitativo, otorgando al país la previsibilidad y credibilidad de largo plazo que imperiosamente necesita.

Credibilidad de largo plazo

Para desarrollar su economía, crear empleo y lograr mejores condiciones de vida, Venezuela necesita:

un fuerte aumento del ahorro interno

+

inversiones productivas, continuadas

y a gran escala.

El ahorro y la inversión productiva dependen de la credibilidad de la economía en el largo plazo.

El inversionista toma riesgos controlados. Invierte sólo en aquellos lugares donde es razonable esperar condiciones favorables en el tiempo que va: desde: el momento de invertir hasta: el momento de recuperar el capital y obtener la ganancia.

En el caso de las inversiones financieras, ese tiempo puede ser muy breve: un año, unos pocos meses, días. Todo lo que necesita el inversionista financiero es seguridad sobre la estabilidad de las reglas de juego durante ese año, esos meses o esos días.

En el caso de las inversiones productivas, el tiempo es muy largo. Una inversión productiva se recupera en años. Para establecer hoy una industria en Venezuela, hay que tener confianza en que, hacia el 2001, ó el 2006, Venezuela proveerá un buen soporte a esa industria.

Por eso, los requisitos de quien realiza una inversión productiva son distintos de los que tiene un inversionista financiero. A éste, sólo le importa que las condiciones actuales se mantengan un tiempo más: el poco que él necesita para retirarse de este mercado si fuera necesario.

La inversión productiva, en cambio, necesita que se le garantice:

1. Seguridad jurídica.

El inversionista industrial necesita el respaldo de leyes sancionadas en debida forma, sin vicio legal alguno. No le sirve la discrecionalidad del gobernante ocasional, porque la sabe reversible. Requiere un soporte legal duradero. Idealmente, aspirará a que su inversión esté respaldada por leyes surgidas de un consenso social; no por decretos o leyes impuestas por una mayoría exigua y circunstancial, ya que los decretos y las leyes así sancionadas quedan bajo riesgo de modificación o abrogación apenas cambie la relación de fuerzas política.

Ese inversionista aspira, por otro lado, a una administración pública exenta de corrupción. Las administraciones corruptas no ofrecen garantía de estabilidad y congruencia.

Asimismo, ese inversionista pretenderá una justicia independiente; no una justicia subordinada al gobierno de cada momento, errática y desconfiable.

2. Estabilidad permanente.

Quien invierte en una industria, la cual comenzará a producir dentro de un tiempo y devolverá la inversión mucho más tarde, no se conforma con saber que "hoy" tenemos estabilidad, o que la habrá "mientras" se aplique determinado plan, o "hasta tanto" no cambien las circunstancias políticas. Ese inversionista necesita saber que —cualquiera sea el gobierno, y cualquiera su política económica— Venezuela defenderá activamente el valor de su moneda.

Esa garantía sólo la tendrá si, además de un compromiso de todas las fuerzas políticas con la disciplina fiscal, existen instituciones que garanticen la independencia del poder emisor respecto de los gobiernos de turno.

3. Cohesión social.

Un ambiente social inestable es poco propicio para la inversión. El desempleo masivo, las desigualdades irritantes, los ingresos insuficientes, provocan tensiones sociales. Pobreza e injusticia convierten a cualquier sociedad en una caldera y crean incertidumbre sobre su futura estabilidad política y social. El progreso social y la equidad, que son imperativos morales, también son requisitos del éxito económico en el largo plazo.

4. Capital humano.

Con la irrupción en el mercado mundial de un país como China (casi 1.200 millones de habitantes y un ingreso per capita inferior a los 500 dólares anuales) es imposible, para un país como Venezuela, plantearse una estrategia de desarrollo económico centrada en la mano de obra barata.

Aun un país como la India (900 millones de habitantes, 750 dólares per capita) encuentra dificultades para organizar su participación en el mercado mundial sobre la base de productos mano de obra intensivos.

La estrategia venezolana debe partir de actividades de tecnología intermedia. Esas actividades requieren—además de investigación y facilidades científicas y técnicas— trabajadores calificados, fácilmente adaptables a innovaciones y condiciones de producción cambiantes.

Eso, a la vez, obliga a dar un gran impulso a la educación pública, formal e informal. La inversión en capital humano es la más importante que pueda hacer nuestra economía.

5. Oportunidades.

Toda inversión se decide en función de:

La relación costo/beneficio. El retorno debe ser suficiente, y darse al ritmo necesario para que la inversión sea recuperada en un tiempo razonable y provea una utilidad mínima suficiente. En ese caso, la relación costo/beneficio es positiva. Una relación positiva es condición necesaria para atraer inversiones.

El costo de oportunidad. La relación costo/beneficio positiva es necesaria pero puede no ser suficiente.

La situación se da cuando al inversionista tiene alternativas que le ofrecen un recuperación más rápido o una utilidad superior. En ese caso, si el inversionista hiciera la inversión menos favorable, dejaría de percibir el beneficio mayor, ofrecido por la inversión más favorable; pagaría, así, un costo de oportunidad.

En la búsqueda de inversión, cada economía compite con otras. La más exitosa es la que mejor resiste el análisis del costo de oportunidad.

La Venezuela actual compite consigo misma: dado el alto "riesgo país" —derivado de la incertidumbre de largo— y existiendo una política económica que depende dramáticamente del influjo de capitales, el rendimiento de la inversión financiera es mucho mayor que el de la inversión productiva.

Para promover la inversión productiva, el Estado debe adoptar medidas que disminuyan el "riesgo país", al mismo tiempo que: reducir costos y crear las condiciones que aseguren beneficios iguales o superiores a los sostenibles mediante inversiones alternativas. El mercado interno, por sí sólo, ofrece limitadas posibilidades de un beneficio suficiente para atraer grandes inversiones industriales. Es necesario, por lo tanto, considerar el mercado mundial, y crear o reforzar —en distintos rubros— condiciones que conviertan a Venezuela en un emplazamiento apto para producir bienes exportables.

Eso requiere fijar prioridades y adoptar políticas activas perdurables.

El "modelo" aplicado por el gobierno consiste en mantener una estabilidad provisoria (dependiente de un plan o un ministro determinados) y atraer capital financiero (inversiones de corto plazo).

Lo que estamos proponiendo es un giro de 180 grados.

La estrategia que hoy presentamos tiende a asegurar la estabilidad permanente y la inversión productiva.

Lo que acabamos de enumerar son las condiciones necesarias para aplicar esa estrategia, la cual depende de la confianza de los inversionista a largo plazo.

