Una vida política
Oswaldo Barreto Miliani
Teodoro Petkoff
comienza este texto con una ponderada
explicación sobre lo insólito que resulta en
Venezuela que un dirigente político, en
funciones de gobierno, haga público el análisis
de su propia acción. Cierto, esto es insólito.
Pero también lo es y no sólo en Venezuela sino
en toda América y, quizás, en el planeta entero
que un hombre de la izquierda socialista, formado
dentro de la cultura marxista, sea llamado, en el
apogeo de su carrera política vale decir, como
veremos, en el apogeo de su vida por un
veteranísimo político, tradicionalmente
considerado en Venezuela como de centro derecha
y, en todo caso, de incuestionable formación
cristiana, a formar parte, en posiciones
políticamente determinantes, del gobierno que
preside. Y correlativamente, también resulta
insólito que un hombre destinado, al parecer, a
fracasar en todo intento de alcanzar cualquier
espacio en el poder ejecutivo con el apoyo de sus
propias fuerzas políticas, vea abrirse amplias
las puertas del poder central, no por presión de
estas sus fuerzas, sino por la voluntad de quien
hasta ayer fue su adversario. Y, finalmente,
resulta insólito y harto contradictorio por no
decir escandaloso que este advenimiento de
Teodoro Petkoff al poder central tenga lugar
cuando el ejercicio de éste sólo se muestra
viable dentro de un único escenario: la sociedad
de mercado. El socialista Teodoro Petkoff ha sido
llamado, en efecto, por el Dr. Rafael Caldera,
demócrata cristiano, a colaborar en su gobierno
para orientar a la sociedad venezolana en la
construcción de una economía de mercado, es
decir, en la transformación de Venezuela en una
sociedad que se inserte dentro del mercado
mundial, que no es otro que el de capitalismo
global.
Estas peripecias, inusitadas y asombrosas,
ocurridas dentro de nuestra política en los
últimos treinta meses, han sido descritas y
presentadas en todas las formas y colores y
calificadas, por supuesto, con los más variados
terminos. Descritas y calificadas, pero nunca
verdaderamente sometidas a análisis (análisis
que, por otra parte, exige que se vincule estos
fenómenos nuevos con la estructura social y
cultural del país y, simultaneamente, se le
vincule con nuestra historia y la historia
política reciente, historias ambas que nos
rebasan y se insertan dentro de un marco que cada
día deviene más planetario). Sucede, en
definitiva, que el esfuerzo requerido para
interpretar con rigor lo que hay de nuevo en
estos fenómenos ha sido sustituido por una
avalancha de diatribas o vituperios o de elogios
y laudatorias, que sólo han dado como resultado
una lluvia de epítetos, la mayoría de las veces
desdenosos y condenatorios.
Intenciones supuestas
Las razones y el sentido de cada decisión
tomada se han escapado y sólo han quedado esas
palabras de condena o de reconocimiento. Miles de
palabras, en efecto, dichas en la radio o la
televisión, o escritas en todos los periódicos
y revistas del país, han sido utilizadas para
hablar del hombre Petkoff de su temperamento, su
carácter y, sobre todo, de sus intenciones. Si,
desde toda su actividad en el pasado, desde los
más menudos detalles de su vida íntima (real o
imaginada), todo ha pasado por el tamiz del
simple comentario, el chisme o la sospecha. Se
agregan otros juicios, aquellos que los franceses
suelen llamar "procesos de intención",
destinados a condenarlo, no por sus actos, sino
por las ocultas intenciones que gratuitamente se
le adjudican. De las dramáticas vicisitudes que
vivieron Petkoff sus interlocutores y sus
respectivos en tornos, cuando se debatía su
participación en el gobierno; de las vivencias
en el nada cómodo ejercicio de un poder por
tantos factores coartado, se ha dicho poco que
nos permita comprender causas y sentido de cuanto
ha ocurrido. Tal es la confusión en este campo,
tan pobre el trabajo de los media que no podemos
dejar de evocar la famosa expresión
heideggeriana Das Licht der Oeffentlichkeit
verdunkelt alles, la luz de lo que se hace
público todo lo obscurece.
