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Ruedo Político

Analítica mensual

Economía al día

Balance de una democracia de 40 años

 Maxim Ross

Comienzo por decir que me coloco muy claramente del lado de los que celebrarán con gran emoción y euforia los 40 años de vida democrática. Estoy harto convencido de que una de las mejores cosas que le ha pasado a este país es que Pérez Jiménez se haya ido de Venezuela. Verlo ahora hablando de lo que hay que hacer, en una de esas tristísimas entrevistas que algunos periodistas tienen los bríos de hacerle, me ratifica lo que pensamos en aquella época y lo que pensamos ahora. Ese señor no tenía nada nuevo que ofrecerle a Venezuela, si no hubiera sido por la herencia que tomó de los escritos de algunos adecos prominentes de su era, en particular de la toma al, casi pie de la letra del Plan de Barranquilla y del programa económico de Rómulo Betancourt. No digo todo esto porque me haya sentido feliz de haber participado en aquellas gestas estudiantiles de 1958, en pleno apogeo del Liceo Andrés Bello, siendo aún ignorante en política, sino porque 40 años de democracia, como intentaré demostrar, han sido mejores, mucho mejores, que el reino del Nuevo Ideal Nacional. También lo digo porque hay que poner las cosas en su sitio y desmitificar plenamente esa falsa idea que algunos nuevos políticos, desconocedores y poco estudiados, le han conferido al decenio perezjimenista. Descontando el argumento político puro, de comparar un régimen dictatorial con el ejercicio de la democracia, en el que ya llevaría desventaja, habría que escudriñar un tanto en sus éxitos económicos. Para la juventud de hoy, quienes no conocieron puede ser útil descorrer este velo que se ha creado falsamente sobre sus logros.

El hijo de Betancourt

Si se examina un poco la historia, particularmente la del diseño de este país, se consigue un lugar común para el nacimiento de lo que podría llamarse un nacionalismo económico. Al romper Betancourt con la línea comunista y con los líderes de los primeros movimientos políticos que harán después a Acción Democrática, Betancourt se interna en aquella ideología. Probablemente porque su formación erudita y empírica lo lleva al terreno de lo práctico, o quizá porque su afán de poder se gesta bastante en la calle. Lo cierto es que su ideología es tan nacionalista, especialmente en lo económico, como veremos, que le calza perfectamente a Pérez Jiménez. Un alto de intervencionismo estatal, la creación de una infraestructura básica, incluyendo aquella para la producción, el desarrollo de la industria y la agricultura, tanto para Betancourt, como en Pérez, son iguales. Derivan de la ideología de la época de 'sembrar el petróleo'. Los dos seguidores de Uslar, salvo que este vio el panorama con menos Estado y gasto público. Pérez, al igual que Betancourt, tuvo una concepción tan parecida que este último desarrolla la Petroquímica, la Siderúrgica, Macagua y ya tiene en diseño el Guri. La Gran Venezuela, que nace con Betancourt, es pensada por él, la ejecuta igual, repito exactamente igual, el famoso general de nuestros tiempos. Con todo y sus escándalos, aquel tan recordado de la Inocentti y otros que ya hemos olvidado, gracias a esa inmensa ventaja competitiva venezolana que es la ignorancia de su historia y su desmemoriado cerebro. Tratando de ser tan objetivo como pueda, puede reconocerle, como mucha gente dice, que a pesar de los robos y la corrupción de su época, las obras quedaron. Se nos olvidó, muy prontamente que la salida de Pérez Jiménez, entre factores políticos, se debió al tremendo desorden que se había originado en las cuentas fiscales y externas. Forzado, para financiarse, a otorgar nuevas concesiones petroleras, encuentra la férrea oposición de los Pérez Alfonzo, Betancourt y los líderes de Punto Fijo. Tiene que irse dejando una secuela de errores políticos y económicos, junto a la percepción de un gobierno muy corrupto, que se ha olvidado, gracias a la panfletería y la ignorancia que hacen creer que Pérez Jiménez es sólo la Ciudad Universitaria, el Helicoide y sus otras grandes obras. Cumplió fielmente el programa adeco... sin ellos.

