Hoy martes

Los alfaritos

Roberto Giusti

Según y como van las cosas el único partido político venezolano que actúa de acuerdo a sus principios ideológicos, desarrolla la línea que le dicta su dirección nacional y no cae en la tentación de los diabólicos atajos de las candidaturas independientes, es Acción Democrática.

Disciplinado, erguido e impávido, el otrora partido del pueblo encara su derrumbe inminente con la dignidad de quienes mueren con las botas puestas, dispuesto a vender cara la derrota y que me perdonen los lectores el uso y abuso consecutivo de las frases hechas.

Pero es que en este desenfrenado carnaval de negritas brejeteras que se quitan las caretas y se levantan las enaguas en busca de su acomodo, los adecos no se quieren poner el disfraz.

Coherentes con su manera de ser y de hacer política, ciertamente anacrónica y deleznable en muchos aspectos, su carácter de referencia nacional ha logrado sostenerse ante el despelote que, bajo el pretexto de los signos de los nuevos tiempos, nos está mostrando cómo los pretendidos relevos de la política no son ni mejores, ni distintos, entre otras razones porque, en la mayoría de los casos, se trata de los mismos de siempre.

Que Copei pretenda mimetizar su rabo de camaleón resabiado en la olla del sancocho irenista, es tan evidente como que la izquierda prehistórica retornó de ultratumba para aferrarse a los lomos del centauro barinés a ver si por fin pega una.

El adequismo, que es como decir, el alfarismo, por el contrario, se reconoce como una estructura monolítica donde las instancias del CEN y del cogollo se han convertido en una formalidad, pues ya se sabe que quien manda es el Caudillo. Un mando único, una sola voz y una sola línea, no sólo han logrado restablecer el principio de autoridad, sino también reeditar con éxito fenómenos como el clientelismo y hacer de AD un partido de oposición que está con el Gobierno, en lo cual el MAS le va bien a la zaga.

Que en ese juego de autoritarismo con muñequeo táctico Claudio Fermín les haya abierto una tronera irremediable, dejándolos de paso sin candidato, no parece amedrentar el talante sereno de Alfaro. Dueño y señor de su conuco, se apresta a declarar abierto el torneo interno en el cual la primera opción no es otra sino la suya, pero con tres alfaritos, cada uno a su manera, ansiosos por reverdecer los blancos laureles.

El primero de ellos, Lewis Pérez, recipiendario principal del estilo y la sabiduría Alfaro, ha logrado clonarse con el modelo original haciendo suya la máxima cardinal de la doctrina Alfaro, según la cual "quien quiera guaraguaras tiene que mojarse el fondillo". Y ahí lo vemos, con el agua hasta al cuello y magra pesca, dando cuenta del alfarismo clásico, estatista, maniobrero y centralista, pero con la maquinaria por delante, dócil y bien aceitada, presta para reproducir el milagro de la multiplicación de los votos. Los suyos, claro.

El otro, el gallo tapado de Alfaro, que en este caso se trata de El Burro, como le dicen por el empeño y tosudez que le pone a su trabajo, el joven Gobernador de Monagas, Jesús Eduardo Martínez, representa el alfarismo emergente, modernizador y descentralizador. Martínez, quien encarna todo lo que Alfaro quiso ser y no pudo, adelantado de la apertura petrolera, líder de los gobernadores y de la regionalización, hará la comparsa, logrará promoverse y llegará hasta donde se lo permita el jefe. Un tajo que puede ser candidato sin calzar los guantes de un peso pesado.

El mejor posicionado en las encuestas, con un sólido tres por ciento, el abanderado del neoalfarismo resulta, sin embargo, el tercero en discordia dentro de los afectos del Caudillo. Antonio Ledezma, para su desgracia, no tiene nada que ver con Alfaro y, todo lo contrario, hecho a imagen y semejanza de Carlos Andrés Pérez, con esa impronta sellada en cada gesto y movimiento, le basta sólo abrir la boca para que al jefe se le alboroten las agrieras con los malos recuerdos.

Que sea el mejor preparado y el más popular o que aparezca como el único, en definitiva, capaz de paliar el desastre en ciernes, no quiere decir nada.

Antes que entregarle el partido a un advenedizo, Alfaro prefiere morir con las botas puestas, feliz de llevarse a unos cuantos en la caída.


El Universal 17 de febrero de 1998


entre en la bitbliotecaAyude a un ni–




volver al inicio o volver al tope


Inicio | AnalÃtica Mensual | Artes y Placeres
Editorial | ArtÃculos | Lo Mejor de Esta Semana | Resumen
Archivos | Tips Petroleros | Escriben Nuestros Lectores | Cartas al Editor