En todo caso, es esta falta de comprensión en
torno a la acción política de Petkoff y no la
preocupación por su aceptación o rechazo lo que
constituye el fundamento mismo de esta
publicación. Por qué hago lo que hago resulta
entonces, no sólo lo que, sin duda, es: una
reflexión sobre la propia acción, sino cosa
menos obvia, la continuación de la acción por
otros medios, concretamente, por medio de la
palabra escrita. En realidad, no pretende el
autor recrearse en una explicación teórica de
lo que ha sido su práctica política; busca, en
cambio, que esta práctica se entienda más
cabalmente, en la esperanza, sin duda, de que
pueda ser más efectiva.
Ineludible escenario
Y esta búsqueda compleja gira en torno a dos
grandes cuestiones: lo que Petkoff denomina el
nuevo e ineludible escenario para la acción
política y lo que es su propia concepción de
una política de izquierda en nuestro medio
actual.
Sobre estos dos órdenes de cosas quisieramos
hacer aquellos comentarios que coloquen los
claros argumentos y desarrollos, con que están
entretejidos, en un contexto que permita poner en
evidencia lo que hay de continuidad y de ruptura
en la vida política de quien ha sido el
venezolano de mi generación que más profunda y
ampliamente ha incidido tanto en la política
venezolana, como en la afirmación de una
verdadera democracia en nuestro continente.
El escenario que Petkoff presenta como nuevo e
ineludible es el mismo escenario que condiciona
cada vez con mayor intensidad, no sólo la
política y la economía, sino la vida entera de
todas las sociedades del planeta, allanando las
fronteras, que a lo largo de siglos, venían
construyendo las diversas culturas,
civilizaciones o ideologías. Así, desde los
suecos, preocupados por la deslocalización y
privatización de sus más tradicionales
empresas, hasta los vietnamitas, increíblemente
ávidos de inversiones extranjeras; en todas
partes, los hombres de este mundo enfrentamos las
exigencias que brotan de la ubicua existencia de
las leyes del mercado, de la globalización de
las finanzas y de una especie de corporación de
transnacionales, ocupadas de la producción de
bienes, ideas, comunicaciones y, sobre todo,
poder.
Privatización, ajuste en los impuestos,
orientación de la economía, no ya al mercado
nacional, sino al mercado mundial; adecuación de
los recursos humanos a las exigencias de la
competencia; etc., etc., tales son los problemas
que enfrentan, desde chinos y cubanos hasta los
recientes equipos llevados al poder por el Ulivo,
por Blair y por Jospin, en Italia, Inglaterra y
Francia, respectivamente.
La ineludible y apremiante presencia de este
escenario por doquiera en el planeta, verdadera
determinante de toda acción humana, ha sido
interpretada de las más diversas maneras.
Recientemente, por ejemplo, el subcomandante
Marcos envió a Le Monde Diplomatique, su propio
análisis de tal escenario y en él no vacilaba
en afirmar que su puesta en práctica era la
señal de que "la cuarta guerra mundial ha
comenzado" (Le Monde Diplomatique, agosto
1997) Y, en el mismo mes de septiembre, otras dos
publicaciones francesas, el boletín editado por
la asociación de amigos de la Cuba castrista,
Cuba si France, y el semanario Courrier
International, daban cuenta de las formas,
ciertamente ambiguas y equívocas, como,
respectivamente, Cuba y China tratan de
insertarse, con todo su socialismo a cuestas, en
el nuevo escenario mundial "Reforma e
Inquietud en Cuba", titulaba la primera
publicación un artículo donde es cuestión de
medidas tales como: la "autorización del
trabajo por cuenta propia";
"autorización de los mercados libres
campesinos y artesanales";
"autorización de inversiones
extranjeras"; "aparición de un sistema
de tasas y de impuestos"; etc, etc Y el
Courrier International titulaba su comentario al
XV Congreso del Partido Comunista de manera aún
más contundente: "China, la revolución
burguesa" La dramática apreciación de
Marcos y los curiosos acomodos de chinos y
cubanos son algunas de las reacciones que provoca
este escenario creado por el despliegue de
fuerzas, que, conjuntamente, se cobijan bajo la
bandera de lo que ha dado en llamarse el
neoliberalismo Sin recurso de espacio ni de
tiempo para extendernos en la mención siquiera
de otras reacciones análogas, quisieramos
recordar, tan sólo, que hace ya casi doscientos
años el agudo Tomás Carlyle calificó la obra
del verdadero precursor de este neoliberalismo,
David Ricardo, de dismal science, ciencia
siniestra La impugnación pues, de este escenario
viene de muy lejos.
