1958-1998
Guido Grooscors
Cuarenta años han transcurrido
desde el 23 de enero de 1958, fecha ya incorporada por derecho propio a
la historia patria, identificada con el derrocamiento de la última
dictadura padecida por los venezolanos y reconocida como la del surgimiento
del sistema democrático representativo que, desde entonces, ha conducido
los destinos del país. No es el propósito de este breve comentario
presentar un balance de lo acontecido durante estos cuatro decenios en la
esfera política, aunque es necesario señalar que en el devenir
histórico de Venezuela éste ha sido el período de mayor
disfrute de las libertades públicas y del ejercicio de algunos de
los derechos humanos pautados por nuestra Carta Fundamental, entre otros,
el de elegir y ser elegido en comicios universales y directos, así
como también el que consagra la libertad de pensamiento y, consiguientemente,
la libertad de expresión. Señalo éstos porque posiblemente
sean, desde mi punto de vista, dos de los que mejor contribuyen a caracterizar
el tipo de régimen que, en el campo de la democracia representativa,
ha gobernado a Venezuela con resultados beneficiosos -a lo sumo, medianamente
satisfactorios, diría un crítico del sistema- para la ciudadanía
puesto que las mayorías se han pronunciado regularmente a través
del sufragio, para seleccionar sus mandatarios, y por su parte los medios
de comunicación masiva, en términos generales, han cumplido
su rol en la sociedad, sin mayores contratiempos, mereciendo el reconocimiento
público y el respeto de la clase gobernante, salvo excepciones puntuales
que no es del caso indicar.
En otros campos las deficiencias han sido notorias sobre todo en el terreno
socioeconómico, y, por ello, en los últimos años han
recrudecido las críticas contra el sistema, en particular contra
los partidos políticos que son fundamento de su misma existencia.
Esta situación se ha ido acentuando, al punto que para el próximo
proceso electoral se estima que será una figura independiente la
que sea escogida para acceder a la primera magistratura del país.
De cumplirse esta predicción pudiera el actual sistema democrático
estar llegando a término puesto que los partidos políticos,
en la estructura actual de los mismos no estarían en capacidad de
enfrentar el reto que está planteado para llevar adelante un proyecto
de país distinto al presente, capaz de iniciar el nuevo milenio bajo
otros enfoques y concepciones que sitúan a Venezuela en un escenario
diferente tanto dentro del orden interno como del internacional. Por supuesto,
debo aclarar que no es deseable tal circunstancia por cuanto afecta la existencia
misma de los partidos políticos que, sin duda alguna, deben reconocerse
como instrumentos idóneos e indispensables para el exitoso funcionamieno
de la democracia. Los próximos meses serán indicativos de
su capacidad para corregir el rumbo erróneo que el electorado potencial,
a través de los sondeos de opinión, les atribuye. De acertar,
será posible trazar nuevos rumbos en la conducción del país,
con apego a las reformas necesarias del sistema por vías pacíficas,
en cuenta un gran acuerdo de gobernabilidad o entendimiento nacional, tal
como viene siendo planteado desde distintas posiciones, todas ellas respetables
y dignas de encomio. De no ser así, comparto el criterio de quienes
se muestran angustiados con relación al futuro patrio y avizoran
tormentas terribles e indetenibles que pueden dar al traste con la experiencia
política de los últimos cuarenta años que, mal que
bien, ha mantenido vigente el funcionamiento de un sistema democrático
caracterizado por la convivencia en libertad, el "valor supremo"
cuyo disfrute en mayor o menor grado marca la diferencia entre los distintos
regímenes políticos de nuestra época.
En esta última hipótesis, no debe descartarse la posibilidad
de una crisis de grandes proporciones que conduzca a los venezolanos a un
enfrentamiento fratricida o a privilegiar algún tipo de régimen
autoritario que, entre otras consecuencias negativas, puede causar el colapso
de nuestro incipiente Estado de derecho y, por supuesto, del sistema democrático
en su totalidad. |