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Analítica mensual

Una vida política

Oswaldo Barreto Miliani

Teodoro Petkoff comienza este texto con una ponderada explicación sobre lo insólito que resulta en Venezuela que un dirigente político, en funciones de gobierno, haga público el análisis de su propia acción. Cierto, esto es insólito. Pero también lo es y no sólo en Venezuela sino en toda América y, quizás, en el planeta entero que un hombre de la izquierda socialista, formado dentro de la cultura marxista, sea llamado, en el apogeo de su carrera política vale decir, como veremos, en el apogeo de su vida por un veteranísimo político, tradicionalmente considerado en Venezuela como de centro derecha y, en todo caso, de incuestionable formación cristiana, a formar parte, en posiciones políticamente determinantes, del gobierno que preside. Y correlativamente, también resulta insólito que un hombre destinado, al parecer, a fracasar en todo intento de alcanzar cualquier espacio en el poder ejecutivo con el apoyo de sus propias fuerzas políticas, vea abrirse amplias las puertas del poder central, no por presión de estas sus fuerzas, sino por la voluntad de quien hasta ayer fue su adversario. Y, finalmente, resulta insólito y harto contradictorio por no decir escandaloso que este advenimiento de Teodoro Petkoff al poder central tenga lugar cuando el ejercicio de éste sólo se muestra viable dentro de un único escenario: la sociedad de mercado. El socialista Teodoro Petkoff ha sido llamado, en efecto, por el Dr. Rafael Caldera, demócrata cristiano, a colaborar en su gobierno para orientar a la sociedad venezolana en la construcción de una economía de mercado, es decir, en la transformación de Venezuela en una sociedad que se inserte dentro del mercado mundial, que no es otro que el de capitalismo global.

Estas peripecias, inusitadas y asombrosas, ocurridas dentro de nuestra política en los últimos treinta meses, han sido descritas y presentadas en todas las formas y colores y calificadas, por supuesto, con los más variados terminos. Descritas y calificadas, pero nunca verdaderamente sometidas a análisis (análisis que, por otra parte, exige que se vincule estos fenómenos nuevos con la estructura social y cultural del país y, simultaneamente, se le vincule con nuestra historia y la historia política reciente, historias ambas que nos rebasan y se insertan dentro de un marco que cada día deviene más planetario). Sucede, en definitiva, que el esfuerzo requerido para interpretar con rigor lo que hay de nuevo en estos fenómenos ha sido sustituido por una avalancha de diatribas o vituperios o de elogios y laudatorias, que sólo han dado como resultado una lluvia de epítetos, la mayoría de las veces desdenosos y condenatorios.

Intenciones supuestas

Las razones y el sentido de cada decisión tomada se han escapado y sólo han quedado esas palabras de condena o de reconocimiento. Miles de palabras, en efecto, dichas en la radio o la televisión, o escritas en todos los periódicos y revistas del país, han sido utilizadas para hablar del hombre Petkoff de su temperamento, su carácter y, sobre todo, de sus intenciones. Si, desde toda su actividad en el pasado, desde los más menudos detalles de su vida íntima (real o imaginada), todo ha pasado por el tamiz del simple comentario, el chisme o la sospecha. Se agregan otros juicios, aquellos que los franceses suelen llamar "procesos de intención", destinados a condenarlo, no por sus actos, sino por las ocultas intenciones que gratuitamente se le adjudican. De las dramáticas vicisitudes que vivieron Petkoff sus interlocutores y sus respectivos en tornos, cuando se debatía su participación en el gobierno; de las vivencias en el nada cómodo ejercicio de un poder por tantos factores coartado, se ha dicho poco que nos permita comprender causas y sentido de cuanto ha ocurrido. Tal es la confusión en este campo, tan pobre el trabajo de los media que no podemos dejar de evocar la famosa expresión heideggeriana Das Licht der Oeffentlichkeit verdunkelt alles, la luz de lo que se hace público todo lo obscurece.