Concepción Política
En definitiva, aquí Teodoro Petkoff explana
su propia posición ante este escenario (cuya
descripción y análisis representa, como hemos
ya dicho, uno de los ejes en torno al cual gira
su presente trabajo) Y ,para situarse ante él,
haciendo uso de la misma autonomía de chinos y
cubanos o de los socialistas europeos de diversas
gamas, parte de su propia concepción de la
política, de la manera como concibe en la
actualidad la lucha política Sus textos no
requieren comentarios Creemos, en cambio, antes
de explicar las razones que nos permiten afirmar
que conforman lo que hemos denominado un posible
programa político de la izquierda en nuestro
medio actual, que es aquí pertinente recordar
que hace apenas dos años se cumplió un siglo de
uno de los más, famosos textos del pensamiento
socialista Se trata del sesudo comentario que
Federico Engels hiciera de las concepciones que
Marx y el elaboraron, a lo largo de más de
treinta años (1848-1883), de lo que debería ser
la política de los socialistas En ese texto,
publicado, en 1895 como
."Introducción" a Las luchas de clase
en Francia, y conocido dentro de la tradición
socialista como "el testamento de
Engels", se afirma, sin ambages ni amarguras
"La historia ha mostrado que nosotros nos
equivocábamos, ella ha revelado que nuestro
punto de vista era una ilusión Ha ido todavía
más lejos: no solamente ha disipado nuestro
error de entonces, sino que también ha
transformado radicalmente las condiciones en las
que el proletariado tiene que luchar"
Vida para la política
Ante este nuevo escenario ¿qué posición ha
asumido Teodoro Petkoff? Hemos titulado "Una
vida política" este papel dedicado a
comentar el análisis crítico de su propia
acción, emprendido por un hombre que ha vivido
para la política, esto es digámoslo con sus
propias palabras , para realizar "Una
acción que se desarrolla en un medio humano,
entre miembros de la sociedad a la cual se
pertenece". Ha vivido Petkoff para la
política así concebida, pero su acción ha
tenido un rasgo, aún más particular, y que lo
define, por tanto, más cabalmente. El norte de
su acción es más el destino de la sociedad a la
que pertenece que su propio destino personal
(esta apreciación viene de lejos y se ha
mantenido constante a lo largo ya de cuatro
décadas; ha dejado de ser personal para
convertirse en una especie de apreciación
consensual entre quienes hemos estado cerca de
él). Pues bien, hubo épocas en que para los
hombres, que veían la política como la ve
Teodoro, existió un norte preciso y se dieron
rumbos determinados. Eso fue el leninismo, la
Tercera Internacional, la búsqueda del
socialismo para cada país o, cuando menos, la
elaboración de una política que permitiera el
desarrollo nacional. Sabemos bien (y lo sabemos,
entre otros, por el propio Teodoro) que, desde
mediados de los años sesenta, norte y rumbos se
fueron esfumando. La ausencia de signos
preestablecidos, nos han dejado desamparados; no
existen, en consecuencia, instancias distintas a
nuestra propia reflexión. Nos toca reinventar
nuestra propia política, la política que
debemos trazarnos como gente de izquierda.
En esto anda la izquierda, antes y después de
ese insoslayable y apremiante escenario del que
tan detenidamente se ocupan estas páginas. Ya en
1986 Jean-Pierre Chevènement, uno de los más
lúcidos dirigentes socialistas de Francia,
consecuente con la búsqueda de semjante
política, tanto en la oposición, como en el
gobierno, escribía "Una política
económica de izquierda reposa sobre los valores
inseparables del trabajo, de la creación y de la
democracia. Pero reconozcámoslo honestamente:
tal alternativa aún no existe, está por
construirse." ("¿Quedan todavía ideas
de Izquierda?" en Le Débat número 42,
noviembre-diciembre 1986). Y, en torno a esta
construcción, seguimos debatiendo.
