| Perspectivas
para 1998 Alejandro J. Sucre
Hay que reconocerle al Presidente Caldera, en
su segundo mandato, haber insertado al país en
el proceso de globalización económica, a
través de las aperturas petrolera, bancaria y
comercial. Esto ha abierto al país a nuevas
oportunidades de desarrollo. Lástima que el
presidente Caldera haya hecho que los venezolanos
tengamos que competir con el resto del mundo como
perdedores. Esto es, los venezolanos tenemos que
enfrentar a las grandes corporaciones del mundo
pagando tarifas de servicios públicos más
altas, sin un sistema educativo que permita
contar con una fuerza laboral más preparada y
motivada, sin inversión en infraestructura, sin
sistema de seguridad social y sin transparencia
judicial. En otras palabras, el gobierno del
presidente Caldera para mantener el monopolio
político que le concede el gasto fiscal
clientelar, como indios - en guayuco pero sin
flecha - nos echó a la feroz competencia
internacional y creo una economía de
"sálvese quien pueda". No es de
extrañar que el Episcopado Nacional y las
encuestas de opinión apunten tan
contundentemente hacia un rechazo de la Agenda
Venezuela y hacia todo el sistema político que
la soporta.
A comienzos de año se impone hacer unas
proyecciones sobre la evolución de nuestra
economía. No obstante, la globalización que se
ha impuesto en nuestro país durante los últimos
años, hace mucho más interesante el análisis
de las perspectivas económicas venezolanas.
Antes sólo había que saber si el precio del
petróleo iba a subir y cuanto dinero inorgánico
(créditos adicionales del Congreso) iba a emitir
el BCV para financiar al gasto fiscal para saber
el nivel de actividad económica (el llamado PIB)
y las tasas de inflación y devaluación
esperadas. El IESA acostumbra desde varios
lustros invitar a los economistas más
reconocidos del país para hacer seminarios de
Perspectivas Económicas cada año. El trabajo y
las especulaciones de los economistas invitados
siempre las observé como un buen ejercicio
académico pero no más. Una economía cerrada
como la venezolana dependía sólo de la voluntad
del Presidente de turno y sus jefes de partidos.
Y como en los grandes períodos de la monarquía
(segn análisis del periodista Fausto Masó) el
resto de los agentes que operaban el aparato
económico funcionaban más como súbditos que
como agentes productivos creadores de riquezas.
Ahora gracias a la apertura comercial, petrolera
y bancaria los venezolanos tenemos que utilizar
nuevos instrumentos de análisis y tener un radar
puesto hacia el exterior y no sólo para
pronosticar los precios del petróleo.
Nuevas repercusiones de la economía global.
Ahora, el reto de analizar y gerenciar la
economía venezolana requiere de mucho mayor
profundidad analítica. Existen muchos nuevos y
sofisticados actores económicos en Venezuela y
al rey le quedan pocos súbditos. Los
inversionistas extranjeros en Venezuela tienen
como marco de referencia lo que ocurre en el
mundo entero. Los asuntos que hoy afectan al Asia
son determinantes. Por ejemplo, los mercados
internacionales están evaluando que Brasil,
Polonia y Grecia tienen condiciones de pre-crisis
parecidas a los de algunos países asiáticos .
Las crisis de cuenta corriente de estas
economías podría crear un síndrome de
devaluación competitiva (segn analistas del Wall
Street Journal). Esto significa que China podría
seguir devaluando, los tailandeses y Taiwan para
buscar equilibrio. Igualmente, Brasil podría
incurrir en devaluaciones para defender sus
reservas internacionales , lo que le produciría
una crisis a Argentina (que exporta 25% a ese
país).
Una crisis en Argentina y Brasil seguramente
podría producir el alejamiento de inversionistas
globales en el mercado latino y asiático y
hacerles concentrar sus fondos en los grandes
procesos de reestructuración del sistema
financiero y en nuevas tecnologías en los EE.UU.
En este caso, los fondos de infraestructura y
reformas de la economía venezolana serían muy
costosos y escasos.
En este caso de una crisis financiera a nivel
internacional y con la entrada de Irak a la
producción OPEP, podríamos asegurar que los
ingresos petroleros de 1998 no podrán hacer los
milagros de sostener la insostenible Agenda
Venezuela.
Nuevas reglas económicas que impone la
globalización
Los venezolanos tenemos que entender los
acontecimientos mundiales recientes y su impacto
sobre nuestra economía. El mundo entero ha sido
asombrado por los EE.UU.- que luego de haber
parecido sucumbir ante la férrea competencia de
los países asiáticos y europeos - resurge como
el gran epicentro del mundo de los negocios,
comprando las joyas de Asia a precio de gallina
flaca. Pareciera que los tigres Asiáticos - como
nosotros cuando subieron los precios del
petróleo en 1974 y los países de ex comunistas
- no aprendieron las lecciones básicas de
economía : que no se puede engañar a todo el
mundo todo el tiempo.
