Los nuevos delicados
La Tierra se levanta temprano. ________
(*) duerme
hasta mediodía. Sólo separa los párpados para cambiar
los discos compactos de su minicomponente AIWA con bandeja para tres. Aleatoriamente,Chemical
Brothers, Prodigy y Tricky inyectan tecno en el ambiente. La noche, asilada
en las persianas HUNTER DOUGLAS, permanece intacta en la habitación.
Cuando el SWATCH IRONY marca las 12:15, ________ toma el Crimen Perfecto
de Baudrillard y hojea un capítulo titulado "El colmo de la
realidad", luego se sumerge en ArT RANDOM, libro creado por Keith Haring
. En medio de fotos de Michael Jackson, Walter Benjamín y Martin
Luther King Jr., aparece el símbolo del infinito sobre un artículo
de ASSOCIATED PRESS donde Felipe Garza Jr., de apenas quince años,
murió justo a tiempo para salvar a su novia de catorce, Donna Ashlock,
quien recibió el corazón aún caliente de su prometido.
________sabe que él jamás haría algo así por
Claudia, Luciana, Yvelisse, Dunia o Adriana. Sacadas de sombreros como las
conejitas de PLAYBOY, ellas siempre retornan al medio donde fueron encontradas:
Choroní, O Gran Sol e Internet. Apenas se las conoce, un cronómetro
imaginario inicia el conteo del tiempo que se está conectado a ellas,
que pocas veces es mayor a dos o tres semanas.
¿Qué marca soy yo? Según Gottfried Benn, los humanos
del siglo XX habitan entre el "vacío y mi yo marcado".
El vacío es la hiperabundancia de objetos, relaciones interpersonales,
itinerarios de líneas aéreas y planes de financiamiento de
las tarjetas de crédito. El yo inicia su aparición refleja
(marcada) a través del maquillaje que lo adscribe a una identidad
menos masiva. Sin embargo, no es suficiente ser en relación a otra
cosa comprada. No, el individuo quiere ser único dentro de sus iguales
cercanos. Entonces inicia el proceso de renombrarse a él mismo y
su entorno. Creativos apodos visten a sus efímeras amigas, su computadora
personal , el auto e incluso su celular. No basta con tener un teléfono
digital con 100 memorias, éste debe ofrecer un valor agregado a los
espectadores-evaluadores que son sus conocidos: ya no es un NOKIA 2160,
sino que es "una cajita feliz".
Si en los setenta y ochenta los ejecutivos padecían el síndrome
del "discurso duro del éxito" , el cual les prodigaba infartos
y estrés antes de los cincuenta años, en los noventa el hombre
exitoso reclama cuidados que antes eran privilegio de las mujeres y de los
bohemios. Perfumerías y Centros de Estética son ávidamente
visitados por El y Ella. Actualmente, comenta Barbara Ehrenreich, el clima
social apoya en los hombres "la no responsabilidad, la autoindulgencia
y el despego aislacionista ante las exigencias de los demás".
Otrora esclavos del triunfo, el caballero de los noventa se quita la "máscara
de la masculinidad" y evade frontalmente los compromisos domésticos
a largo plazo, e incluso, se dedica a sus propios placeres. Su responsabilidad
circula a la misma velocidad que el resto de sus bienes. El individuo, se
ha transformado en el Dennis de la novela "Necesidad" de David
Lawrence: "consumidores consumiendo...(son) su propio público
objetivo ideal. Todos los ingresos disponibles, sin personas a su cargo".
La pérdida del espacio psíquico El feminismo militante y viril
de los sesenta, narra Julia Kristeva, se transformó en "una
sexualidad femenina centrípeta, suavizada y apaciguada, antes de
exhumar, últimamente, so capa de idilios entre mujeres, los estragos
sadomasoquistas". El sexo débil mutó hacia la figura
del espejo, superó la igualdad buscada y sigue girando en el mismo
vacío que el antiguo sexo fuerte. Metáfora devaluada, la fuerza
fue reemplazada por el 50% de todos los espacios físicos: oficinas,
bares, publicaciones "no aptas para menores de 18 años"
y escaños del Congreso. No obstante, ambos sexos se ahogan "en
una cascada de imágenes falsas (desde los papeles sociales a los
media)" que los privan de un lugar propio donde realizar su yo. A su
manera, las mujeres se simulan en el universo de la maternidad, mientras
tanto, sus contrarios se edifican en el calculado discurso de la suavidad.
Antihéroe, pero ganador, el hombre actual no esconde un Superman
detrás de su traje de lana ni construye cuevas secretas bajo sus
casas, al contrario, recrea su poder a través del CABLE, mientras
se ampara en los mismos miedos, angustias y deseos que sus compañeras.
Incluso, hay manifiestos destinados a proteger y exaltar esta "nueva
masculinidad", como la denomina Herb Goldberg, que lo único
que exige son varones capaces de "desarrollar su aspecto femenino y
pedir emociones, necesidades de dependencia, pasividad, fluidez, sensualidad,
vulnerabilidad y resistencia a asumir siempre la responsabilidad."
(*): Si conoces a alguien con esta descripción,
escribe su nombre, si no, sólo marca una X.
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