El papel de la Izquierda
Bien conocemos los parámetros dentro de los
cuales hemos de movernos para edificar esa
política de izquierda: la relación entre la
libertad y la cuestión social (igualdad,
trabajo, seguridad, etc.); la relación entre
Estado y mercado; la relación entre el mundo y
nosotros, entre lo privado y la público, etc.,
etc. A lo largo de los últimos veinte años se
han transitado los más diversos itinerarios y,
no obstante, la búsqueda permanece viva. Aún
cuando nos es imposible detenernos en lo que ya
se ha vivido, quisieramos en función de lo
altamente significativo de lo que puede ser, en
la búsqueda de esta política de izquierda, el
peso del condicionamiento llamado neoliberal (el
escenario) y el empeño en mantener la autonomía
y la libertad recordar dos acontecimientos
recientes. Quisieramos recordar, primero, que,
con ocasión de la campaña electoral que llevo a
Tony Blair al poder, Ralf Dahrendorf uno de los
grandes sociólogos políticos de nuestra época,
se extendió ampliamente, en una entrevista
publicada en el semanario Die Zeit (11 de abril
de 1997), sobre las posibilidades de que Blair
trazara un nuevo camino, incluso para la
democracia alemana. Los temas son los mismos:
competitividad, mercado global, solidaridad
social, igualdad o participacion, etc., etc.
Nuestro autor no se muestra en modo alguno
optimista sobre las posibilidades de que algo
nuevo aparezca en la acción de Blair, incluso
con relación a lo que fue el thacherismo. Se
detiene, en cambio, sobre lo difícil que es
trazar fronteras, hoy día, entre izquierda y
derecha, y se aventura hasta a considerar el
"New Labour", el nuevo laborismo de
Blair, como ..un partido liberal socialista,
modernizado y en capacidad deganar
elecciones". Y, en segundo lugar, recordar
que, en un marco social y culturalmente bien
diferente, aquí en América Latina, también en
épocas muy recientes (Foro de Sao Paulo de 128
partidos y organizaciones latinoamericanas,
primera semana de agosto del 97) se discutió
igualmente sobre la "necesidad de declarar
la guerra al neoliberalismo en su versión más
brutal", pero también sobre la
"necesidad de adaptarse a las nuevas
realidades". Hombres como Cuauhtémoc
Cardenas y Luis Ignacio "Lula" Da
Silva, estuvieron de acuerdo en que "el
papel de la Izquierda en esta nueva realidad
internacional consiste en humanizar el rostro del
capitalismo (...) no se trata de sustituir el
mercado con un dirigismo paternalista ni de
aspirar a cambiar el sistema" (Exame, 18 de
junio de 1997 y El París, misma fecha) .
Por qué hago lo que hago como bien podrá
verse, se inscribe dentro de este orden de
búsqueda, sin duda alguna, planetaria. Lo que en
sus páginas se predica no es otra cosa, en
definitiva, que un programa de acción para la
izquierda. La conducta que allí se predica es
del mismo orden que la que el propio Teodoro
Petkoff ha asumido como ministro y dirigente de
la política de este gobierno que preside Rafael
Caldera. Este texto, aún en este aspecto, se
explica por sí sólo. Creemos que su
transparencia resalta cuanto se le vincula a la
situación de la izquierda en los más diversos
lugares del planeta. Menos transparente nos
parecen, en cambio, dos otros elementos que
subyacen en la acción y la reflexión de Petkoff
sirviendole de soporte. El primero de estos
aspectos, que da la particularidad, por no decir
la singularidad de esta política, es algo
profundamente anclado en la mentalidad de
nosotros los venezolanos, presente, a veces, en
la más lúcida conciencia, y, otras veces,
arrumbado en nuestro inconsciente individua y
colectivo. Se trata de nuestra conciencia
desgarrada de nuestra propia opulencia: todos la
sabemos real y efímera, a la vez (el sacudón de
finales de los ochenta, decadencia del boom de
entonces y verdadero comienzo de la crisis,
volvió más agudo y más expandido tal
desgarramiento). Esta conciencia desgarrada la
encontramos, a veces de manera explícita y, otra
apenas sugerida, en todo cuanto en las cuartillas
se dice sobre los pasos fundamentales en la nueva
estrategia de transformación de nuestra
sociedad. Es, en efecto, la convicción de que
nuestra riqueza no está estrictamente en
elpetróleo, sino en la capacidad y la
inteligencia de que demos prueba cuando de él
nos sirvamos. Persistir en utilizarlo como una
renta o negarse a explotarlo, en espera de un
mejor momento, se puede revelar como estrategias
fatales. Tener el coraje, pero también la
lucidez para utilizarlo ahora mismo, como palanca
que nos lleve a crear y explotar otros recursos
más duraderos (recursos humanos,
industrialización, modernización, apertura
hacia la integración), tal es una de las
apuestas, de los eslabones que pueden ser
decisivos en esta estrategia de cambio. No es,
entonces, sumisión a presiones exógenas, sino
coincidencias con ellas, de posiciones propias
surgidas del anhelo de dar una base más sólida
a la conciencia que tenemos de pertenecer a un
país rico. Encontrar los caminos que conduzcan a
la modernización global de la sociedad
venezolana y a su inserción, sin trauma, en lo
que es un mercado mundial, cuya existencia escapa
a nuestra voluntad, tal es el verdadero ethos de
cuanto se traza en estas cuartillas como
estrategia económica y social.