Hoy día no se cumple ninguno de esos requisitos:

En vez de promover la seguridad jurídica, el gobierno crea inseguridad. En nombre de una supuesta "eficacia", afecta la legalidad. Ignora frecuentemente la división de poderes. Legisla por decreto. Fuerza la sanción de leyes sin consenso entre los propios legisladores oficialistas. Interfiere en el Poder Judicial. Esto preocupa especialmente al inversionista industrial, cuyo riesgo no se limita a unas pocas semanas.

En vez de proveer a la estabilidad permanente, promoviendo un sistema legal e instituciones que aseguren para el futuro una moneda sana (gobierne quien gobierne), el oficialismo se muestra autocomplaciente, pasivo y—lo más peligroso—ocupado en crear temor a todo cambio. El propio gobierno sugiere, continuamente, que su política es la "única" que puede asegurar estabilidad, y el Ministro de Economía es exhibido como el "garante" de esa estabilidad. El mensaje es desalentador para cualquier inversionista a largo plazo: es el gobierno venezolano quien le está diciendo que, en Venezuela, la estabilidad depende de un plan de coyuntura o de la permanencia de una persona. Esto es falso y causa un serio daño a nuestras perspectivas económicas.

En vez de proveer a la cohesión social, el gobierno ha favorecido la concentración económica—causando tanto desequilibrios regionales como disparidades sociales irritantes— y ha provocado un desempleo histórico. Ni la privatización ni la apertura comercial fueron acompañadas por medidas capaces de contrarrestar su previsible efecto sobre el empleo. El gobierno creyó que, hasta cierto punto, el desempleo ayudaría a reducir el costo salarial y asegurar flexibilidad laboral. Esto, unido a una política que ha hecho desertar al Estado de funciones sociales primarias, crea pobreza y marginalidad, abriendo dudas sobre la estabilidad social.

En vez de realizar una fuerte inversión en capital humano, el gobierno se ha desentendido de la escuela pública, no ha otorgado suficiente prioridad presupuestaria a la educación y ha impedido el desarrollo—además de destruir partes— del sistema de investigación científica.

En vez de mejorar substancialmente la relación costo/beneficio y propender a que el costo de oportunidad favorezca la inversión de largo plazo, el gobierno está preocupado por obtener créditos para cubrir baches fiscales —resultado de su incapacidad para llevar adelante una real reforma del Estado— y justificar su pasividad. No reduce los costos impositivos, no promueve una reforma financiera que baje el costo del dinero, no impide la formación de precios monopólicos que encarecen bienes y servicios varios. La privatización ha producido bajas en algunos rubros, como energía eléctrica y puertos, pero fuertes subas en otros servicios. El costo que ha merecido la mayor atención del gobierno es el laboral, que puede reducirse eliminando impuestos al trabajo no beneficiosos para el trabajador; pero que, aun así, no podría ser el eje de la política de reducción de costos en una economía cuyas potenciales ventajas competitivas están en los sectores de tecnología intermedia, no en los "mano de obra intensivos."

Nuestra propuesta supone fuertes cambios en la orientación de la economía. Aspiramos a lograr un amplio consenso social, que impela al gobierno a producir esos cambios.

Las bases que hoy presentamos serán presentadas a las distintas fuerzas políticas, organizaciones empresarias, instituciones y entidades civiles y gremiales, así como a los medios de comunicación.

La UCD llama a poner la atención colectiva en el largo plazo, y a crear confianza duradera.

Para esto, es indispensable que las fuerzas políticas con capacidad potencial de gobernar a partir de 1998—junto con los sectores políticos, económicos y sociales de cuyo apoyo dependerá cualquier futuro gobierno— busquen coincidencias mínimas y ofrezcan, así, seguridad a la inversión productiva.

El inversionista industrial que invierta en Venezuela bajo el actual gobierno, sabe que no recuperará su capital sino bajo el próximo gobierno. Esto es así porque a este gobierno le quedan sólo 45 meses: un plazo exiguo para la amortización de la clase de inversiones que el país necesita.

La democratización está dispuesta a iniciar, ya mismo, en Venezuela y el extranjero, esfuerzos para atraer capital productivo.

Lo hará exponiendo sus planes y comprometiéndose a promover (y asegurar una vez en el gobierno) la seguridad jurídica, la estabilidad permanente, la cohesión social, el capital humano y las oportunidades para irrumpir exitosamente, desde Venezuela, en el mercado mundial.

Moneda sana

El objetivo de la política económica debe ser el crecimiento sostenido no’ inflacionario.

La disciplina fiscal es indispensable a fin de asegurar la estabilidad.

En el largo plazo, la disciplina fiscal no puede depender de la permanencia de recursos transitorios. Hace falta un sistema legal e instituciones que aseguren esa disciplina, con políticas varias y gobiernos de diferente signo.

La clave consiste en impedir el financiamiento monetario del déficit fiscal. El gobierno no debe tener la posibilidad de cubrir necesidades fiscales con emisión. La administración y los entes públicos no deben tener la facilidad de recurrir al Banco Central para financiarse, ni gozar de acceso privilegiado a los mercados financieros. Esas restricciones aseguran la disciplina.

Los instrumentos para imponer tales restricciones son varios y su aplicabilidad cambia según las circunstancias. A partir de 1991, Venezuela no alcanzó una relativa disciplina fiscal a través de un mecanismo transitorio: una "caja de conversión", que implica inmovilizar las reservas del país para dar respaldo al peso porque éste, por sí solo, no genera confianza.

Ese mecanismo transitorio deberá ser reemplazado oportunamente por mecanismos definitivos. Una posibilidad es la creación de una autoridad monetaria autónoma, que regule la circulación monetaria y la dotación de crédito con el fin de preservar el valor de la moneda.

En todo caso, lo importante es lograr consenso social sobre el objetivo. La discusión sobre los instrumentos debe encararse de manera pragmática. La rigidez y el dogmatismo, que llevan a sacralizar un instrumento, suelen tender trampas de las cuales es difícil salir.

Teniendo en cuenta la necesidad de crear confianza a largo plazo, es necesario que las distintas fuerzas políticas procuren acuerdos mínimos que garanticen —cualquiera fuere el gobierno y cualesquiera los instrumentos— la preservación de una moneda sana sea el objetivo común y permanente.

Dentro de los límites demarcados por una seria y adecuada política monetaria, que haya recuperado su carácter nacional, hay margen para políticas activas.

Todas las propuestas contenidas en este documento tienen como presupuesto la disciplina fiscal.

Es falso que para mantener esa disciplina y defender el valor de la moneda, el Estado deba renunciar a su deber de promover el desarrollo y el bienestar general. Al contrario, no hay equilibrio sostenible, en el largo plazo, sin crecimiento económico y cobertura social.

Nuestras propuestas implican:

Maximizar la competitividad del productor, el industrial y el comerciante sin retroceder en la marcha hacia un comercio libre.