En todo caso, es esta falta de comprensión en torno a la acción política de Petkoff y no la preocupación por su aceptación o rechazo lo que constituye el fundamento mismo de esta publicación. Por qué hago lo que hago resulta entonces, no sólo lo que, sin duda, es: una reflexión sobre la propia acción, sino cosa menos obvia, la continuación de la acción por otros medios, concretamente, por medio de la palabra escrita. En realidad, no pretende el autor recrearse en una explicación teórica de lo que ha sido su práctica política; busca, en cambio, que esta práctica se entienda más cabalmente, en la esperanza, sin duda, de que pueda ser más efectiva.

Ineludible escenario

Y esta búsqueda compleja gira en torno a dos grandes cuestiones: lo que Petkoff denomina el nuevo e ineludible escenario para la acción política y lo que es su propia concepción de una política de izquierda en nuestro medio actual.

Sobre estos dos órdenes de cosas quisieramos hacer aquellos comentarios que coloquen los claros argumentos y desarrollos, con que están entretejidos, en un contexto que permita poner en evidencia lo que hay de continuidad y de ruptura en la vida política de quien ha sido el venezolano de mi generación que más profunda y ampliamente ha incidido tanto en la política venezolana, como en la afirmación de una verdadera democracia en nuestro continente.

El escenario que Petkoff presenta como nuevo e ineludible es el mismo escenario que condiciona cada vez con mayor intensidad, no sólo la política y la economía, sino la vida entera de todas las sociedades del planeta, allanando las fronteras, que a lo largo de siglos, venían construyendo las diversas culturas, civilizaciones o ideologías. Así, desde los suecos, preocupados por la deslocalización y privatización de sus más tradicionales empresas, hasta los vietnamitas, increíblemente ávidos de inversiones extranjeras; en todas partes, los hombres de este mundo enfrentamos las exigencias que brotan de la ubicua existencia de las leyes del mercado, de la globalización de las finanzas y de una especie de corporación de transnacionales, ocupadas de la producción de bienes, ideas, comunicaciones y, sobre todo, poder.

Privatización, ajuste en los impuestos, orientación de la economía, no ya al mercado nacional, sino al mercado mundial; adecuación de los recursos humanos a las exigencias de la competencia; etc., etc., tales son los problemas que enfrentan, desde chinos y cubanos hasta los recientes equipos llevados al poder por el Ulivo, por Blair y por Jospin, en Italia, Inglaterra y Francia, respectivamente.

La ineludible y apremiante presencia de este escenario por doquiera en el planeta, verdadera determinante de toda acción humana, ha sido interpretada de las más diversas maneras. Recientemente, por ejemplo, el subcomandante Marcos envió a Le Monde Diplomatique, su propio análisis de tal escenario y en él no vacilaba en afirmar que su puesta en práctica era la señal de que "la cuarta guerra mundial ha comenzado" (Le Monde Diplomatique, agosto 1997) Y, en el mismo mes de septiembre, otras dos publicaciones francesas, el boletín editado por la asociación de amigos de la Cuba castrista, Cuba si France, y el semanario Courrier International, daban cuenta de las formas, ciertamente ambiguas y equívocas, como, respectivamente, Cuba y China tratan de insertarse, con todo su socialismo a cuestas, en el nuevo escenario mundial "Reforma e Inquietud en Cuba", titulaba la primera publicación un artículo donde es cuestión de medidas tales como: la "autorización del trabajo por cuenta propia"; "autorización de los mercados libres campesinos y artesanales"; "autorización de inversiones extranjeras"; "aparición de un sistema de tasas y de impuestos"; etc, etc Y el Courrier International titulaba su comentario al XV Congreso del Partido Comunista de manera aún más contundente: "China, la revolución burguesa" La dramática apreciación de Marcos y los curiosos acomodos de chinos y cubanos son algunas de las reacciones que provoca este escenario creado por el despliegue de fuerzas, que, conjuntamente, se cobijan bajo la bandera de lo que ha dado en llamarse el neoliberalismo Sin recurso de espacio ni de tiempo para extendernos en la mención siquiera de otras reacciones análogas, quisieramos recordar, tan sólo, que hace ya casi doscientos años el agudo Tomás Carlyle calificó la obra del verdadero precursor de este neoliberalismo, David Ricardo, de dismal science, ciencia siniestra La impugnación pues, de este escenario viene de muy lejos.

