Envidia y esperanza

Pedro Pablo Aguilar

Tengo una fraterna amistad con Miguel Angel Rodríguez. Durante varios años he compartido con él la dirección de la Organización Demócrata Cristiana de América. Asumimos la presidencia él y la secretaría general yo, cuando soplaban más fuertes los ventarrones políticos que produjeron la caída del muro de Berlín. Apreciábamos y presentíamos los efectos que la nueva situación iba a determinar en el sistema de partidos, y muy especialmente en los partidos demócrata cristianos. Compartimos inquietudes por las nuevas realidades de la globalización. Estuvimos de acuerdo en que los fenómenos de acentuada internacionalización e ineludible interdependencia de las sociedades contemporáneas le daba nueva vigencia a los valores del humanismo cristiano.

Nos propusimos reorientar el movimiento demócrata cristiano de América Latina hacia nuevos objetivos y con nuevas estrategias. Abrimos la Organización hacia partidos que sin ser específicamente demócrata cristianos comparten con nosotros identidad en principios esenciales. La convocatoria la hicimos para la actualización de nuestros partidos y los partidos amigos que se fueron adscribiendo como observadores.

Hoy la ODCA vincula a los grandes partidos del centro democrático latinoamericano y caribeño. La incorporación de grandes partidos en los países más poblados, Brasil, México, Argentina y el peso de los que actúan en toda la región constituyen a ODCA en la fuerza política de mayor importancia continental, pues los partidos afiliados representan un tercio de los electores latinoamericanos y caribeños.

La campaña electoral

Miguel Angel es un intelectual, un académico con inmensa vocación política. Hijo de Costa Rica, una democracia centenaria, sabe que la convivencia pacífica de una sociedad y la estabilidad de sus instituciones son condición determinante de la gobernabilidad democrática. Por eso puso empeño en que nuestra tarea era convocar a los mejores líderes que se inspiran en el humanismo cristiano para un esfuerzo compartido de comprensión y acción frente a las nuevas realidades, los tiempos nuevos.

Estuve muy en contacto con la campaña de Miguel Angel y tuve la fortuna de acompañarle en San José el día que ganó la Presidencia. En mi opinión, lo más importante es que Miguel Angel ganó la Presidencia poniendo a discutir a los ciudadanos sobre un programa para el desarrollo humano. Hicieron lo indecible para que bajara a la zona pantanosa de la riña electoral, lo provocaron, lo calumniaron, le hicieron toda clase de excitaciones para que cayera en el mensaje que agrada a la galería. Miguel Angel se empeñó en que la campaña electoral tenía que ser un gran debate sobre el programa, no se apartó de su línea y hoy es Presidente de Costa Rica.

Cultura democrática

Costa Rica es un país modesto, pequeño, sin mayores riquezas materiales. Sin embargo, es la admiración del mundo por la fortaleza y el buen funcionamiento de su democracia. La victoria de Miguel Angel es un signo indicativo. Sus adversarios decían que era muy frío, intelectual más que político, poco simpático, en la campaña no subía niños a sus brazos ni besaba viejitas, no hacía demagogia. Hablaba con claridad y seriedad sobre su proyecto para impulsar el desarrollo humano en Costa Rica. La respuesta favorable de los electores es un claro indicativo de la cultura democrática de Costa Rica. Esa hermana república, modesta, pequeña, es paradigma democrático en América Latina porque se trata de una república en que predominan los ciudadanos. El interés real de los electores es acerca de lo que se proponen hacer los gobernantes, cómo lo harán, para qué propósitos y con qué gente.

Un ejemplo de Costa Rica

Da envidia Costa Rica. Cien años viviendo en democracia. Mestizos, como nosotros, pero políticamente se comportan como suizos. Caribeños, productores de banano, pero sus instituciones políticas funcionan como las de Suecia.

Hay numerosos partidos nacionales, provinciales y locales, pero la vida política gira en torno a dos grandes polos: socialcristianos y socialdemócratas. José Miguel Corrales, el contendor de Miguel Angel Rodríguez, le reconoció la victoria tres horas después de haber concluido las votaciones, sin esperar el primer anuncio del Tribunal Electoral.

A los pocos días el Presidente electo visita a Corrales y en ambiente cordial, amistoso, dialogan sobre una agenda de concertación nacional.

Da envidia Costa Rica. Latinoamericanos, caribeños, mestizos, pero tienen cien años protagonizando una democracia ejemplar. No tienen mayores riquezas naturales, pero ofrecen el mejor índice de desarrollo humano de toda la región. La mayor parte de la población está catalogada como clase media, con un excelente nivel de educación. Lo esencial es que hay cultura democrática, se sienten orgullosos de ser una nación de ciudadanos.

El ejemplo de Costa Rica es también una esperanza. Si ellos pudieron, ¿por qué no vamos a poder nosotros?

E-mail: 104721.22@compuserve.com


El Universal Digital, 18 de febrero de 1998.


entre en la bitbliotecaAyude a un ni–




volver al inicio o volver al tope


Inicio | AnalÃtica Mensual | Artes y Placeres
Editorial | ArtÃculos | Lo Mejor de Esta Semana | Resumen
Archivos | Tips Petroleros | Escriben Nuestros Lectores | Cartas al Editor