Maximizar ingresos sin comprometer la estabilidad monetaria.

Maximizar la asistencia al desocupado sin desestimular la reconversión laboral ni la búsqueda activa de empleo.

Competitividad internacional

Un país es competitivo cuando produce, con igual o mayor calidad que otros, a igual o menor costo que otros, bienes (o servicios) que el mercado mundial demanda.

Los países poco competitivos, se van marginando del comercio mundial. Se vuelven cada vez menos viables.

¿Cómo lograr la competitividad suficiente?

"La única receta que yo puedo aconsejar es: liderazgo gubernamental y una vigorosa actividad del sector privado.

El desarrollo espontáneo no existe. El mercado lo favorece, pero hace falta un plan: "el sistema del libre mercado no es la panacea: se necesita organización y conducción para tener éxito".

Es eso lo que demostró el Asia: Lo que hicieron en Japón, desde el gobierno, fue poner objetivos a la actividad privada, co-artífice del milagro japonés. Durante cierto tiempo, el gobierno examinó en qué áreas económicas tenían potencialidad y capacidad para competir en el mercado mundial. Cual decidieron hace ya varios años, promover el comercio exterior y fortalecer el desarrollo científico y tecnológico.

Con la misma fórmula, se expandieron otras economías orientales. En la década del 80, Corea creció a razón de 10,1% anual: la mayor tasa de crecimiento en el mundo. Tailandia (7,6), Taiwan (7,3), Hong Kong (7), Singapur (7), estuvieron, todas, entre las diez economías que más crecieron durante esos diez años.

Los métodos simplistas no sirven.

Un método simple para la manipulación de la tasa de cambio. Obviamos el análisis de este método porque, en las condiciones de la economía venezolana actual (convaleciente de años de inflación crónica, con la memoria inflacionaria intacta y un alto grado de dolarización), el Estado no dispone, ni podrá disponer en el futuro previsible, de la herramienta cambiaría. No obstante, conviene señalar que, así fuera posible fijar una tasa de cambio ideal, ella, por sí sola, no aseguraría competitividad.

Tampoco la aseguraría, por sí mismo, el bajo costo laboral. Es más: en determinadas condiciones, los bajos salarios ni siquiera son indispensables: cuando los otros costos son bajos, buenos sueldos no impiden (y hasta favorecen) la competitividad. Alemania, Suiza y Suecia, tienen los salarios más altos del mundo y son competitivas. África tiene los salaras más bajos y no es competitiva.

Es cierto que un país no desarrollado, sin tecnología de puntera y sin ventajas competitivas en sectores de alto valor agregado, tiene una baja productividad comparada y en el corto plazo, tiene pocos instrumentos para mejorar su competitividad. La disminución del costo laboral puede aparecer entonces como una solución. Sobre todo, si ese costo laboral es abultado por cargas e impuestos que pesan sobre la nómina salarial y no benefician el bolsillo de los trabajadores.

El error es creer que una reducción del costo laboral exime de los grandes esfuerzos, públicos y privados, que se requiere para aumentar la combatitividad.

Ya hemos dicho que, con la irrupción de China (1.200 millones de habitantes) y otras populosas naciones del Asia, el mercado mundial de productos "mano de obra intensivos" no ofrece mucho espacio. Venezuela, un país de 24 millones, que parte de un umbral mucho más alto, porque tiene standard de vida y salarios tradicionalmente superiores— tiene poca oportunidad de competir allí donde la ventaja es del país con mano de obra abundante y extremadamente barata.

Una economía como la nuestra debe buscar sus nuevas ventajas competitivas en los productos de tecnología intermedia. En ellos, la incidencia de la mano de obra en el costo final es menor y, en muchos rubros, los salarios no son el elemento crítico.

¿De qué depende, entonces, la competitividad? De una serie de factores, que no se agotan en el valor de la moneda y los costos internos:

"Boom" exportador

Los miembros del mundo desarrollado comercian entre sí. Las exportaciones de los países industriales van en su mayor parte (75%) a otros países industriales.

Más que los países, quienes exportan (e importan) son grandes empresas. Un millar de multinacionales domina el mercado mundial. En algunos rubros, un puñado de ellas acapara casi todo. Se trate de equipos para la construcción o para telecomunicaciones, la mitad del mercado internacional está en manos de cuatro gigantes. Lo mismo ocurre con las grandes computadoras, los chips, el níquel o los rulemanes. Cuatro corporaciones acaparan más de 50% de las ventas mundiales.

Los gobiernos del "primer mundo" se encargan de mantener lejos a los competidores. El proteccionismo ostensible se practica cada vez menos: hoy los aranceles están mal vistos. En cambio, se recurre a patentes, licencias, especificaciones técnicas, certificados, cláusulas de reciprocidad y otros subterfugios.

En Estados Unidos, las industrias textil, siderúrgica y automotriz gozaban en 1987 de una protección extra-arancelaria que —según calculó el Banco Mundial— equivalía a un arancel de 25%. La situación no ha cambiado mucho desde entonces.

¿Cómo irrumpir en ese mercado imperfecto? ¿Qué puede hacer un país en desarrollo, como Venezuela, para colarse por las brechas que puedan dejar los dueños del mercado mundial?

Esta es una estrategia:

  1. Entrar, con bienes y servicios de alto valor agregado, en países emergentes. Cuando se habla de impeler exportaciones con alto valor agregado, se piensa en estrategias para entrar en mercados prestigiosos que se hallan, en gran parte, bloqueados. Se subestima, por lo general, a mercados menos prestigiosos, pero más abiertos, que tienen capacidad de pago y necesidades en aumento. La industria venezolana, con la ayuda de una adecuada diplomacia comercial, puede tomar importantes porciones de mercado en los países emergentes.
  2. Estimular la especialización en actividades mundialmente fragmentadas. En las actividades más concentradas, donde unos pocos gigantes dominan el mercado internacional, es casi imposible desarrollar ventajas competitivas. Poco importa que un país tenga las materias primas necesarias, abundante mano de obra y aun un fuerte mercado interno que le sirva de base. Los gigantes gozan las economías de escala, financian nuevas tecnologías, pagan costosas investigaciones, obtienen patentes que conceden derechos monopólicos, gastan millones en publicidad... y suelen ser sutilmente protegidos por sus gobiernos. En cambio, hay mercados donde la oferta es amplia, el ingreso no está bloqueado y la posibilidad de crecer es grande. Los estímulos gubernamentales —fiscal, crediticio, técnico— deben orientar a nuestras industrias de exportación hacia especialidades que permitan ganar terreno, rápidamente, en mercados fragmentados.
  3. Sub-especializar a industrias ya instaladas que puedan incorporarse a redes de comercio recíproco. Hay industrias donde, pese a la concentración mundial, podemos encontrar resquicios. "Si el comercio mundial fuera (plenamente) especializado, Estados Unidos debería exportar semiconductores, Japón televisores y Europa máquinas-herramienta. Eso es lo que supone la teoría tradicional del comercio, según la cual los países se especializan según sus ventajas comparativas. Dos países no deberían, según esa teoría, exportarse recíprocamente las mismas cosas. Sin embargo, lo hacen. Las exportaciones recíprocas, entre las once naciones más industrializadas, creció de 46% en 1964 a 60% en 1985. En algunos rubros, las cifras fueron aun más altas: 70% del comercio mundial de rulemanes se realiza entre países que fabrican rulemanes"