Muchos de los tigres del Asia - como los
latinos, ex comunistas y algunos europeos -
también tenían - en gran medida - subsidiadas a
sus empresas. El sistema asiático ha funcionado
- en gran parte - con una serie de subsidios
cruzados que tergiversaron toda la actividad
económica. Muchos países asiáticos mantenían
un sistema de complicidad donde los políticos no
permitían la competencia extranjera en el
sistema financiero ni a sus ciudadanos invertir
en el extranjero. El sistema financiero protegido
fue pagando pírricas tasas de interés a sus
ahorristas y - con sus depósitos - adueñándose
de las empresas industriales más importantes
hasta conformar grandes conglomerados (Kairatsus
en Japón). Estas empresas poseídas por grandes
bancos a su vez pagaban bajísimas tasas de
interés por préstamos recibidos y además
imponen regímenes laborales extenuantes a sus
empleados sin crear una meritocracia interna.
Como consecuencia de estas políticas
empresariales, al comienzo, las empresas de los
países llamados tigres de Asia comenzaron a
exportar grandes cantidades de productos a los
EE.UU. hasta generarle una crisis industrial,
comercial y política que en los años ochenta
parecía poner de rodilla a ese gran imperio
americano. Incluso, surgieron miles de libros
describiendo el milagro asiático y muchos
recordamos la presión que el déficit comercial
con el Japón imponía a los EE.UU. y el desmayo
del Presidente Bush en una cena intentado
negociar mayor apertura comercial de Japón y
otros países del bloque con su país.
Sin embargo, el descalabro de las economías
asiáticas - al igual que en el pasado ocurrió
con la OPEP y con las economías soviéticas y
latinoamericanas - no tardó en ocurrir. Gracias
a la fortaleza administrativa del Banco de la
Reserva Federal, el medio de pago utilizado por
los americanos para comprar productos del
extranjero siempre fue su propio dólar
americano. Los EE.UU. no paga en yenes, rublos,
marcos, bolívares ni nada que se parezca, la
gente quiere que les paguen en dólares
americanos. En la medida que los países
asiáticos acumulaban reservas internacionales en
dólares, los estadounidenses - gracias a las
políticas de apertura de los Presidentes Reagan,
Bush y Clinton - se concentraron en hacerse el
país más atractivo del mundo para atraer
inversiones extranjeras. Esto hizo que los
japones y el resto de los países de los tigres
asiáticos fueran atraídos a invertir sus
ingentes recursos en dólares generados como
producto del enorme superávit comercial con la
balanza de pagos de los EE.UU.
Así, los japoneses compraron el Rockefeller
Center, grandes activos empresariales en los
EE.UU., abrieron plantas de vehículos y
parecieron realmente haber puesto de rodillas a
los americanos. Hasta las prácticas religiosas
budistas y shintoistas se hicieron interesantes
para los occidentales. Sin embargo, para los
líderes de los EE.UU. el anzuelo estaba mordido.
El enorme déficit comercial de los EE.UU. hizo
devaluar a su dólar americano con respecto a la
mayoría de las monedas asiáticas, y - en los
noventa - todo el jolgorio de inversiones
asiáticas en los EE.UU. comenzó a crear
quiebras a sus bancos que invirtieron sus
dólares en ese país. La economía japonesa
entró en una recesión que no acaba de terminar
y ha arrastrando al resto de los países de la
ASEAN. Ahora los países de oriente asiático
viven un tormento que no saben cuando terminará.
El sistema bancario asiático tiene que registrar
enormes pérdidas en sus balances y la situación
permite dos alternativas: 1.- cerrar muchos de
los grandes bancos; ó 2.- permitir las
inversiones extranjeras para que adquieran bancos
y salven el ahorro y el empleo en esas
naciones.Esto a su vez significa que las grandes
empresas asiáticas tampoco dispondrán de
créditos bandos concedidos por sus bancos
holding y que también que quedan las mismas dos
soluciones que al resto del sistema bancario.
La transparencia económica pasa por reformas
políticas ante todo .Si en los países
asiáticos no desean caer en una crisis
económica de tamaño impredecible, que
arrollará a los líderes políticos de esos
países que mantuvieron un sistema de privilegios
económicos a costillas del pueblo, entonces, al
igual que está ocurriendo en nuestros países
latinoamericanos ( en particular Venezuela) y los
países del bloque ex soviéticos, los líderes
políticos de esos países tendrán que reformar
el sistema político para permitir que sólo los
mejores gobiernen. Con el grave deterioro de
confianza quien produce la Agenda Venezuela al
ver que nuestros gobernantes transfieren todos
los costos de sus ineficiencias al pueblo
(aumento en los precios de la gasolina, en las
tarifas de los servicios pblico, devaluaciones
continuas a pesar de incrementos en los ingresos
por concepto de petróleo , etc.) sin que hayan
más empleos y los ejemplos que han dado el resto
del mundo excomunista y asiático, creo que hemos
aprendido que las perspectivas económicas para
1998 no serán positivas a menos que emprendamos
profundas reformas políticas. Que no es el FMI
quien podrá rescatar y subsidiar a todos los
sistemas políticos que tergiversan la sana y
libre economía. Debemos aprender del coraje con
que los EE.UU. asumieron su reto en la década de
los ochenta.
*Abogado
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