Concepción Política

En definitiva, aquí Teodoro Petkoff explana su propia posición ante este escenario (cuya descripción y análisis representa, como hemos ya dicho, uno de los ejes en torno al cual gira su presente trabajo) Y ,para situarse ante él, haciendo uso de la misma autonomía de chinos y cubanos o de los socialistas europeos de diversas gamas, parte de su propia concepción de la política, de la manera como concibe en la actualidad la lucha política Sus textos no requieren comentarios Creemos, en cambio, antes de explicar las razones que nos permiten afirmar que conforman lo que hemos denominado un posible programa político de la izquierda en nuestro medio actual, que es aquí pertinente recordar que hace apenas dos años se cumplió un siglo de uno de los más, famosos textos del pensamiento socialista Se trata del sesudo comentario que Federico Engels hiciera de las concepciones que Marx y el elaboraron, a lo largo de más de treinta años (1848-1883), de lo que debería ser la política de los socialistas En ese texto, publicado, en 1895 como ."Introducción" a Las luchas de clase en Francia, y conocido dentro de la tradición socialista como "el testamento de Engels", se afirma, sin ambages ni amarguras "La historia ha mostrado que nosotros nos equivocábamos, ella ha revelado que nuestro punto de vista era una ilusión Ha ido todavía más lejos: no solamente ha disipado nuestro error de entonces, sino que también ha transformado radicalmente las condiciones en las que el proletariado tiene que luchar"

Vida para la política

Ante este nuevo escenario ¿qué posición ha asumido Teodoro Petkoff? Hemos titulado "Una vida política" este papel dedicado a comentar el análisis crítico de su propia acción, emprendido por un hombre que ha vivido para la política, esto es digámoslo con sus propias palabras , para realizar "Una acción que se desarrolla en un medio humano, entre miembros de la sociedad a la cual se pertenece". Ha vivido Petkoff para la política así concebida, pero su acción ha tenido un rasgo, aún más particular, y que lo define, por tanto, más cabalmente. El norte de su acción es más el destino de la sociedad a la que pertenece que su propio destino personal (esta apreciación viene de lejos y se ha mantenido constante a lo largo ya de cuatro décadas; ha dejado de ser personal para convertirse en una especie de apreciación consensual entre quienes hemos estado cerca de él). Pues bien, hubo épocas en que para los hombres, que veían la política como la ve Teodoro, existió un norte preciso y se dieron rumbos determinados. Eso fue el leninismo, la Tercera Internacional, la búsqueda del socialismo para cada país o, cuando menos, la elaboración de una política que permitiera el desarrollo nacional. Sabemos bien (y lo sabemos, entre otros, por el propio Teodoro) que, desde mediados de los años sesenta, norte y rumbos se fueron esfumando. La ausencia de signos preestablecidos, nos han dejado desamparados; no existen, en consecuencia, instancias distintas a nuestra propia reflexión. Nos toca reinventar nuestra propia política, la política que debemos trazarnos como gente de izquierda.

En esto anda la izquierda, antes y después de ese insoslayable y apremiante escenario del que tan detenidamente se ocupan estas páginas. Ya en 1986 Jean-Pierre Chevènement, uno de los más lúcidos dirigentes socialistas de Francia, consecuente con la búsqueda de semjante política, tanto en la oposición, como en el gobierno, escribía "Una política económica de izquierda reposa sobre los valores inseparables del trabajo, de la creación y de la democracia. Pero reconozcámoslo honestamente: tal alternativa aún no existe, está por construirse." ("¿Quedan todavía ideas de Izquierda?" en Le Débat número 42, noviembre-diciembre 1986). Y, en torno a esta construcción, seguimos debatiendo.