Para aprovechar todas esas oportunidades, hace falta políticas activas. Se debe evitar la desregulación unilateral (que crea desventajas), estimular el desarrollo de nuevas industrias, proveer incentivos a la exportación y negociar acuerdos bilaterales o multilaterales que permitan administrar adecuadamente el comercio externo. 4 - Desarrollar nuevas ventajas competitivas. Venezuela no podría multiplicar sus exportaciones si no ofreciera otra cosa que materias primas y manufacturas "mano de obra intensivas". Eso tiene un techo muy bajo.

Acero, aluminio, papel y petroquímica han contribuido a expandir nuestras exportaciones, pero tampoco eso basta.

Es necesario desarrollar nuevas ventajas competitivas.

Lo primero que debemos hacer, aunando esfuerzos públicos y privados, es una investigación sobre tendencias del mercado internacional.

Esa investigación sería parte de un programa tendiente a acumular y someter a actualización permanente—información sobre el mercado mundial, necesaria a fin de tomar decisiones, tanto en el sector público como en el sector privado.

Se trata de construir un banco de datos, actualizable día a día, que provea información sobre:

Nuevos bienes transables. Detección oportuna de la incorporación de nuevos productos al mercado internacional

Nuevos servicios transables.

Nuevos desarrollos. Detalles sobre su probable impacto sobre bienes y servicios ya presentes en el mercado internacional.

Demandas insatisfechas. Necesidades de importación no cubiertas por la actual oferta internacional.

Proyecciones de demanda mundial.

Proyecciones de oferta mundial.

Estadísticas. Todo el movimiento de bienes y servicios en el mercado internacional: por rubro, por producto, por países exportadores, por países importadores.

Proteccionismo. Barreras arancelarias y no arancelarias, país por país. Cupos. Cuotas. Subsidios.

Acuerdos bilaterales. Acuerdos multilaterales.

Precios. FOB, CIF (diversos orígenes y destinos). Detalle, producto por producto, servicio por servicio.

Consolidando esa información, hoy dispersa, se orientarán los esfuerzos que el sector público pueda hacer para estimular las actividades con mayor potencial.

En términos generales, puede convenirse que los sectores más promisorios, en el corto y mediano plazo, son aquellos que:

  1. Parten del aprovechamiento de una ventaja natural.
  2. Pueden desarrollarse a partir de capacidades instaladas y factores existentes.
  3. Dan origen a un árbol de numerosos productos distintos, transables en mercados diferentes.
  4. La agroindustria reúne esas características. Disponemos de una ventaja natural para la producción de materias primas agropecuarias. El país tiene cultura agropecuaria y capacidad industrial. El procesamiento de materias primas alimenticias da origen a una amplísima gama de productos, lo cual permite actuar en el mercado mundial con flexibilidad y capacidad de adaptación a las condiciones cambiantes.

    Sectores de la química, y algunas ramas del árbol petroquímico, podrían reunir, también, esas características. Disponemos de abundantes reservas de gas, cuyos componentes ricos (etano, propano, butano y gasolina) son materia prima petroquímica.

    La minería y la industrialización de productos mineros es otra de las áreas con mayor potencial para la creación de nuevas ventajas competitivas.

    Venezuela puede, asimismo, ofrecer servicios en diversas áreas, incluyendo informática.

  5. Promover con criterio económico. El desarrollo industrial puede ser indiscriminado u orientado a un fin de política económica general. Los resultados no son iguales.

No da lo mismo una industria que otra. Los efectos económicos de cada actividad son distintos.

Como el objeto de toda política económica es crear las condiciones para que se produzcan los efectos más favorables, se requiere una política económica que estimule, en el sector privado, la expansión de las actividades con mayor aptitud para acelerar el desarrollo industrial y promover el comercio exterior.

A la hora de conceder exenciones, distribuir crédito público u otorgar beneficios, hay que seguir un orden de prioridades. Predeterminado. Objetivo. Transparente.

La suspensión de toda actividad promotora puede justificarse en períodos de confusión, transición o profunda crisis fiscal. No podría defenderse como modelo.

El Estado siempre promueve actividades privadas: por acción o por omisión. Si no asiste a las industrias del futuro, asiste —aunque no se lo proponga— a las industrias del pasado.

Cuando el Estado protege a un sector declinante, actúa como respirador artificial. Cuando asiste a una industria todavía débil, pero con futuro en el mercado mundial, actúa como incubadora.

En un caso, no hace más que prolongar la agonía. En el otro, facilita el desarrollo.

Hasta ahora, el Estado venezolano no sólo eligió mal a los beneficiarios de sus planes de promoción. Tiró dinero por la ventana. Promovió sin exigir.

Para impulsar las industrias del futuro, hay que fijar antes las reglas de juego adecuadas.

El impulso debe ser transitorio, y esto debe quedar claro desde el vamos. Los beneficios deben estar sujetos al cumplimiento de metas verificables. Hay que "pagarlos" en productividad y exportaciones. Si una industria no alcanza las metas de productividad y exportación que se le fijen, perderá beneficios. Para conservarlos, deberá alcanzar las metas o sobrepasarlas.

Como veremos más adelante, el sistema requiere la profesionalización, jerarquización del Estado, así como procedimientos que garanticen la pureza de los procedimientos. Sin este requisito, cualquier sistema de promoción se convertiría en una fuente de discrecionalidad, corrupción y distorsiones económicas.

En materia de estímulo a las inversiones extranjeras, también se requiere un criterio selectivo.

Una cosa es el capital que viene a crear una industria nueva (o a repotenciar una existente, introduciendo capital de trabajo, tecnología y capacidad gerencial) y otra cosa el que se limita a adquirir la propiedad de una industria instalada. Una cosa es el capital que viene a generar exportaciones y otra cosa el que viene a generar importaciones. Una cosa es el capital que viene acompañado de "know how" o conexiones comerciales internacionales y otra cosa el que viene solo. Hay que facilitar y premiar (a través de la política fiscal) las inversiones externas que se orienten al desarrollo de las industrias del futuro y nos permitan acceder a niveles industriales y tecnológicos superiores.

