| Rebelión
laborista contra Blair por su política en la
crisis Álvaro Vargas
Llosa
El
ala izquierdista del Partido Laborista se rebeló
ayer abiertamente contra el primer ministro Tony
Blair en la Cámara de los Comunes con motivo de
una moción presentada por el Gobierno para
conseguir el apoyo parlamentario a un eventual
ataque militar contra Bagdad. Aunque la amplia
mayoría del partido del Gobierno y el apoyo de
la oposición hacían imposible una victoria de
la facción rebelde, la resistencia de un sector
laborista ha cobrado un cierto perfil y
movilizado a un sector de opinión.
El Gobierno presentó una moción que pedía
el apoyo de los parlamentarios no
estrictamente necesario, aunque desde el punto de
vista del Ejecutivo sí deseable para usar
«todas las vías necesarias» con el fin de
lograr que el equipo de inspectores de Naciones
Unidas pueda realizar su trabajo sin trabas en
Bagdad. Los rebeldes presentaron a su vez una
enmienda para obligar al Gobierno a «abstenerse
de hacer uso de acciones militares» para cumplir
con el objetivo. Detrás de esta enmienda estaban
el inevitable Tony Benn, viejo aristócrata de
las causas de izquierda radical, y Tam Dalyell,
un exponente de relieve del sector del laborismo
opuesto a la modernización.
En las últimas semanas, sin que ello haya
puesto en riesgo la mayoría con que cuenta el
Gobierno en la opinión pública para usar la
vía militar contra Irak, la campaña opuesta a
las acciones bélicas ha organizado varias
marchas, inundado de cartas distintas instancias
oficiales y comparecido reiteradamente en medios
de comunicación. Tony Blair sabe que cuenta con
el apoyo de gran parte de los británicos y, lo
que en este caso es decisivo, también de la
oposición conservadora y, con matices, de la
oposición liberaldemócrata.
ABC
Prensa Española, 18 de febrero de 1998
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