El papel de la Izquierda

Bien conocemos los parámetros dentro de los cuales hemos de movernos para edificar esa política de izquierda: la relación entre la libertad y la cuestión social (igualdad, trabajo, seguridad, etc.); la relación entre Estado y mercado; la relación entre el mundo y nosotros, entre lo privado y la público, etc., etc. A lo largo de los últimos veinte años se han transitado los más diversos itinerarios y, no obstante, la búsqueda permanece viva. Aún cuando nos es imposible detenernos en lo que ya se ha vivido, quisieramos en función de lo altamente significativo de lo que puede ser, en la búsqueda de esta política de izquierda, el peso del condicionamiento llamado neoliberal (el escenario) y el empeño en mantener la autonomía y la libertad recordar dos acontecimientos recientes. Quisieramos recordar, primero, que, con ocasión de la campaña electoral que llevo a Tony Blair al poder, Ralf Dahrendorf uno de los grandes sociólogos políticos de nuestra época, se extendió ampliamente, en una entrevista publicada en el semanario Die Zeit (11 de abril de 1997), sobre las posibilidades de que Blair trazara un nuevo camino, incluso para la democracia alemana. Los temas son los mismos: competitividad, mercado global, solidaridad social, igualdad o participacion, etc., etc. Nuestro autor no se muestra en modo alguno optimista sobre las posibilidades de que algo nuevo aparezca en la acción de Blair, incluso con relación a lo que fue el thacherismo. Se detiene, en cambio, sobre lo difícil que es trazar fronteras, hoy día, entre izquierda y derecha, y se aventura hasta a considerar el "New Labour", el nuevo laborismo de Blair, como ..un partido liberal socialista, modernizado y en capacidad deganar elecciones". Y, en segundo lugar, recordar que, en un marco social y culturalmente bien diferente, aquí en América Latina, también en épocas muy recientes (Foro de Sao Paulo de 128 partidos y organizaciones latinoamericanas, primera semana de agosto del 97) se discutió igualmente sobre la "necesidad de declarar la guerra al neoliberalismo en su versión más brutal", pero también sobre la "necesidad de adaptarse a las nuevas realidades". Hombres como Cuauhtémoc Cardenas y Luis Ignacio "Lula" Da Silva, estuvieron de acuerdo en que "el papel de la Izquierda en esta nueva realidad internacional consiste en humanizar el rostro del capitalismo (...) no se trata de sustituir el mercado con un dirigismo paternalista ni de aspirar a cambiar el sistema" (Exame, 18 de junio de 1997 y El París, misma fecha) .

Por qué hago lo que hago como bien podrá verse, se inscribe dentro de este orden de búsqueda, sin duda alguna, planetaria. Lo que en sus páginas se predica no es otra cosa, en definitiva, que un programa de acción para la izquierda. La conducta que allí se predica es del mismo orden que la que el propio Teodoro Petkoff ha asumido como ministro y dirigente de la política de este gobierno que preside Rafael Caldera. Este texto, aún en este aspecto, se explica por sí sólo. Creemos que su transparencia resalta cuanto se le vincula a la situación de la izquierda en los más diversos lugares del planeta. Menos transparente nos parecen, en cambio, dos otros elementos que subyacen en la acción y la reflexión de Petkoff sirviendole de soporte. El primero de estos aspectos, que da la particularidad, por no decir la singularidad de esta política, es algo profundamente anclado en la mentalidad de nosotros los venezolanos, presente, a veces, en la más lúcida conciencia, y, otras veces, arrumbado en nuestro inconsciente individua y colectivo. Se trata de nuestra conciencia desgarrada de nuestra propia opulencia: todos la sabemos real y efímera, a la vez (el sacudón de finales de los ochenta, decadencia del boom de entonces y verdadero comienzo de la crisis, volvió más agudo y más expandido tal desgarramiento). Esta conciencia desgarrada la encontramos, a veces de manera explícita y, otra apenas sugerida, en todo cuanto en las cuartillas se dice sobre los pasos fundamentales en la nueva estrategia de transformación de nuestra sociedad. Es, en efecto, la convicción de que nuestra riqueza no está estrictamente en elpetróleo, sino en la capacidad y la inteligencia de que demos prueba cuando de él nos sirvamos. Persistir en utilizarlo como una renta o negarse a explotarlo, en espera de un mejor momento, se puede revelar como estrategias fatales. Tener el coraje, pero también la lucidez para utilizarlo ahora mismo, como palanca que nos lleve a crear y explotar otros recursos más duraderos (recursos humanos, industrialización, modernización, apertura hacia la integración), tal es una de las apuestas, de los eslabones que pueden ser decisivos en esta estrategia de cambio. No es, entonces, sumisión a presiones exógenas, sino coincidencias con ellas, de posiciones propias surgidas del anhelo de dar una base más sólida a la conciencia que tenemos de pertenecer a un país rico. Encontrar los caminos que conduzcan a la modernización global de la sociedad venezolana y a su inserción, sin trauma, en lo que es un mercado mundial, cuya existencia escapa a nuestra voluntad, tal es el verdadero ethos de cuanto se traza en estas cuartillas como estrategia económica y social.