Eso es lo que han hecho los países del Asia —únicos casos de desarrollo económico acelerado en las últimas décadas— y lo que hacen aun los países más desarrollados.

Los Estados Unidos, Europa y Japón impulsan, desde el Estado, industrias nuevas con gran capacidad de expansión.

Por supuesto, las naciones industriales promueven actividades ubicadas en la frontera tecnológica, que no son las que nosotros estaríamos en condiciones de estimular. Un ente oficial norteamericano (Advanced Research Projects Agency), promueve la mecanotrónica, que desarrollará máquinas microscópicas, de hasta una 100 millonésima de milímetro cuadrado. El legendario MITI —el Ministerio de Industria y Comercio Exterior de Japón, que planeó y dirigió el desarrollo de ese país— está empeñado perfeccionar un Sistema de Fabricación Inteligente. Con él, las computadoras no sólo ejecutarán órdenes sino que tomarán decisiones. Entre los proyectos del MITI, figura una central eléctrica 100 x 100 automática.

Mientras, en Venezuela hay una renuencia a planear, no ya sobre las fronteras tecnológicas: tampoco en el campo de la tecnología intermedia, donde tenemos grandes posibilidades. La ciencia y la técnica siguen pareciendo lujos. Se supone que la industria crecerá sola.

En una economía global, un país no puede subsistir si no es capaz de competir (en algunos rubros, al menos) con las naciones más avanzadas. No podrá hacerlo, por un tiempo, en sectores que demandan tecnología de punta. Tendrá que especializarse, durante una primera etapa, en productos de tecnología intermedia. Pero no puede autoexcluirse de la competencia en mercados difíciles porque, en gran medida, el desarrollo de su propia competitividad surgirá de su exposición a tales mercados.

Con nuestra producción tradicional, no haremos un gran impacto en el comercio mundial. Los principales productores de alimentos son, hoy, los países industriales. En poco tiempo más, esos mismos países tendrán —por biotecnología— nuevos cereales nuevos y clones de bovinos. Las economías pastoriles se quedarán cada vez más atrás. No se recuperarán así agreguen, a sus exportaciones, una que otra manufactura tradicional.

No hay, por lo tanto, estrategia de desarrollo eficaz si no se concentra esfuerzos en la promoción de las industrias del futuro.

Interno y externo

La dicotomía mercado interno/mercado mundial es tan falsa como la dicotomía campo/industria.

No hay posibilidad de desarrollar el mercado interno sin integrarse a la economía mundial.

No hay posibilidad de integrarse a la economía mundial desentendiéndose del mercado interno.

La experiencia asiática muestra la interacción del mercado interno con el comercio exterior.

En el caso de Venezuela, la primera necesidad es ampliar su mercado interno.

Para eso, la integración regional es la clave.

Mercosur no puede quedarse en la eliminación concertada de aranceles. Debe servir para crear un espacio económico sin fronteras económicas interiores. La unión nos permitirá ganar escala. El PBI sumado de Venezuela, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay será apenas un décimo del PBI de la Comunidad Europea pero es superior al de Bélgica, Dinamarca, Grecia, Irlanda, Luxemburgo y Portugal, todos juntos. Una unión efectiva, por otra parte, dará origen a un mercado de casi 200 millones de personas: más habitantes que Italia, Gran Bretaña y Francia juntas. Inversiones que hoy no podemos atraer, se sentirán atraídas por ese mercado ampliado. Cambiar de dimensión es cambiar de posibilidades.

El mercado común debe dar lugar a la formación de una comunidad económica, no limitada a los países que hoy están comprometidos a integrar Mercosur.

Comunidad Económica Sudamericana

Con la incorporación de Chile (y eventualmente Perú, Ecuador y Colombia) al embrión Mercosur, podrá darse origen a una Comunidad Económica Sudamericana.

Para que haya una verdadera comunidad económica, es necesario:

armonizar las leyes de los distintos países miembros,

uniformar el régimen impositivo,

coordinar políticas cambiarias y monetarias.

Por otra parte, hay que crear una autoridad comunitaria que impulse y supervise la unión. Una Comisión Ejecutiva y un Parlamento sudamericano son recomendables.

Una unión construida de ese modo se traducirá en un verdadero mercado común.

El consecuente cambio de escala económica servirá, entre otras cosas, para desarrollar la microelectrónica, la informática, la ingeniería de materiales, la biotecnología.

Estas actividades ofrecen pocas posibilidades en el ámbito restringido de los mercados nacionales. Si queremos que cada uno de nuestros países tenga todas esas industrias, ninguno va a tenerlas.

La comunidad económica permitirá que, instalada en uno de los países miembros, una industria disponga del mercado de todos y, contando con esa base, pueda proyectarse al mercado mundial.

Esto nos permitirá acceder a niveles de desarrollo industrial que hoy nos están vedados.

Integración sectorial

Hoy día, integrar todo el continente sería imposible. La asimetría es extraordinaria. No sólo el PBI de los Estados Unidos es casi 30 veces superior al de Venezuela: la organización, la tecnología, los recursos financieros y el poder político de los Estados Unidos —la nación que lidera el mundo— no admiten comparación. Unir dos economías tan dispares es impracticable. Ni Mercosur serviría para aproximarnos al equilibrio.

En cambio, es posible avanzar en la integración continental por sectores. Eliminar, por ejemplo, aranceles y otras barreras que hoy afectan al intercambio de alimentos.

Las diferencias —enormes cuando se considera a las distintas economías en su conjunto— se vuelven manejables cuando se considera, aisladamente, una actividad.

La integración sectorial permitirá avanzar, progresiva y equitativamente, hacia una integración más amplia.

Socios del mundo

Hay un error que debemos evitar: creer que el primer mundo está dividiéndose en tres espacios autárquicos: NAFTA, la Unión Europea y Asia. Ese error lleva a creer que un país como Venezuela debe optar por vincularse a uno de esos tres espacios, en detrimento de su relación con los otros dos.

Ninguno de esos tres espacios es concebido como una fortaleza. Al contrario, uno de los objetivos de la integración de diversas economías es adquirir mayor competitividad en el mercado mundial.

Los espacios, por lo demás, están interpenetrados. Firmas japonesas representan un porcentaje creciente de la producción, el comercio interior y el comercio exterior de la Unión Europea.

Ni Estados Unidos, ni Europa ni Japón reclaman relaciones exclusivas o "fidelidad" comercial. Tampoco valoran (ni premiarán) la decisión unilateral de un país que opte por privilegiar la relación con uno de ellos.

