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Mercado de capitales: ¿especulación o
desarrollo? Luis Soto El efecto dominó que la crisis de los mercados de capitales asiáticos ha tenido en la región latinoamericana ha puesto de relieve, entre otras cosas, la importancia que el mercado de capitales tiene para uno de sus principales protagonistas: las empresas emisoras de acciones o algún otro título valor. La posibilidad de democratizar y/o ampliar la base de accionistas a través del mercado de capitales, como un instrumento de financiamiento y desarrollo que permita realizar expansiones y crecimiento necesarios para que las empresas puedan desarrollarse, constituye una de las palancas de apoyo con las que se cuenta para competir en la región. El ánimo primario de cualquier empresa que acude al mercado de acciones tiene como uno de sus principales componentes la posibilidad de optimizar los procesos de levantamiento de capital. Este elemento tiene una incidencia directa en la competitividad de un país y de una empresa. En Venezuela los procesos de expansión que han vivido los mercados de capitales locales, con particular intensidad a partir del inicio de esta década, han sido notorios y han tenido distintas manifestaciones que pudieran para algunos desvirtuar su fin primario mas no exclusivo, de permitir financiar crecimiento de empresas tanto grandes existentes, como pequeñas nuevas. Quizá en el caso venezolano, estos procesos dada la poca profundidad del mercado no sean tan común como sí lo son en Chile, donde, por ejemplo, se aprecian varios casos de pequeñas empresas que se han convertido en verdaderas transnacionales latinoamericanas, con el apoyo del mercado de capitales local e internacional. En efecto, si comparamos el valor del total de las acciones que se negocian en las bolsas de valores de los países de la región con nuestro país, podremos entender mejor de lo que se trata. Según el más reciente reporte semanal de la Banca de Inversiones Santander Investment, el valor total de las acciones negociadas en el mercado de capitales de Chile representa en la actualidad 86% del Producto Interno Bruto de la economía chilena. Este indicador representa en los casos del México, Perú y Brasil 39%, 37% y 29%, respectivamente, mientras que para los casos de Venezuela, Argentina y Colombia representan 16%, 15% y 15%, respectivamente. Estas cifras nos dan evidencias de lo pequeño, o de lo que los analistas llaman poca profundidad del mercado venezolano. Es decir, que comparado con las economías más importantes de la región, a pesar del avance tenido en los últimos años, nuestro mercado de capitales sigue siendo reducido. Esta conclusión nos lleva a dos planteamientos: En primer lugar, el insuficiente tamaño de nuestro mercado de capitales, unido al limitado tamaño de nuestro sistema financiero hace imprescindible la utilización de recursos provenientes de los mercados internacionales para financiar procesos de expansión. A título de ejemplo podemos mencionar cinco casos de organizaciones venezolanas que al inicio del presente año tenían necesidad de financiar procesos de expansión por el orden de los US$ 900 millones. Esta cifra, aunque relativamente pequeña en el contexto financiero internacional, es difícil levantarla en el mercado local, ni por la vía del financiamiento ni por la vía de emisión de nuevas acciones. Las opciones, en consecuencia, son escasas. O se renuncia al proceso de crecer y competir, o se buscan fuentes de financiamiento que combinen el mercado local con los mercados internacionales, de aquí la importancia de mantener abiertas las opciones de financiamiento internacional e igualmente promover y desarrollar el mercado local. En segundo lugar, existe una apremiante necesidad de crear instrumentos que permitan generar una capacidad suficiente de ahorro interno que se pueda dirigir a los mercados de capitales, tal y como lo constituyen los fondos de pensiones. Estos instrumentos requieren entre otras condiciones para que puedan funcionar de manera adecuada, tasas de interés reales positivas y bajos niveles de inflación, condiciones por cierto ausentes del entorno venezolano. Entre tanto las empresas venezolanas, grandes y medianas, que aspiren a utilizar el mercado de capitales como una vía para crecer y democratizar el capital accionario de las empresas, se encontrarán en posiciones de minusvalía en comparación a sus pares de otros países de la región, los cuales sí cuentan con opciones de financiamiento alternas en sus mercados locales. Aunque una vez colocadas en el mercado de capitales, las acciones de cualquier empresa pasan a formar parte del juego de oferta y demanda dentro del cual participan especuladores e inversionistas de mediano y largo plazos que aspiran a un retorno por su inversión, no hay que perder de vista que el objetivo primario es el desarrollo y financiamiento de empresas. La posibilidad de contar con un mercado de valores local de mayor tamaño relativo, con herramientas sofisticadas, al que puedan acudir sin mayores obstáculos un mayor número de empresas, y en el que se cuenten con grandes cantidades de recursos disponibles para financiar a nuevas empresas, se contribuirá no sólo a una mayor democratización del capital, sino también a una mejor contribución al crecimiento y desarrollo de las inversiones en nuestro país. Luis Soto es director ejecutivo de Conapri El Universal Digital, 20 de febrero de 1998 |
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