De nuevo, la querella sobre el estado

Otra apuesta decisiva en la estrategia política aquí trazada emana, igualmente, de nuestra ."conciencia petrolera". Se trata de la lectura que aquí se hace del Estado, de lo que el ha sido y de lo que habrá de ser, si se resuelve adecuadamente la difícil ecuación mercado-Estado. Aquí también se aleja Petkoff de los huracanados vientos neoliberales que se abaten contra el poder del Estado. El víuculo de nuestra sociedad con el Estado es único, histórica y estructuralmente hablando.

No hay nada en nuestra historia social, nada en nuestra evolución material y en el cambio de mentalidades que no sufra la sobre determinación del Estado, el cual, a su vez, extrae su vigor de los hidrocarburos. "Aquí no hay fortuna, que no se haya hecho sin la muleta del Estado" -dijo una vez el historiador Elías Pino Iturrieta. Y pensamos que se trata de todas las fortunas a las que tenemos acceso los mortales. Aquí también, en lo que con cierne al papel del Estado en la transformación de la sociedad, a la poda que debe hacersele para fortalecer hoy, sobre todo, al tipo de relación mercado-Estado, Petkoff no sólo se aleja de la cartilla neoliberal, sino aporta soluciones concretas y viables.

Volvamos ahora al otro aspecto que fundamenta tanto la acción como la reflexión de Teodoro Petkoff: su forma tan particular de hacer política (Ya "hacer política" no es una tarea cómoda para la gente de formación marxista. La política, en efecto, como el arte de la persuasión, del diálogo, no ha sido lo que ha caracterizado a la gente que viene del comunismo, el leninismo y la Tercera Internacional. Se ha creído siempre, en estos predios, que es política lo que se impone, no lo que se expone, a fin de convencer. La política era la verdad del partido, la verdad del dirigente carismático, era el dogma de las religiones laicas. Tal noción de la política acarreó, más que cualquier otro factor, aquel gran derrumbamiento, y ha dificultado, más que cualquier otro factor, el acceso de la izquierda al poder). Pues bien, estas páginas dan cuenta de que su autor ha sabido tomar distancia de lo que fue, sin duda, su propia forma de ver las cosas en otros tiempos. Pero hay otra distancia que el ha tomado frente a otras tradiciones también de gran peso en nuestra sociedad. Nos referimos al comportamiento político tradicional en Venezuela, comportamiento que, con escasas variaciones, sigue siendo el que tan contundentemente tipificara Gumersindo Torres (otro ministro en la historia de Venezuela que fuera honesto, lúcido y eficiente) al referirse a alguno de los grandes líderes del postgomecismo pensaba una cosa, decía otra y hacia otra.