Venezuela, como tal y, en caso de conformarse Mercosur, en nombre de este mercado sudamericano—debe buscar socios comerciales en todo el mundo:

  • 1. LA NUEVA EUROPA. La Unión Europea ya ha borrado las fronteras internas. Hoy da lo mismo que una empresa esté en Sevilla, Atenas, Dusseldorf o Glasgow: tiene un solo mercado, leyes comunitarias y una autoridad supranacional, sita en Bruselas.

     

Aquellos que siempre reparan en las dificultades, más que en las posibilidades, pronosticaban que este momento nunca llegaría. Ahora, creen que la crisis del Sistema Monetario Europeo paralizará a la Comunidad.

Es inevitable que un proyecto tan ambicioso como la unidad europea atraviese dificultades, sufra retrocesos y tenga períodos de estancamiento o de marcha en zigzag.

Lo importante es lo que ya Europa ya logró, y qué condiciones crea ese logro para el resto del mundo; en particular, para nosotros mismos.

La Unión Europea ha menguado pero mantiene —al igual que Estados Unidos— subsidios agrícolas que afecta a nuestros intereses.

Sin perjuicio de nuestras negociaciones como parte del grupo y en la Organización Mundial de Comercio, debemos —en las relaciones con Bruselas y, también, en las relaciones bilaterales con los gobiernos de los 12 países comunitarios— procurar la solución del problema.

Esa solución resultará tanto más fácil y provechosa cuanto más claro tengamos que el objetivo no es, simplemente, remover una barrera opuesta a nuestras exportaciones tradicionales: se trata de establecer bases equitativas de intercambio y convertirnos en socios de la nueva Europa.

El fin debe ser multiplicar el comercio con Europa, abrir nuevos mercados, acceder a tecnologías, integrar joint-ventures y atraer inversiones.

  • 2. ASIA. Junto con Estados Unidos y la nueva Europa, Japón dominará por mucho tiempo el comercio mundial.

Esta potencia de primer orden depende del petróleo y los alimentos importados.

Sudamérica es fuente de petróleo y alimentos. Es, además, un mercado importante.

Japón, a su vez, es exportador de capital y tecnología. La complementación interesa tanto a Japón como a Sudamérica.

Las nuevas economías industriales del Asia (los cuatro "tigres": Corea, Taiwan, Hong Kong y Singapur, así como las naciones de ASEAN: Malasia, Indonesia, Filipinas, Tailandia y Brunei, además del mismo Singapur) están caminando, también ellas, a la formación de un mercado común.

Japón es el referente natural en el Asia, pero —como nos ocurre a nosotros con Estados Unidos— la disparidad entre la economía japonesa y las otras economías del área es muy grande.

En muchas actividades habrá integración con Japón. En otras, los países asiáticos deberán buscar socios comerciales fuera del área.

El intercambio sudasiático-sudamericano ofrece múltiples posibilidades.

  • 3. SISTEMA BI-OCEANICO. La formación de una Comunidad Sudamericana pueden dar lugar a un sistema bi-oceánico.

Chile —que hoy se prepara para una integración regional— ganará un vínculo Atlántico con la nueva Europa, a la vez que afianzará su posición en el Mercosur. Nosotros ganaremos un vínculo con el Pacífico.

La costa oeste de los Estados Unidos, Japón, China, las nuevas economías industriales del Asia, Australia y Nueva Zelanda serán actores principales del comercio mundial.

Diplomacia comercial

El mercado interno no podría sustentar, por sí solo, el crecimiento que buscamos.

Tampoco bastará con un incremento paulatino de nuestro comercio exterior.

Debemos multiplicar las exportaciones. Irrumpir en el mercado mundial.

Eso exige armonizar normas con otros países, superar conflictos, entrar en negociaciones bilaterales, participar en negociaciones multilaterales.

Abrirse para exportar más.

Hay quienes hablan de apertura pero todo lo que propugnan es eliminar aranceles, desproteger a nuestra industria, no negociar nada y sentarse a esperar que nos inunden.

La apertura unilateral y abrupta tiene efectos contraproducentes: perjudica al agro y a la industria, crea déficit comercial, genera deuda, termina en recesión y, por último, obliga a cerrar nuevamente para hacer frente a la crisis.

Es cierto que la libertad para fijar paridad, otorgar exenciones impositivas a las industrias que se quiere promover, proteger a los sectores incipientes y premiar las exportaciones, se ve restringida por razones internas e internacionales.

Muchos de esos mecanismos son incompatibles con el proceso de liberalización del mercado mundial, a la cual está comprometida la OMC.

Sin embargo, todos los países exportadores utilizan los mecanismos postulados, en algunos casos hasta extremos como los alcanzados por la Unión Europea y los Estados Unidos, que subsidian su producción agropecuaria —para protegerla de las importaciones provenientes de países de mayor productividad— y se exceden de tal forma en el subsidio que provocan sobreproducción y terminan exportando excedentes subsidiados, a precios de dumping.

Esos mismos países están interesados en la libertad de comercio, como lo estamos nosotros, que necesitamos una apertura masiva de mercados. Pero esos países saben (y nosotros debemos aprender) que la liberalización es un proceso negociado, en el que cada cual trata de negociar desde posiciones de fuerza y nadie renuncia unilateralmente a los recursos aptos para mejorar su posición en el mercado mundial.

Esa negociación será prolongada, tendrá marchas y contramarchas, y exigirá moverse con gran habilidad.

Nosotros, que luchamos contra el proteccionismo, efectivo y grosero, de los poderosos, debemos poner en la mesa de negociaciones la necesidad de que se admita cierto grado de protección, selectiva y transitoria, en los más débiles.

En todo caso, lo que debemos tener siempre presente (cuando discutimos en el exterior y cuando tomamos decisiones domésticas) es que la prioridad, el objetivo más importante, la condición de nuestro crecimiento y, por lo tanto, de nuestra sobrevivencia, es la irrupción de Venezuela en el mercado internacional como exportador de productos industriales, con creciente valor tecnológico agregado. Esto tiene que convertirse en una obsesión nacional.

El modelo que proponemos exige, ante todo: definir metas de productividad y exportación, a mediano y largo plazo, estimular el desarrollo de nuevas ventajas competitivas y fijar la apertura de mercados como la principal misión de la política exterior.

Inteligencia económica

En lo inmediato, y en el contexto de una firme contribución venezolana a la liberalización del mercado mundial, es necesario, por un lado:

  1. Utilizar al máximo el margen de maniobra que, a los fines de una legítima política arancelaria, conceden las normas de la OMC y los compromisos asumidos en el marco del Mercosur.
  2. Sancionar medidas anti-dumping eficaces, que impidan la importación de subsidios ajenos.
  3. Prevenir y sancionar el contrabando.

