| Davos:
un capítulo gris Alberto Valero
Es
curioso que haya pasado bajo el tapete el Foro
Económico Mundial, que suele reunir en Davos,
Suiza, a las luminarias del jet-set político,
financiero y académico, para auscultar la marcha
del planeta.
Es probable que la inminente incursión
militar contra Irak,que acelera los más variados
esfuerzos diplomáticos para impedir lo que
pudiera ampliarse a una confrontación de
ramificaciones inesperadas en el Cercano Oriente,
o la atención centrada en la bragueta del
presidente estadounidense fuesen, por esta vez,
temas más noticiosos que el cónclave en la
montaña mágica donde Thomas Mann ubicó a
principios de siglo el drama pulmonar de Hans
Castorp.
Pero es más lógico que fuese el
cuestionamento del propio paradigma globalizador
que el Foro de Davos propuesto a lo largo del
último decenio, el factor que restó impacto a
esta interesante iniciativa que, año tras año,
en lo más crudo del invierno, fija pautas
alentando el reordenamiento neoliberal del mundo
entero.
Porque todo parecía marchar en armonía,
salvo sobresaltos como el sufrido en enero de
1995 por la economía mexicana, cuando bastó una
sustanciosa inyección crediticia y la disuasión
oficial de cualquier grito de protesta (si bien
precipitó el colapso del monopartidismo azteca);
y los índices manejados por el Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mundial pregonaban un
crecimiento extraordinario en los mercados
emergentes y el consiguiente boom de las bolsas
de Londres,New York y Tokyo.
Sólo que los achaques financieros del Lejano
Oriente, con Japón incluido, que en su fase
inicial parecían meros resfriados, adquirieron
un volumen más peligroso y obligaron a
declararse en emergencia. Para contener en lo
inmediato las ondas expansivas de un fenómeno
tan globalizador como la prosperidad que el
modelo estaba llamado a generar; y,sobre todo,a
analizar sin triunfalismo los efectos perversos
del cuadro internacional.
No se trata de una confabulación contra
natura, propiciada según algunos por la visita a
Cuba de Juan Pablo II,seducido por las conocidas
tesis antiimperialistas del Presidente Fidel
Castro, para denunciar las manifestaciones
negativas de lo que ya se conoce como el
capitalismo salvaje. Con las cuales coinciden (no
importa por qué razones) desde el llamado Papa
Negro de los jesuítas hasta la señora Hillary
Clinton, delegada en Suiza.
Es más bien la constatación, apoyada en
estadísticas confiables (que las hay) de que se
agudiza el abismo entre las naciones y dentro de
ellas se acelera la acumulación de la riqueza y
la marginalidad de los sectores que, en su
momento, sostuvieron el modelo democrático
occidental.
Así lo han planteado, ni más ni menos, Klaus
Schwab y Claude Smadja, Presidente y Director
General respectivamente del Foro Económico de
Davos, en un editorial que expone las
contradicciones de la globalización. Sin abjurar
del concepto de la obsolescencia de la soberanía
económica como fruto de la interdependencia,
pero clamando por la revisión de las reglas del
juego.
Por supuesto que no aceptan los gurús alpinos
la satanización del modelo que ha propiciado un
mayor rigor en las decisiones de los gobiernos e
instituciones financieras, una mejor supervisión
de los mercados y la introducción de un marco
legal más trasparente, que no tolera margen
alguno de lasitud económica.
Pero es evidente para ellos que no se sacaron
las lecciones suficientes del efecto tequila ni
se adoptaron los mecanismos para prevenir su
recurrencia en otros lugares, porque simplemente
se desconoce el funcionamiento de la economía
globalizada y la cadena de reacciones en un medio
caracterizado por el incremento del flujo de
capitales y la volatilidad creada por los
llamados fondos golondrinas, que deshacen sus
nidos con pasmosa facilidad al menor indicio de
incertidumbre.
Lo peor, dicen, es que no bastan ya la
claridad del mercado ni el cuadro institucional
más idóneo, porque hasta países que se
ufanaban de ambos elementos han caido en el
torbellino que reclama una urgente
respuesta.Pués la integración de China y otras
economías emergentes de Asia, Latinoamérica y
Europa Central y Oriental, que se cuentan entre
los beneficiarios principales del auge, les
trasmitió al mismo tiempo los gérmenes de
vulnerabilidad que pudieran desencadenar una
catástrofe general.
Qué instituciones y mecanismos resultarían
eficaces en el nuevo panorama; sería necesario
introducir en los mercados financieros un esquema
regulatorio como el que propuso, por ejemplo, el
Primer Ministro Mahatir de Malasia a pesar de la
reacción irritada de la banca internacional; y
qué rol correspondería al FMI como prestamista
por excelencia, son preguntas que no aceptan
respuestas sencillas, y explican el bajo perfil
de un evento como el Foro de Davos,acostumbrado
hasta este invierno al esplendor del
triunfalismo.
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