Un político diferente

Petkoff ha escogido pensar, decir y hacer lo mismo. Curiosamente, si para aprender a persuadir ha debido separarse de antiguas tradiciones; para pensar, decir y hacer lo mismo, le bastaba con seguir siendo el Teodoro Petkoff que siempre hemos conocido. Sabemos que, para unos, esto representa su suprema virtud, y que, para otros, es su verdadero talón de Aquiles como político. Algunos siguen viendo su conducta como un rasgo de su carácter o, como más frecuentemente se dice, de su temperamento. Para otros, es la acción libremente escogida por quien no ha conocido otra real pasión que la de vivir políticamente entre los suyos. Lo que para nosotros es relevante, en todo caso, es que tan particular manera de ver la política, ha permitido, cuando menos, tres cosas singularísimas en la historia política de Venezuela. Primero, la llegada de Perkoff al ministerio no trajo como consecuencia lo que siempre ha sucedido con hombres de derecha o de izquierda en análoga situación: la invasión de la personalidad del ministro por parte del boato, los privilegios y las tradiciones burocráticas del ministerio. En este caso, la personalidad del ministro se ve reflejada en el funcionamiento del ministerio, el cual funciona, como todos lo saben a imagen y semejanza de quien lo dirige. Segundo, desde su llegada al ministerio y, seguramente, hasta su salida de él, Petkoff ha dicho, ha pensado y ha actuado con un solo objetivo: cumplir con las responsabilidades que había asumido como constructor de una estrategia de transformación de la sociedad. Su presencia en un determinado sector del poder central se circunscribe a ese sector, sin pretensión a convertirla en escalón o en rampa para propulsarse a otros espacios, como también es tradición en nuestra historia política. Y, finalmente, esa univocidad en el pensamiento, el discurso y la palabra, han permitido forjar un nuevo estilo de participar en el gobierno, estilo que creemos indispensable si de verdad nos proponemos transformar seriamente nuestra sociedad contando con la acción de sus gobernantes. Nada ha sido más frecuente, más legítimo y más dañino en nuestra historia política que la presencia en los altos cargos del poder central de hombres que, más que en sus funciones y sus responsabilidades, fijaban su atención, como nos lo dice un pensador frances, en ..conciliar, en la gestión del presente, la fidelidad a las posiciones teóricas, la atención a la historia real, la credibilidad electoral y, eventualmente, las necesidades de la acción gubernamental" (Marc Augé, Le Débat, loc. cit.). El paso de Teodoro Perkoff por CORDIPLAN y elgabinete económico, como se desprende de todos sus actos, sus palabras y estas reflexión es de ahora, no ha tenido otro fin que cumplir con las tareas que el funcionamiento de CORDIPLAN y el gabinete económico exigían.

Creemos que el deslinde de izquierda y derecha se hace cada vez más impreciso, que los contornos de todas las formaciones políticas e ideológicas (no sólo de los partidos) se esfuman y confunden. En Venezuela, donde posiblemente por causa de la renta petrolera, que tiende a igualarnos a todos en nuestra común condición de parásitos, la clásica división entre derecha e izquierda pertenece más al reino de lo folklórico que al de la lucha de clases. Amos del Valle formaron al Partido Comunista. Peones y caporales de las haciendas se dividieron entre Copei y Acción Democrática. Olas de democratización dejan lugar a la añoranza del hombre fuerte, que nos exima de tener que ser hombres adultos y responsables y resuelva, el, por nosotros. Cuidadosos análisis sobre lo que anda mal en lapolítica y los partidos desembocan en el anhelo de una miss para la presidencia. Y todos nos encontramos mezclados en esos curiosos compartimientos de nuestro acaecer político. ¿Qué queda, entonces, de la izquierda y su posible programa? ¿Qué queda de la vida política de Teodoro Petkoff en esta hora en que avizoramos la gran transformación? Queda una manera de enfrentar el presente con conciencia de nuestras raíces. "Cuando no sabes adónde vas, recuerda de dónde vienes" escribe el gran poeta Aimé Cesaire. Por qué hago lo que hago pone de manifiesto que el sentido de los versos del poeta nutre la concetción de la política de Teodoro Petkoff y deja planteada la posibilidad de que devenga la concepción de una nueva izquierda.

Ya, al terminar este papel, no nos queda sino afrmar nuestra convicción de que están ampliamente abiertas las posibilidades de que el autor nos muestre que ha perdido o ganado su suprema apuesta: demostrarnos que hay otra manera de hacer política, una manera de izquierda para hacer política tanto en la oposición como en el gobierno. El se quejó alguna vez con palabras de Camus. qué poco eco tiene la voz de la izquierda Olalá que cuanto acaba de suceder en su partido demuestre que se ha comenzado a emender que, por encima de intereses personales o de grupo, está vigente la tarea de encontrar un camino por donde la izquierda transite demostrando que no ha perdido su futuro y que podemos, por tanto, construir una sociedad mejor.

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