Por otro lado, se debe desarrollar en el Estado una capacidad de inteligencia económica que permita detectar y efectuar el seguimiento de todo subsidio, directo o indirecto, que beneficie en origen a los productos que ingresan al mercado venezolano.

Aclimatación del servicio exterior

En la era del jet, el discado directo, el fax, el correo electrónico y la videoconferencia, las relaciones políticas internacionales son personales, de gobernante a gobernante. Las representaciones diplomáticas son, cada vez más, parte del sistema mundial de comercio.

Debemos darle un sesgo económico al servicio exterior. Formar nuevos diplomáticos, con especialización a nivel de post-grado en comercio mundial y marketing.

Mientras, promover a los diplomáticos-economistas, concentrar el presupuesto del servicio exterior en los destinos con mayor potencial de intercambio.

"Trading companies"

Las exportaciones venezolanas deben superar muchos obstáculos. Estamos lejos de los grandes mercados y los fletes encarecen nuestros productos.

No trabajamos, por ahora, con grandes volúmenes (salvo en exportaciones tradicionales). No se nos reconoce como proveedores calificados salvo en rubros tradicionales, como carne y cereales, y alguna producción industrial específica. La mayoría de nuestros exportadores carece de agencias propias en el extranjero. Las barreras culturales, idiomas y hábitos comerciales diferentes, suelen resultarnos infranqueables.

Una trading companies nacional resolvería gran parte de esos problemas. Estado y sector privado deben realizar esfuerzos conjuntos para crear una o más grandes compañías exportadoras.

Eso aumentaría el poder de negociación de los exportadores venezolanos, facilitaría los despachos colectivos por charter y nos permitiría desarrollar una red comercial que abarcara los principales mercados.

Esa red estaría integrada por oficinas in situ, dedicadas a detectar oportunidades, hacer investigaciones de mercado e intervenir en negociaciones.

La compañía exportadora podría organizar, en diversos mercados, campañas de promoción de productos y servicios venezolanos. La experiencia de Exportar, aunque muy limitada, indica la necesidad de apoyar activamente a las exportaciones.

Nuestra propuesta supone la búsqueda de mercados externos, la difusión de normas internacionales de calidad, la promoción de nuestra oferta exportable y la creación de un sistema de información adecuado y actualizado, que custodia permanentemente los cambios tecnológicos y las transformación de los patrones de consumo y demanda.

ISO 9000

La calidad total es hoy un requisito, y existen regulaciones internacionales que proveen un control documentado de calidad, en las distintas etapas de elaboración de un producto.

La International Standards Organization (ISO) ha establecido un "patrón internacional de calidad asegurada.":

Las normas ISO 9000.

En 20 secciones, esas normas fijan los umbrales de calidad para el diseño y fabricación de productos y servicios.

El estricto cumplimiento de esas normas, y el sometimiento a verificaciones independientes, es una llave que abrirá mercados. El Estado debe inducir esa conducta en el sector privado, especialmente en las pequeñas y medianas empresas, mediante:

Difusión de las normas. Campaña publicitaria. Edición anotada y comentada. Servicio on line de información.

Creación de consultoras mixtas que provean asesoramiento sobre:

  • Definición de políticas de calidad de la empresa.
  • Organización interna requerida para la aplicación de las normas.
  • Creación de los correspondientes registros internos.
  • Entrenamiento de personal.
  • Auditoría de calidad.

Agrodólares

Los Estados Unidos producen, en un año, 123 kilos de carne por habitante. Venezuela, 29.

Los Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, producen mucho más trigo que Venezuela, otrora "granero del mundo".

Los Estados Unidos, superpotencia industrial, son los grandes productores mundiales de alimentos. Con 258 millones de habitantes (un cuarto la población de China) los Estados Unidos son: Nº 2 en cereales, Nº 2 en carne, Nº 3 en frutas y Nº 3 en vegetales.

Japón, pese a lo reducido de su territorio y la escasez de tierras cultivables, está entre los 10 mayores productores mundiales de arroz y té.

Los países industriales no sólo cultivan y crían para sí: convierten alimentos en divisas.

La mitad de todas las exportaciones del mundo, incluye exportaciones de manufacturas, alimentos y servicios— salen de seis países industriales: Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia.

Los países industriales tienen una alta productividad en alimentos, en parte, por su tecnología y organización; y en parte por factores indeseables, como un "eficientismo" que ha provocado desequilibrios ecológicos e introducido riesgos a la salud.

Entre esos factores indeseables cabe mencionar, desde el punto de vista del comercio mundial, los subsidios a productores. Esos subsidios tienen un efecto distorsionante e implican una competencia desleal para países como Venezuela.

La Organización Mundial de Comercio aspira a un mercado libre que abarque el mundo entero. Los países industriales proclaman la libertad de mercado pero, por ahora, están más interesados en aumentar sus exportaciones que en asegurar esa libertad.

Los subsidios agrícolas, a los cuales han recurrido, por igual, norteamericanos y europeos, no obedecen sólo a la necesidad política de sus gobiernos.

Los productores rurales no aportan demasiados votos. Son apenas 2 millones en Estados Unidos: 0,8% de la población. En Europa, suman más (11 millones; 3,2% de la población) pero, aun así, su fuerza electoral es escasa. Los países industriales subsidian la producción agropecuaria... para defenderla. La consideran un valor en sí misma.

Aun cuando objetemos el método, debemos advertir que —en los hechos— los países más avanzados demuestran lo infundado del temor que tienen, en el mundo subdesarrollado, quienes creen que el desarrollo industrial implica el sacrificio del agro. En la experiencia mundial, ese desarrollo incorpora y potencia al agro.

La polémica campo/industria, que en Venezuela nos ha distraído durante décadas, carece de sentido.

Hay, sí, países agrícolas sin industria: los países más pobres de la Tierra. En cambio, no hay países industriales que descuiden el agro.

Como los países industriales son, a la vez, los únicos en condiciones de entrar a la era post-industrial, hay algo que puede anticiparse: no habrá economía post-industrial sin industria y agro.

El desarrollo económico es integral.

Si los venezolanos queremos ser una potencia agropecuaria, debemos desarrollar la industria y los servicios.

Si queremos desarrollar la industria y los servicios, debemos usar el poder del agro.

Si queremos anticiparnos a la era post-industrial, debemos inyectar ciencia y tecnología en el campo y la industria.

Si queremos salir del estancamiento, debemos hacer todo eso al mismo tiempo y cuanto antes.

Para hacerlo, debemos seguir un modelo industrial exportador. Queda claro que industrial no quiere decir opuesto al campo, y es obvio que —en la primera etapa— exportador significará, sobre todo, agro-exportador.

No basta con tener un Estado sin empresas. No basta con mantener la inflación en un dígito anual. No bastaría, tampoco, con eliminar el déficit fiscal.