De nuevo, la querella sobre el estado
Otra apuesta decisiva en la estrategia
política aquí trazada emana, igualmente, de
nuestra ."conciencia petrolera". Se
trata de la lectura que aquí se hace del Estado,
de lo que el ha sido y de lo que habrá de ser,
si se resuelve adecuadamente la difícil
ecuación mercado-Estado. Aquí también se aleja
Petkoff de los huracanados vientos neoliberales
que se abaten contra el poder del Estado. El
víuculo de nuestra sociedad con el Estado es
único, histórica y estructuralmente hablando.
No hay nada en nuestra historia social, nada
en nuestra evolución material y en el cambio de
mentalidades que no sufra la sobre determinación
del Estado, el cual, a su vez, extrae su vigor de
los hidrocarburos. "Aquí no hay fortuna,
que no se haya hecho sin la muleta del
Estado" -dijo una vez el historiador Elías
Pino Iturrieta. Y pensamos que se trata de todas
las fortunas a las que tenemos acceso los
mortales. Aquí también, en lo que con cierne al
papel del Estado en la transformación de la
sociedad, a la poda que debe hacersele para
fortalecer hoy, sobre todo, al tipo de relación
mercado-Estado, Petkoff no sólo se aleja de la
cartilla neoliberal, sino aporta soluciones
concretas y viables.
Volvamos ahora al otro aspecto que fundamenta
tanto la acción como la reflexión de Teodoro
Petkoff: su forma tan particular de hacer
política (Ya "hacer política" no es
una tarea cómoda para la gente de formación
marxista. La política, en efecto, como el arte
de la persuasión, del diálogo, no ha sido lo
que ha caracterizado a la gente que viene del
comunismo, el leninismo y la Tercera
Internacional. Se ha creído siempre, en estos
predios, que es política lo que se impone, no lo
que se expone, a fin de convencer. La política
era la verdad del partido, la verdad del
dirigente carismático, era el dogma de las
religiones laicas. Tal noción de la política
acarreó, más que cualquier otro factor, aquel
gran derrumbamiento, y ha dificultado, más que
cualquier otro factor, el acceso de la izquierda
al poder). Pues bien, estas páginas dan cuenta
de que su autor ha sabido tomar distancia de lo
que fue, sin duda, su propia forma de ver las
cosas en otros tiempos. Pero hay otra distancia
que el ha tomado frente a otras tradiciones
también de gran peso en nuestra sociedad. Nos
referimos al comportamiento político tradicional
en Venezuela, comportamiento que, con escasas
variaciones, sigue siendo el que tan
contundentemente tipificara Gumersindo Torres
(otro ministro en la historia de Venezuela que
fuera honesto, lúcido y eficiente) al referirse
a alguno de los grandes líderes del
postgomecismo pensaba una cosa, decía otra y
hacia otra.
Un político diferente
Petkoff ha escogido pensar, decir y hacer lo
mismo. Curiosamente, si para aprender a persuadir
ha debido separarse de antiguas tradiciones; para
pensar, decir y hacer lo mismo, le bastaba con
seguir siendo el Teodoro Petkoff que siempre
hemos conocido. Sabemos que, para unos, esto
representa su suprema virtud, y que, para otros,
es su verdadero talón de Aquiles como político.
