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Pobre consumismo Myriam Puig A. Estamos cansados de oír la expresión referida a nosotros de 'países menos desarrollados'. Pero, ¿cómo definimos menos desarrollados? ¿Son los pobres materialmente o los pobres en relaciones? Nuestros países son menos aventajados económicamente pero son ricos en relaciones humanas donde existe colaboración, apoyo y solidaridad entre las personas. Sin embargo, continuamente recibimos la influencia de los medios de comunicación que promueven una visión reducida del desarrollo, que nos empuja al consumismo a ultranza. El consumismo mina y destruye las relaciones familiares de dos maneras por lo menos: Tiempo y valores. Las relaciones familiares requieren tiempo. Cantidad de tiempo, estar allí da sensación de seguridad, ayuda a sentirnos que pertenecemos a alguna parte; muchos de los valores se captan en este tiempo. Calidad de tiempo, esa atención exclusiva que da al otro el sentimiento de ser valorado. Pero para tener más bienes materiales se necesita más dinero, se trabaja más tiempo y se está menos tiempo en familia o se usa más la tarjeta de crédito aplazando las deudas y preparando el terreno para preocupaciones futuras. La tarjeta de crédito puede ser un objeto de discordia y problemas en muchas familias. Pero es en el campo de los valores donde el consumismo ataca más sutil pero más incisivamente el campo de las relaciones familiares. ¿Qué creen es más importante: tener relaciones saludables y felices en casa o ser rico? ¿Prefieren tener una mansión y varios automóviles y un matrimonio destrozado o una casa pequeña y una gran armonía familiar? ¿Qué es más importante tener, buenas relaciones o muchas posesiones? ¿Es usted relacionista o materialista? ¿Qué busca principalmente: bienes excluyentes o bienes participables? Los bienes excluyentes son aquellos que disminuyen al compartirlos, sean dólares, caramelos o metros cuadrados. La finitud de estos bienes se capta de inmediato. La búsqueda de estos bienes nos hace cada vez más egoístas. Los bienes participables son aquellos que no se acaban al compartirlos porque radican más en el ser que en el tener. Cuanto más se reparten más se multiplican y difunden, y ese 'repartir' de lo propio enriquece tanto a quien lo da como a quien lo recibe. El amor, la amistad, la sonrisa, la alegría son bienes participables. Sería de mucho provecho conseguir un momento especial para reflexionar sobre esto. ¿Dónde estamos poniendo nuestro tiempo y atesorando nuestros valores? En el mundo materialista de las cosas o en el mundo de las relaciones, del calor humano, del compartir, de darnos como personas. El Universal Digital, 19 de febrero de 1998. |
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