Se necesita, además, "una combinación de planificación y orientación gubernamental" con "una fuerte actividad del sector privado".

Lo importante es que la producción venezolana se vuelva competitiva en el mercado mundial. La única producción que, hasta ahora, parece realmente competitiva es la agrícola. Para lograr (y sostener) tasas de crecimiento similares, Venezuela necesita impulsar industria y exportaciones.

En el corto plazo, la producción primaria y la manufacturas de origen agropecuario seguirán siendo la principal fuente de divisas de nuestra economía.

El adecuado empleo de esa fuente requiere:

  1. Negociar, en el plano internacional, desde posiciones de fuerza. No hacer concesiones unilaterales. En toda relación bilateral, y en el seno de los organismos multilaterales, sujetar cualquier concesión a una contrapartida. El objetivo inmediato debe ser la limitación de la competencia desleal ejercida por los países industriales, la ampliación de los mercados existentes y la apertura de nuevos mercados.
  2. Aumentar la rentabilidad agropecuaria. La reciente mejora de los términos de intercambio ha permitido incrementar exportaciones. Sin embargo, la volatilidad de los precios internacionales y no permiten asegurar que estas condiciones se mantendrán a mediano plazo. Por otra parte, los beneficios transitorios del sector exportador no aprovechan a los productores, obligados a producir en condiciones de rentabilidad baja o nula, sin crédito o con crédito prohibitivo.
  • En estas condiciones, se hace muy difícil la inversión en tecnología y el aumento de competitividad. En vez de castigar, el sistema impositivo debe premiar la producción exportable. Esto traerá, en definitiva, un beneficio fiscal y monetario, vía incremento de la producción y el empleo, expansión de la base imponible y generación genuina de mayores divisas. El campo debe ser definido de la competencia desleal que ejerce la importación subsidiada. La defensa puede ejercerse mediante aranceles compensatorios, compatibles con las normas de la OMC.

    Poner a disposición del sector facilidades científicas y tecnológicas. El aumento de recursos destinados a la ciencia y la técnica debe tener, entre sus objetivos, el aumento de la productividad, variedad y calidad de la producción agropecuaria.

    1. Ejecutar un programa de sanidad y calidad. Es urgente realizar esfuerzos finales para liberar totalmente a nuestra producción de problemas parásito-sanitaria:
  • Eliminación definitiva de la cancrosis, la mosca del Mediterráneo, y otras plagas vegetales.

    Eliminación definitiva de la fiebre aftosa. Este es un requisito para multiplicar la exportación de carnes.

    Los avances realizados no deben llevar a la complacencia. No podemos conformarnos con la liberación de zonas: debemos asegurar que Venezuela sea declarada país libre de aftosa. Los efectos de la epidemia de encefalitis bovina en Gran Bretaña, así como de la decisión de la Unión Europea de prohibir la importación de carnes tratadas con hormonas, reducirán la oferta mundial de carnes, creando en principio una oportunidad para la oferta venezolana. Sin embargo, pueden provocar una severa retracción de la demanda, ante la imposibilidad del consumidor de discriminar por origen. Venezuela debe establecer un prestigio internacional como productor de carnes alimentadas con pastos naturales, sin hormonas y sanitariamente óptimas.

     

    Control de sanidad molinera a fin de proteger el mercado interno y ampliar el mercado externo de cereales.

    Coordinación de esfuerzos entre centros de investigación y órganos administrativos.

    1. Transformar la ventaja comparativa en competitiva. Esto significa entrar plenamente en el mercado mundial de alimentos elaborados.

    La agroindustria debe incluir no sólo los productos de la pampa húmeda sino los de las diversas economías regionales.

    Debe armonizarse, además, con la industria. El Atlántico es tan importante como nuestros campos. La riqueza pesquera, industrializada, nos permitirá ganar importantes mercados. Para eso, debemos evitar la tentación fiscal de otorgar permisos indiscriminados de pesca.

    Para desarrollar la industria pesquera, debe estimularse la inversión y premiarse la exportación.

    Las licencias de pesca deben ajustarse a un estricto plan de conservación y concederse a través de licitaciones, en procesos transparentes.

    En éste como en otros aspectos (por ejemplo, la asignación de cuotas a exportadores de carne vacuna) el Estado otorga hoy, con un gran margen de discrecionalidad, beneficios que no están sometidos al necesario control.

    Un Estado distinto

    Un Estado paquidérmico y burocrático no puede cumplir con las tareas que acabamos de enumerar.

    A lo largo de los años, el sector público ha ido superponiendo funciones, reglamentaciones y procedimientos que hacen ineficiente la gestión pública.

    Esa situación no se puede rectificar paulatinamente mediante una sucesión de correcciones parciales. Hay que desmontar mecanismos burocráticos y reemplazarlos por sistemas administrativos simples, organizados de principio a fin.

    Se trata de llevar a construir un nuevo modelo de gestión pública.

    Esa tarea no puede quedar a cargo de funcionarios hechos a las prácticas que deben cambiarse. Tampoco puede ser confiada a administradores improvisados.

    Es necesario contar con expertos en organización, especializados en administración pública, con experiencia en la tarea de desburocratizar.

    Un trabajo de consultoría no sería suficiente. Se requiere un programa ejecutivo, que no culmine en meras recomendaciones sino en la implementación de las medidas necesarias.

    Esto supone un inversión, para la cual se puede recurrir al crédito de organismos internacionales, pero que también demandará recursos presupuestarios.

    El Estado gasta, hoy día, mucho y mal. En los últimos años, no obstante haberse desprendido de todas las empresas deficitarias, así como de las escuelas públicas y hospitales, su gasto ha aumentado.

    Entre otras cosas, al Estado le falta organización, método y equipamiento. Si tuviera gerentes públicos, procedimientos simplificados y redes computarizadas, sería más eficiente y ahorraría.

    Si el Estado no invierte en su propia modernización, terminará gastando más y haciendo menos.

    El programa no debe iniciarse sin una previa definición de fines, cronograma, costo y fuentes de financiamiento. Pero es necesario admitir, ante todo, que no habrá regeneración espontánea ni gratuita del sector público.

    No se puede desarrollar un sector público eficiente, por ejemplo, sin computadoras en red, bancos de datos y software adecuado. Lamentablemente, la informatización del sector público ha sido motivo de transacciones irregulares —como la del Banco de la Nación— y eso opera como un disuasivo de nuevas contrataciones.

    Lo condenable es la corrupción, no la computación.

    El Estado necesita procesar, rápida y eficazmente, una inmensa cantidad de información. Automatizar trámites. Circular datos entre las distintas reparticiones y jurisdicciones mediante un sistema de telemática.

    Eso contribuirá a la desburocratización y multiplicará la eficacia.

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