La cárcel de Chávez

Rafael Arráiz Lucca

Una parte de la vida se nos va en construirnos nuestra propia cárcel, la otra la empleamos en intentar salir de ella. La mañana del 4 de febrero en que el criollísimo comandante Chávez pronunció su célebre ``por ahora'', comenzaba la vida pública de su epopeya personal. Antes de aquellas palabras mágicas, convertidas en mito gracias al poder infinito de los mass media, la vida del comandante había transcurrido puertas adentro, en los cuarteles, bajo la disciplina vertical de los militares. Como es sabido, la milicia, en ninguna parte del mundo, se caracteriza por sus prácticas democráticas, ni se distingue por la tolerancia, ni tiene afinidad con obras de corte humanitario o filantrópico. Si llegara a tener parentesco con recintos píos, pues sería otra cosa, y sus integrantes no serían militares. No es un secreto para nadie que en las instituciones donde no se practica la disidencia, se robustecen visiones del mundo unívocas, se incurre casi exclusivamente en el monólogo narcisista, y se desconoce el diálogo. De esta matriz, conviene recordarlo, procede nuestro golpista del 4 de febrero.

Le he oído decir repetidas veces en televisión a Chávez que su candidatura presidencial constituye un cambio de estrategia para llegar al mismo objetivo: Miraflores. Si antes no pudo llegar por la vía del plomo ahora llegará por la de los votos. En sus afirmaciones se trasluce un detallito: la fuerza de sus convicciones estaba en la elocuencia del plomo, no en la de los votos. Chávez no cree en la democracia, pero dice no creer en esta democracia. Otro detallito: si la realidad no es como yo quiero que sea no tiene validez, la realidad valdrá algo cuando sea como yo quiero. Nuez, semilla, sustancia de la mentalidad autoritaria. Manifiesto cinismo y deshonestidad intelectual? Quién sabe, en cualquier caso podría preguntarse; que hago participando de una misa en la que no creo, elevando plegarias a un Dios que me resulta espúreo, haciéndole creer a los feligreses que adoro al mismo Dios que ellos veneran?

La cárcel de Chávez no fue la que sufrió en Yare, es la de su propio nacimiento a la vida pública. Su irrupción en escena fue violenta, por más que sus primeras palabras dieran la sensación de provenir de un hombre responsable. Detrás de aquel aplomado que dijo lo suyo, yacían en el suelo los cadáveres de la intentona. Cuántos fueron? Lo ignoro. El propio comandante dice que fueron apenas catorce. Ha podido ser uno sólo y habría sido suficiente para que la memoria colectiva lo recordara implacable. Hasta hace muy poco tiempo a Teodoro Petkoff le enrostraban los sucesos de El Encanto, Chávez debe armarse de paciencia con los suyos. El trayecto es largo, comandante, y por el camino las cargas se enderezan tanto que cuando llegue a su destino, si es que llega, las cargas primeras serán otras. Habrá cambiado usted la boinita roja y el simpático liqui-liqui, ingenuo, por esa batería de corbatas y cuellos blancos que tan bien se le ven en la pantalla.

El dilema no es fácil: conservar la fuerza violenta que lo trajo al mundo de la política, y darle de comer a sus tiburones, pero no dejar de salir a buscar el voto de los demás, vale decir, de la mayoría. Esta, como usted sabe perfectamente, odia la violencia que usted representa. &SHYQué problema de estrategia comandante! Seducir a los otros sin dejar de ser alimento para el 10% de tiburones que tiene usted en la piscina de su casa. Estaba más preso antes que ahora? No sé, usted sabrá si se siente más libre ahora que antes, con sus paracaidistas. No creo, comandante, el dilema suyo no es fácil, por más que sus asesores le digan lo contrario, el camino será largo y difícil. Prepárese para infinidad de cenas con empresarios, como esa que anuncia Descifrado en su última edición, en ellas usted será el centro del condumio. Pero no se engañe, la mayoría de los comensales irán a ver si usted se hace bien el nudo de la corbata y si empuña los cubiertos como dios manda. Usted es objeto de una prueba: muerde o es capaz de ser un hombre civilizado. Usted encarna una paradoja: el hombre de armas que quiso llegar al poder por el medio del que disponía, ahora se instruye en las armas de la cortesía, de la verdad a medias, de la contradicción, de la hipocresía, en fin de todas aquellas prácticas que hacen posible la convivencia entre los hombres sin irse a las manos o ladrarse. No sé si me explico, comandante?

La historia da vueltas sin cesar. Vaya preparándose para administrar correctamente su fracción parlamentaria, piense desde ya cuáles serán las banderas que alzará en el próximo período. Imagine alianzas que podrá sellar en el futuro: conténgase a la hora de ofender, mire que a la vuelta de la esquina va a estar sentado en la misma mesa con Carlos Andrés Pérez campaneando un escocés. Acépteme el consejo: no hable tanto, cultive el laconismo de sus palabras mágicas y responda a todo lo que le preguntan diciendo: ``Por ahora''.


El Nacional On-Line, 20 de febrero de 1998.

 


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