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Sólo somos petróleo Elides J. Rojas L. Esta vez parece que es verdad. El ministro de Hacienda, Freddy Rojas Parra, en su mensaje a la nación no pudo ser más claro. Los recortes en el gasto van. No habrá más aumentos de sueldos para los empleados públicos, se buscarán ingresos por cualquier vía, especialmente privatizaciones y revisando el esquema impositivo. Los economistas metidos a astrólogos se equivocaron. Todos dijeron, incluidas instituciones como el IESA, que este año sería de expansión, crecimiento y sana paz. El año verdaderamente peligroso, dado el previsible déficit fiscal de este período, sería 1999, cuando, incluso, afirmaron que habría que aplicar otro programa de remiendos con el FMI. Lo malo de todas las medidas, bien puntualizadas por Rojas Parra, es que no se derivan de la voluntad de racionalizar las cuentas nacionales. El bombillo rojo se prende por efecto de la caída de los precios petroleros y, como siempre nos ocurre, pasamos de la bonanza a la pobreza presupuestaria en cosa de días. De mochila llena a bolsillo roto sólo media, en el caso venezolano, una buena fluctuación del barril petrolero. Es todo lo que tenemos. Lo que pomposamente se llama sector privado, una de las patas de la comisión tripartita, no deja de ser un eufemismo si nos guiamos por su extraordinaria capacidad para mover la economía, para ser motor de desarrollo. No es un secreto la tantas veces vilipendiada dependencia venezolana al chorro petrolero. En esto, que se sepa, el país se ha dividido en dos grandes sectores. Por una parte están los que piensan que debemos 'resignarnos' ante tanta fortuna no trabajada y afincar las bases del crecimiento sostenido en este beneficio divino. En la otra banda, de reciente data además, se asoman los que plantean una diversificación de la economía capaz de impulsar exportaciones no tradicionales e introducirnos en el mundo de la competencia, la calidad, la producción a escalas gigantes, la globalización, pues. La diferencia entre uno y otro planteamiento se reduce, en términos muy sencillos, a una palabra: desarrollo. El asumir en el plano real, en el mundo de las ejecuciones verdaderas una postura, le costó a Pérez el haber puesto de moda la palabra sacudón y el revivir de los golpes de Estado. La apertura, como ahora también se llama su partido político, provocó en su momento la protesta generalizada y categórica de nuestro sector empresarial, de nuestro llamado sector privado, acostumbrado al tratamiento proteccionista, al subsidio y al acomodo productivo sin competencia. Aquellos tiempos se caracterizaron por la abierta polémica entre el empresariado y el Gobierno al que acusaban de querer acabar con la industria nacional y con el empleo criollo. Ningún empresario se atrevió a decir que la competencia era mala. Al contrario, todos la querían. Pero no ahora. La gradualidad, el taima y el poco a poco se impusieron después de la alharaca chavista. El empuje de Pérez hacia la modernidad y la diversificación terminó con la rendición incondicional a los notables. Vuelta atrás que petróleo es lo nuestro fue la sentencia. En lo que la historia contemporánea se conoce como 'el gobiernito', el mismo que se echó encima Ramón J. Velásquez, comenzó a notarse la fuerte tendencia al proteccoinismo aunque por fuerza centrífuga sus ministros no tuvieron tiempo para más nada que no fuera tenderle la alfombra a la crisis financiera y pasar la escoba en Miraflores para darle la bienvenida a Caldera. Sin saberlo antes, sin que se nos dijera en campaña alguna, los venezolanos optaron por el chiripero y, pegado a Convergencia, la opción de manejar al Estado bajo control absoluto de la Presidencia. Al menos así vivimos la mitad del mandato. La Agenda Venezuela y el Fondo Monetario Internacional sirvieron para enmendar la plana desde 1996 y dividir este período en dos pedazos. Una primera fase de inspiración tibetana y una segunda medianamente aperturista, sin llegar a los extremos del Gran Viraje de CAP. Lo que sí quedó claro desde el comienzo y ahora no da lugar a dudas es que la estrategia del Gobierno sólo apunta al petróleo. Todos los huevos en una sola canasta. Para bien o para mal. e-mail: Elides@eud.com El Universal Digital, 18 de febrero de 1998 |
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