Algunos siguen viendo su conducta como un rasgo
de su carácter o, como más frecuentemente se
dice, de su temperamento. Para otros, es la
acción libremente escogida por quien no ha
conocido otra real pasión que la de vivir
políticamente entre los suyos. Lo que para
nosotros es relevante, en todo caso, es que tan
particular manera de ver la política, ha
permitido, cuando menos, tres cosas
singularísimas en la historia política de
Venezuela. Primero, la llegada de Perkoff al
ministerio no trajo como consecuencia lo que
siempre ha sucedido con hombres de derecha o de
izquierda en análoga situación: la invasión de
la personalidad del ministro por parte del boato,
los privilegios y las tradiciones burocráticas
del ministerio. En este caso, la personalidad del
ministro se ve reflejada en el funcionamiento del
ministerio, el cual funciona, como todos lo saben
a imagen y semejanza de quien lo dirige. Segundo,
desde su llegada al ministerio y, seguramente,
hasta su salida de él, Petkoff ha dicho, ha
pensado y ha actuado con un solo objetivo:
cumplir con las responsabilidades que había
asumido como constructor de una estrategia de
transformación de la sociedad. Su presencia en
un determinado sector del poder central se
circunscribe a ese sector, sin pretensión a
convertirla en escalón o en rampa para
propulsarse a otros espacios, como también es
tradición en nuestra historia política. Y,
finalmente, esa univocidad en el pensamiento, el
discurso y la palabra, han permitido forjar un
nuevo estilo de participar en el gobierno, estilo
que creemos indispensable si de verdad nos
proponemos transformar seriamente nuestra
sociedad contando con la acción de sus
gobernantes. Nada ha sido más frecuente, más
legítimo y más dañino en nuestra historia
política que la presencia en los altos cargos
del poder central de hombres que, más que en sus
funciones y sus responsabilidades, fijaban su
atención, como nos lo dice un pensador frances,
en ..conciliar, en la gestión del presente, la
fidelidad a las posiciones teóricas, la
atención a la historia real, la credibilidad
electoral y, eventualmente, las necesidades de la
acción gubernamental" (Marc Augé, Le
Débat, loc. cit.). El paso de Teodoro Perkoff
por CORDIPLAN y elgabinete económico, como se
desprende de todos sus actos, sus palabras y
estas reflexión es de ahora, no ha tenido otro
fin que cumplir con las tareas que el
funcionamiento de CORDIPLAN y el gabinete
económico exigían.
Creemos que el deslinde de izquierda y derecha
se hace cada vez más impreciso, que los
contornos de todas las formaciones políticas e
ideológicas (no sólo de los partidos) se
esfuman y confunden. En Venezuela, donde
posiblemente por causa de la renta petrolera, que
tiende a igualarnos a todos en nuestra común
condición de parásitos, la clásica división
entre derecha e izquierda pertenece más al reino
de lo folklórico que al de la lucha de clases.
Amos del Valle formaron al Partido Comunista.
Peones y caporales de las haciendas se dividieron
entre Copei y Acción Democrática. Olas de
democratización dejan lugar a la añoranza del
hombre fuerte, que nos exima de tener que ser
hombres adultos y responsables y resuelva, el,
por nosotros. Cuidadosos análisis sobre lo que
anda mal en lapolítica y los partidos desembocan
en el anhelo de una miss para la presidencia. Y
todos nos encontramos mezclados en esos curiosos
compartimientos de nuestro acaecer político.
¿Qué queda, entonces, de la izquierda y su
posible programa? ¿Qué queda de la vida
política de Teodoro Petkoff en esta hora en que
avizoramos la gran transformación? Queda una
manera de enfrentar el presente con conciencia de
nuestras raíces. "Cuando no sabes adónde
vas, recuerda de dónde vienes" escribe el
gran poeta Aimé Cesaire. Por qué hago lo que
hago pone de manifiesto que el sentido de los
versos del poeta nutre la concetción de la
política de Teodoro Petkoff y deja planteada la
posibilidad de que devenga la concepción de una
nueva izquierda.
Ya, al terminar este papel, no nos queda sino
afrmar nuestra convicción de que están
ampliamente abiertas las posibilidades de que el
autor nos muestre que ha perdido o ganado su
suprema apuesta: demostrarnos que hay otra manera
de hacer política, una manera de izquierda para
hacer política tanto en la oposición como en el
gobierno. El se quejó alguna vez con palabras de
Camus. qué poco eco tiene la voz de la izquierda
Olalá que cuanto acaba de suceder en su partido
demuestre que se ha comenzado a emender que, por
encima de intereses personales o de grupo, está
vigente la tarea de encontrar un camino por donde
la izquierda transite demostrando que no ha
perdido su futuro y que podemos, por tanto,
construir una sociedad mejor.
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