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Hacia un Renacimiento Juan Liscano No se puede negar el salto vertiginoso tecnocientífico acontecido desde la última guerra mundial, cuyos hallazgos, invenciones y descubrimientos parecen llevar al homo sapiens a una cumbre de homo faber. Pero, paralelamente, la condición misma de aquél y éste, en el campo cualitativo del Ser, ha sufrido un bajón y una reducción mental lamentables. Por un lado van la ciencia, la técnica, los aparentes progresos de una civilización para masa, para el comercio, el dinero, la especulación, ajena a lo cualitativo y a las nociones de ética, y por otra la gigantesca marea de las tecnologías al servicio del consumismo, la seudoinformación y comunicación. Tal antinomia produce el imperio de la confusión destructiva, ciega, desde lo pequeño hasta lo grande. Esa confusión la alimenta, por una parte, el consumo masivo de drogas y por la otra, la sostenida propaganda comercial cuyos excesos conceptuales llegan a servir de Dios para vender una cerveza, como hizo una marca brasileña denominada Brahma. Nada de extraño tendría que el nombre de Jesús o de Cristo, fueran adoptados por unos calcetines o unos zapatos de fútbol. Dentro de este vasto marco mundial, Venezuela no cuenta sino por su petróleo y sus minas. El escaso desarrollo mental existente toca fondo. Los ignominiosos medios determinan los valores del pueblo, de la disminuida clase media y de la clase alta. No hablaré de la clase política porque está circunscrita a su circo. No obstante, esa masificación mental no ahoga por entero a la colectividad y en la prensa suele leer artículo críticos punzantes, declaraciones de combate como la de Uslar, denuncias dignas y, de vez en cuando, textos alimentados por un sentir universalista o un conocimiento bien estructurado y pensado, sobre el destino del mundo. Son voces aisladas, pero yo estoy atentas a esas resonancias del pensar, del alma o del espíritu. La cruda masificación audiovisual al servicio de comercio, casi nunca deja pasar críticas o se interesa por esas individualidades. Pero ellas existen para consuelo mío. Aunque aún, inéditos, termino de leer el libro titulado Ciencia, Metafísica y Espiritualidad, del doctor Alberto Martínez Coll, nacido en 1923, cuya vasta labor en Neurocirugía ofrece un ``currículum'' de eficiencia y seriedad, cada vez menos corrientes en nuestro país. Ha publicado más de 30 trabajos sobre diversos temas de la Medicina, forma parte de varias sociedades de Neurocirugía y ha viajado al exterior donde, recientemente, entre 1991 y hoy, escribió su autobiografía cumpliendo una función como Agregado Científico, en Australia. Los últimos capítulos de esa obra, desglosados del conjunto, constituyen reflexiones y exposiciones sucintas relacionadas con la Parapsicología, la cual mueve a muchísimos científicos de países desarrollados a estudiar el factor ``psi'', y los hechos milagrosos que la razón no explica. El estudio de Martínez Coll ofrece un panorama desconocido para el vulgo y hasta los mismos científicos, del movimiento de investigación en marcha desde hace más de 30 años. Sus visitas en los laboratorios de distintos países desarrollados, confirman la importancia de la mente-cerebro y la creación de neurotransmisores que pueden producir curas sorprendentes, pero además, fenómenos psicokinéticos, telepáticos, clarividentes. ``Pensar, escribe, es practicar química cerebral, promover una cascada de respuestas a través del todo el cuerpo. Los neurotransmisores son la base material de la inteligencia o pensamiento, llenan el espacio que aparentemente separa la mente del cuerpo''. Su indagación notable lo lleva a coincidir con la física cuántica en muchos aspectos, más de acuerdo con el misticismo que con el materialismo. Lo determinante del Universo no es la materia, sino la energía. Se llega a la conclusión de una Mente Universal que forma un todo con la materia, el Universo y sus leyes correspondientes. Pero no se le escapa que la razón y la ciencia nada pueden decir de la evidencia del ser ontológico. Le interesa en sumo grado la hipótesis de Neilhard de Chardin sobre la energía psíquica y espiritual primarias, comprobada en los fenómenos paranormales acumulados en los laboratorios de los investigadores del factor ``psi'', y de las cuatro fuerzas a las que aludió Hawking (gravitatoria, electromagnética, nuclear débil y nuclear fuerte), las cuales una vez estudiadas, pueden componer la teoría unificada del universo. Gran utopía de los físicos. Martínez Coll acepta la hipótesis de una superfuerza, agente de creación, amalgama de materia, espacio-tiempo, fuerzas. La unidad resplandece al final de este análisis como supremo conocimiento, valga decir: Dios. Martínez Coll: ``La energía psíquica, espiritual, Mente Universal o Pensamiento Divino originando o transformándose en energía-materia física, punto de partida de la gran evolución del Cosmos hasta la aparición del cerebro y de la conciencia humana, lo que permite a la materia misma, tomar conciencia de su propia existencia''. Este grupo de ensayos ajenos a lo ordinario propuesto por la ``vulgata'' televisiva, la misma prensa, sin dejar de lado la literatura en pleno descenso, pueden estimular a un lector pensante de manera sustanciosa y poner en el mercado corriente del libro, una producción tan instructiva como orientadora, sobre todo en este tiempo de desintegración, donde el afán de dinero sustituye cualquier reflexión sobre Dios, el hombre, la posible unión de la mística y de la cuántica, el renacimiento de la cultura y de los valores éticos. El Nacional On-Line, 16 de febrero de 1998 |
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