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Para frenar la inflación hay que subir
las tasas de interés Luis E. Rivero M. Una de las recompensas gratificantes de estudiar formalmente la economía es descubrir que las explicaciones que a uno le entran por los sentidos muchas veces no se corresponden con la realidad; que, en oportunidades, la intepretación de algún hecho económico que ofrece el estudioso o el profesional, es muy diferente a la que le encuentra quien opina sólo basándose en la observación o el sufrimiento del mismo evento. La política de gerenciar las tasas de interés como instrumento para combatir la inflación es uno de esos casos. Es común escuchar algunos de los dos siguientes razonamientos: cuando suben las tasas de interés, suben los precios, dado que se incrementa el peso que tiene el crédito dentro del total de costos; o: cuando aumentan las tasas de interés, baja la producción de bienes y servicios porque sube el costo del crédito y al haber menos producción, crece la inflación porque ésta se origina en un desbalance entre producción (oferta) y demanda de la misma. Esos dos argumentos presentan fallas al constrastarlos con el conocimiento ortodoxo de la ciencia económica. En relación al primero de ellos, hay que aclarar que la inflación es un proceso continuo, dinámico, de incremento de los precios; que no se considera inflación un aumento de los precios 'de una sola vez'. Así, aun si suben inicialmente los precios empujados por el ascenso de las tasas de interés, no tienen porque seguir creciendo incesantemente y más bien ese aumento de las tasas presiona hacia su desaceleración, como se explicará adelante. Puede pensarse en una analogía: en ocasiones, al recibirse un medicamento a través de una inyección, se puede hinchar la parte afectada, pero la inflamación es consecuencia del proceso curativo que se inicia. El segundo razonamiento aludido también es débil: la inflación está sólo ligeramente relacionada con baja producción; lo que es más, aun con una producción en aumento y hasta copiosa (en relación a determinado patrón de comparación) puede haber inflación, si el dinero disponible crece a mayor velocidad que el ritmo con que se incrementa la primera. Lo que hasta ahora sí ha sido demostrado es que, por el contrario, al aumentarse las tasas de interés se desatan varios procesos que tienden a frenar el ritmo inflacionario. Por un lado, crece el incentivo que tienen los residentes del país a ahorrar más porque se les remunera mejor su frugalidad; al gastar menos, baja la presión sobre los precios de la producción que se está generando, cualquiera sea su nivel. Por otra parte, el incremento de las tasas también afecta las compras a crédito de los bienes, disminuyéndose igualmente la tendencia a demandarlos, con lo que se modera el aumento de precios. Además, las tasas de interés más altas atraen divisas del resto del mundo y con más divisas, el país tiene mayor posibilidad de comprar en el exterior, lo que también reduce la presión sobre los precios internos. En los bancos centrales hay conocimientos de estos hechos y por eso se explica la política de promover aumentos de las tasas de interés cuando arrecia la lucha antiinflacionaria. Esta es la receta básica en todos los países. El Universal Digital, 18 de febrero de 1998. |
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