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Ruedo Político

Analítica mensual

40 años

 Hugo Fonseca Viso

El 23 de enero se cumplen cuarenta años de la fecha que marca el inicio del sistema político que nos hemos dado. En 1958 se abrió una página de la historia llena de anhelos de libertad, demejoramiento y bienestar.

Transcurrido un lapso apreciable, cabe preguntarse: ¿qué significó el cambio y cuáles han sido los resultados?

Políticamente, un avance, sin duda alguna. Mal que bien, ha funcionado un régimen que ha permitido la libre expresión y actuación, la posibilidad de enmendar los desaciertos, organizarse y luchar por reivindicaciones.

 Sin embargo, ciertos atavismos y fetichismos hacia el caudillismo, la dependencia del poder, la falta de experiencia de la bondad de atenernos al derecho, la inclinación a optar por el atajo del abuso y la arbitrariedad, la concepción del Estado como una gran piñata, facilitaron que los partidos políticos pretendieran monopolizar la dirección y recursos del país, cerrando el paso a la iniciativa y participación ciudadanas. En otras palabras, se sustituyó la autocracia con la cogollocracia.

Por lo tanto, está pendiente una ampliación, profundización y perfeccionamiento de la democracia , así como la eliminación del clientelismo y la deshonestidad en instituciones y actividades fundamentales, como son la educación, la justicia y la administración pública. Si bien es cierto que al comienzo (década de los sesenta) la tradición de gobiernos de fuerza y la amenaza de la subversión marxista le confirieron prioridad a la estabilidad del naciente ensayo, justificando el 'tutelaje' sobre organismo claves como los tribunales y centros de enseñanza, también es verdad que a estas alturas esas prácticas de control y manejo se han convertido en una rémora que frena el desarrollo del país y propicia negociados.

En lo social, no es mucho lo que se ha adelantado a partir del 58. Se venía de lograr quizás el aporte más destacado en este sentido en el siglo XX, con la contribución de la corriente inmigratoria europea, cuyos beneficios de todo orden han sido inmensos.

Hay que dar crédito a la masificación de la educación, lamentando en paralelo la pérdida de calidad y de eficiencia. El pasivo lo constituye no haber sabido sembrar el petróleo en la gente. Tomando en cuenta los ingresos obtenidos, son escasos los resultados en dotar a las personas de los conocimientos, cultura, fundamentos y oportunidades necesarios para valerse por sí mismas, ser responsables de su destino y progresar con sus iniciativas y capacidades. Se podría afirmar que en cuanto a valores morales y comportamiento frente a deberes y obligaciones, existe un retroceso lamentable.

 En lo económico es donde quizá menos cambios se han realizado. Se le dio continuidad al capitalismo de Estado con tintes nacionalistas, característico del régimen militar depuesto, impulsando un excesivo intervencionismo mal justificado en la emergencia política y en las prédicas y recomendaciones de la Cepal, organismo culpable del sesgo de la América iberohablante hacia esquemas manifiestamente fracasados. La consecuencia de no haber creado en ese entonces las condiciones, y estimulado la incorporación de millones de seres a la búsqueda de su prosperidad en la producción y comercialización de bienes y servicios competitivos, la padecemos hoy en la triste realidad de la todavía dependencia desesperada de la liquidación de recursos no renovables, fluctuantes estacionalmente. Esto nos hace vulnerables y origina situaciones como la vivida recientemente al caer el valor de los hidrocarburos, afectándose el presupuesto nacional y la confianza de los inversionistas, lo cual se refleja en la demanda de divisas y los valores de la Bolsa.

Además, se continuó con la corruptela de utilizar las compras y contrataciones como vía para el enriquecimiento ilícito. El énfasis en la construcción de infraestructura durante la década 1948-1958, con lo cual se generaba inversiones y trabajo en el sector privado, fue disminuyendo progresivamente hasta que los compromisos de la deuda pública mermaron enormemente las disponibilidades para construir obras. También influyó negativamente el crecimiento de empleados en el sector oficial, al pasar aproximadamente del 1% al 6% de la población.

 Los gobernantes y parlamentarios que van a ser electos a finales de este año deben proceder con las rectificaciones fundamentales, emprendiendo lo que falte y corrigiendo los errores.


 El Universal Digital, 20 de enero de 1998

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