 Las dos etapas de la democracia

 Con todo y la distancia entre ambos países, a nadie se le ocurriría atribuirle a la democracia norteamericana o a la inglesa, de las más reconocidas en el mundo, las crisis económicas que esos países sufrieron en distintos momentos. La Gran Depresión, el desorden económico que se produjo con la crisis energética en los años setenta, con tasas de inflación increíbles para Estados Unidos, déficit fiscales y comerciales incalculables, devaluación del dólar, desempleo, etcétera, todos ellos fenómenos dolorosos y ahora superados, a nadie repito se le ocurre atribuirlo, o al menos nunca he escuchado el argumento que se consigue aquí, de una falla de la democracia como tal. Los duros monumentos ingleses o franceses, la larga crisis europea se deben a graves errores en la política económica, pero a nadie se le ocurre cuestionar ese orden político. Por lo contrario, la experiencia europea sobre todo, con la imagen de la Alemania nazista o la Italia fascista, han dejado una huella tan amarga que hace que muy pocos, o ninguno, añore una clase de dictadura como tales.

 Entonces, øEs nuestra democracia culpable de los desaciertos de varios gobiernos? øFue siempre así? Se puede demostrar que nuestra democracia tuvo una época exitosa, si bien no deseo exagerar sus contribuciones. Desde su instauración hasta aproximadamente los fines de los años setenta, todos los indicadores sociales y económicos de Venezuela habían mejorado notoriamente. El país se ha industrializado, la agricultura sale del ostracismo del conuco y se funda la moderna agricultura capitalista. Con un atraso muy típico nuestro, gracias a los excedentes petroleros, adoptamos el modelo cepalino como todo el mundo. Incipientemente ya Pérez Jiménez lo había hecho porque nuestra industrialización siempre fue sustitutiva. El modelo de restricciones comerciales operó desde la firma del Tratado con los Estados Unidos, desde 1936 y con él se hicieron las primeras producciones nacionales. La clase media prosperó gracias a dicho modelo, el cual, no sólo permitió ampliar considerablemente los ingresos, sino que mejoró la muy desigual distribución característica del modelo agrícola. Venezuela se modernizó en esa etapa sin duda alguna. La educacion llegó hasta el último lugar, se masificó tanto como el estado de bienestar que acercó a los venezolanos hospitales, escuelas, ambulatorios, medicina rural y todas esas cosas que desaparecieron de la noche a la mañana. En su primera etapa, con todo y sus fallas, imputables al exagerado modelo partidista, la democracia dio un balance positivo. Que nadie lo olvide. Luego vino la debacle, diría quizá, no tanto por el modelo democrático, sino por su permisibilidad de incapacidad en darse cuenta, en contar con las instituciones y los hombres, que hubiesen producido el cambio que estaba a la vista. Pero no fue una falla del sistema político la que ocasiona la crisis que todavía nos agobia. La ruptura con el modelo sustitutivo y rentista, el mismo de Pérez Jiménez, se alargó, distanció, pospuso, tal como lo intentaron los rusos, los norteamericanos keynesianos, Fidel quizá el que más, sin permitir el cambio que luego se dio por necesidad. No es pues la democracia la culpable, a pesar de que sus instituciones hagan más flexible el trato de los problemas. No comprendimos que el modelo económico estaba absolutamente agotado, al punto que casi regresamos a él en 1994. En su segunda etapa, marcada precisamente por el inicio de la crisis de 1982, en adelante todo ha ido mal, pero no por culpa de ella, sino por nuestra incapacidad para entrar en los rasgos y el comportamiento de una economía moderna, global, de mercado y todas esas cosas por las que varios abogamos hace tiempo. Claramente queda establecido que si nuestro régimen político fue testigo de beneficios en una época y de serios sacrificios en otras, mal puede atribuírsele a él toda la causalidad del problema. Consciente como estoy de que esta democracia nuestra necesita un remozón, cambios políticos importantes, prefiero el camino de mejorarla que a cualquier Pérez Jiménez. Como un homenaje al 23 de enero propongo que no lo entrevisten más.


 El Universal Digital, 23 de enero de 1998

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